TROZOS DE ALMA.
El OMNIPRESENTE Disclaimer: El presente trabajo se basa en caracteres creados originalmente por J. K. Rowling, quien ha cedido algunos derechos a ciertas personas /empresas entre las que afortunada o desafortunadamente no me encuentro. No recibo ningún beneficio económico por trabajar en esto. Pero puedes recompensarme con un comentario (review).
PRIMER TROZO.
Era un apuesto joven de dieciséis años. Un gigantesco colmillo de basilisco lo atravesaba de lado a lado. Permanecía de pie, clavado en una plancha de piedra, mirando fijamente a un espejo, donde su reflejo envejecía lenta e inexorablemente, convirtiéndose en un viejo decrépito. Tom Ryddle se retorcía, atormentado por esa imagen, pero no podía quitar la vista del espejo. Su reflejo era un miserable saco de huesos, tosiendo y babeando. Finalmente el anciano colapsó y después de una larga y angustiante agonía, moría entre estertores. El muchacho gritaba: ¡No! ¡No! ¡No de nuevo!. Pero en el espejo ya sólo quedaban cenizas, de las que lentamente se formaba un nuevo reflejo: el de un bebé.
Por la eternidad.
