La soledad y el silencio rodeaban a Rose. Tenía una extraña sensación, algo no funcionaba. El cielo estaba vacío de nubes, en el cercano bosque los pájaros no cantaban, como si un peligro les estuviera amenazando pero de pronto empezó a oír una hermosa melodía.

Rose que estaba sentada en el suelo, levantó la cabeza y observó el cielo vacío. Escuchaba atentamente, se siente atraída por la bella música. Podía sentir que a través de ella le llegan unos profundos sentimientos.

Decidió dejarse guiar por su instinto por una voz muy querida para pera ella que le dijo que todo estaba bien, que simplemente tenía que dejarse llevar por su corazón. Empezó a andar siguiendo el sonido de la música que cada vez estaba más cerca.

Se estaba aproximando hacia el puente y sintió que estaba llegando al final del camino. Sabía que aquella era la salida hacia su libertad pero tenía miedo porque realmente no sabía lo que se iba a encontrar al otro lado.

Se detuvo y se dejó envolver por la música. De pronto su cabeza se llenó de imágenes, algunas hermosas que creía pérdidas, como el día que conoció al doctor, pero también imágenes muy dolorosas, cuando comprendió que nunca volvería a ver al hombre la que amaba y sobre todo el día que nació su hija, aunque fue muy feliz por tener un pedacito de él, también se sintió muy triste porque jamás podría conocerla y vería lo bonita que era.

Después todo fue muy confuso, le envolvía una niebla muy espesa pero seguía oyendo esa música. A través de ella podía sentir un corazón que sufría una gran soledad, podía sentir la añoranza de una persona amada.

No comprendía porque, pero esa melodía le transmitía paz y le recordaba el roce de una caricia. La caricia de la persona que más había amado y todavía amaba, que cada vez oía más y más cerca, hasta que lentamente abrió los ojos y vio que se encontraba en una habitación que le resultaba familiar.

Se quedó quieta, mirando fijamente el techo. El mundo que ella conocía ascendía desde las profundidades de su alma y le oprimía la garganta. Por más que buscara explicaciones racionales, había demasiadas contradicciones, demasiadas preguntas que no tenían respuesta. ¿Por qué ella? ¿Qué había ocurrido realmente?

Aceptó que existían cosas entre el cielo y la tierra que no podía explicarse solo con la razón. Existían esas cosas, después del tiempo que había estado secuestrada por esas criaturas y por un momento creyó que podría llegar a perder la cabeza. Aunque sabía que lo que había visto y vivido había sido real. No eran fantasías, sino la realidad.

Debía actuar antes de que fuera demasiado tarde. Después de un momento percibió el entorno como un sueño lejano y estático, pero a cada instante que pasaba, aumentaba en ella la conciencia de que no se encontraba de ningún modo muerta y en el cielo, sino que estaba viva, lo que la rodeaba era la realidad.

Aunque le costó recordar lo que había ocurrido los últimos días. Sacudió la cabeza y al hacerlo tuvo la sensación de que un herrero estaba descargando martillazos en el interior de su cráneo. Al mismo tiempo, a su mente volvió el recuerdo de los espantosos acontecimientos que había vivido. De nuevo experimentó aquellos momentos de terror e incertidumbre.

Se sentía desorientada, pero tenía la sensación de que estaba en un lugar seguro. Le dolía todo el cuerpo, todavía estaba muy débil. Le costó mucho moverse, era como si una gran losa le estuviera aplastando todo el cuerpo. Tras de un esfuerzo titánico, intentó levantarse y se quedó sentada en la cama. Las piernas apenas le sostenían después de varios intentos pero con un último empujón consiguió mantenerse en pie.

Lo más difícil fue dar el primer paso, sentía que miles de agujas se le estaban clavando en las piernas, después de tanto tiempo inmovilizada sentía que el cuerpo no le respondía, pero poco a poco fue notándose más segura y por fin llegó hasta la puerta de su habitación. Sonrió satisfecha.

Bajó las escaleras muy despacio, no se sentía todavía muy estable pero a pesar de todo siguió adelante. Se dirigió hacia la música que la atraía cada vez con más fuerza. Llegó hasta la puerta y se quedó parada, sujetándose al marco de la puerta. Sintió que el corazón le latía desbocado, nunca había sentido aquella sensación tan fuerte, parecía que se le iba a salir del pecho. No podía creer que lo estaba viendo. Era él.

No podía ser real, los alienígenas seguían jugando con sus pensamientos, seguían torturándola, todo su cuerpo se crispó y un sudor frío le cubrió la frente hasta que las emociones le superaron. Un escalofrío recorrió su espalda y empezó a temblar, no podía parar y lentamente fue retrocediendo hasta llegar a la puerta de la casa.

Con las manos temblorosas giró el pomo, no quería hacer ruido, y salió a la calle. Hacía un día muy hermoso, los rayos del sol se reflejaban en las hojas de los árboles y producían un baile de colores desde los amarillos más claros hasta los verdes más oscuros. Rose con pasos indecisos empezó a caminar hacia el bosque.

- o -

El Doctor sentado ante el piano dejó volar su imaginación, recordando los buenos momentos que había pasado con Rose, y por supuesto todos los lugares que le enseñaría cuando se hubiera recuperado. Tenían pensado llevarla al planeta de Colas de Medusa, con su hermosa cascada que cambiaba de color. Mientras la música que brotaba de sus manos parecía magia.

Vaya Doctor, eres una caja de sorpresas. – Dijo Jack apoyado en la caja del piano con las manos cruzadas, sin dejar de contemplar al Doctor. Podían pasar siglos sin verse, pero los sentimientos por su amigo seguían siendo los mismos. – No sabía que tuvieras esa habilidad para la música.

Si, en Gallifrey nos dieron una educación muy amplia. Ya sabes… nuestro cerebro era capaz de absorber gran cantidad de información. Historia… literatura… arte… música, bueno de todo un poco. – Dijo el Doctor mientras levantaba la cabeza hacia Jack – Y resulta que yo era muy bueno con la música. Tocar el piano realmente resulta muy relajante y libera tu mente para viajar a través de mundos desconocidos y muy hermosos.

¿Cómo está Rose? ¿Hay alguna novedad? – Acercándose al Doctor.

No, ha pasado la noche muy tranquila. – La tristeza se reflejaba en la voz del Doctor – Creo que ya no se que más puedo hacer.

No te preocupes. Rose es una chica fuerte y luchadora. – Dijo Jack poniéndole una mano sobre el hombro – Es muy cabezota. He estado hablando con Mickie y he averiguado que durante todo este tiempo ha estado trabajando en un proyecto para conseguir una máquina del espacio tiempo, un Cañón Dimensional, con la única intención de reunirse contigo. – Adivinó lo que estaba pensando, al ver la cara de disgusto de Doctor – No puedes culparla por querer encontrarte. – Se quedó pensativo un momento – Ahora entiendo lo que es el amor verdadero, durante mucho tiempo he estado teniendo diferentes relaciones, pero hasta ahora no había encontrado a la persona adecuada.

Realmente aquella revelación al Doctor no le sorprendió. Conocía a Rose y sabía que trataría de encontrar la forma de volver a reunirse con él. Desde que absorbió el Vortex por salvarle la creía capaz de cualquier cosa, incluso de volver a poner su vida en peligro.

Por cierto – Dijo mientras se volvía hacia Jack - ¿Cuándo rescataste a Rose que es… lo que viste? Porque ella estaba, ya sabes…

Si. – Le cortó Jack, con una pequeña sonrisa – Y desde luego tienes muy buen gusto. – Le dijo con una pícara sonrisa más amplia. – Por eso me gustó cuando la vi por primera vez, colgando de aquella cuerda y sí no hubiera sido por que ella me dijo que estaba interesada en ti, seguramente esa noche la hubiera… conocido un poco mejor.

Te creo, sip, te creo. – El Doctor se acercó hasta él – Me alegro que eso no ocurriera. – Le dijo al capitán mientras se daba la vuelta con las manos en los bolsillos - ¿Cómo está tu amigo? ¿Ya está bien de su herida?

Le llevará un tiempo. Ha sido una herida limpia, la bala le atravesó la pierna y eso ha sido lo mejor. – Jack se quedó en silencio un momento – Voy a ver si necesita algo, creo que ya se habrá despertado.

El Doctor estaba mirando por la ventana cuando una vocecilla infantil le volvió a la realidad.

¿Papi? – April estaba en la puerta con su muñeco de trapo preferido y con un gesto de tristeza en su rostro.

¿Qué haces aquí pequeña? – Dijo él, acercándose hasta la niña y cogiéndola en brazos – Todavía es muy temprano.

Es que no podía dormir. – La niña apoyó su cabeza en el hombro del Doctor.

¿Qué ocurre? ¿Has tenido una pesadilla? – Continuó hablando, sentándose en el sillón junto a la ventana, mientras April se acurrucaba entre sus brazos.

No lo se. – La niña se quedó en silencio. Entonces el Doctor pensó que se había quedado dormida – Estaban soñando con mami. La he visto y estaba asustada.

Tranquila, es solo un sueño. – Dijo el Doctor abrazándola suavemente.

No. – Dijo April con un tono de voz, que denotaba enfado – Mami, tiene mucho miedo y se ha marchado.

¿A dónde ha ido? – Preguntó el Doctor con un sonrisa en los labios, al observar la forma en que la niña fruncía el ceño, se dio cuenta que le recordaba mucho a Rose.

Esta… escondida… - La pequeña empezaba a quedarse dormida – cree… que si se oculta en el… bosque… no la podrán… encontrar. – April bostezó y poco a poco se fue relajando por completo hasta que el Doctor comprendió que se había quedado dormida.

El Doctor estaba convencido que lo que le había contado la pequeña era simplemente una pesadilla, aunque por su cabeza empezaba a crecer la idea de que April era una niña especial y además parecía tener una fuerte conexión extrasensorial con su madre.

Estaba disfrutando mucho de su compañía. Hacía mucho tiempo que no sostenía a un hijo suyo en sus brazos. Desde que su planeta había desaparecido y había perdido a su familia no había vuelto a sentir la agradable sensación de un hogar.

Le resulta agradable sentir el pequeño cuerpo de la niña que dormía placidamente en su regazo. Notar la acompasada respiración y el suave latido de su pequeño corazón le llenaba de paz y tranquilidad.

Se encontraba acariciando los rizos de su rubio cabello cuando de pronto y de manera inesperada entró Jackie en la habitación. Su cara reflejaba la angustia y la desesperación. Se detuvo en seco en medio de la habitación cuando el Doctor le indicó con el dedo en los labios que no hiciera ruido, no quería despertar a April.

Lentamente el Doctor se levantó del sillón y con cuidado se dirigió hacia el dormitorio de la niña para dejarla suavemente en su cama, la arropó con cuidado mientras ella se removía y dando un suspiro se giro y continúo durmiendo.

Después de contemplarla durante unos instantes, el Doctor se dirigió hacia la puerta pero una vocecilla, que de pronto resonó en su cabeza le detuvo: - "Mami, tiene miedo, está asustada". – Él se acercó de nuevo hasta la cama y observó que la niña estaba profundamente dormida.

En ese momento comprendió que April era una niña diferente, había desarrollado una capacidad de comunicarse con la mente, incluso cuando no era consciente. Ella sabía que Rose estaba en peligro y también había sentido los fuertes sentimientos que el Doctor tenía hacia su madre.

Sin hacer ruido salió de la habitación y se encontró con Jackie que le estaba esperando en el pasillo. Ella estaba muy nerviosa y se paseaba arriba y abajo, mientras se frotaba las manos. Se detuvo en seco frente al Doctor, se sentía incapaz de hablar, no le salían las palabras.

Rose ha desaparecido otra vez – Los ojos de Jackie se llenaron de lágrimas, ya no pudo contenerse más y rompió a llorar.

Ya lo sé. – Contestó el Doctor, mientras se acercaba hasta ella y la abrazaba. – Pero no te preocupes, sé donde encontrarla.

Sin darle ocasión a preguntar el Doctor se separó de ella, le cogió la cara con las manos y depositó un suave beso en la mejilla. Después rápidamente salió de la casa, mientras Jackie se aceraba a la ventana y le veía alejarse en dirección al bosque.

Tras ver como se perdía en la distancia, se dio la vuelta y entró en la habitación de April, acercó una butaca a la cama y se quedó observando como dormía. Por su cabeza pasaron los últimos días y único que deseaba es que todo terminara de una vez. Estaba tan cansada que los ojos se le estaban cerrando y cuando quiso darse cuenta se había quedado dormida.

- o -

Jack entró en la habitación del hospital. El hospital de Torchwood no era un lugar corriente y desde luego las instalaciones eran mucho mejores y más avanzadas de las que había en ningún otro centro médico que él hubiera visto nunca. El lugar era muy espacioso, lo suficiente para que pudieran estar allí cómodamente dos o tres pacientes, pero allí tan sólo había uno.

Ianto estaba sentado mirando a la ventana. El capitán se fijó en su pierna, el lugar donde le habían disparado por su culpa. Si aquel Ianto hubiera sabido que Jack no podía morir… Mientras estaba allí, se dio cuenta que no podía dejar de pensar en la persona que había dejado en su mundo, el mismo Ianto si, pero era diferente.

El Ianto que él conocía, sabía todo sobre él, al menos todo lo que Jack había querido contarle y lo que había podido leer en los archivos de Torchwood. Sabía que no podía morir, pero también sabía que le gustaba el café cargado, que le encantaba la pizza carbonara y que necesitaba tener el traje impecable todos lo días, pese a haber estado en lugares más sucios la noche anterior o haber estado luchando con un weevil. Su Ianto lo conocía a veces mejor de lo que se conocía a si mismo y contra eso no podía luchar el muchacho que estaba herido en aquella habitación.

¿Cómo estás? – Preguntó por fin Jack para llamar la atención del joven agente. Ianto se dio la vuelta al escuchar su voz y un brillo especial apareció en sus ojos cuando sus miradas se juntaron.

Es la primera misión fuera de Torchwood en la que he participado y es la primera vez que me han disparado. No ha estado mal para un principiante – Jack se dio cuenta entonces que aquel Ianto era mucho más hablador que el que el conocía, una diferencia más entre ellos.

Ianto miró al capitán y entonces lo comprendió todo. Hacía pocos días que se conocían, pero sentía que había algo muy familiar en Jack, algo que le atraía y que le hacía confiar en él, hasta el punto de morir por él, si fuera necesario.

Te vas ¿verdad? – Jack se quedó sorprendido, pues no había planeado decírselo así, sin más. – Puedo leerlo en tus ojos, no sabes como hacerlo, pero vas a decirme que me dejas aquí. – Ianto se mordió el labio, no había querido decirlo así, de una forma tan sincera y rotunda, pero ahora Jack ya lo había oído.

Si, tengo que volver a casa. – Jack se acercó al sillón, al ver que Ianto comenzaba a levantarse. Lo hizo tambaleándose un poco, como si fuera un niño pequeño dando sus primeros pasos sin la ayuda de sus padres, por lo que Jack no pudo evitar sujetarlo con cuidado para no que se hiciera daño.

Los dos hombres se quedaron mirando un segundo. Todo parecía tan simple cuando estaban juntos. El mundo se paraba y tan sólo se mantenía el sonido de sus dos corazones latiendo al mismo tiempo.

Sin pensarlo dos veces, sin pararse a pensar en las consecuencias, Ianto se acercó al capitán rodeó su cuello con ambas manos y le besó en los labios. Apretó con fuerza su cuerpo, no lo iba a dejar escapar, no ahora que sabía que tarde o temprano lo iba a perder para siempre.

Jack no se movió, no podía hacerlo, pues al fin y al cabo era Ianto quien le estaba besando, los mismos labios, el mismo sabor, el mismo aroma, todo era igual cuando cerraba los ojos.

Te quiero Jack, se que apenas te conozco pero te quiero. – Ianto retrocedió hacia el sillón. Jack sabía lo que iba a ocurrir a continuación si no lo evitaba, por lo que haciendo un gran esfuerzo consiguió sujetar a Ianto.

Ianto, esto no está bien.

Estás con otra persona ¿verdad? Has discutido con él y me has usado de paño de lágrimas. Ahora vas a volver con él.

No es tan simple. – Le acarició la mejilla y notó que el muchacho había comenzado a temblar. – Ianto por favor, no me hagas esto.

Lo siento, pero nunca he conocido a nadie como tu y creía, ya ves, no debo ser para ti más que un crío estúpido que se enamora del primero que le hace un par de carantoñas.

El problema es que yo también te quiero… pero es complicado.

Deja de decir eso. – Ianto intentó liberarse de los brazos de Jack pero no pudo. – No es nada complicado, tú te vas a marchar y yo me quedo aquí, podrías no haberme dado ilusiones.

Lo se, por eso… - Jack esperó un momento, al ver una lágrima caer por el rostro del muchacho y la atrapó con el dedo. – He hecho una llamada a Cardiff, a Torchwood tres para asegurarme que el capitán Harkness estaba allí también en este mundo.

¿De que estas hablando?

Ya te lo he dicho, es complicado. Vengo de otra realidad en la que hay otro Ianto también y no me había dado cuenta de lo mucho que le necesito hasta que te conocí a ti. Sois iguales en todo y por eso se que le necesito. – Ianto abrió la boca para decir algo, pero Jack puso dos dedos sobre ella y lo evitó. – No quiero hacerte daño, por eso si estás interesado el capitán Harkness necesita gente en Cardiff.

¿Hay otro Jack Harkness aquí?

Se que es difícil de creer teniéndome a mi, pero si. – Jack sonrió al ver la sonrisa también en el rostro de Ianto. – Mira, he estado hablando con él y es un buen tipo, te lo digo por experiencia.

Se parece a ti.

Soy yo, ha sido raro hablar conmigo mismo, pero soy yo. Por eso te puedo asegurar, que aunque es un poco testarudo y le cuesta expresar sus sentimientos no te será difícil ganártelo. Se enamorará de ti, aunque tardará en decírtelo, al menos directamente. Deja que cuide de ti, que te proteja y si le preparas todos los días un buen expresso, creo que sería tuyo en un mes como máximo.

El expresso es mi especialidad. – Dijo un Ianto mucho más risueño y feliz. Tal vez no se tratara del Jack Harkness que lo estaba abrazando, pero si Jack le decía con total seguridad que era el mismo y que podía confiar en él, no dudaría en hacerlo.

Lo se.

Lo dos guardaron silencio. Un momento después, Jack besó a Ianto con avidez, puso su mano sobre la nuca del muchacho y se apoderó de sus labios como si se tratara del fin del mundo. Apretó con fuerza su cintura y le escuchó suspirar casi con desesperación.

Nunca te olvidaré. – Le susurró a Ianto al oído. – Gracias por hacerme ver que estaba completamente equivocado y que no tengo porque esconderme. – Volvió a besarle, sabiendo que la próxima vez que lo hiciera sería al otro Ianto al que besaría.

- o -

El Doctor salió de la casa en dirección al bosque, al principio no estaba muy seguro del camino que debía seguir. Por un segundo se sintió perdido, pero acto seguido en su mente se dibujó el lugar exacto donde se encontraba Rose.

Inmediatamente supo que aquellas imágenes le llegaban a través de la mente de April, era increíble, desde que había escapado de Gallifrey nunca había sentido nada igual. La niña había adquirido el poder de comunicarse con la mente. Y además la fuerte conexión que tenía con Rose les serviría de gran ayuda para encontrarla cuanto antes.

Sin perdida de tiempo empezó a correr y no paró hasta que pudo distinguir a Rose en la distancia. Cuando le faltaban unos metros se detuvo, no quería asustarla. Acercándose lentamente y con una voz suave dijo su nombre.

Rose. – Al principio no hubo respuesta y volvió a llamarla. – Rose.

¿Quién está ahí? Dijo mientras levantaba la cabeza y miraba en todas direcciones. - ¿Qué queréis?

Rose, soy yo – Insistió el Doctor – He venido a buscarte

¿Es que no me podéis dejar en paz? ¿No me habéis hecho suficiente daño?

Nadie va volver ha hacerte daño. – El Doctor se estaba acercando muy despacio. No sabía cual sería la reacción de Rose cuando le viera o intentara tocarla.

Estáis jugando otra vez con mi mente. – Dijo mientras se cogía la cabeza con las manos. – Ya basta, por favor. Estoy muy cansada, no puedo más.

El Doctor se quedó mirándola con los ojos llenos de ternura, deseaba acercarse a ella y cogerla entre sus brazos, sentir de nuevo su cuerpo pero debía darle tiempo. Ya había conseguido que regresara del mundo que su mente había creado, ahora tenía que lograr que ella misma se diera cuenta de lo que era real y de lo que era una ilusión.

Rose, miráme. – Dijo el Doctor acercándose un poco más, ya casi podía tocarla. – Rose, abre los ojos y miráme. Escucha mi voz.

Durante unos minutos no pasó nada pero entonces el Doctor se dio cuenta que Rose respondía a su voz. Vio como poco a poco su cuerpo se relajaba, bajaba los brazos y empezaba la levantaba la cabeza.

Rose con los ojos muy abiertos buscó la dirección de donde le llegaba el sonido de aquella voz tan amada. Recordaba haber oído esas palabras antes. Esa voz que le había guiado hacía la salida de la oscuridad.

Rose. – La llamó el Doctor de nuevo.

¿Eres tú de verdad? – De pronto ella se encontró con el dulce rostro de su amado Doctor.

Si. Estoy aquí por ti.

¿Cómo puedo saber que eres tú realmente? ¿Y no otro engaño?

El Doctor se quedó pensativo, como ya le había pasado alguna vez su mente se quedó sin palabras. Observó atentamente los ojos de Rose y su expresión ansiosa no eran de niña, había en ellos vitalidad, fiereza y aguda inteligencia, además del ansia de una guerrero por la acción.

Nunca te he hablado de mi planeta, ni siquiera te dije como se llamaba, era Gallifrey. Bajo un cielo naranja tostado, no soy solo un señor del tiempo, soy el último de los señores del tiempo, el rostro de Boer estaba equivocado. No hay nadie más, hubo una guerra, una guerra del tiempo, la ultima gran guerra temporal, mi pueblo luchó contra una raza llamada Dalek, por el bien de toda la creación y perdieron. – Mientras el Doctor hablaba se iba acercando poco a poco a Rose y se dio cuenta que la expresión de su rostro, al oír ese nombre, se transformaba en un máscara y su cuerpo se ponía en tensión - Perdimos, todo el mundo perdió, ahora ya no están, mi familia, mis amigos incluso ese cielo. Oh deberías haberlo visto, aquel viejo planeta, el segundo sol salía por el sur, y las montañas brillaban, las hojas de los árboles eran plateadas, y cuando reflejaban las luz cada mañana parecían que el bosque estaba en llamas, cuando llegaba el otoño la brisa soplaba entre las ramas como una canción. – Los ojos del Doctor se inundaron y su garganta rota por el dolor le impidió seguir hablando.

Rose se puso frente al Doctor, le cogió la mano mientras con la otra recogía una lágrima que resbalaba por su mejilla llevándosela a los labios, rostro sonriente estaba más pálido de cómo él lo recordaba, y sus largos cabellos estaban revueltos; pero aquello no alteraba en nada su belleza, que de nuevo le dejó fascinado.

- Doctor – Dijo Rose en un susurro – Creí que no volvería a verte nunca. Ha sido muy duro todo este tiempo lejos de ti. Aquel día en la playa fue como si me arrancaran el corazón de golpe. – Entonces muy despacio Rose se acercó a él y le besó con un ligero roce.