Capítulo 4: Entre pensamientos, robos y errores.
- ¡Mierda! ¡Hermione!
Luego de esas palabras, le siguieron de inmediato varias piezas de ajedrez esparcidas en el suelo y unos Harry y Ron tirados en el suelo. A Hermione le costó un poco darse cuenta de que en realidad se estaban escondiendo de su persona. Apretó los puños.
- ¿Qué diablos haces aquí, Hermione? –le espetó Ron, aún asustado, mientras se sobaba su trasero, el cual había resultado gravemente herido tras su caída.
- ¿Perdón? –se indignó la recién nombrada. - ¿Podrías dejar de ser tan desagradable alguna vez en tu vida, Ronald? ¡No te he hecho nada!
Ahora le tocaba a Ron indignarse.
- ¿Cómo que no? ¡Acabas de interrumpir mi juego de ajedrez! –se quejó mientras Harry, en la misma posición que él, se ponía sus lentes.
Hermione estaba abriendo la boca encolerizada, pero Harry se apresuró en apaciguarla.
- Lo que Ron quiere decir, Hermione, es: ¿a qué se debe el honor de tu llegada? –le preguntó intentando sonar lo más cortés posible.
Nadie se lo creyó, por supuesto, pero decidieron omitir sus opiniones.
- ¿Qué? ¿Acaso ahora no puedo entrar a mi Sala Común? –le espetó Hermione a la defensiva.
- ¡Ja! ¿Quién es la desagradable ahora? –le soltó Ron a su amiga; bueno… no tan amiga en estos momentos.
- ¡Cállate, Ron! –le gritaron Harry, Hermione y Ginny al unísono.
- Yo sólo decía… -murmuró Ron enojado.
Harry volvió la vista hacia Hermione, al igual que Ginny.
- No, pero me refería a que deberías estar en clase… ¿Qué sucedió? –preguntó el pelinegro, con evidente interés.
- No te importa. –se sonrojó Hermione.
Parecía que Harry iba a decir algo parecido a lo que su mejor amigo había dicho segundos antes, es por eso que Ginny, quien estaba viendo todo en silencio, decidió que era momento de interrumpir.
- Hermione está molesta porque faltó a su clase de Aritmancia y, más encima, McGonagall la pilló infraganti. –explicó de inmediato.
Las risas de los chicos no se hicieron esperar. Bastó con ver la cara roja como un tomate de Hermione para que estallaran en carcajadas. Ginny tampoco se pudo aguantar, pero evitó encontrarse con la mirada de cierta castaña que la fulminaba con la mirada.
Pasaron unos cuantos segundos para que los chicos pudieran volver a tranquilizarse.
- Eres una deshonra para los prefectos, Hermione. –comentó Harry limpiándose una lágrima que corría por su mejilla.
- Sí… -coincidió Ron con los ojos igual de llorosos y respirando entrecortadamente. - ¡Es que nadie puede tener tan mala suerte como para que justo McGonagall lo pille! –y dicho eso, los tres volvieron a estallar en carcajadas.
Hermione, más que avergonzada y harta de la situación, logró interceptar la mirada de Ginny y la miró con una cara en el que sólo un mensaje se podía percibir: "Haz que se callen o no te ayudo".
A la pelirroja no le costó entenderlo.
- ¡Ya, chicos, ya basta! ¡Dejen a la pobre Hermione! ¿No ven que tuvo un mal día? –pero, al parecer, sus intentos no sirvieron de mucho porque Harry y Ron no le prestaron ni la más mínima atención. A Ginny se le ocurrió otra idea mejor. – Ron… -el aludido le prestó atención sin parar de reír-… a ti no te puedo decir nada, pero a Harry sí. –sonrió de forma traviesa. - ¡HARRY! –chilló con todas sus fuerzas. El silencio de su novio no se hizo esperar. – ¿Podrías dejar de reírte, por favor? Me parece que Hermione no lo está tomando muy bien. –sonrió con la sonrisa más inocente que tenía.
Harry se sonrojó de golpe y se apresuró en tomar una postura diplomática mientras volvía a tomar asiento en el sillón.
- Cla-claro, Gin. –asintió como embobado.
La recién nombrada le sacó la lengua, triunfante, a su hermano, quien no tuvo otra opción que aceptar su derrota, ya que no iba a ser muy normal que Ron fuera el único que se estuviera riendo a carcajadas mientras los demás sostenían una conversación decente. Bufó con resignación al mismo tiempo que tomaba asiento junto a su amigo.
- ¡No entiendo cómo te puede gustar esa enana tan insoportable, Harry!
- Y yo no entiendo como pudiste hacerte amigo de éste engendro tan estúpido, Harry. –lo imitó Ginny, sentándose al otro lado de su novio, que, inconscientemente, le pasó un brazo por los hombros.
La típica discusión de los hermanos Weasley no se hizo esperar. Hermione, mientras tanto, aún seguía parada junto al retrato de la Dama Gorda, dudando de si debía sentarse junto a los chicos o irse de inmediato a su clase de Transformaciones para no perderse otra clase de nuevo. Harry fue el que se encargó de decidir por ella.
- Hermione, ¿qué haces ahí parada? ¡Ven, siéntate con nosotros! –su invitación parecía más un suplica, ya que no quería estar en medio de la guerra de su novia y su mejor amigo.
La castaña suspiró y se acercó al grupo.
Unos cuantos minutos más tarde, nuestro trío de amigos se encontraba frente a la aventura más grande que se les pudo haber planteado: no quedarse dormidos a mitad del discurso de McGongall sobre "…la importancia educacional del ÉXTASIS es crucial para ustedes porque…" Ustedes entienden, ¿no?
Y ahí estaban, sentados en la última fila del aula. Lamentablemente, Ron ya había perdido su cometido, por lo que ahora tenía la cabeza echada sobre el charco que antes había sido su casi impecable libro de Transformaciones. Harry era un poco más fuerte, pese a que se le cerraban los parpados una y otra vez, y sostenía su cabeza con la palma de su mano en un desesperado intento de no repetir la experiencia de su mejor amigo. Lo más sorprendente era que Hermione aún no regañara a los chicos por su falta de disciplina y respeto; la verdad es que habría sido un descaro de su parte, ya que ella estaba muy absorta en sus pensamientos como para prestarles atención.
Muy bien, era ahora o nunca. Ginny le había pedido que le diera su respuesta definitiva durante el almuerzo, antes de entrar al Gran Salón. Sabía de sobre cual era su primera respuesta. "¡NO! Y por si no quedó claro… ¡NO, NO, NO, Y NOOO!" Había contado con que le quedara más que claro; sin embargo, la pelirroja había insistido en convencerla, y no sólo había logrado confundirla, había hecho que también se sintiera extrañamente obligada a hacer trampa, casi como si fuera una necesidad. Y la razón era obvia.
¿De verdad quería ser una vieja amargada por siempre?
"¡Pero si yo no soy amargada!", se intentó auto-convencer Hermione. "Sólo no me gusta romper las reglas, ir siempre por el camino correcto, el silencio, me irritan los sonidos fuertes, amo la lógica, me enferman los disparates de Luna, odio que mis amigos sean irresponsables, respeto a las autoridades, soy una estudiante compulsiva, no me gustan las fiestas, las tonterías… Es sólo eso. No es como si fuera una mini-McGonagall, ¿no?" Y sin pensarlo, levantó la cabeza hacia la profesora que seguía hablando sin parar, con el entrecejo fruncido y quitándole unos naipes de Snap Explosivo a Seamus y Dean. "Qué inmaduros… Oh, oh", se horrorizó la castaña. "¡MERLÍN, SOY IGUAL A MCGONAGALL!".
Luego de varios segundos en los que intentó controlarse internamente. Llegó a una conclusión: debía ayudar a Ginny. Sabía muy bien que su mejor amiga se lo merecía, pero… ¿en realidad sería tan mala como para darle esa clase de lección? Además, en el fondo sabía que Snape estaba exagerando un poco las cosas porque, más que mal, jamás le hizo esa clase de examen a Neville…
"De acuerdo, Hermione, aquí esta el asunto. Tú no eres mala ni tampoco estás haciendo nada malo. Dios te puso en este mundo para ayudar a los demás con tu inteligencia, ayudando al bien común. Y tu misión en el mundo es ayudar a las pobres almas descarriadas, en tu caso: Ginny. Pero ese es el caso, no estás haciendo nada malo. Sólo estás haciendo más felices a las personas… Ginny estará feliz, la señora Weasley estará feliz, Harry estará feliz, McGonagall estará feliz, Snape… Bueno, Snape se lo merece", había llegado a esa tranquilizante conclusión cuando sintió que había algo inquietante a su alrededor. "¿Por qué ahora todo está tan silencioso? McGonagall paró de hablar. ¿Por qué todos me miran raro…? ¿Por qué McGonagall me está mirando feo en estos momentos…?"
- ¡Señorita Granger! –Hermione se sobresaltó en su asiento, por fin prestando atención a la clase. La profesora McGonagall la observaba furiosa. - ¿Hasta cuándo voy a tener que repetirle la misma pregunta, eh? –le espetó.
La susodicha sintió todas las miradas clavadas en ella, aparentemente sorprendidas de que la señorita perfección no estuviera prestando atención a una clase que, en circunstancias normales, le habría parecido bastante importante. Se sonrojó de golpe.
- Hum… ¿Podría repetirme la pregunta, pro-profesora? –preguntó Hermione con timidez.
- ¿Qué es lo que te sucede hoy, Granger? –se exasperó la profesora. Suspiró y luego dijo con voz cansina: - ¿Cuáles son los principios básicos de la transformación de un anímago? ¡Por Dios, Granger, espero que esta actitud tuya sea sólo por hoy!
Media hora más tarde…
- ¿Qué diablos le sucede a Hermione? –se extrañó Ginny sentada en la mesa de Gryffindor, al ver la cara de querer suicidarse de su amiga mientras los demás se sentaban junto a ella.
La castaña no contestó, sólo se limitó a tomar asiento frente a la pelirroja y contemplar su plato vacío.
- Digamos que Hermione tuvo un pequeño trance en la clase de Transformaciones. –habló Harry sentado junto a su novia, y sirviéndose un poco de pollo frito en el plato.
- Y McGonagall volvió a llamarle la atención. –continuó Ron devorándose su almuerzo al mismo tiempo que Ginny soltaba una carcajada y Hermione se hundía más en su asiento. Luego de que pudiera tragar bien su comida, miró a Hermione algo confundido. – Pero no entiendo porque no estabas prestando atención, Hermione… Digo, para mí y Harry es normal quedarnos dormidos, pero tú… Seguramente es el fin del mundo.
Hermione asintió sin prestarle mucha atención, sin mirarlo siquiera.
- ¡Sí, claro! –bufó Ginny con sarcasmo, mirando con burla a su hermano. - Si fuera el fin del mundo, querido Ronnie, tú ya le habrías dicho a Hermione que te…
- ¡Cállate, enana! –le gritó Ron mientras se le ponían las orejas rojas, mirando de reojo a su amiga, quien, al parecer, no se había dado ni cuenta de que habían dicho su nombre.
Ginny rió por lo bajo y, antes de que Ron pudiera decir algo más, Harry se apresuró en decirle a su mejor amiga:
- Pero te veías bastante concentrada en Transformaciones, uno pensaría que estabas prestándole atención a McGonagall, ¿en qué pensabas? –preguntó confundido.
- En nada importante… -se encogió de hombros Hermione, sin querer darle mucha importancia, pero le lanzó una rápida mirada significativa a Ginny, quien había captado el mensaje.
Y como si los Dioses estuvieran a favor de Ginny, Harry y Ron no tardaron en enfrascarse en una conversación de su tema favorito: Quidditch. Por lo que no fue difícil para las chicas hablar en susurros sin llamar la atención.
- ¿Asique lo pensaste, eh? –comenzó Ginny en voz baja, queriendo parecer desinteresada mientras tomaba una manzana del canasto de frutas.
- No es necesario introducciones, Gin. –la cortó Hermione exasperada. – Vamos al grano.
- De acuerdo. ¿Y bien? –preguntó dejando su fachada y dando paso a una Ginny entusiasmada.
Era ahora o nunca. Hermione dijo lo primero que se le vino a la cabeza.
- No.
- ¿No? –el rostro de Ginny se horrorizo por completo.
- Digo, sí. –se apresuró en corregirse Hermione, en un susurro.
- ¿Sí? –el rostro de la pelirroja se iluminó por completo.
- No… digo… ¡No sé! –se desesperó Hermione.
- ¿Qué? –se enojó Ginny. - ¡Hermione, no me vas a decir…!
- ¡Ya, bueno, sí, está bien, acepto! –se resignó Hermione apretando mucho los dientes.
La pelirroja comenzó a dar pequeños saltitos de alegría en su asiento, lo que llamó la atención de su novio, quien la miró como si estuviera loca.
- ¡Es que te quiero! –se excusó sonriendo radiante mientras agarraba el rostro de su novio y le plantaba un beso con decisión. Harry tampoco se hizo de rogar…
- Eh… Sí, me alegro de que haya tanto amor en el mundo, pero… -Ron los observaba bastante perturbado desde su asiento. – Sí… ya, está bien, fue suficiente. Harry… Harry… ¡HARRY, SUELTA A MI HERMANA AHORA MISMO!
Aquello llamó la atención de varios estudiantes sentados a su alrededor, lo que causó que Harry y Ginny se separaran completamente sonrojados.
- De acuerdo… -dijo Ron como si nada. – Mmm… Harry… ¿qué decías de nuestro próximo partido?
Harry, algo desconcertado, siguió hablando con Ron, y Hermione y Ginny siguieron con su conversación en susurros.
- ¿Era necesario eso? –preguntó Hermione alzando una ceja.
- Lo siento, debía demostrarle mi felicidad al mundo. –se disculpó Ginny sonriendo nerviosa.
- Créeme, todos nos dimos cuenta de que estabas feliz.
- Sí, bueno, es que Harry besa tan…
- No quiero más detalles. –la cortó Hermione haciendo una mueca. Ginny asintió, pero aún seguía sonriendo. – Muy bien, lo más importante… -bajó considerablemente la voz, tanto así, que Ginny tuvo que juntar más su cabeza para oírla. - ¿Tienes la poción?
Está bien, no había considerado ese aspecto.
- ¿Po-poción?
- Sí, la poción multijugos, Gin. ¿Qué otra poción? –Hermione no quería hacer caso al nuevo dolor de cabeza que había empezado a darle. Al ver que la pelirroja se quedaba en silencio, se aseguró: - Sabes lo que es una poción, ¿no?
- ¡Por supuesto que sí, no soy una estúpida! ¿Sabes? –se ofendió Ginny.
- Está bien, lo siento. –nuevamente silencio. - ¿Ginny?
- ¿Mmm…?
- ¿Tienes… la… poción? –preguntó Hermione comenzando a exasperarse bastante.
- Bueno, respecto a eso… Verás, no pensé…
Sólo faltó eso para que Hermione le propinara una fuerte patada en el pie a la persona que estaba sentada frente a ella, que supuestamente era Ginny, pero contrarió a lo que esperaba…
- ¡AAAYY! –aulló Harry, parándose de golpe y sobándose el pie, completamente adolorido.
- ¡Lo siento, Harry! ¡Lo siento, no fue mi intención, te lo juro! –se disculpó Hermione también parándose, pero lo suyo no servía de mucho porque estaba al otro lado de la mesa.
- No… no te preocupes, Hermione. –masculló Harry con los dientes fuertemente apretados y los ojos algo llorosos.
Mientras tanto, en sus asientos, su novia y su mejor amigo reían a carcajadas, sin siquiera molestarse en preguntarle cómo estaba, aunque la respuesta fuera más que obvia.
- ¿Y así te haces llamar mi novia? –le preguntó Harry molesto a su novia en cuestión, mientras volvía a tomar asiento.
- Obvio –sonrió la chica sin dejarse intimidar ni invadir por el sentimiento de culpa (N.A: Conste, ella dijo que tenía, pero muy en el fondo…).
- ¡Ginny, tenemos que hablar! –dijo Hermione con voz fuerte y autoritaria.
- Pero, Hermione… aún no termino de comer, y tú sabes lo que dicen: guatita llena, corazón contento…
- ¡Ahórrate todas esas cursilerías y sígueme!
- Argh, está bien… -aceptó Ginny a regaña dientes.
Unos minutos después…
- ¿ME PUEDES EXPLICAR CÓMO DIABLOS PRETENDES TRANSFORMARTE SIN UNA POCIÓN?
- ¡Cálmate, Hermione! –intentó apaciguarla Ginny en un aula vacía del segundo piso. – Estoy segura de que podremos preparar una esta misma noche…
- ¿ACASO SABES CUÁNTO SE DEMORA UN PREPARAR UNA POCIÓN MULTIJUGOS?
- Mmm… ¿No era en unas horas? –preguntó confundida.
Silencio.
- ¡NO ME EXPLICO CÓMO DIABLOS PUDISTE PASAR POCIONES TODOS ESTOS AÑOS!
- Yo tampoco… -coincidió Ginny con sinceridad. – Veras, puede ser porque tengo muy buena puntería en las preguntas de alternativas…
- ¡AL DIABLO CON ESO, GINNY! –la interrumpió Hermione completamente furiosa.
- Mmm… ¿Podrías dejar de invocar todo el tiempo al diablo, Hermione? Me parece que a mis padres no les gustaría que me juntara contigo si te oyeran…
Hermione se vio tentada de decir "¡Al diablo con tus padres…!", pero le pareció que ellos no tenían la culpa de tener una hija tan… especial.
Estuvo varios segundos en silencio, intentando controlarse, hasta que al fin lo logró. "Deberían darle una Orden de Merlín", pensó Ginny. Hermione tomó asiento en una butaca y comenzó a acariciarse las sienes.
- De acuerdo, ¿qué haremos? –suspiró Hermione con voz cansada.
- Ni idea, tenía la esperanza de que tú preparas la poción… -se encogió de hombros Ginny, tomando asiento a su lado.
Su amiga sólo se limitó a fulminarla con la mirada.
- Está más que claro que no podremos hacer la poción hoy, tomando en cuenta que tu prueba se realizará mañana… Entonces… ¿qué haremos? –volvió a preguntarse.
Era extraño, pero a medida que a la castaña se le confundía más y más la cabeza, Ginny lo veía todo más claro.
- Es obvio, ¿no? Tendremos que robarla. –Hermione la miró con una cara de querer golpearla. – Lo siento, Hermione, pero es la única opción que nos queda. –se excusó ante la mirada de su amiga.
- Claro que no, Ginny. –se negó la castaña cruzándose de brazos. – Una cosa es hacer trampa y otra muy distinta es ser una ladrona.
A Ginny no le quedó otra que acudir a medidas drásticas.
- ¿Ah, sí? Bueno, pues… Eso no pareció importarte mucho en tu segundo año, ¿no? Cuando le robast…
- ¡Cállate! –la interrumpió Hermione desesperada mientras le tapaba la boca con las manos.
Ginny se zafó de su contacto y comenzó a reír.
- Qué mal, Hermione. Qué feo.
- ¿Quién te contó eso? –inquirió Hermione. "Harry o Ron, a ver quién muere primero", pensó con furia.
- Se cuenta el milagro, pero no el santo –se limitó a contestar Ginny, sacándole la lengua de forma juguetona, lo que irritó más a la castaña. – Pero bueno, no nos vayamos del tema. Debemos sacarle a Snape una poción esta misma noche.
Hermione abrió los ojos como platos.
- ¡¿A Snape?! –gritó.
- Sigue así, Hermione. Pronto se enterará todo el colegio. –comentó Ginny poniendo los ojos en blanco.
- Lo siento… -murmuró la recién nombrada. - ¿A Snape? –repitió en un susurro exaltado.
- Pues claro. ¿Acaso crees que todo el mundo prepara pociones no permitidas a menores de edad? Lo lamento, Hermione, pero me parece que no todos son como tú…
Ella sólo la fulminó con la mirada, pero decidió que su comentario no merecía mayor atención. En vez de eso, agarró a Ginny de la manga de su túnica y tiró de ella para que se sentara, dispuesta a comenzar a planear la "misión" de esa noche.
- Primero hay que pensar como tomaremos prestada la poción –Hermione se negaba a admitir que la robaría- sin ser descubiertas. Estaba pensando que deberíamos entrar en su armario a la hora de la cena… Ya sabes, mientras él no éste…
- Muy bien, pero ¿cómo pasar desapercibidas? –la interrumpió Ginny. Quería entrar ya en acción, a pesar de que aún quedaran casi tres horas para la cena.
Hermione se quedó unos segundos pensando en ello, hasta que al fin se le iluminó el rostro.
- ¿Alguna vez Harry te habló sobre su capa de invisibilidad?
- ¡Claro! ¿Cómo no lo había pensado? –sonrió Ginny emocionada.
Y dicho eso, siguieron planeando la misión "Pedir prestado a Snape la poción multijugos, sin que se entere", como le había puesto en su fuero interno.
En la cena…
- Hermione, ¿me podrías decir porque miras tanto a Snape? –le preguntó Harry extrañado mientras la miraba a ella y luego a Snape, que estaba comiendo en la mesa de los profesores con su típica cara de desdén. – Pareciera como si te gustara o algo así… -añadió poniendo cara de asco.
La aludida, quien no había parado de mirar a Snape en todo ese rato, gracias a lo nerviosa que estaba, miró a Harry, lista para replicar, pero Ron habló antes que ella.
- ¡Sí, claro! –rió. - ¿A quién le podría gustar Snape? Hermione jamás podría caer tan bajo…
Ron no paró de mirar de reojo a Snape y a Hermione en toda lo que quedaba de cena.
- A propósito… ¿tienes alguna idea de por qué Gin me pidió mi capa? –volvió a preguntar Harry a Hermione mientras los tres caminaban de regreso a su Sala Común.
Hermione no había parado de mirar por sobre el hombro para ver si Snape seguía ahí. De pronto, se sintió infinitamente culpable, debería haberse quedado esperando hasta que Snape saliera e intentar distraerlo para que no fuera a las mazmorras… Pero Ginny le había asegurado que no era necesario que hiciera eso, sería rápida. Paró en seco. ¿Acaso le estaba haciendo caso a Ginny? Merlín, debía estar muy mal…
Dio media vuelta, dispuesta en volver al Gran Comedor, pero alguien la agarró por el antebrazo. Era Ron.
- ¿Qué te sucede, Hermione? –preguntó viéndola preocupado, al igual que Harry que se había puesto a su lado. – Hoy has estado muy rara…
- ¿Yo? –fingió sorprenderse Hermione. - ¡Claro que no! Es… sólo que he tenido sueño todo el día, eso debe ser… Será mejor que me acueste en cuanto llegue…
- Hermione, ¿de qué estás hablando? –se extrañó Harry luego de consultar su reloj. – Son recién las nueve.
- Una hora perfecta para acostarse. Bueno, ¿qué me decías, Harry? –intentó cambiar de tema mientras volvían a ponerse en marcha.
A Harry no se le pasó inadvertido su extraño comportamiento, pero decidió no prestarle atención.
- Te preguntaba si sabías por qué Ginny me pidió mi capa…
- ¡Cuidado, Hermione! –exclamó Ron al mismo tiempo que la sostenía del brazo para que no se estampara contra el suelo, ya que había tropezado al escuchar las palabras de su amigo.
- Gracias, Ron… -le sonrió nerviosa y luego se encontró con la mirada inquisitiva de su otro mejor amigo. – Ni idea, ya sabes cómo es Gin… Siempre anda haciendo cosas raras… -forzó una risita algo nerviosa.
"Yo más que nadie sé de eso", pensó con pesar.
* - * - *
Mientras tanto, Ginny bajaba las escaleras de las mazmorras con extremo cuidado de no hacer ruido. Estimaba que Snape aún seguía cenando en el Gran Comedor, pero no sería por mucho tiempo, por lo que aceleró un poco más el paso, intentando no tropezarse con la capa que la cubría.
No fue difícil encontrar el despacho de Snape, ya que supuso que estaba detrás de la puerta que había en el sector menos iluminado. "Merlín, es como si su amor platónico fuera un murciélago o algo por el estilo… ¿Es que no se cansa de intentar en parecerse uno…? Yo creo que su sueño es casarse con un ogro… harían una pareja ideal…". Y se quedó algunos segundos más pensando en ello cuando una voz, bastante parecida a la de su mejor amiga, le habló con cierto reproche en su interior. "Concéntrate, Ginny. Lo único que te falta es tenderte en una toalla a tomar el sol, si es que hay algo de eso…".
La pelirroja suspiró y sacó su varita del bolsillo de su túnica. Sería una reverenda estúpida si no contara con que Snape habría cerrado su despacho mediante magia. Murmuró un apenas audible: Alohomora. Pero la puerta no dio signos de abrirse. También era de tontos no suponer que Snape protegería su despacho con algo más que un simple: Alohomora.
Sonrió contenta al recordar como Hermione se lo había advertido y la había equipado con algo más que una simple varita. Sacó una pequeña navaja, que le había pedido prestada Hermione a no sabía quién, de su bolsillo. Si esto no funcionaba, tendría que comenzar a despedirse de su baile con Harry… Suspiró, suplicándole a Merlín que la ayudara.
Comenzó a forcejear con la navaja para que se abriera la cerradura, y luego de unos segundos, comprobó contenta de que había funcionado.
Consiente de que le quedaba poco tiempo, caminó a paso rápida hasta otra pequeña puerta, que según las indicaciones de Hermione correspondía al armario de pociones. Probó nuevamente con un Alohomora y quedó maravillada al comprobar de que esta vez si había funcionado. Snape debía de suponer que a nadie se le ocurriría otra forma de entrar en su despacho. "Qué imbécil…".
Se acercó con cautela a los abarrotados estantes con pociones de todos los colores y con millones de etiquetas. Muy bien, sólo debía buscar aquel que contuviera los ingredientes que Hermione le había indicado. Sacó de forma apresurada un pequeño pedazo de pergamino arrugado y lo fue consultando mientras, iluminando con su varita mágica, buscaba entre las miles de pociones que había ahí.
"Apuesto a que con un Accio ya me encontraría en un confortable sillón frente a la chimenea, acurrucada junto a Harry… En vez de estar aquí, muriéndome de frío y buscando una estúpida poción multijugos… A ver, ¿por qué maldita sea no he hecho que la poción venga a mi?", se preguntó a si misma de forma retórica, y una voz muy parecida a la de su mejor amiga le contestó: "Porque correrías el riesgo de que se te cayeran todas las pociones, tonta". Hizo un mohín, y siguió buscando hasta que, de pronto, escuchó algo que la dejó paralizada.
Alguien estaba bajando las escaleras de la mazmorra.
¿Por qué diablos lo sabía? Eco.
Ginny miró nerviosa a todos lados y, como si fuera un regalo milagroso de Dios, su mirada calló justo en dos pociones que estaban etiquetados como poción multijugos. Tomó la primera sin pensárselo y salió disparada del armario, cerrando con el más sumo cuidado. Vio como se abrían los cerrojos por arte de magia y su corazón se le paró.
Snape, la persona que más adoraba en el mundo (nótese el sarcasmo, por favor), abrió la puerta con esa típica expresión de amargura en rostro. Ginny, que a diferencia de Hermione, sí había heredado dotes atléticos, corrió lo más rápido y silencioso que pudo hasta la puerta, antes de que esta se cerrara.
Lo logró.
- * - * -
- ¡Hermione, la tengo, la tengo! –gritó Ginny entrando de improvisto en la habitación de las chicas de séptimo de año, donde sólo se encontraba Hermione sentada en su cama leyendo un libro.
La castaña dio tal salto que se cayó de la cama al mismo tiempo en que soltaba un chillido. Ginny ni se molestó en ocultar la risa. Estaba tan contenta que ni siquiera le importaba el hecho de que Hermione la mirara con una cara de querer rebanarle la cabeza.
- "¿Te encuentras bien, Hermione? Sí, no te preocupes, puedo levantarme yo sola, gracias". –gruñó la recién nombrada ordenándose la túnica mientras se paraba.
- ¡Pero si ya sabía que podías levantarte tú solita! –otra risa, otra fulminación de mirada.
- ¿Quieres ponerte seria, Ginevra? –le pidió Hermione poniendo los ojos en blanco y luego frunciendo el entrecejo.
- Mmm… ¡No! –más risas.
- ¡Espera, espera! –se detuvo de pronto Hermione con expresión seria. - ¿Estás segura de que es la poción correcta? ¿Seguiste mis indicaciones?
Ginny la miró ofendida.
- ¡Pues claro! ¿Quién me crees? ¿Mi hermano? –y volvió a estallar en carcajadas.
Tuvieron que esperar unos cuantos minutos para que Ginny se viera liberada de los efectos de la victoria. Para cuando sucedió eso, la pelirroja vio como Hermione hacia aparecer un par de copas en el velador con una rápida floritura de la varita y comenzaba a servir un poco de poción multijugos en las copas. Sólo había gastado un cuarto de aquella botella.
- ¿Hermione, qué haces? –preguntó Ginny, extrañada. – La prueba es mañana, ¿recuerdas?
- Ya lo sé, Gin. –asintió Hermione con repentina calma, expresión que utilizaba cuando de verdad se estaba concentrando en algo. Le entregó una copa a su amiga y rodó los ojos al ver su cara de perplejidad. – Pero es necesario comprobar el buen estado de la poción. No te preocupes, con la cantidad que le puse sólo durará una hora como máximo.
- Está bien… -murmuró Ginny viendo con desconfianza la poción que había en la copa.
- ¡Oh, casi se me olvida, sácate unos cuantos pelos! –le pidió Hermione mientras ella hacia lo mismo.
- ¿Qué? ¿Para qué? –se asustó la pelirroja.
- Ah… De verdad que no entiendes nada, ¿no? Es para que las niñas bobas, como tú, puedan hacerse pasar por otras para dar pruebas ilegalmente. Ahora, hazlo.
Ginny le hizo caso, algo dudosa, y se sacó un par de cabellos pelirrojos.
- ¡Eh! ¿Qué haces? –se asqueó la pelirroja al ver como Hermione dejaba caer sus pelos en su copa.
- Esto. –y le quitó sus pelos de la mano y los dejó caer en su copa.
La copa de Hermione se volvió de color fucsia mientras que el de Ginny se volvía azul.
- Vale, ¿ahora sólo hay que bebérselo? –le preguntó Ginny nerviosa.
- ¡Vaya! Buena pregunta. Me parece que sí… -fingió sorprenderse Hermione con sarcasmo. - ¡Pues claro! A la cuenta de tres. –ambas alzaron sus copas. – Uno… dos… ¡tres!
Fueron valientes y se tomaron todo de un trago. La reacción fue inmediata. Ginny prácticamente se lanzó al baño mientras que Hermione fue más fuerte y se quedó ahí, apretando los puños y aguantándose como podía.
De pronto, oyó un grito ahogado desde el baño y se giró de golpe. Su propio yo, una muchacha de cabello castaño, largo y enmarañado, y de ojos también castaños, la miró completamente sorprendida; tanto así, que se vio obligada a taparse la boca con las manos para sofocar otro grito.
- Oh, vamos, Ginny, no me parece que seas tan fea… -bromeó Hermione, la nueva pelirroja, caminando a paso tembloroso hacia el baño.
- ¡JA, JA! ¡Qué chistoso, Hermione! –sonrió Ginny, la nueva castaña, con sarcasmo mientras se posaba las manos en la cintura, cosa que siempre hacia cuando estaba molesta. - ¿Esta transformación también implica un cambio de humor excepcional? –preguntó con ironía.
- Pues eso parece… porque tenía entendido que el ser gruñona era parte de mi encanto. –sonrió irónicamente Hermione mientras se miraba en el espejo del baño. Ginny se había parado junto a ella.
Era raro estar viéndose a si misma con otros ojos, pero al mismo tiempo estar contemplando de un primer ángulo un rostro que no era suyo. Definitivamente, era raro. Estaba repleta de pecas por todos lados y tenía el cabello rojo como el fuego. Pero, sin duda, lo que más le sorprendía, ¡era que ahora tenía el pelo sedoso!
"Merlín, no puedo caer más bajo…", pensó Hermione para sus adentros.
Regresaron a la habitación, ya aburridas de contemplarse tanto en el espejo.
- ¡Esto es lo más fantástico que he hecho en mi vida! –comentó Ginny (en el cuerpo de Hermione), dejándose caer en su nueva cama.
- Querrás decir extraño. –la corrigió Hermione.
- No, fantástico.
- No tienes remedio –suspiró Hermione negando con su cabeza de un lado a otro. De pronto, un papel arrugado, tirado en el piso, llamó su atención. - ¿Qué es esto? –preguntó tomándolo con curiosidad.
- ¿Qué es qué?
- Este papel… Creo que venía pegado al frasco de la poción…
Lo abrió con cuidado. En el papel, se podía leer con total claridad: "ADVERTENCIA: CONTIENE POLVO DE CUERNO DE UNICORNIO". Le tembló la mano.
- Ginny…
- ¿Mmm…?
- ¿Estás segura de que tomaste el frasco que te indiqué?
- Claro. ¿Acaso crees que soy estúpida?
- Bueno…
- Hermione, ¿te encuentras bien? –preguntó Ginny preocupada, parándose con cautela y acercándose a la chica que estaba de espaldas a ella. – Hermione, ¿qué sucede?
- Sucede… -Hermione se giró hacia ella con cara de maniaca. - ¡QUE TOMASTE LA POCIÓN DE EQUIVOCADA! ¡ESTA NO ES DE BICORNIO ES DE UNICORNIO!
- ¿Y? ¿No es lo mismo?
- ¡POR SUPUESTO QUE NO!
- Hermione, me parece que estás exagerando mucho. ¿Qué importancia tiene? Funcionó, ¿no?
- ¡IMPORTA, QUERIDÍSIMA IDIOTA, PORQUE EL CUERNO DE UNICORNIO ES PERMANENTE! ¡NOS QUEDAREMOS ASÍ PARA SIEMPRE!
- Mierda…
Ok, pueden escupirme virtualmente si gustan (hay otras opciones más pero, sinceramente, no me gustaría mencionarlas).
Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento. Perdón por haberme ido todo este tiempo, pero entre tantas cosas que hacer y un pequeño bajón, deje un poco (un poco mucho) de lado el fic, lo siento, lo siento, lo siento, nuevamente.
¡Pero aquí está lo prometido! Es aquí cuando pienso en frases como: "Tarde o temprano...", "Nunca digas nunca" y, mi favorita: "Mejor tarde que nunca". :) La verdad es que este capítulo no me pareció muy bueno porque lo hice todo muy a la rápida, pero tiene todo y eso es lo importante.
De nuevo: lo siento, lo siento, lo siento.Y espero remediar, aunque sea un poco, con esto la ausencia de capítulos.
Saludos, Connie.
