Aquí tenemos el tercer capítulo, en dónde Nami y Zoro desembarcan en Omei como falsos prometidos… ¿qué ocurrirá en el pueblo ante la aparición de Zoro?
Capítulo 3 – Falsos prometidos
Los minutos pasaban lentamente para Nami, que aún no sabía cómo había aceptado semejante locura. ¡Ser la prometida de Zoro!, ¡¿cómo iba a comportarse como su prometida si siempre andaban discutiendo?!... la verdad es que casi siempre era ella quién empezaba las discusiones, pero no iban a engañar a nadie. Se notaba que no se querían.
Robin había marchado con Chopper a la bodega del barco sin decir el por qué. Nami estaba bastante mosca porque no sabía qué andaba tramando su nakama. Seguía siendo tan enigmática como el primer día. Así que la navegante se había quedado sola con sus mapas, pero no podía concentrarse en nada, en mente sólo tenía el pensamiento de lo qué pasaría cuando llegaran a Omei.
Zoro se había quedado en compañía de Luffy y Sanji. El cocinero tenía una cara que asustaría a un muerto, no le hacía ni pizca de gracia que su querida y bella pelirroja se hiciera pasar por la prometida del espadachín. Estaba a punto de liarse a golpes con su compañero, lo corroía la envidia como nunca le había pasado. Por otra parte, el capitán, Luffy estaba más que feliz, para él aquello era otra clase de aventura.
- Como hagas llorar a Nami aunque sólo sea una vez, marimo – empezó a amenazarle Sanji – te corto la cabeza – los dientes los tenía tan apretados que casi le rechinaban.
- Ya sabes que no ha sido idea mía, eko-baka – le respondió el espadachín. Tenía preocupaciones más importantes que otra pelea con el cocinero. - ¿Por qué no le dices nada a Robin?, ella empezó con lo de hacer esta parodia.
- No la metas a ella en esto. Tú aceptaste ser el prometido de Nami.
- Y ella también, ¿o no has oído esa parte de la conversación? Además, yo me he negado desde el principio a ir a Omei.
- Chicos, chicos – intentó poner paz Luffy interponiéndose en medio de los dos piratas - ¡Vamos a desembarcar en una isla! – una enorme sonrisa cubrió su cara – y habrá restaurantes y comida… ¡mucha comida!
Luffy acabó estrellándose contra la pared del golpe que recibió por parte de sus dos nakamas.
- ¡Deja de pensar en comer, idiota! – le gritó Sanji enfadado.
Nami miraba, sin ver, por la ventana de su camarote el cielo estrellado preguntándose cómo sería realmente la verdadera prometida de Zoro. Llevaba tantos años fuera del pueblo que quizá al verla sus sentimientos cambiarían. Le dolía profundamente el pensar que quizá su nakama abandonara la tripulación, habían pasado tantas cosas juntos y llevaban tantos años navegando juntos. ¿Por qué estaba así?, ella no era tan pesimista, era dura, la vida la había endurecido desde muy niña… no entendía nada.
- ¿Navegante? – oyó la voz de Robin desde la puerta.
- Hola, Robin – se giró medio sonriendo, aunque en aquel momento no se sintiera feliz - ¿Qué andabas buscando en la bodega?, ¿sigue siendo un secreto?
La arqueóloga se acercó a Nami y frente a ella extendió la mano, al abrirla la navegante vio un anillo de oro con un pequeño brillante, pertenecía a parte del tesoro que habían encontrado en Thriller Bark, ya hacía bastantes meses.
- ¿Y ese anillo? – se atrevió a preguntar Nami, aunque ya se imaginaba la respuesta.
- Tu anillo de compromiso.
- No puedo llevarlo, Robin, eso ya es demasiado. No estamos comprometidos de verdad.
- Nosotros sabemos la verdad, pero la gente de Omei debe creérselo, así que tienes que llevar un anillo de compromiso.
- No voy a ser capaz de aparentar estar enamorada de Zoro – refunfuñó – No sé por qué te hice caso para hacer esta pantomima.
- ¿Eso crees? – le dijo con una enigmática sonrisa y salió del camarote dejando a Nami aún más confusa.
Zoro se encontraba ya en la cubierta del barco con la vista clavada en el horizonte, sabía que de un momento a otro vería su pueblo. Esperaba con toda su alma que aquella patraña colase entre su familia y su verdadera prometida. No deseaba hacerle daño, pero lo cierto era que llevaba muchos años fuera de allí y no tenía pensado volver para quedarse, le gustaba la vida que llevaba en aquellos momentos a pesar de ser perseguido por la marina, y su sueño aún no se había realizado, seguiría viajando hasta convertirse en el mejor espadachín del mundo.
- Eh, Zoro, ¿preparado? – le dijo Luffy poniéndose a su lado.
- No. Sé que nos van a coger en algún momento, Nami y yo somos completamente incompatibles.
- Lo haréis bien – sonrió – No puedo perder a mi espadachín.
Ya amanecía cuando llegaron a Omei. Todos se encontraban en cubierta en silencio. Los más tensos eran Nami y Zoro, que no sabían cómo actuar ante la gente de la isla. ¿Pasear cogidos de la mano?, ¿hacerse algún arrumaco de vez en cuando?... parecían un par de colegiales en su primera cita.
La verdad era que, tras pensarlo mucho durante la noche, a Nami no le importaría actuar como novia de Zoro, pues había pensado mucho sobre sus verdaderos sentimientos tras la visita de Robin para entregarle el anillo, que por supuesto llevaba colocado en el dedo. Realmente sentía algo por el espadachín pero al observarlo de reojo y ver su cara seria y malhumorada pensó que aquello le gustaba menos que a ella, nunca le había mostrado un trato amable, siempre le acababa amargando el día.
- Allá vamos, chicos – dijo Luffy saltando a tierra desde el barco como era su costumbre.
- Portaos como una pareja enamorada – les susurró Robin entre risitas justo antes de desembarcar.
Y todo juntos se adentraron en la isla para enfrentarse a la familia de Zoro, a su prometida y a la familia de ésta.
Continuará…
Espero que este capítulo os haya gustado, aunque para mi gusto me ha quedado algo flojillo.
Suigin Walker gracias por el review, y si caso a Zoro ya no tengo historia, ¿no?, lo interesante está por venir.
