El Doctor salió de la casa hacia el bosque; al principio no estaba muy seguro del camino que debía seguir; por un segundo se sintió perdido, pero acto seguido en su mente se dibujó el lugar exacto donde se encontraba Rose.
Inmediatamente supo que aquellas imágenes le llegaban a través de la mente de April, era increíble… desde que había escapado de Gallifrey nunca había sentido nada igual. La niña había adquirido el poder de comunicarse con la mente. Y además la fuerte conexión que tenía con Rose le serviría de gran ayuda para encontrarla cuanto antes.
Sin perdida de tiempo empezó a correr y no paró hasta que pudo distinguir a Rose en la distancia. Cuando le faltaban unos metros se detuvo, no quería asustarla. Acercándose lentamente y con una voz suave dijo su nombre.
Rose. – Al principio no hubo respuesta y volvió a llamarla. – Rose.
¿Quién está ahí? – Dijo levantando la cabeza y mirando en todas direcciones. - ¿Qué queréis ahora?
Rose, soy yo – Insistió el Doctor – He venido a buscarte.
¿Es que no me podéis dejar en paz? ¿No me habéis hecho suficiente daño?
Nadie va volver ha hacerte daño. – El Doctor se estaba acercando muy despacio. No sabía cual sería la reacción de Rose cuando le viera o intentara tocarla.
Estáis jugando otra vez con mi mente. – Dijo mientras se cogía la cabeza con las manos. – Ya basta, por favor. Estoy muy cansada, no puedo más.
El Doctor se quedó mirándola con los ojos llenos de ternura, deseaba acercarse a ella y cogerla entre sus brazos, sentir de nuevo su cuerpo y el latido de su corazón, pero debía darle tiempo. Ya había conseguido que regresara del mundo que su mente había creado, ahora tenía que lograr que ella misma se diera cuenta de lo que era real y de lo que era una ilusión.
Rose, mírame. – Dijo el Doctor acercándose un poco más, ya casi podía tocarla. – Rose, abre los ojos y mírame. Escucha mi voz.
Durante unos minutos no pasó nada pero entonces el Doctor se dio cuenta que Rose respondía a su voz. Vio como poco a poco su cuerpo se relajaba, bajaba los brazos y empezaba a levantar la cabeza.
Rose, con los ojos muy abiertos buscó la dirección de donde le llegaba el sonido de aquella voz tan amada. Recordaba haber oído esas palabras antes. Esa voz que le había guiado hacía la salida de la oscuridad.
Rose. – La llamó el Doctor de nuevo.
¿Eres tú de verdad? – De pronto ella se encontró con el dulce rostro de su amado Doctor.
Si. Estoy aquí por ti.
¿Cómo puedo saber que eres tú realmente? ¿Y no otro engaño?
El Doctor se quedó pensativo, como ya le había pasado alguna vez su mente se quedó sin palabras. Observó atentamente los ojos de Rose, había en ellos vitalidad, aguda inteligencia, incluso fiereza, como si se tratara de un animal prisionero en una jaula; además del ansia de un guerrero por la acción.
Ya te conté en una ocasión lo que le ocurrió a mi planeta y ni siquiera te dije como se llamaba, era Gallifrey. Bajo un cielo naranja tostado, no soy solo un Señor del Tiempo, soy el último de los señores del tiempo, aunque durante un tiempo no fui el único, pero esa es una historia para otro momento, ahora definitivamente solo el último, como ya te dije hubo una guerra, una guerra del tiempo, la ultima gran guerra temporal, mi pueblo luchó contra los daleks, creo que los conoces muy bien, por el bien de toda la creación y perdieron. – Mientras el Doctor hablaba se iba acercando poco a poco a Rose y se dio cuenta que la expresión de su rostro, al oír ese nombre, se transformaba en un máscara de rabia y su cuerpo se ponía en tensión - Perdimos, todo el mundo perdió, ahora ya no están, mi familia, mis amigos incluso ese cielo. – Rose escuchaba atentamente. – Oh, deberías haberlo visto, aquel viejo planeta, el segundo sol salía por el sur, y las montañas brillaban, las hojas de los árboles eran plateadas, y cuando reflejaban las luz cada mañana parecían que el bosque estaba en llamas, cuando llegaba el otoño la brisa soplaba entre las ramas como una canción. – Los ojos del Doctor se inundaron y su garganta rota por el dolor le impidió seguir hablando.
Rose se puso frente al Doctor, le cogió la mano mientras con la otra recogía una lágrima que resbalaba por su mejilla llevándosela a los labios. El rostro de ella sonriente estaba más pálido de cómo él lo recordaba, y sus cabellos estaban revueltos; pero aquello no alteraba en nada su belleza, que de nuevo le dejó fascinado.
Doctor – Dijo Rose en un susurro – Creí que no volvería a verte nunca. Ha sido muy duro todo este tiempo lejos de ti. Aquel día en la playa fue el peor de mi vida. – Entonces muy despacio Rose se acercó a él y le besó con un ligero roce.
Se quedaron mirando fijamente. Rose pudo advertir que en los ojos del Doctor había una sombra de tristeza, pero transcurridos unos segundos un pequeño punto de luz se filtró a través de aquella densa cortina de soledad, pudiendo sentir y comprender lo que él nunca se había atrevido a decirle con las palabras que ella deseaba oír. Pero en ese momento ya no era necesario.
Sin pensarlo dos veces Rose se lanzó a los brazos del Doctor, rodeándole su cuello en un abrazo ocultó el rostro en su hombro, mientras sentía como el Doctor le rodeaba la cintura y la pegaba a su cuerpo recorriendo su espalda sediento de su calor y sus caricias.
El cuerpo de Rose de estremeció entre los brazos del Doctor, entonces él le levantó la barbilla, besó su garganta y buscó su boca con desesperación y deseo. Hacía tanto tiempo que nadie la besaba de esa manera tan apasionada que de pronto el suelo desapareció bajo sus pies.
Los besos del Doctor siempre habían conseguido transportarla a un mágico mundo de sensaciones pero en esta ocasión los sonidos del bosque se convirtieron en música y la luz del sol que se filtraba entre los árboles resplandeció en brillantes colores que bailaban ante sus ojos.
Dejándose llevar por la pasión, el Doctor empezó a desabrochar el pijama de Rose, le temblaban las manos, estaba muy nervioso pero después de varios intentos, que provocaron la risa de ella, consiguió su objetivo.
Rose inclinó la cabeza con un gesto infantil y pícaro. Ella le miró fijamente y un rubor afluyó a sus mejillas y, de nuevo, él la besó. Mientras sus manos se perdían en su cuerpo provocando una suave sucesión de gemidos que en los oídos del Doctor sonaron como besos.
Colocó su gabardina sobre el suelo, no quería que ella se lastimara, y levantándola en brazos mientras se perdían en un profundo beso fue bajando hasta dejarla tumbada sobre la gabardina. Rose fue desabrochando la chaqueta, la camisa y después introdujo la mano en los pantalones y él dejo escapar un suspiro que le impulsó a buscar su cálida boca sintiendo que el deseo le invadía todo el cuerpo.
Completamente desnudos el Doctor se inclinó sobre ella, le separó las piernas y le acarició los muslos, el cuerpo de Rose se estremeció, cuando su mano encontró su sexo y acariciándolo con suavidad hasta que ella levantó las caderas, arqueando la espalda. A la vez él le lamía el cuello hasta llegar a sus pechos que acariciaba con la lengua bajando hasta su sexo. Rose forcejeaba, se sonrojaba y gemía arqueándose de nuevo.
Entonces él se colocó encima y lentamente introdujo su órgano en ella, sus piernas se enredaron en una dulce tenaza de pasión y sintió como se estremecía con un deseado placer casi olvidado. Desde que ella desapareció no había compartido con nadie aquellos tiernos momentos y ahora que había vuelto a encontrarla se sentía vivo de nuevo.
Luego se quedaron quietos, con sus cuerpos entrelazados y con los ojos cerrados, respirando profundamente, mientras recuperaban el aliento uno en brazos del otro. El Doctor se dio cuenta que Rose se había quedado dormida, y se quedo absorto observando sus encantadores rasgos enmarcados por su cabello rubio, la veía mientras yacía junto él dormida y relajada, como un ángel bajado del cielo para visitarle en la tierra.
Habían pasado varias horas y todavía seguían en el bosque. Rose abrió los ojos lentamente, se sentía descansada y al ver que el Doctor la estaban mirando le sonrió dulcemente. Por un momento creyó que estaba soñando otra vez, pero el Doctor se acercó y le depositó un beso que la dejó sin aliento.
¿Eres tú de verdad? – Dijo Rose entrecortadamente después de recuperar el aire.
Si, soy yo. – Dijo el Doctor mientras la abrazaba acercándola a su cuerpo.
Rose ocultó su rostro y empezó a sollozar, no sabía porque lo hacía realmente, tanto tiempo esperando el momento para reunirse con él y ahora que estaba entre sus brazos, una serie de contradictorios sentimientos afloraron a sus ojos dejando caer unas lágrimas, por lo que él no pudo evitar abrazarla con fuerza. Quería transmitirle todo el amor que sentía por ella. Todo el amor que ella le había estado enviando durante el tiempo que habían estado separados.
Pasado un rato Rose se tranquilizó y recuperó la serenidad. Durante un tiempo estuvieron hablando, tenían que ponerse al día de todo lo ocurrido y sobre todo tenían que hablar de alguien que les estaba esperando y les necesitaba a los dos. También decidieron que nada ni nadie los volvería a separar de nuevo.
Por cierto - Dijo el Doctor – ¿Recuerdas a Jack Harkness?
Si – Con tono de tristeza – No puedo creer que muriera a manos de los daleks. Lo hizo por nosotros y le echo de menos.
En ese caso, puede que te lleves una sorpresa.
¿Qué ocurre?
Bueno cuando regresaste y destruiste a los daleks, también le devolviste la vida, pero a la vez le hiciste inmortal. Ahora es el hombre que no puede morir, es un punto fijo en el espacio-tiempo. Bueno… físicamente si puede morir, pero pasados unos minutos resucita de entre los muertos.
¿Pero… re… resucitar? ¿Así sin más, pase lo que pase? – Rose no podía creer lo que estaba oyendo, pero pasados unos minutos tras pensar en ello se dio cuenta que en el mundo del Doctor todo era posible, así que lo acepto como hacía siempre
Si creo que no nada que pueda acabar con él. Y otra cosa más. – Dijo el Doctor con una sonrisa maliciosa
¿A quién más he hecho inmortal?
No exactamente – Dijo mientras la abrazaba – El vortex tiene también la cualidad de hacer más longeva a la persona que lo ha absorbido.
¿Quieres decir que voy a vivir muchos años? ¿Cuántos? Diez, veinte, treinta – Dijo Rose poniéndose un poco nerviosa.
No lo sé, eso depende de la persona.
Entonces… – Empezó a hablar y se quedó callada pensativa – Entonces ¿Significa eso que no voy a morir como cualquier humano, que pasaré de los cien años, que veré a mis tataranietos, que…?
Si – Dijo el Doctor con una amplia sonrisa y un brillo especial en los ojos.
Fueron paseando tranquilamente cogidos de la mano, cuando en la distancia vieron la casa donde vivía Rose y a lo lejos pudieron distinguir como un pequeño punto se iba acercando a ellos, el sol se reflejaba en su cabellos rubio y alborotado por el viento.
¡Mami! – Decía una dulce voz de niña.
A Rose aquel sonido le parecía una hermosa melodía, entonces los dos se quedaron mirando y con una risa contagiosa echaron los dos a correr en dirección a su hija. Llegaron los dos juntos y arrodillándose se juntaron los tres en un gran abrazo.
Mami, yo sabía que no te había pasado nada. Ya se lo dije a la abuela – Dijo April mirando muy sería a Rose.
Ya lo se, mi vida. Tu eres una niña muy fuerte y sé que habrás cuidado muy bien de la abuela, ¿verdad? – Dijo Rose echándose a reír. Después miró al Doctor y con gesto comprendió que él ya sabía que April tenía un don especial.
Caminaron de vuelta a la casa, los tres juntos, por fin como una verdadera familia. El Doctor estaba seguro que no habría nada que los podría separar, Rose y April eran todo lo que tenía y lo que más quería.
Bueno, bueno, esto si que es una sorpresa.- El Doctor volvió a la realidad. Jack estaba delante de él, sonriente y mirando a la feliz familia.
Jack, me alegro tanto de verte, yo te daba por muerto y resulta que sigues defendiendo al mundo. – Rose al ver a Jack, se quedó sin palabras, la última vez que estuvieron juntos fue cuando volvió para salvar al Doctor de una muerte segura con los daleks y no supo que con su acción había conseguido traerlo a la vida, pero con desafortunadas consecuencias, de todas maneras el capitán nunca le guardó ningún rencor. Siempre la consideraría como su hermana pequeña. Rose abrazó al capitán y los dos rieron.
Ya ves, parece ser que no es fácil deshacerse de mi. Por cierto, Doctor…- Sin decir nada, Jack hizo un gesto al Doctor y le guiñó el ojo, luego bajó la mirada a Rose y se echó a reír. – Veo que habéis tenido una tarde interesante en el bosque.
¿A que te… - Jack le señaló a la cabeza. El Doctor se llevó la mano donde el capitán le había indicado y encontró la ramilla de hierba. Se echó a reír y luego los dos miraron a April.
Continuaron entre risas hasta la casa donde les esperaba Jackie que recibió a su hija con un fuerte abrazo. Poco después, apareció Mickie que acababa de llegar de una misión. Al entrar en casa oyó las voces que le llegaron desde la cocina. Se acercó rápidamente hacia Rose y se fundieron en un tierno abrazo. Él siempre había pensado que terminaría su vida con ella pero todo cambió para él un desgraciado día en el que ella se marchó en una cabina de teléfono azul, de modo que desde ese momento se convirtió en su mejor amigo.
Estuvieron charlando hasta muy avanzada la noche. Tenían muchas cosas que contarse y hacía mucho tiempo que no se sentían tan relajados y disfrutaban de una buena conversación.
April se había quedado dormida en brazos de Rose, la echaba tanto de menos que no había querido irse a dormir, por si no estaba cuando se despertara, como le ocurrió el día que desapareció.
Después de varias horas de charlar decidieron retirarse a dormir. Rose le guiñó el ojo al Doctor y con April en brazos se dirigieron hacia su habitación, pero antes dejaron a la niña acostada en su cama. Después de arroparla se quedaron mirándola durante un momento.
Es preciosa – Dijo el Doctor rodeando la cintura de Rose. – ¿Cuándo te diste cuenta que estabas embarazada?
Exactamente un mes después de separarnos. Jamás se me pasó por la cabeza aquel día, que fuera a tener un hijo tuyo. Ella es lo único que ha impedido que me volviera loca. – Dijo Rose mientras se giraba hacia el Doctor y se dejaba envolverle por sus brazos.
Creo que deberíamos descansar un poco – Dijo él susurrándole al oído a Rose.
Tienes razón estoy cansada. – Rose se dirigió hasta la cama y depositó un beso en la cabeza de su hija.
Acababan de entrar en su dormitorio cuando la habitación se puso a dar vueltas, si no hubiera sido por el Doctor que estaba junto a ella hubiera caído al suelo.
Eh, - Dijo mientras la sostenía entre sus brazos. Su cara reflejaba preocupación. – Estas muy pálida. ¿Está bien?
Si, si. – Dijo quitándole importancia – Estoy un poco débil todavía. Solo necesito descansar y en un par de días estaré perfectamente. – Dijo mientras se dirigía hacia la cama.
El Doctor no estaba muy seguro que pudiera conseguirlo, pensó que sería mejor que él la llevara hasta la cama y la cogió en brazos. Rose no se quejó, realmente se encontraba muy cansada y no tenía fuerzas para llevarle la contraria.
La dejó suavemente, y después se tumbó a su lado. En cuando él se puso a su lado ella se acomodó apoyando la cabeza sobre su pecho, mientras el Doctor ponía su brazo sobre su espalda. Rose se quedó dormida casi al instante con el suave y acompasado sonido de los corazones del Doctor.
- o -
Pasaron dos días en total y completa tranquilidad, Rose ya se había recuperado y solo faltaba decidir el día para emprender el viaje de regreso a su realidad.
Aquella mañana Rose se había despertado pronto, el Doctor todavía dormía y no quiso despertarlo. Su semblante estaba tan relajado, las pequeñas arrugas que se habían formado alrededor de sus ojos, por la tristeza había desaparecido. Se levantó sin hacer ruido a ver salir el sol.
Hacía mucho tiempo que no se sentía tan relajada, necesitaba salir al porche y respirar aire fresco. Inspiró profundamente y se quitó las zapatillas. La hierba le hacía cosquillas en los pies, justo lo que necesitab para sentirse completamente viva y feliz aquella mañana. Tenía a su hija, tenía al Doctor e iban a volver a un mundo que no había podido olvidar en todo ese tiempo. Echaría de menos a su madre, pero lo que el Doctor y April, su familia significaban para ella, eran toda su existencia.
Al despertarse el Doctor y no encontrar a Rose en la cama, salió en su búsqueda, deseando con todas sus fuerzas que los días pasados no hubieran sido un sueño. Al bajar las escaleras la vio a través de la ventana y abriendo la puerta sin hacer ruido se quedó parado observando el sol al reflejarse en su cabello rubio y lo hermosa que estaba tan pensativa.
Buenos días – Dijo el Doctor mientras pasaba los brazos alrededor de su cintura y le depositaba un beso en la mejilla. - ¿Qué haces aquí tan temprano?
No podía dormir y he salido a ver el amanecer. ¿No te parece algo realmente hermoso? – Dijo a la vez que se acurrucaba entre sus brazos. – Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un momento como este. Muchas veces me sentaba aquí pero nunca lo había apreciado realmente hasta ahora.
Si, es preciosa – Dijo el Doctor girando a Rose para tenerla de frente. – Increíblemente hermosa.
Rose se ruborizó, le regalo una sonrisa y poniéndose de puntillas, le echó los brazos alrededor del cuello y le besó apasionadamente. Mientras, Jackie les estaba observando detrás de la ventana, con una triste expresión en su rostro porque comprendía que dentro de poco perdería a su hija y a su nieta.
Jackie había comprendido hace mucho tiempo que estaba destinada a estar alejada de su hija pero nunca se podía imaginar que dentro de poco sería para siempre. Aquella palabra significa algo muy doloroso para ella. Sin embargo, se alegraba porque comprendía que eso era lo que Rose quería, era por lo que había estado trabajando estos dos años y al fin había conseguido su propósito. Estar con el hombre que amaba y eso era lo único que importaba, la felicidad de su hija.
Creo que ya es hora que nos vayamos. – Dijo el Doctor mientras entraban en la casa.
¿Y ahora donde iremos? – Dijo Rose agarrada fuertemente a su mano. Estaba entusiasmada con la idea de volver a viajar con el Doctor y recorrer mundos maravillosos.
No se, podíamos ir a La Quinta Luna Rota de la Cascada de Medusa, o tal vez a Los Cielos relampagueantes del Mundo de Cotter Palluni. No, no, mejor a Los Arrecifes de Coral de Diamante de Kataa Flo Ko y también está el Planeta Felspoon, tiene una montaña que se mueve con la brisa. – Rose le escuchaba extasiada, nunca se cansaba de oírle contar historias y describir lugares extraños, que para ella resultaban tan exóticos.
¿Antes podríamos pasar por Cardiff? – Dijo Jack mientras bajaba las escaleras y se dirigía hacía ellos. – Me gustaría presentaros a mi equipo
Por supuesto, no hay ningún inconveniente. A tu equipo ¿no?... – Dijo el Doctor mientras se volvía hacia él, sonriéndole. Desde luego tenía que haber alguien muy importante en la vida del capitán para haberlo cambiado tanto.
Entonces, ¿estas decidida a marcharte? – Dijo Mickie apareciendo desde la cocina con una taza de café.
Pero, ¿ahora será para siempre? Parece como si buscarais los problemas – Dijo Jackie que continuaba junto a la ventana.
Rose se dio la vuelta y se quedó mirando a Jackie. Sus ojos expresaban la profunda tristeza que aquellas palabras le había producido, entonces Rose se acercó hasta ella y la abrazó.
Ven, tenemos que hablar – Dijo Rose agarrando a su madre del brazo y empujándola hacia el salón.
Una vez sentadas en el sofá Rose sonrió a su madre y le cogió las manos, durante unos instantes se quedó mirándola fijamente quería retener en su mente la imagen de su madre. A la que posiblemente no volviera a ver nunca más. La llevaría eternamente en su corazón.
Mamá – Rose le puso la mano en la barbilla y le obligó a levantar la cara para ver sus bonitos ojos azules. – Mom, antes de conocer al Doctor nunca había conocido lo hermoso que es ser amada. Dormir junto a él, despertar junto a él por la noche, sentir su brazo alrededor cuando duermo y lo primero que veo cuando despierto por la mañana. Cuando me sentía sola, durante el tiempo que estuve alejada de él, cerraba los ojos y recordaba como su mano se cerraba sobre la mía, fría, más pequeña; más cálida que la mía. Lo que más añoraba del Doctor era los pequeños detalles, su risa, su forma de mirarme e incluso cuando no estábamos de acuerdo. Tu has tenido una segunda oportunidad con Pete y además has tenido la suerte de tener a Tony, por eso tienes que entender que yo quiero lo mismo.
Si, tienes toda la razón. Has sufrido mucho y tienes todo el derecho del mundo de ser feliz con el hombre que amas y con vuestra hija. Has cambiado tanto – Dijo Jackie con tono de preocupación en la voz.
¿Para mejor? – Dijo Rose con una sonrisa.
Supongo, ahora eres independiente, una guerrera lista para la batalla, dispuesta a cualquier cosa por defender a los tuyos. ¿No eras feliz cuando trabajabas en la tienda? En el fondo puede que te suene egoísta pero ¿Por qué tuviste de subirte a su nave y emprender un viaje sin retorno?
Rose quedó pensativa un momento, Jackie la observaba y por un instante por su cabeza pasó la idea de que tal vez podría convencer a su hija de que no se marchara y está vez para siempre. Pero en el fondo sabía que la decisión ya estaba tomada y absolutamente nada le haría cambiar de idea.
Mom – Dijo Rose con una suave voz, intentando hacerle el trance lo más fácil posible a Jackie. - En los primeros 19 años de mi vida no pasó nada. Nada de nada. Nunca. Y entonces encontré un hombre llamado Doctor. Un hombre que podía cambiar su cara y él me sacó del hogar en su máquina mágica. Él me mostró todo el tiempo y el espacio. Pensé que nunca terminaría. – Rose se detuvo y recordó algo que la hizo sonreír. – Un día él me preguntó: ¿Cuánto tiempo estarás conmigo? Y yo le respondí muy segura y convencida: Siempre. Eso es lo que pensaba pero entonces vino el Ejército de los Fantasmas. Llegó Torchwood y la guerra y allí es donde todo acabó para mí. Ese fue el momento de mi muerte.
¿No piensas echar raíces nunca?
Él no lo hará nunca, así que no puedo. Seguiré viajando a su lado.
¿Pero que pasará cuando vayas cumpliendo años? Dentro de cuarenta o cincuenta años. ¿Dónde estarás entonces?
No lo sé. – Rose recordó lo que le había dicho el Doctor, que viviría más tiempo. - Tal vez en algún planeta del sistema solar, a millones de kilómetros de la Tierra. – Rose le acarició la mejilla, comprendía la preocupación de Jackie pero no le importaba mientras pudiera estar a su lado. – Mom, sólo me importa el momento presente y además al viajar en la TARDIS el tiempo es relativo.
Está bien. – Suspiró - Sé que nada de lo que diga te hará cambiar de opinión. – Dijo Jackie mientras la caía una lágrima. – Solo te pido que tengas cuidado y protejas a April. – Inmediatamente Rose le echó los brazos alrededor de cuello y se fundieron en un fuerte abrazo.
Sin darse cuenta el Doctor se había quedado junto a la puerta y estuvo escuchando toda la conversación y comprendió que gracias a ella había cambiando, ella le conoció lleno de sangre, de rabia y de venganza, había nacido de la batalla. Recordaba como era, ella le hizo mejor. Realmente la necesitaba, Rose era la única persona que le conocía en profundidad y podía detenerlo.
Entonces en silencio se retiro y se dirigió a la cocina, donde estaban Jack que estaba charlando con April y Mickie. Justo en el momento de aparecer por la puerta la niña, que estaba sentada sobre las piernas de Jack, se bajó al suelo y se dirigió hacia él con los brazos levantados.
¿Papi, nos vamos a ir de viaje? – Dijo la pequeña mordisqueando un trozo de pan.
Si. Veremos lugares muy bonitos y te contaré historias de mi planeta. – La emoción se reflejaba en la cara del Doctor mientras la niña le miraba atentamente y escuchaba con mucha atención.
¿Qué haréis con la niña? – Dijo Mickie con preocupación. La quería mucho, había cuidado de ella desde que nació y por un tiempo llegó a considerar en la posibilidad de adoptarla pero todo se había ido al traste al aparecer el Doctor.
De momento viajará con nosotros. De todos modos Rose y yo todavía no hemos decidido lo que haremos. De todos modos me gustaría pedirle un favor a Jack. – Dijo volviéndose hacia él.
¿De qué se trata? – Dijo Jack apoyándose en la encimera y cruzando los brazos sobre el pecho.
Bueno, cuando volvamos a la otra realidad, me gustaría que cuidaras de April. Querría dedicarle unos días a Rose y recuperar el tiempo que hemos estado separados.
Vaya, vaya. Como ya te dije en su momento y lo mantengo, esta regeneración resulta ser un pillín, realmente es una pena... – Dijo Jack guiñándole el ojo. – Por supuesto, no hay ningún inconveniente. Seguro que mi gente estarán encantados de cuidarla.
Entonces a Jack le vino a la cabeza el joven Ianto de esta realidad. Esperaba que hubiera seguido la sugerencia de llamar a Torchwood. Estaba convencido que el Jack Harkness de esta realidad estaría encantado con el joven agente.
Mientras el Doctor y Mickie estaban distraídos con la pequeña, Jack salió hacia el hospital quería despedirse definitivamente de Ianto. Conforme se acercaba a la habitación le llegaron sonidos de una conversación. Se detuvo junto a la puerta no quería interrumpir.
Por favor, deseo hablar con el capitán Jack Harkness
Un momento – Dijo una voz femenina al otro lado de la línea.
Capitán Harkness – Dijo Jack
Hola, me llamo Ianto Jones y he tenido noticias que hay una vacante para entrar en su equipo.
Si, pero ¿Cómo se ha enterado?
Tenemos un amigo en común. Tengo experiencia, trabajo en Canary Wharf pero ahora quiero cambiar y esta sería una gran oportunidad para mí, necesito cambiar de aires. Además tengo una habilidad especial para hacer un buen expreso. – Ianto esperaba que con está información tendría ganado al capitán.
Tal vez podríamos tener una entrevista. ¿Cuándo podrías venir por aquí? – La voz de aquel capitán sonaba exactamente igual al Jack que él había conocido, se lo imaginaba con la misma sonrisa y los mismos ojos azules, estaba seguro que le gustaría tanto como ese.
Dentro de dos días. He tenido un pequeño encontronazo con unos alienígenas y necesito recuperarme.
Muy bien, espero que no haya sido nada grave.
No, no tiene importancia. Nos veremos dentro de dos días.
De acuerdo, nos vemos entonces. – Al colgar, la voz del capitán sonó intrigada. Se preguntó quien era el muchacho y quien sería su amigo en común, pero aunque no sabía lo que era, había algo en la voz de Ianto Jones, que le había gustado.
Tras unos segundos Ianto colgó el teléfono, se quedó pensativo y después sonrió, todo iba a salir bien. Mientras Jack le observaba desde la puerta, por un momento puso la mano en el picaporte dispuesto a entrar para despedirse pero al final lo pensó mejor y dirigiendo una tierna sonrisa hacia el muchacho cerró la puerta sin hacer ruido y se marchó por el pasillo hacia la salida.
Cuando Jack regresó a la casa, todos estaban preparando los últimos detalles para la partida, el Doctor en el interior de la TARDIS hacia los ajustes, mientras la pequeña April correteaba por toda la nave investigando, bajo la atenta mirada de su madre y también de su padre que pese a ir de un lado para otro, comprobando que todo estaba bien, controlaba lo que hacía su pequeña. Por su parte, mientras observaba a April, Rose hablaba con Jackie despidiéndose de nuevo.
Mickie estaba mirando fijamente a Rose, se dio cuenta que se había puesto muy guapa desde la aparición del Doctor, después de mucho tiempo había vuelto la chica de la que se había enamorado tanto tiempo atrás. El chico había decidido marcharse con ellos para que le llevaran a la otra realidad. Ya no le quedaba nadie aquí, su abuela había fallecido hacía tiempo y con Rose ya no tenía ninguna oportunidad. Comprendió que aquel no era su sitio y decidió seguir su camino.
Bueno mamá, tenemos que irnos – Dijo Rose cuando vio salir al Doctor de la TARDIS y dirigirse hacia ella con April cogida de su mano. La niña al ver a su abuela echó a correr y Jackie la cogió en brazos entre risas. No quería que la pequeña la viera triste.
Ten cuidado - Después Jackie se dirigió hacia Rose y la abrazó fuerte.
Tranquila Jackie las cuidaré muy bien – Dijo el Doctor con una tierna sonrisa.
Entonces ella se dirigió hacia él y se rodeó el cuello estrechándole entre sus brazos y le dijo al oído:
Espero que cumplas tu palabra. – Y le depositó un beso en la mejilla humedecido por las lágrimas. Después fue hasta Mickie y se fundieron en un abrazo, por último se acercó a Jack y dio también dos besos. Después se volvió hacia el Doctor: - ¿Volveremos a vernos algún día?
Tal vez en un futuro, cuando las investigaciones hayan adelantado y podamos cruzar sin alterar nada, pero de momento, no. Lo siento. – Tras un pequeño silencio el Doctor dijo: - Es hora de marcharse. – Y se dio la vuelta para dirigirse hacia la TARDIS.
Jack le siguió los pasos y desapareció en el interior de la nave, segundos después Mickie con April de la mano también entraron. Al final Rose y el Doctor desde la puerta dirigieron una última mirada hacia Jackie que les miraba desde la entrada de la casa. Rose no pudo evitar que las lágrimas afloraran a sus ojos y el Doctor le pasó el brazo en torno de su cintura mientras ella apoyaba la cabeza sobre su hombro y dando media vuelta entraron en la nave y desaparecieron con el característico sonido que hacía la TARDIS cuando se desvanecía en el aire.
