disclaimer: La gran mayoría de los personajes pertenecen a Meyer, yo sólo me limito a utilizarlos a mi parecer. [A Edward de formal algo distinta que a los demás =9 ]

Aclaración:

(ç) quiere decir que está en mi profile

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Capítulo 2 (POV Bella)

-Colócatelo así- me dijo Rose, tirando del vestido mientras yo intentaba, con dificultad, subir la cremallera. –Ya está.

Me puse frente al espejo, un poco avergonzada, y se me calló el alma a los pies.

Ya era oficial: El vestido de Rose, con el que ella parecía una supermodelo, ceñido en todos los lugares en los que tenía que estarlo y que le hacía un escote para caerse de espaldas, a mí me hacía parecer una indigente. La tela de gasa, suave como una pluma, me quedaba apretada y arrugada en las caderas, como si debajo llevara puestas unas enormes bragas de abuela y, por algún motivo, hacía resaltar mi falta de curvas más aún de lo normal. En resumen, un desastre.

-¡Te queda genial!- exclamó Carmen, con demasiada alegría como para resultar convincente.

-Sí, estás guapa- opinó Kate, Y añadió: -De verdad- aunque yo no había dicho nada para insinuar que no la creía.

Rose era la única que siempre decía más o menos la verdad.

-Hmmm. No estoy segura de que te quede bien, Bells.

Lo dijo con la máxima naturalidad posible para que no me fuera a llorar al baño, que era precisamente lo que quería hacer.

Una vez terminado el espectáculo, Irina se puso de nuevo a alisarle el pelo a Kate y subió el volumen de la música. Por ironías del destino, estaba sonando 'Sexy movimiento' De Wisin y Yandel, una canción algo antigua, pero que se seguía escuchando en las discotecas. "Seguro que las chicas con las que se codean esos dos no tienen este tipo de problemas", Pensé para mí, mientras Carmen tiraba frenéticamente de la tela alrededor de mis caderas en un intento inútil para que el vestido me quedara mejor.

-Parece que estoy embarazada- dije, con voz un poco temblorosa, mientras me apresuraba a quitármelo.

Irina se rió y Rose le lanzó una mirada para que se callara.

-Bueno, gracias de todas formas- murmuré, devolviéndole el vestido a mi hermana, completamente hecha polvo. –Póntelo tú, a ti te queda mucho mejor.

-Mira, hay más ropa en la maleta- repuso Rosalie con suavidad. – Echa un vistazo; encontrarás alguna cosa.

Sabía que cualquier prenda de Rosalie que me probara no me quedaría ni la mitad de bien que a ella. Supongo que, a la hora de escoger un físico apabullante, mi hermana mayor debió coger el primer autobús y elegir el mejor perchero mientras que yo, por alguna extraña razón, debí de quedarme atrás y llegué allí justo a tiempo parta coger del cajón de las oportunidades los desperdicios que nadie quería.

Mi madre lo llamaba la Escasez Dwyer: Nada de pecho, nada de curvas y unas anchas caderas. Y luego estaba lo del pelo. Cuando insistía en saber quién era el responsable de mi masa de rizos largos y de color chocolate caobaniano,(sí, soy rara hasta para el color de pelo ¬¬) Renée respondía que no tenía ni idea porque en ambas partes de la familia todos tenían el pelo liso, excepto mi tía Maureen, cuyo pelo era un poco ondulado, aunque mamá pensaba que a lo mejor se debía a haberse hecho una mala permanente en los años sesenta. "Debe de venir de algún antepasado, un gen latente", decía ella, lo cual, como os podéis imaginar, no es que me hiciera sentir mucho mejor.

Miré mi maleta y me pregunté si me habría acordado de coger mi viejo y fiable top negro que se anudaba al cuello y si me quedaría bien combinándolo con mi falda vaquera. ¿Sería eso lo suficientemente elegante? No tenía ni la menor idea porque, al pensarlo, me di cuenta de que nunca antes había estado en una auténtica fiesta de piscina.

Frustrada, vacié mi maleta en el suelo y miré todas las prendas que me había costado tanto tiempo y esfuerzo escoger y que ahora me parecían unas horteradas, inapropiadas para una fiesta de piscina glamorosa y sofisticada.

-¿Creéis que Drogo estará allí esta noche?- preguntó Kate sin dirigirse a nadie en particular, mientras Irina continuaba alisándole el pelo. –A mí me parece guapo-

-Katie, Katie, Katie- repuso Rose con cansancio y en un tono de advertencia que me resultaba familiar. –Es un imbécil. El año pasado ya viste cómo era, corre detrás de cualquier cosa con falda…-

- Y con pantalones largos o cortos- añadió Carmen entre risitas.

-En cualquier caso, con Drogo o sin Drogo- dijo Irina, -lo que está claro es que esta va a ser otra noche memorable, ¡con los tíos más buenorros de Ibiza, que se quedarán de piedra ante nuestra brillante conversación y alucinarán con nuestros innumerables encantos!- Se cogió las tetas y las apretó para realzar su escote mientras nosotras nos reíamos.

-Sí, y es hora de que pasemos una noche hablando con tíos fascinantes para variar, ¿verdad, Rosie?- le preguntó Kate, en un tono claramente irónico y guiñándonos un ojo a las demás.

Pero Rosalie se dio cuenta de la guasa.

-Chicas, esta noche solo voy a ver escaparates; miraré, pero no voy a comprar.

Yo sabía que Rosalie nunca engañaría a su novio, Emmet. Estaban demasiado enamorados, aunque yo no podía dejar de preguntarme qué le parecería a él que su preciosa novia estuviera de vacaciones con sus amigas, solteras y casi tan bonitas como ella.

Quería decirle algo a Kate, como, por ejemplo, que sabía que Emmet y mi hermana estaban hechos el uno para el otro, que se veía cada vez que ambos se perdían los ojos del otro pero no me veía con derecho a participar en la conversación por lo que me fui directa al baño para intentar "arreglarme".

Según lo que escuché, Alfredo era una celebridad en el conocido circuito de fiestas de Ibiza, y en los cuatro años que ellas habían ido allí, nunca se habían perdido ninguna de sus aclamadas reuniones.

Genial, pensé. Estaba a punto de ir a lo que todas luces sería el acontecimiento del siglo y no tenía nada que ponerme.

Decidí dejar el tema del vestuario para luego y empecé a maquillarme y a intentar alisarme el pelo, cosa a mi parecer imposible ya que en pocas horas volvería a parecer que he metido los dedos en un enchufe.

Me puse un poco de rimel y una cpa extra de mi nuevo gloss con sabor a chocolate. Me dejé el pelo suelto, aunque no se para qué me tomaba la molestia ya que lo que necesitaba era un producto capilar especialmente fabricado para mi; algo así como un anti-encrespamiendo de bella.

Suspiré de nuevo y me puse un poco de purpurina blanca en los párpados y unos polvos iluminadores por todo el rostro para culminar mi perfecta obra de arte. En otra cosa no, pero en cuanto al maquillaje, aunque sólo lo usara para este tipo de eventos, era toda un experta.

-Bella, toma, pruébate esto- Dijo Rose abriendo la puerta del baño.- Vaya, ¡Tu maquillaje está genial!.-

-Gracias Rose, no tenía por qué...-

-Calla, Bells, y pruébatelo- me pidió, poniendo los ojos en blanco.

-Vale, pero si no te importa, esta vez prefiero hacerlo sola.-

Rosalie se dio la vuelta para salir del baño.

-Ros..- Dije derepente

-¿Siiiiiiii?-

-¿Crees que esta noche yo..?- encajaré? Terminé para mí misma.

-No seas tonta- replicó ella, adeñantándose a lo que iba a preguntar.-Vas a estar alucinante y todas estaremos allí para cuidar de ti. En fin, será divertido y prometo no atarte corto- bromeó- Ahora date prisa y vístete- me ordenó, retomando su habitual tono mandón.- Nos estás retrasando.

Cerró la puerta tras ella y comencé a examinar el pequeño vestido. Era muy hermono, strapless. Con la zona den pecho de un rosa pálido y los demás blanco, llegaba por encima de las rodillas, más o menos, y la tela se veía ligera y fresca.(ç) Sólo se lo vi puesto a Rose una vez y me encantó. Me conformaría con que sólo me quedara la mitad de bien que a ella.