Jet privado. 11:32h

— ¿Qué más sabemos de las víctimas? —Preguntó Hotch.

— Todas las chicas fueron violadas antes de morir y todos los chicos recibieron varias palizas, también antes de morir —dijo Morgan—; incluso en la pareja de novios. Está claro que no es ningún crimen amoroso; al principio, la policía lo sostuvo como teoría en el primer caso, pero lo descartaron cuando se produjo el segundo ataque, idéntico al primero, porque descubrieron que las dos víctimas no se conocían de nada.

— Además —añadió JJ—, fue cuando empezaron a sospechar que podía ser un asesino en serie, ya que había detalles en las escenas de los crímenes que no se habían filtrado a la prensa. Como, por ejemplo, unos pedazos de papel con algunas líneas escritas que había en todos los escenarios.

— Lo que es raro en las muertes es que los chicos sean asesinados con veneno y las chicas con un cuchillo —comentó Prentiss—. El envenenamiento lo suelen usar las asesinas en serie, como las viudas negras, mientras que el cuchillo sugiere un asesino masculino. ¿Serán una pareja de asesinos?

— Habrá que tener en cuenta esa posibilidad —asintió Hotch, reflexivo—. Aunque pienso que sólo es un sujeto.

— ¿Por qué piensas eso? —Quiso saber JJ.

— Por la herida del cuchillo de la chica —respondió Morgan—. No hay ninguna otra herida que muestre indecisión. La mano que empuñaba el cuchillo era firme y lo clavó hasta la empuñadura, para asegurarse que la herida era mortal y no tardase mucho en morir.

— Vale, ¿y eso qué significa? —Volvió a preguntar JJ.

— Que sus relaciones con las mujeres siempre han sido un fracaso —explicó Hotch—. El sudes no podría tener por cómplice a una mujer, donde su relación sería de igual a igual.

— Por eso viola a las chicas —añadió Reid—. Necesita estar por encima de ellas, nunca al mismo nivel, para poder tener el control de la relación que mantiene con ellas.

— ¿Y no podría ser una pareja de hombres? —Aventuró Prentiss— ¿Uno dominante y otro sumiso?

— El sumiso tendría que serlo en grado tan extremo —razonó Morgan—, que casi sólo podría ser un simple observador a primera fila. ¿Qué hombre sería capaz, por muy sumiso que fuera, de sólo ayudar a secuestrar a chicas que viven solas, darle palizas a chicos atados e indefensos y finalmente hacerles tragar un frasco de arsénico mientras el otro se lleva toda la diversión?

— Cualquiera acabaría rebelándose —asintió Prentiss.

— Entonces está bastante claro que buscamos un solo sujeto —concluyó Hotch.

Reid observaba las fotos de los distintos escenarios.

— Todos los escenarios están cuidadosamente presentados exactamente de la misma manera —empezó a decir Reid—: el lugar que escoge...

— Los cementerios —le interrumpió Prentiss.

— Las entradas de los mausoleos —puntualizó Reid—, la posición de los cuerpos, la flor que hay en las manos unidas de las víctimas, el cuchillo que hay cerca de la mano derecha de las chicas, el frasco que contenía el arsénico al lado de la mano izquierda de los chicos y los retazos de papel que deja junto a los cuerpos. ¿En el informe dice algo sobre el contenido de los papeles? —Preguntó mientras miraba las hojas del informe que tenía en sus manos.

— No, aún no los han terminado de analizar —respondió Hotch—. En la policía no entienden el significado que pueden tener en los asesinatos. Por eso nos han llamado.

— Entonces habrá que evitar que se filtre algo a la prensa —dijo JJ—. Los medios están siguiendo muy de cerca el caso. Me ocuparé que nadie relacionado con el caso comente nada al respecto.

— Bien. Reid, tú encárgate de buscar el significado de los escritos —le ordenó Hotch.

Reid asintió.

— Si los textos están manuscritos, también analizaré la grafología de la letra —dijo el doctor.

— Yo iré a ver el último escenario —dijo Morgan.

— Iré contigo —se apuntó Prentiss.

Morgan asintió.

— De acuerdo, entonces —concluyó Hotch.

* * *

Lugar desconocido. 11:40h

Era una habitación de dimensiones pequeñas, pero le importaba poco el espacio. Tenía suficiente para moverse sin incomodidades al tiempo que observaba las pantallas del circuito cerrado de televisión. Las cámaras que había en el sótano transmitían en infrarrojo, por lo que las imágenes que veía en los monitores eran de color verde venenoso. Dichas imágenes eran las de tres muchachas. Dos de ellas estaban despiertas; una de ellas lloraba. Miró de reojo el aparato de audio que recogía la cantidad de sonido que había en el sótano: el ruido era inferior al permitido. "Bien", pensó; "ya conoce las normas".

Miró la tercera joven: estaba tumbada en el suelo y tenía los ojos cerrados; dormía. Aunque no sabía muy bien la razón, la admiraba; le excitaba sobremanera la admiración que sentía por ella. Tenía tantos deseos de que la próxima vez fuera ella la que incumpliera alguna norma... Pero las mismas normas que él había creado, le impedían satisfacer sus deseos; eso, a veces, le enfurecía sin medida hasta que no lo podía aguantar más. Quería olvidar esas absurdas normas y elegir a quien quisiera... Pero, entonces, ya no sería igual; perdería ese encanto que tanto le gustaba. Por eso, lo único que podía hacer para sentirse completo era retarla. Pero ella seguía en sus trece, sin doblegarse, casi desafiándole, mientras que sus compañeras se desmoronaban y sucumbían, rompiendo las reglas. Aquello le calmaba algún tiempo, hasta que las ansias de retarla otra vez le desbordaban.

— Alguna vez, llegará tu hora —murmuró, mientras acariciaba la pantalla con su imagen.

* * *

Un sótano oscuro. 11:42h

La chica, poco a poco, terminó de derramar sus últimas lágrimas y dejó de sollozar. Durante un breve instante, silencio y oscuridad se fundieron.

— ¿Cómo te llamas? —Preguntó la otra chica con voz suave.

— ¿Qué?

— Yo me llamo Torrence. ¿Y tú?

— Sa... Sarah —se frotó los ojos para secarse las lágrimas. Después, miró al frente suyo, donde sabía que estaba la tercera chica—. Y ella... ¿Cómo se llama?

— ¿Quién? ¿La otra chica?

— Sí.

— No lo sé. Se lo he preguntado varias veces pero nunca ha respondido. Maggie, por lo que me contó, también se lo preguntó montones de veces... Sin resultado.

— Que poco amigable, ¿no?

— Puede. Pero, según Maggie, ella ya estaba aquí cuando ella llegó.

— Oh, dios... ¿Cuánto tiempo lleva aquí encerrada?

— Eso tampoco lo ha dicho nunca.

— ¿Y tú, Torrence, cuánto llevas aquí?

— No sé... El tiempo aquí parece eterno; a veces creo que pueden haber pasado minutos cuando pueden haber pasado horas... ¿Qué día es hoy?

— A ver... —Sarah empezó a hablar a sí misma, a media voz, como si contara mentalmente— Si el tipo éste me atacó a esa hora, supongo que a estas alturas ya habremos pasado... —se giró hacia Torrence— Creo que estamos a 26 de octubre, sino me equivoco.

— ¿Tanto ya? —Inquirió, incrédula, Torrence.

— ¿Por qué? ¿Cuánto llevas aquí? —Le preguntó Sarah, temblando.

Torrence, antes de responder, cogió aire profundamente y lo soltó con lentitud.

— Estoy aquí desde hace dos semanas —Sarah se quedó muda ante esta revelación. Torrence empezó a hablar para sí a toda velocidad, entre balbuceos—. Dios... Dos semanas... Sólo dos semanas... Pero si han parecido una eternidad... Cada hora, un día... Cada día, un mes... Oh, dios... Dios, dios... Dios mío... Quiero salir de aquí, quiero salir de este maldito sitio...

— Torrence, por favor, no te hundas —le suplicó Sarah, cortando así los pensamientos de su compañera—. Tenemos que ser fuertes. Nos tenemos apoyar mutuamente; no hay más opción. Tenemos que aguantar hasta que la policía nos encuentre, porque seguro que nos están buscando.

— ¿Estás segura?

— ¡Claro que lo estoy! Puede que yo lleve unas pocas horas secuestrada, pero tú llevas dos semanas. Alguien te habrá echado en falta, ¿verdad?

— Supongo que sí... —dijo Torrence con apatía.

— Y a ella también la habrán echado en falta, ¿no? —Continuó diciendo Sarah, refiriéndose a la tercera chica, ignorando por completo el comentario de su compañera— Me dijiste que ella ya estaba aquí cuando tú llegaste. Por lo tanto, a ella también la estarán buscando. Cuanta más gente nos esté buscando, más fácil será que nos encuentren.

— Supongo que sí —volvió a decir Torrence, con la voz un poco más animada—. Lo siento, me he dejado llevar por el desánimo. Si no hubiera sido por ti, seguro que me habría hundido más y más y...

— No sigas con eso —le suplicó Sarah—. Debemos ser optimistas, aunque nos cueste; sólo así lograremos salir de aquí.

— De acuerdo —asintió Torrence—. Oye, ¿crees que sigue durmiendo?

— ¿Quién? ¿La otra chica?

— Sí.

Las dos chicas escucharon con atención. Al cabo de poco oyeron la respiración rítmica y pausada de la tercera chica.

— Parece que duerme —aventuró Sarah.

— Yo creo que también —corroboró Torrence—. Además, creo que es la más lista de las tres.

— ¿Por qué dices eso?

— No sé... —Torrence tardó unos segundos en seguir hablando— Pienso que durmiendo, el tiempo pasa más deprisa y, además, quizás puedes escapar de esta pesadilla, aunque sea sólo por unas horas.

— Ojalá yo pudiera dormir ahora... Pero creo que me será imposible hacerlo.

— Lo harás —le aseguró Torrence con voz lúgubre—. Pero no será ningún sueño reparador, te lo aseguro.

Lo que ni Torrence ni Sarah sabían es que la tercera chica estaba tan despierta como ellas y había oído todo lo que habían dicho. En su mente se mezclaba la desesperación de llevar tanto tiempo allí, más de lo Torrence y Sarah imaginaban, con la determinación de escapar... A la primera oportunidad que se le presentara.

* * *

Cementerio antiguo. 12:04h

La policía de Boston mantenía a raya a curiosos y la prensa en la entrada del cementerio. Morgan y Prentiss lograron atravesar aquel cerco con el todo terreno y mostrando sus placas al llegar al cordón policial. Una vez dentro, dejaron el vehículo cerca de la entrada y anduvieron hasta la escena del crimen; ésta aún estaba acordonada mientras los forenses recogían las últimas muestras ya etiquetadas para su análisis en el laboratorio. Los dos agentes de la UAC se dirigieron directamente al policía al mando de la escena.

— ¿Agente Edwards? —Preguntó Morgan. El aludido se giró hacia ellos y estrechó la mano que le ofrecía Morgan— Somos los agentes Prentiss y Morgan, de Análisis de Conducta del FBI.

— Encantado de conocerles —respondió el agente Edwards al tiempo que estrechaba la mano de Prentiss.

— Hemos venido a ver el escenario. ¿Podemos pasar? —Preguntó Prentiss.

— Por supuesto —respondió Edwards levantando la cinta amarilla que delimitaba la escena del crimen.

Morgan y Prentiss pasaron por debajo la cinta. Morgan empezó a pasear por la escena, observándola detenidamente. Prentiss se quedó al lado de Edwards.

— ¿Quién encontró los cuerpos? —Inquirió Prentiss.

— El guarda nocturno —explicó Edwards—. Los encontró sobre las doce y media de la noche, mientras hacía la ronda habitual por el cementerio. Tantos años trabajando rodeado de muertos y el pobre hombre se quedó en estado de shock al ver los cadáveres. Aún se está recuperando en el hospital.

— Por lo que se ve, el sudes mató aquí las víctimas y no en otro lugar —dijo Morgan, observando el charco de sangre en los escalones del mausoleo y la hierba aplastada por el peso de los cuerpos.

— O sea, que tuvo que llevar hasta aquí al chico y la chica con vida —dijo Prentiss, siguiendo el pensamiento de Morgan. Se giró hacia el policía—. ¿En la entrada hay cámaras de seguridad?

— Sí, creo que hay un par de cámaras que enfocan los vehículos que entran y salen del cementerio —explicó Edwards—. Pediré que les traigan las cintas.

— Muchas gracias.

Edwards se alejó. Prentiss observó los avances de Morgan desde donde estaba.

— ¿Por qué eligió este mausoleo en particular? —Se preguntó Morgan. Miró los mausoleos de los alrededores— Parece el más grande de todos.

— Sí, es cierto —asintió Prentiss—. ¿Tendrá algún significado en particular para el sudes este mausoleo?

— Lo dudo —negó Morgan—. Es la primera vez que deja a sus víctimas en este cementerio. Quizás va cambiando de cementerio para evitar la posible vigilancia de la policía. Le sería muy difícil entrar en un cementerio vigilado por una o más patrullas con sus dos víctimas aún vivas y salir sin ellas más tarde. Resultaría muy sospechoso.

— Quizás las introduce escondidas en su vehículo estando las víctimas sedadas, para que no griten pidiendo ayuda —razonó Prentiss.

— Pero nadie ve lo que hace, por lo que debe permanecer aquí con las dos víctimas hasta que el cementerio cierra sus puertas. Y pueden pasar horas hasta que se sienta solo y seguro.

— Hay muchos lugares donde pueden esconderse tres personas —Prentiss barrió con la mirada todo su alrededor—. Este sitio es enorme. Le sería fácil ocultarse con las víctimas en cualquier rincón oscuro.

— Antes de llevar a cabo los asesinatos, vino a inspeccionar el cementerio para ver cuál era el mejor sitio donde ocultarse y para escoger el escenario ideal.

— Pero... ¿Y el vehículo? ¿Cómo pudo sacar el vehículo después que el cementerio hubiera cerrado?

Morgan lo pensó durante unos instantes.

— Llevó las víctimas sedadas hasta el escondrijo que previamente había seleccionado y las dejó ahí, asegurándose de que no podrían escapar ni que nadie podría verles. Salió del cementerio con el vehículo y lo aparcó relativamente cerca, lo suficiente para poder volver al cementerio a pie, pero lo suficientemente alejado como para que no levantase sospechas.
» Una vez dentro el cementerio, se escondió junto a sus víctimas y esperó que el cementerio esté cerrado. Después, llevó a las víctimas hasta el lugar donde después las mató. Cuando hubo terminado, colocó los últimos detalles del escenario y salió del cementerio por algún punto del muro que bordea el camposanto por el que sea fácil trepar.

— Sí —admitió Prentiss—, es bastante plausible.

El agente Edwards se acercaba a Morgan y Prentiss con las cintas de seguridad en la mano.

— Aquí tienen las cintas que pidieron.

— Gracias —dijo Prentiss, cogiéndolas.

— Debemos enviárselas a García para que las analice —dijo Morgan.

— De acuerdo. Vamos a comisaría, pues.

— Les acompañaré —se ofreció Edwards.

Los tres fueron sorteando tumbas de vuelta a la entrada del cementerio.

* * *

Comisaría central de Boston. 12:06h

Hotch, JJ y Reid entraron en la comisaría y preguntaron por el inspector Mattson, el encargado del caso. Les indicaron un pequeño despacho situado en un rincón de la comisaría. Fueron hacia allí. Al llegar a la puerta, JJ llamó un par de veces antes de entrar

— ¿Inspector Mattson? —Preguntó JJ mientras avanzaba hasta la mesa. El aludido se levantó de su silla y le tendió la mano a JJ— Soy la agente Jareau; hablamos por teléfono. Ellos son el agente Hotchner y el doctor Reid.

Hotch estrechó la mano del inspector y Reid hizo un pequeño gesto con la mano a modo de saludo.

— Gracias por venir tan deprisa —dijo el inspector Mattson.

— Hemos venido para ayudar —le respondió Hotch—. ¿Dónde podemos instalarnos?

— Pueden ocupar la sala de conferencias. Les acompaño.

Mattson salió de detrás de la mesa y condujo a Hotch, JJ y Reid hasta la sala de conferencias. Era una sala bastante espaciosa. En el centro había una mesa grande rodeada por varias sillas. Había una pizarra de rotulador con ruedas y varios paneles de corcho en las paredes. Un par de ventanas se abrían a la calle; unas persianas las tapaban, limitando así la luz del sol que entraba por ellas.

— ¿Y los informes de los casos? —Preguntó JJ.

— Ahora los traerán —contestó Mattson, señalando la puerta.

— ¿Saben algo de los mensajes que deja el sudes en los distintos escenarios? —Inquirió Reid.

— No sabemos lo que quieren decir, aunque todos hacen referencia a la muerte, algunos más explícitamente que otros —dijo Mattson.

Un par de agentes entraron llevando varias cajas llenas de la documentación sobre los casos. Las dejaron encima de la mesa y se fueron.

— ¿Los originales están aquí? —Volvió a preguntar Reid acercándose a la mesa.

— Sí, están en alguna de estas cajas. Ahora no sé exactamente en cual —Mattson hizo un gesto vago.

Reid abrió una de las cajas, se acomodó en una silla y empezó a examinar su contenido, buscando lo que quería. Hotch cogió otra caja y sacó una carpeta con las fotografías de los distintos escenarios. JJ se acercó a Mattson.

— ¿Qué información posee hasta ahora la prensa? —Preguntó JJ.

— No mucha, pero los periodistas no hacen más que hacer especulaciones sobre las muertes, cosa que hace que la gente cada vez esté más inquieta —le explicó el inspector—. Dentro de una hora está prevista una rueda de prensa para desmentir algunos de estos rumores pero, la verdad, no sé si sonará convincente.

— Si usted quiere, puedo ayudarle.

— Se lo agradecería mucho, la verdad. Tengo la nota de prensa en mi despacho —Mattson señaló su despacho, medio oculto por los agentes que iban y venían por la comisaría.

— Después de usted —dijo JJ señalando la puerta con un ademán.

Ambos se encaminaron hacia el despacho del inspector. Reid y Hotch se quedaron solos en la sala de conferencias. Hotch pegó algunas de las fotografías de los distintos crímenes en una pizarra de corcho, se alejó unos pasos y observó las instantáneas desde la distancia.

— Reid —le llamó Hotch. El doctor alzó la cabeza de los papeles que tenía diseminados por la mesa—, fíjate en los distintos escenarios. Éste es el primero —señaló la imagen de la esquina superior izquierda—, y las otras dos de al lado pertenecen a los escenarios dos y tres. Las dos fotos de abajo pertenecen a los escenarios cuatro y cinco.

Reid se levantó para mirar con más atención las fotografías que había colgado Hotch.

— Son idénticos —señaló Reid—. Bueno, si obviamos el hecho que las fotografías fueron tomadas en momentos distintos del día y en ángulos distintos y que los mausoleos también cambian. Prepara el escenario siempre idéntico. Eso no es normal.

— No, no es normal —corroboró Hotch—. Lo más usual es que los escenarios de un asesino en serie varíen de uno a otro, ya sea porque son lugares distintos o porque va evolucionando su modus operandi, que va perfeccionándose con cada nuevo asesinato. Pero aquí, todo está en el mismo sitio y en la misma posición. No hay ninguna evolución.

— Aquí —dijo Reid, que se había acercado a las fotografías para verlas con más detenimiento—. A simple vista no se ven, pero hay pequeñas diferencias en los escenarios.

— ¿Dónde? —Inquirió Hotch, acercándose también al tablón.

— Fíjate en los papeles con los mensajes que hay en los escenarios —Reid los señaló en las instantáneas—. No están en el mismo sitio ni siempre hay la misma cantidad. En el primer escenario hay dos papeles, en el segundo y en el tercero hay un solo retazo, y en el último también hay dos. A veces están en las manos de las víctimas, a veces en la rosa que sujetan ambos y otras veces están en el suelo.

— Sí, ya lo veo —asintió Hotch—. Si no hay la misma cantidad de mensajes ni están en el mismo sitio, quiere decir que es algo importante para el sudes.

— Pero no lo sabremos con exactitud hasta que veamos el contenido de los mensajes.

— De acuerdo —Hotch volvió a centrarse en los papeles mientras Reid siguió buscando en las distintas cajas—. Le pediré a García que investigue a todas las víctimas a fondo. Quizás podamos encontrar alguna relación que a la policía de Boston se le haya pasado por alto.

Hotch cogió su móvil al tiempo que se colocaba al lado de una de las ventanas. Reid, por su parte, siguió buscando en las cajas; al final, encontró lo que buscaba: las hojas con los mensajes de los cuatro primeros escenarios. Estaban metidas dentro de bolsas de plástico y convenientemente etiquetadas.

"Caso 6023. Prueba nº: 6
Lugar: cuadrante norte, sección 7ª, hilera 5. Cementerio de la universidad. Boston
Fecha: 19 de Julio
Ubicación en la escena: atado a la prueba 5 (rosa)
Características: papel gofrado de 310g/m², color pergamino. 100x150mm (medidas aproximadas)
These violent delights have violent ends
And in their triumph die, like Fire and powder,
Which as they kiss consume.
"

"Caso 6023. Prueba nº: 7
Lugar: cuadrante norte, sección 7ª, hilera 5. Cementerio de la universidad. Boston
Fecha: 19 de Julio
Ubicación en la escena: en el piso entre las víctimas
Características: papel gofrado de 310g/m², color pergamino. 100x150mm (medidas aproximadas)
Alack, alack, what blood is this which stains
The stony entrante of this sepulchre?
"

"Caso 6023 (ampliación 1). Prueba nº: 3
Lugar: cuadrante oeste, sección 3ª, hilera 4. Cementerio de la universidad. Boston
Fecha: 6 de Septiembre
Ubicación en la escena: mano derecha de la víctima mujer
Características: papel gofrado de 310g/m², color pergamino. 100x150mm (medidas aproximadas)
I have an ill-diving soul!
Methinks I see thee, now thou art so low,
As one dead in the bottom of a tomb,
Either my eyesight fails, or thou lookest pale.
"

"Caso 6023 (ampliación 2). Prueba nº: 7
Lugar: zona este, sección 6ª. Cementerio del sur. Boston
Fecha: 17 de Septiembre
Ubicación en la escena: mano izquierda de la víctima varón
Características: papel gofrado de 310g/m², color pergamino. 100x150mm (medidas aproximadas)
Let me have
A dram of poison, Duch soon-speeding gear
As will disperse itself through all the veins,
That the life-weary taker
may fall dead
And that the trunk may be discharged of breath.
"

"Caso 6023 (ampliación 3). Prueba nº: 5
Lugar: zona sur, sección 1ª. Cementerio del sur. Boston
Fecha: 9 de Octubre
Ubicación en la escena: mano izquierda de la víctima varón
Características: papel gofrado de 310g/m², color pergamino. 100x150mm (medidas aproximadas)
Hadst thou no poison mixed, no sharp-ground knife,
No sudden mean of death, though ne'er so mean.
"

"Caso 6023 (ampliación 3). Prueba nº: 9
Lugar: zona sur, sección 1ª. Cementerio del sur. Boston
Fecha: 9 de Octubre
Ubicación en la escena: en el piso entre las víctimas
Características: papel gofrado de 310g/m², color pergamino. 100x150mm (medidas aproximadas)
A glooming peace this morning with it brings.
The sun for sorrw will not show his head.
Go hence, to have more talk of these sad things.
"

La letra de las notas estaba impresa en tinta roja, en un tono que imitaba el color de la sangre. La tipografía imitaba la letra gótica medieval; los trazos presentaban irregularidades debido a la superficie rugosa del papel. Reid leyó con rapidez las notas varias veces. Conocía esos versos, pero hacía mucho tiempo que los había leído. Se levantó de la silla.

— Necesito encontrar una librería —dijo en voz alta, sin dirigirse a nadie en particular.

— ¿Por qué? —Preguntó, sorprendido, Hotch, levantado la vista del informe que tenía entre manos— ¿A dónde vas?

— Tengo que comprobar una cosa —le contestó Reid mientras salía de la sala y cogía su cartera.

Salió corriendo de la comisaría.