.Pupetta.
Autor: Catherine Applewhite.
-Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, si no que a la genial Rumiko Takahashi, yo simplemente soy una simple servidora que los utiliza para saciar su ansiedad de ser creativa.
-Advertencias: Ninguna, por ahora.
-N/A: Este fanfic lo hago por propia diversión y porque adoro el anime y el manga no tiene ningún fin. Espero que disfruten leyendo.
-Género: Romance.
-Datos de Interés:
Texto en cursiva Pensamientos de los personajes.
—. — Cambio de escena.
-Summary: Él era un hombre rico casado pero sin hijos que llevaba una vida tranquila en Villa San Michele junto a su esposa. Ella era una pobre niña que nunca había conocido los placeres y lujos de la vida hasta que él la adoptó.
Capítulo 2: Il mio allievo.
A la mañana siguiente los rayos del sol le despertaron de su profundo sueño. Se restregó los ojos con los puños de su fina camisa de seda pura y decidió que ya era la hora de partir a su largo viaje.
Se dirigió a pasos lentos hacia el baño y se baño como hacía todos los días. Se puso su traje de largos viajes y salió de la habitación como alma que se lleva el diablo. Desayuno una copa de zumo natural de naranja junto una taza de café humeante recién hecho y unos panecillos dorados recién horneados.
Su esposa hoy tampoco tenía intención de bajar a desayunar junto a él. Terminó de darle la última mordida a uno de los panecillos dando por finalizado su desayuno. Se levantó dirigiéndose a donde estaba la servidumbre, ya era la hora de dar las órdenes para cuando él se marchara. Cuando lo vieron venir todos los criados dejaron de lado sus quehaceres, prestando atención a lo que el Señor Inuyasha iba a decir.
—Como todos debéis saber ya hoy parto en un importante viaje a Italia y estaré fuera por lo menos una semana. Mi querida esposa quedara a cargo de todo mientras yo no este. Y ahora señores me marcho mi carruaje me espera fuera. — Su prepotente voz retumbó por toda la habitación dejando bien claro quién era Inuyasha Taisho. Salió del salón a pasos rápidos y salió de la casa. Caminó por el jardín acompañado de uno de sus sirvientes que llevaba su baúl. Al final de aquellas largas escaleras le esperaba un Chrysler de 1942 el conductor lo saludo levantando un poco su sombrero.
—Buenos días Señor Taisho. ¿Partimos ya?—El señor le dedico una suave sonrisa mientras ponía en marcha la maquinaria.
Cargaron el baúl en los asientos traseros junto con él y el carruaje se fue alejando cada vez más dejando atrás Ville San Michele. Él camino hasta el puerto ese día se hizo rápido debido al poco tránsito de personas que había a esa hora. Cuando el enorme reloj colgado entre dos grandes postes empezó a dar campanadas marcando así la hora de partida del barco rumbo a Italia. Todas los caballeros y las damas fueron embarcando e Inuyasha entre ellos.
—. —
El barco se había alejado ya del puerto y había tomado rumbo hacía su nuevo destino dejando atrás la belleza de la isla. El mar ante ellos les daba la bienvenida y los abrazaba con sus olas. Él mientras tanto se dedicaba a observar la hermosa vista del sol en pleno día y el color turquesa de las aguas.
Sus pensamientos estaban lejanos. Se llevo a los carnosos labios otro sorbo de aquel líquido amarillento. Su respiración era pausada y sus ojos se entrecerraban debido al cansancio. Alzó una de las sillas y la puso a su lado sentándose en ella. La brisa del mar mecía sus cabellos y haciendo que su sueño se hiciera cada vez más profundo.
Unos toques en la puerta de su camarote fueron más que suficientes para interrumpir su sueño. Dejo a un lado la copa de whisky y se levantó de mal humor de su asiento. Abrió la puerta y no encontró a nadie frente a ella, o por lo menos nadie de su altura que ocupara su campo de visión.
Gruño por lo bajo y maldijo al estúpido que había interrumpido su descanso. Cerró la puerta de un portazo y volvió a sentarse en su asiento bebiendo otro trago de la copa. Estaba disfrutando del sabor agridulce del whisky cuando sintió de nuevo unos suaves toques de nudillos en la puerta. Enfurecido se levanto del asiento y abrió la puerta buscando al incordio que osaba molestarle.
— ¿Quién anda ahí? ¡Da la cara de una maldita vez insensato!— Su grave voz retumbó por los pasillos que se quedaron en un perturbarte silencio aumentando el enfado de él.
—A… aquí abajo señor…— Una dulce voz le hablaba desde el suelo del barco. Su mirada bajó encontrándose por primera vez con unos ojos achocolatados profundos y húmedos, con un brillo especial. El rostro de un ángel, fue lo primero que se paso por su mente. Una niña de unos diez años le miraba de arriba abajo analizándolo como si se tratara del mismísimo demonio.
Aquellas dos perlas estaban rodeadas por unas espesas y largas pestañas negras. Su rostro infantil tenía forma de corazón y tenía la piel del color de las almendras tostadas. Tenía el pelo recogido en dos largas trenzas negras que le llegaban a la mitad de la pequeña cintura y unos cuantos pelos rebeldes le adornaban la frente formando un flequillo.
Ella le miraba con ojos malditos esperando a que el dijera algo. Sacudió su cabeza sacando aquellos pensamientos de la mente y concentrándose en la pequeña niña le hablo.
— ¿Quién eres tú niña? ¿Y se puede saber que haces aquí? Este lugar es para caballeros no pueden haber niños. Además no está permitido que genta de baja calaña entre aquí. — Lo último lo dijo mirándola con una sonrisa burlona en el rostro. La niña rodo los ojos y bufó alzando sus delicadas manos hacia él enseñándole una carta que llevaba en la mano.
Él la miro a ella y miro el sobre buscando alguna respuesta a aquello. Después de un buen rato le arrancó el sobre de las manos y lo abrió, unas cuantas palabras estaban escritas en el.
Querido Inuyasha:
Sé que esto te resulta extraño pero tú mismo insististe en que encontrara alguna forma de pagarte mi deuda, ¿no es así? Pues aquí te envío mi pago con la condición de que me dejes en paz a mí y a mi marido. Esa pequeña mocosa que vez frente a ti es mi hija mayor Kagome Higurashi, ese es mi pago te entrego a mi hija a cambio de que quites esa orden judicial en nuestra contra. Hacía tiempo que quería deshacerme de esa pequeña embustera y que mejor forma que enviándotela a ti. Sé que tú sabrás educarla muy bien y además en un futuro podría ser tu puttanina, ¿no te agrada la idea? Supongo que sí. Que disfrutes de tu viaje. Un saludo cordial de la familia Higurashi. Atentamente: Kagura Higurashi,
Cuando terminó de leer la carta la arrugo y la lanzó al suelo pisoteándola con sus zapatos. Maldita Kagura, había sido capaz de vender a su propia hija por tal de deshacerse de él y de aquella denuncia. Apretó fuertemente su mandíbula haciendo que sus dientes crisparan de rabia.
Miro a la niña que se dedicaba a observar el corredor con ojos interesados. Le dio un vistazo a su cuerpo que empezaba a desarrollar y apartó la vista mirando a un punto fijo. Se paso la mano por el cabello masajeándolo suavemente mientras pensaba en lo ocurrido. Lo hecho, hecho estaba y no podía cambiar nada así que de la nada cogió a la niña por el brazo y la arrastró a su camarote cerrando la puerta tras ellos.
Sintió los quejidos de la niña por el daño que le hacía en esos momentos en su delicado brazo. La sentó en la silla en la que antes reposaba él tranquilamente y cogió otra sentándose en frente. La niña lo miro con cara de odio y se removió en su asiento girando su rostro enfadado hacia otra parte de la habitación.
Con falso afecto alzó una de sus enormes manos hacia ella tratando de tocarle la cara pero ella al ver sus claras intenciones lo escupió con fuerza en el rostro, a una velocidad de un autentico tunante. Vio claras las intenciones de aquel pequeño diablillo de morderle la mano así que él fue más rápido y la agarró por sus largas y gruesas trenzas alejando su boca de la mano de él.
La niña soltó un millón de insultos que no eran propios de alguien de su edad. Y pudo ver el odio corromper sus dos pequeñas esferas, que lo miraban fijamente en espera de algún nuevo movimiento por parte de él. En muestra de lo enfadado que estaba la agarró fuertemente por la mandíbula y le habló arrastrando sus palabras para que ella comprendiera a la primera que aquello a él tampoco le agradaba para nada.
—Mira niñita se perfectamente que esto no es de tu agrado, como tampoco es del mío. Tenía la intención de hacer un viaje tranquilo pero tú has aparecido y no eres más que una carga para mí. Y ahora dejarás de comportarte como una completa salvaje y serás una damita muy educada, si no quieres sufrir mi ira. ¿Lo entiendes?— La soltó y se levantó de su asiento caminando por la habitación, como si de un león enjaulado se tratase.
—No me queda más remedio que aceptar esta pequeña recompensa en nombre de tu queridísima madre. A partir de ahora serás mi pupila, y vivirás bajo mis normas. No te faltara de nada, tendrás ropa, alimentos y además una buena educación. Diremos que te he adoptado en Italia. Que eres huérfana y que no tienes ningún familiar, yo te encontré tirada en la calle pidiendo limosnas y me apene por ti. Lo sucedido hoy será nuestro pequeño secreto, por el bien de mi reputación y por tu bien también. ¿Queda claro pequeña ratita?— Sus palabras fueron firmes y decisivas. Dejando claro cada punto de aquel inexistente contrato firmado por él en el aire.
Durante todo el viaje la niña no le dedico ni una sola palabra y solo se había levantado para estirar sus pequeñas y largas piernas, dando pequeños paseos por la habitación. O sino ir al baño a asearse ella sola.
Cuando él barco atracó a la mañana siguiente en el enorme puerto de Italia él salió por el puente junto con la niña agarrada a su musculoso brazo. Un coche les esperaba a los dos en las afueras de la muchedumbre, que abrazaban a sus invitados entre lágrimas ficticias de alegría fingida.
El automóvil los llevo dando un largo recorrido por la ciudad, hasta llegar a una enorme mansión situada en el centro de Italia. Bajaron del automóvil y los criados enseguida corrieron a cargar con su equipaje.
— ¡Inuyasha! ¡Querido amigo mío cuanto tiempo sin verte! Me alegro muchísimo de esta inesperada visita a tu país natal. Pero vamos no te quedes ahí parado entrad tu y esa adorable señorita que te acompaña. Tenemos mucho de qué hablar. — Ahí estaba Miroku su viejo amigo.
Había decidido hacerle una visita ya que hacía tiempo que no se veían y tenía que consultar con él algunas cosas. Miroku era sacerdote en una de las iglesias de Italia, aunque no lo parecía. Vestía como un caballero en vez de llevar aquellos trajes que llevaban los sacerdotes. Era un mujeriego de primera categoría y se pasaba la vida atrás de mujeres.
—. —
Una vez dentro de la casa Miroku me hizo explicarle el motivo de mi visita y así estuvimos durante al menos unas dos horas conversando sobre nuestras vidas. Mientras tano la pequeña demonio estaba sentada en uno de los asientos y no había abierto su boca para decir absolutamente nada. Estaba demasiado tranquila desde que habíamos llegado se había mantenido en la misma postura como si de una estatua de mármol se tratase. La más bella estatua de mármol, con el seño fruncido en señal de desconcierto y enfado.
Decidí que ya era hora de contarle a Miroku sobre mi adorable hija. —Miroku quiero que conozcas a Il mio allievo signorita Kagome Higurashi. ``Mi pupila, la señorita Kagome Higurashi. ´´La encontré de camino a aquí tirada en la calle pidiendo dinero y no me pude negar a recoger a semejante ángel. Estará aquí conmigo durante toda mi estancia. Espero que no te moleste, por ahora no ha hablado mucho conmigo como mucho he conseguido sonsacarle su nombre y apellido. Tengo la intención de que viva conmigo y con Kikyo en Ville San Michele. Estoy seguro de que Kikyo estará encantada cuando la conozca. —Hablo todo el tiempo con un poco de sarcasmo en la voz. Pero es que no podía contarle a Miroku la verdad, por lo menos no ahora.
Continuará…
N/A: Me alegro muchísimo que os haya gustado. Y si la verdad es que yo tampoco había leído nada de este estilo así que se me ocurrió escribirlo. Y como os prometí aquí está la continuación de Pupetta. Espero que os guste. ^.^ Me gusta muchísimo Italia por eso me inspire en la isla de Anacapri como lugar de residencia de ellos. Es un lugar increíble y con unas vistas al mar preciosas.
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¡Muchas gracias por sus reviews! Nos vemos en el próximo capítulo. Y recordad un fanfic feliz es un fanfic con reviews. ^.^
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