Capítulo 3: Mentiras y verdades.
- ¿Pro-profesora McGonagall?
- ¡Por supuesto, Granger! ¿Quién más voy a ser sino? –contestó la aludida con severidad. - ¡Ahora, quiero que me expliquen que hacen dos alumnas fuera de sus respectivas clases y armando todo este alboroto!
Hermione y Ginny intercambiaron una rápida mirada.
La castaña estaba completamente pálida, aturdida. Sin poder creer que esto le estuviera sucediendo justo a ella. "¡A MI!", gritó en su interior. "¿En qué clase de mundo paralelo estoy? ¡MERLÍN! ¡SOY HERMIONE GRANGER POR TODOS LOS CIELOS! ¡SOY ALGO ASÍ COMO UN EJEMPLO PARA LA SOCIEDAD! ¡Deberían estar haciendo cuentos infantiles sobre mí en estos momentos! ¿QUÉ DIABLOS LE SUCEDE A LA HUMANIDAD? Además, la profesora McGonagall acaba de decir que me perdí Aritmancia… ¿POR QUÉÉÉÉÉÉ?". Hermione intentó controlarse internamente para poder pensar con claridad, pero lo cierto es que le costó mucho. "Veamos. Lo siento, Hermione, pero tienes que reconocer que esto es muy similar a cuando McGonagall te regañó por lo del Trol en primer año, pero a diferencia de esa ocasión, decidiste mentir por algo noble y como recompensa Harry y Ron se volvieron tus mejores amigos. ¿Qué sucederá ahora? ¿Acaso debo mentir para que Ginny haga… trampa? ¡NO, PEOR! ¡Yo misma haré trampa! ¡MALDICIÓN! ¿Quién me mandó a meterme en este problema?". La respuesta llegó de inmediato. Giró la cabeza para encontrarse con una pelirroja, que curiosamente estaba intentando ¿no reírse? "Oficialmente el mundo se ha vuelto loco. Corrección: Ginny está loca".
Mientras tanto, la pelirroja en cuestión estaba pensando de forma algo distinta a su mejor amiga. "En menudo lío me metió Hermione. ¿No se suponía que era la chica más inteligente de su generación? ¿Desde cuándo la chica más inteligente de su generación se pone a gritar a los cuatro vientos que su mejor amiga va a hacer trampa? ¡Argh! Además McGonagall no ayuda en nada. ¡Justo tenía que ser ella la que nos encontrara! ¿Y con qué cara habla de armar todo este alboroto? ¿Perdón? Déjeme decirle que no somos nosotras quienes están pegando el grito en el cielo, profesora." Ginny tuvo que apretar muy bien los dientes para aguantar la risa. "¿QUÉ DIABLOS ESTÁ HACIENDO HERMIONE?", explotó en su interior. Básicamente, Hermione tenía la misma cara de alguien que va a vomitar en cualquier momento. "¡Merlín, quizás en verdad vomite! Conociéndola, se va a desquitar conmigo… ¡Harry no puede verme así! ¡Que vomite sobre McGonagall! ¡Que vomite sobre McGonagall! ¡Que vomite sobre McGonagall…!".
- ¡Vamos! ¿Qué esperan? ¡Les hice una pregunta! ¿Qué hacen fuera de su sala de clases? –las presionó McGonagall, cortando el hilo de sus pensamientos.
Hermione aún estaba en su ataque interno de histeria, por lo que, para sorpresa de todos, fue Ginny quién tomó las riendas de la situación; pero no se preocupen, no las tomó en plan "…sucede que quiero hacer trampa en la maldita prueba que el imbécil y grasiento de Snape me impuso y que usted por cierto consintió, por lo que todo esto es su culpa. Auto-expúlsese de Hogwarts…" Claro que no.
- Sucede… -comenzó Ginny sin saber muy bien como partir. McGonagall la miró expectante mientras que Hermione le rezaba a todos los libros existentes para que bendijeran a Ginny con el don de la palabra. La pelirroja decidió que lo mejor era decir la verdad… Está bien… la mitad de la verdad. – Bu-bueno… -suspiró, aparentando estar avergonzada. – Sucede que le estaba pidiendo ayuda a Hermione con el examen que tengo mañana de Pociones, ¿recuerda? Y como habrá comprobado minutos antes, Hermione no se lo tomó muy bien. -sonrió ligeramente, mirando de forma significativa a Hermione, quien se apresuró en asentir, impresionada por lo bien que actuaba la pelirroja.
- ¡Oh, sí! Me enojé mucho.
McGonagall pareció meditar durante unos segundos lo dicho por Ginny, quien se preocupó un poco al ver como fruncía el entrecejo, pero luego recordó que siempre lo tenía fruncido, por lo que no había de que preocuparse. GRAN error.
- A ver, señorita Weasley, déjeme ver si entendí. –Hermione fue capaz de percibir el peligro de bajo de esa voz que aparentaba ser tranquila. Sintió lástima por su amiga, que había asentido con inocencia… Aunque se lo merecía. - ¿Usted le pidió ayuda a la señorita Granger para una prueba que se efectuará mañana?
Ginny no entendía. ¿Qué tan difícil de entender era aquello? Pese a todo asintió nuevamente.
- Exacto.
- ¿Exacto? –repitió incrédula. Hermione cerró los ojos con fuerza. "Genial. Lo único que me faltaba: que ahora McGonagall se ponga a chillar. Fantástico", pensó con macabro sarcasmo Ginny. - ¡EXACTO LAS BARBAS DE MI ABUELA, WEASLEY! ¿CÓMO SE TE OCURRE HACER SEMEJANTE ESTÚPIDEZ? ¡ESTUDIAR UN DÍA ANTES PARA UNA PRUEBA! ¡QUÉ FALTA DE RESPONSABILIDAD…!
- Profesora McGonagall.
- ¡…PORQUE YO JAMÁS PENSÉ QUE TU SERÍAS CÓMO TUS HERMANOS, FRED Y GEORGE WEASLEY! ¡POR QUÉ NO SEGUISTE A GENTE MÁS APLICADA…!
- ¡Profesora McGonagall!
- ¡…Y YO QUE MANTENÍA LA ESPERANZA DE QUE TÚ COMO LA MENOR DE LOS WEASLEY Y ÚNICA MUJER NOS DIERAS FRUTOS…!
- ¿PROFESORA MCGONAGALL, PODRÍA CERRAR LA BOCA POR UN MOMENTO? –gritó Ginny a todo pulmón. Mala elección de palabras. McGonagall también debió pensar a juzgar por su cara. Y Hermione… Bueno, Hermione era Hermione. – Por favor… -añadió Ginny con un hilo de voz.
- Me gustaría que fueras más aplicada de vez en cuando, Weasley. –la regañó la profesora luego de unos incómodos segundos de silencio.
- Lo siento, profesora, pero debe admitir que esto no hubiera sucedido si… -"…usted no fuera tan exagerada como Hermione…" - …hubiera escuchado toda la historia. –sonrió Ginny queriendo parecer una niña buena, cosa que estaba más que claro que era imposible.
- A ver, Weasley, ¿cuál es la otra parte? –suspiró McGonagall, cruzándose de brazos.
La aludida intentó poner la mejor cara de ofendida que tenía en su repertorio de disfraces internos. Esperaba que los años de prácticas con sus padres y todos los momentos compartidos con los gemelos sirvieran de algo.
- ¿Usted cree que no duele que a uno lo traten así? –comenzó Ginny, dolida.
La profesora McGonagall se quedó perpleja ante el repentino cambio de actitud de su alumna.
- ¿Así… cómo? –inquirió con recelo.
- Así, como si fuera una inútil por pertenecer a la familia Weasley. Pero créame, ¡estoy muy orgullosa de serlo…!
- ¿Ser una inútil? –señaló Hermione, sonriendo abiertamente.
- ¡Ve, profesora McGonagall! No es mentira lo que le digo. –sorprendentemente, una lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Ginny, quien había señalado a Hermione con un dedo acusador.
La profesora pareció considerarlo durante unos segundos.
- Es cierto. Granger, cállate.
- ¡Pero…!
- Que te calles. –Hermione puso cara de amurrada. – Continúe, señorita Weasley.
Ginny se secó las lágrimas con la manga de su túnica.
- Sí… Como decía: todos me juzgan por ser hermana de Fred y George o incluso de Ron… -se le escapó un sollozo. - ¡Pero yo no soy así! ¡Le prometo que estudié, en serio! –le aseguró entre lágrimas. - ¡Sólo quería pedirle ayuda a Hermione para que repasáramos los detalles que me quedaban! –Hermione abrió los ojos como platos por su descaro.
- Está bien. Te creo, Weasley, pero eso no justifica que estuvieran en una sala, fuera del horario de clases.
- ¡Pero no estoy fuera de clases, profesora! –saltó Ginny. – Esta es mi hora libre, ¿recuerda? –no mentía.
- Tiene razón. –asintió McGonagall. - ¿Y cuál es su excusa, señorita Granger? Tengo entendido de que debería estar en clase de Aritmancia.
Hermione estaba abriendo la boca para contestar, pero Ginny se le adelantó.
- Me llevo un poco más de tiempo de lo estimado para explicarle, profesora. –dijo, haciendo referencia a los gritos que se habían escuchado hace un rato.
La profesora McGonagall por primera vez se mostró dudosa. Había ido a regañar estudiantes, no ha oírlos llorar sobre sus patéticas vidas; y al parecer no habían hecho nada malo, a excepción de la señorita Granger, pero ya era demasiado tarde para que volviera a su clase. Bueno, quizás podría perdonarle esta falta, total, era una muy buena alumna y sus profesores siempre hablaban muy bien de ella. Suspiró.
- Muy bien. –las dos chicas alzaron la cabeza hacia ella, esperanzadas. – Granger: veinte puntos menos por faltar a clases. –Hermione quedó horrorizada. – Weasley: diez puntos menos por faltarle el respeto a un profesor.
- ¡Pero si yo no…! -McGonagall alzó las cejas. – Sí, está bien, tiene razón… -murmuró enojada.
- Ahora, quiero que se marchen a su sala común de inmediato. Falta poco para que la próxima clase comience.
Las dos alumnas se apresuraron en salir (más bien, huir) de aquella sala, dejando atrás a la profesora McGonagall. Caminaron en silencio. Hermione tenía los dientes apretados y caminaba rápidamente. Ginny intentaba seguirle el ritmo, pero digamos que ella no acostumbraba a caminar a paso robot como ella. ¿Debía hablarle o no? Después de todo, aún quedaban varios pasillos para llegar a la sala común de Gryffindor. Decidió intentarlo.
- Hermione.
Silencio.
- Hermione.
Silencio.
- ¡Hermione!
Más y más silencio.
- ¡HERMIONE, ESCÚCHAME!
Se puso enfrente de ella y extendió los brazos para impedirle que siguiera avanzando, pero Hermione la apartó de un empujón.
- ¿Qué quieres? –preguntó con aspereza mientras retomaba el camino. No la miraba.
Ginny sonrió, contenta. Al menos, ahora le hablaba. Era algo.
- ¿Me vas a ayudar?
- No.
- ¿Por qué no?
- Porque no.
- ¡Oh, vamos! –bufó Ginny. – Sabes que esa no es una verdadera respuesta. ¿Por qué no? –repitió.
- Porque no me da la gana.
- Sabes que no es por eso. –sonrió Ginny señalándola con un dedo acusador. No había nadie en los pasillos, por lo que podían hablar del tema con completa libertad. - ¿Por qué no?
Hermione paró de golpe y se giró hacia Ginny, mirándola por primera vez en todo ese rato, sus ojos eran fríos. Le puso el un poco más abajo del cuello.
- ¿Quieres saber por qué? –Ginny asintió, algo asustada. – Porque según tú estudiaste, no creo que necesites mi ayuda. –remarcó cada una de las palabras con su dedo, dándole pequeñas punzadas en el pecho. – Además, si quieres… ¿cómo habías dicho? ¡Ah, sí! Repasar los detalles, búscate un libro. No sé si te enteraste, pero me parece que en la biblioteca hay muchos.
Y dicho eso siguió caminado, con la frente en alto. Ginny se apresuró en alcanzarla. Estuvieron unos segundos en silencio, hasta que la pelirroja habló:
- Sin contar eso, ¿me ayudarás?
- ¡NO!
- ¿Por qué no?
- ¡GINNY!
Hermione dejó de caminar y la miró exasperada. Ginny también paró, igual de enojada que ella, o quizás un poco más.
- ¿Sabes qué, Hermione? –la recién nombrada se mostró curiosa. - ¡Me revienta que seas tan egoísta! ¡Sólo piensas en ti! ¡Crees que tu eres la única perjudicada con… -bajó un poco la voz- …hacer trampa! ¿Pero sabes qué? –repitió. - ¡Te tengo una noticia: no eres la única con cargo de conciencia!
- ¿Me lo dice la persona que habla todo el día de su relación con Harry? –explotó Hermione. – "¡Harry y yo esto… Harry y yo y lo otro…!" ¡Me tienes harta! ¡Yo también tengo una vida, pero siempre vivo para escucharte, sin quejarme! ¡Lamento ser tan egoísta!
- ¡Yo también lamento que tú lo seas! –gritó Ginny, aunque no pudo evitar sonreír al final de la frase. A Hermione le temblaron las comisuras de los labios, por lo que la pelirroja aprovechó la oportunidad que se le estaba presentando. – Escucha, Hermione. Sé que todo esto es confuso para ti, para mi también lo es, pero piensa en esto: es sólo una día, es sólo una prueba que inventó Snape para hacerme la vida imposible. –Hermione alzó las cejas. – Está bien, yo también tengo algo de culpa, pero necesito tu ayuda. No estás haciendo nada malo, sólo estás ayudando a tu mejor amiga que te necesita más que nunca. ¿Dónde está la Hermione que siempre ayuda a los demás cuando la necesitan, esa de la que siempre habla Ron?
Hermione abrió los ojos sorprendida.
- ¿Ron dice eso?
- ¡Claro! –sonrió Ginny. – Bueno, no me lo dice a mí, pero Harry logra que le diga cosas que a nosotras nunca nos dice. –aclaró luego de que Hermione volviera a alzar las cejas. – En fin, ¿aceptas?
Hermione se mordió el labio. Lo que había dicho era muy lindo, ¿pero era suficiente para que hiciera trampa? ¿Merecía la pena que su amiga le dijera todas esas cosas para que hiciera trampa?
- No lo sé, Ginny…
- ¡Oh, Hermione, por favor! –se exasperó Ginny, aunque intentó consolarse, diciéndose así misma que al menos no había dicho un rotundo no como lo había hecho anteriormente. - ¡De acuerdo, no me dejas otra opción! Préstame mucha atención, Hermione. –ya estaban llegando al cuadro de la Dama Gorda, asique se detuvieron unos pasos antes para que ella no pudiera escucharlas. La castaña se mostró escéptica mientras Ginny la contemplaba, poniéndole las manos en los hombros. - ¿De verdad quieres ser así toda tu vida?
Hermione se desconcertó, pero se mostró cuidadosa al hablar.
- ¿Así… có-cómo?
- Siendo amargada. -soltó Ginny así sin más, poniendo los ojos en blanco.
Su amiga la miró indignada.
- ¡Yo no soy amargada!
- ¿Ah, no? –alzó las cejas la pelirroja. - ¿Te diste cuenta de cuánto se parecían tú y McGonagall hace unos momentos? –señaló.
- Eso lo haría cualquier persona adulta, Ginny. –se apresuró en responder Hermione, como si fuera lo más obvio.
- ¡Ves, ése es el punto! –sonrió la susodicha. – Tú no eres una adulta. Se supone que eres un adolescente, Hermione, pero intentas demostrar siempre que eres una adulta, cuando en realidad no te das cuenta de que aún queda mucho tiempo para serlo.
Hermione parpadeó sorprendida, pero se recuperó de inmediato.
- Puede, puede que tengas razón, Ginny, ¿pero que tiene que ver esto con tu plan? –inquirió cautelosa.
Ginny suspiró, sabiendo que si esto no funcionaba, debería despedirse de pociones…, de su reputación…, y de ir al baile con Harry… ¡MERLÍN, TENÍA QUE FUNCIONAR!
- ¿No crees que es el momento de que te comportes como una adolescente al menos una vez en tu vida?
- Pero no quiero ser adolescente si eso se trata de hacer trampa. –repuso Hermione de inmediato.
- ¡Pero eso es lo que somos! ¡Diviértete alguna vez en tu vida, Hermione! ¡No puedes cambiar lo que eres! ¡Ser adolescentes se trata de romper reglas, aprender de los errores y pasarla bien! –Ginny se había emocionado, ¿de acuerdo? - Disfruta de tu adolescencia aunque sea una vez en tu vida, Hermione, después será demasiado tarde.
Y por primera vez, Hermione no supo que responder.
¡Hola! Está bien, odienme todo lo que quieran porque en verdad me demoré mucho en subir. Lo siento, ¡en verdad! Pero sucede que he estado muy enferma, asique ustedes entenderán que levantarme a usar el computador no era algo que me apeteciera mucho en esos momentos. De nuevo, lo siento mucho.
Respecto al capítulo: espero que les guste. No es la gran cosa, de hecho no es mucho lo que he avanzado, pero intente hacerlo lo más divertido posible apesar de lo irritable que me pongo cuando estoy enferma.
Ahora sí, les prometo que hen el próximo capítulo comienza lo bueno. ¡Oh, y gracias otra vez por los reviews! No saben lo feliz que me ponen :).
Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón.
Saludos, Connie.
