Aquí llega el segundo capítulo, como veis soy de lo más original con los títulos… ja ja ja…Sabremos por qué Zoro tiene que casarse…¿o no?

Capítulo 2 – Llegada a Omei (2ª parte)

El grito de ambas chicas había sorprendido al espadachín. No se había esperado que reaccionaran así, como si realmente les importase, porque, la verdad, Robin siempre había sido muy enigmática con él, bueno con él y con toda la tripulación; en cuanto a Nami… bueno, Nami siempre parecía tenérsela jugada con las subidas de intereses por los préstamos que le hacía y siempre le debía dinero… ¿por qué le iba a importar que tuviera que casarse?, lo único que podía haberle echo reaccionar así era que intuyera que si se casaba tendría que dejar la banda y su dinero no lo vería jamás.

- ¿Has dicho que tienes que casarte? – logró decir finalmente Nami, aún sorprendida por las palabras de su compañero. Estaba segura de que había oído mal.

- Eso he dicho. No podemos desembarcar en Omei. Busca otra isla, Nami.

- He estado toda la noche con los mapas y sólo aparece esta. Si ponemos rumbo a otra quizá no lleguemos a ninguna parte.

Zoro se pasó una mano por su pelo verde, desordenándolo aún más. Jamás creyó que iba a regresar a su pueblo. Ya había perdido la cuenta del tiempo que llevaba fuera de allí, pero eran demasiados años, y casarse… sólo de pensarlo se le ponía la carne de gallina. Era algo que jamás había entrado en sus planes y mucho menos siendo tan joven. Él era solitario, ¿a dónde iba con una esposa?, ¿e hijos?... se puso a temblar sólo al pensar en tener a niños a su alrededor.

La puerta se abrió de golpe, rebotando en la pared del camarote y casi estampándose en la cara del que la había abierto, que no era otro que Luffy.

- ¿Qué pasa?, ¿qué pasa? – preguntó entrando como una tromba en el camarote y mirando a sus tres nakamas, que seguían en el centro de la estancia, serios y en silencio.

- ¡Marimo! – gritó Sanji entrando tras el capitán, con su eterno cigarrillo colgando de sus labios, y mirando amenazadoramente al espadachín - ¡¿Qué les has hecho a mis chicas?!, ¡las he oído gritar! – se acercó a Zoro, pero un puño lo hizo aterrizar de cabeza en el suelo.

- ¡Estate quieto! – le gritó Nami recuperada ya del sobresalto de la noticia y del portazo. Volvió toda su atención en Zoro. – Será mejor que nos expliques todo antes de que lleguemos a Omei.

- Pero, ¿qué pasa? – siguió preguntando Luffy - ¿por qué gritábais así?, ¿se ha acabado la carne? – su cara denotaba angustia sólo de pensarlo.

Otro puño apareció de la nada y se estrelló en su cara, acabando como Sanji, de bruces en el suelo.

- ¡Sólo piensas en comer! – le gritó la navegante - ¡hay cosas más importantes que la comida!

Mientras Sanji y Luffy seguían en el suelo, todos magullados por los coscorrones de la pelirroja, en el camarote apareció el resto de la tripulación, también alarmados por los gritos y los golpes. Quedaron de pie y en silencio al lado de la puerta, impresionados por la frialdad que emanaba de Nami, por la cara pálida de Zoro, y por las magulladuras del cocinero y el capitán, que aún seguían en el suelo.

- ¿Qué está pasando? – quiso saber Usopp quedándose tras Franky por si Nami la tomaba con él, parecía que la navegante estaba dando mamporros a todo el que se ponía a su alcance.

Nami, algo más calmada, miró a sus nakamas y comenzó a explicar que había encontrado una isla, que inexplicablemente se encontraban en el mar del Este y que tenían que ir hasta esa isla si no querían hundirse mientras buscaban otra.

- ¿Y cuál es el problema? – se extrañó Usopp. No entendía nada. – Desembarcamos, nos aprovisionamos en condiciones, arreglamos el Sunny y volvemos a zarpar.

Zoro decidió intervenir. Cuanto antes diera las explicaciones oportunas antes se acabarían las divagaciones entre los miembros de su tripulación.

- Omei es mi pueblo natal – empezó en voz baja, atrayendo todas las miradas hacia él. – Hace muchos años que marché de él y no tenía pensado volver jamás.

- ¿Por qué? – lo interrumpió Luffy, que se había sentado en el suelo y estaba atento a lo que se decía.

- Si vuelve a Omei tiene que casarse – afirmó Nami negando la cabeza.

- ¿Te tienes que casar? – siguió Luffy, y sonrió - ¡Enhorabuena, Zoro! – rió - ¡entonces habrá un gran banquete!, ¡y carne!, ¡mucha carne!

Otro puñetazo acabó con el de morros en el suelo.

- ¡Eres idiota! – le gritó la navegante - ¡Él no quiere volver a Omei!, ¡ por lo tanto no creo que quiera casarse! – estaba que echaba humo.

No sabía por qué, pero sólo en pensar que Zoro tendría que casarse con una desconocida la ponía de muy mal humor.

"Tiene que ser que si se casa no voy a recuperar mi dinero" – se dijo – "eso es".

- No sabía que tuvieras una novia – le dijo Franky - ¡es súper!

- No tengo novia – volvió a hablar Zoro – es algo más complicado. Mi pueblo tiene unas leyes algo raras – continuó – Resulta que cuando era pequeño, antes de entrenar con Kuina, mis padres me prometieron en matrimonio a otra niña del pueblo. Nos hicimos amigos y aceptamos el compromiso pues era algo normal en Omei. Lo habíamos visto hacer desde siempre.

- Pero tú te has marchado de tu pueblo – le dijo Nami – y llevas desde entonces fuera. Esa chica ya se habrá casado.

- No. Tiene la obligación de casarse conmigo por ley, y si yo marcho, debe permanecer soltera hasta mi regreso.

- Así que si regresas a Omei te casarán con ella – afirmó Franky asombrado.

- Por eso no podemos desembarcar allí.

- El barco no aguantará mucho más. Necesito poder arreglarlo en tierra, comprar material. No hay más opción, compañero.

- A lo mejor esa chica también ha marchado del pueblo – aventuró la navegante.

- No creo. Pertenecía a una de las familias acaudaladas del pueblo. Su familia no la dejaría marchar. Sería ofensivo para ellos.

- Zoro, tu pueblo es muy raro – habló Luffy negando con la cabeza.

- ¿Y si tú te hubieras comprometido con otra mujer? – tomó la palabra Nico Robin, la cual ya tenía un plan en mente. - ¿En tu pueblo se permite la bigamia?

- No. En principio, el otro compromiso se vería anulado.

- Podemos hacer que estás comprometido con otra y liberar así a esa chica.

- ¿Con quién? – rió amargamente el espadachín – No tengo muchas amistades femeninas que se prestarían a algo así.

Los sombrero de paja estaban realmente sorprendidos por esa extraña conversación. Y no sabían que estaría planeando Robin.

- Podemos comprometerte con navegante – dijo como si tal cosa la arqueóloga.

- ¡¿Quéééé?! – gritó la aludida sintiendo que le subía la sangre a la cara. - ¡Tú estás loca!, ¡que yo no me quiero casar!

- sería ficticio. Venga, navegante, ¿no ayudarías a un nakama?

Nami no contestó, sólo miró a Zoro, sintiéndose de repente nerviosa. Estas cosas no le pasaban a ella.

- Está bien – miró al espadachín. – Pero que quede claro que sólo estamos comprometidos de palabra, quiero las manitas quietas.

- Tú tranquila – Zoro frunció el ceño – que no me interesas en ese aspecto.

"¿A quién quieres engañar?" – se dijo el espadachín

Y así, ante lo extraño de la situación pusieron rumbo a Omei.

Continuará…

Espero que os haya gustado este capítulo. En el siguiente, los sombrero de paja desembarcan en Omei y comenzarán los prblemas.

Gracias a Silber Dark y a Suigin Walker por los reviews…. Suigin Walker no te desmayes XD…. Ja ja ja