En este capítulo los mugiwara miran sus sentimientos.

Capítulo 4 – Sentimientos confusos

Habían fondeado el Sunny en la cala, no querían arriesgarse a dejarlo en el puerto ya que eran piratas con una elevada recompensa. Tenían que intentar pasar lo más desapercibido posible, pero estando Luffy allí era prácticamente imposible, no sabían cómo pero siempre acababan metidos en algún lío, y de los gordos.

Franky y Usopp se alejaron del grupo, que ya estaba reunido en la playa, para ir hasta el pueblo y conseguir el material necesario para reparar el Sunny y la cola que necesitaban los artefactos que inventaba el cyborg, así como la que él mismo necesitaba para estar "súper", según sus palabras.

- ¡Tened cuidado en el pueblo! - les gritó Nami antes de que se perdieran de vista.

- ¡Nos reuniremos aquí en un par de horas! - le replicó Franky antes de desaparecer tras unos frondosos árboles.

- Por una vez podía ponerse unos pantalones - masculló Sanji entre dientes. - Va a hacer que nos echen del pueblo.

- ¡Pero si siempre nos echan de los pueblos!- rió Luffy.

- Y de quién es la culpa, ¿eh, Luffy?, ¿quién es el que no hace caso cuando se le dice que hay que intentar pasar desapercibido?

El capitán de los sombrero de paja miró largamente al cocinero sin pronunciar palabra. - ¿Te pasa algo, Sanji?, hoy estás raro - le acabó diciendo finalmente.

- No, sólo que he dormido poco y llevamos varios días comiendo mal, apenas tenemos alimentos - mintió.

Lo cierto era que si estaba de tan pésimo humor era por el plan de Robin, no soportaba ver a su querida pelirroja con el marimo, aunque sabía que todo era falso, que formaba parte del plan. Observó de reojo a sus dos nakamas.

Nami hablaba en voz baja con Robin mientras le daba vueltas distraídamente a un anillo de oro que llevaba en el dedo, un anillo que él jamás le había visto. Casi hizo rechinar los dientes cuando se dio cuenta de lo que era aquel anillo. Tuvo unas inmensas ganas de matar al espadachín por tener semejante osadía con su bella pelirroja. Sanji desconocía por completo que Zoro no tenía nada que ver en el tema del anillo. Es más, el espadachín desconocía que Nami llevara un anillo de compromiso.

Zoro, en cambio, permanecía apartado del grupo mirando el camino que se internaba entre los árboles, un camino que jamás pensó en volver a pisar. Nunca se había considerado un cobarde, pero lo que le apetecía en aquellos momentos era subir al Sunny y alejarse a toda velocidad de Omei.

- ¿Vamos a quedarnos todo el día en la playa?- quiso saber Nami poniendo los brazos en jarras. - Habrá que ir a comprar comida, ¿no, Sanji?

Aquella breve pregunta sacó al cocinero de sus lúgubres pensamientos y en un abrir y cerrar de ojos revoloteaba alrededor de Nami, adulándola mientras sus ojos eran todo corazones, prometiéndole toda clase de exquisiteces culinarias con lo que iba a comprar. - Deja de soñar, ero-baka - intervino Zoro, cansado ya de toda aquella palabrería amorosa.

- ¿Decías algo, marimo?- se le enfrentó Sanji, otra vez serio y dispuesto a iniciar una pelea contra él.

- ¡Basta! - gritó Nami dando sendos coscorrones que acabaron con Sanji y Zoro comiendo la arena. - ¡¿No podeis dejar de pelearos ni 5 minutos?!

- Qué miedo da - susurró Chopper escondiendose tras Brook a la par que Luffy rompía en estruendosas carcajadas.

- Será mejor comenzar a andar hacia el pueblo - habló Robin cogiendo a Nami de un brazo y dirigiéndola hacia el camino.

Los demás las siguieron. Sanji y Zoro totalmente serios. Luffy seguía riéndose porque todo le parecía tremendamente divertido. Y Brook y Chooper iban admirando el paisaje, el primero tocando una canción para relajar los ánimos.

- Oye, Zoro, ¿te recibirán bien? - quiso saber Luffy.

- No lo sé. La verdad es que me marché sin despedirme de nadie. En ese momento no tuve el valor para decirles adiós. Después pasé años entrenando con mi maestro, y hasta ahora no había vuelto.

- ¿Cuánto tiempo ha pasado, entonces? - preguntó Nami - Tenías que ser un niño.

- No lo sé seguro, pero más de 10 años.

Caminaron otro rato en silencio, roto de vez en cuando por Luffy, que ya comenzaba a quejarse de que tenía hambre.

- ¿Y como es ella? - quiso saber Nami.

Había querido preguntárselo desde que supo de su existencia. Aunque no la conocía, sentía... ¿celos?... No podía ser. Si a ella no le gustaba Zoro... vale que tenía un cuerpo de escándalo, un color de piel que le sentaba de vicio y una cara muy atractiva... pero, ¿gustarle?

Unas risitas la trajeron de nuevo al presente.

- Oe, Nami, ¿por qué te has puesto toda roja de pronto? - le preguntó Luffy con su característica inocencia.

Nami se puso aún más roja al darse cuenta que todo lo que había estado pensando se había reflejado en su rostro, y Luffy acabó estrellado contra un árbol por una de las poderosas patadas de Sanji.

- ¡Ni se te ocurra preguntarle cosas íntimas a Nami, pedazo de idiota! - Sanji liberó toda su frustración con el capitán.

- Yohoho, se me pone la piel de gallina - habló Brook - oh, pero si yo no tengo piel... yohoho.

Nami se sentía avergonzada, y más al ver cómo la miraba Zoro, con una expresión que no sabía descifrar. Tuvo la tentación de empezar una discusión con él, pero se contuvo, si tenían que aparentar ser pareja mejor que se llevaran bien desde ya.

- Oe, marimo, ¿y cómo es tu verdadera prometida? - le dijo Sanji pensando en que si el espadachín no quería nada con ella, a lo mejor él tenía algo de suerte.

Zoro se mantuvo en silencio, pensando en Arane, así se llamaba ella. No había vuelto a pensar en ella desde que había dejado el pueblo, y solamente tenía un vago recuerdo.

- Era una niña cuando me marché - explicó finalmente.

- Pero, ¿era guapa? - se atrevió Nami sintiendo otra punzada de celos.

- Supongo.

- ¡¿Supongo?! - casi le gritó Sanji - pero, ¿qué clase de respuesta es esa?, o es guapa o no lo es.

- De niño yo sólo pensaba en espadas, no me andaba a fijar en las niñas - confesó.

- ¡Qué raro eres, Zoro! - rió Luffy, ya repuesto del golpe contra el árbol.

Siguieron caminando hacia la entrada del pueblo, ahora en silencio, salvo por Luffy, que como era típico en él encabezaba la marcha usando un enorme palo como bastón y tarareaba una canción. Parecía el único de buen humor esa mañana.

Brook y Chopper habían ido hasta el barco para hacer guardia y por si ellos no llegaban a tiempo para recibir a Franky y a Usopp cuando volvieran con los repuestos.

Nami caminaba con Robin sumida en sus confusos sentimientos. Zoro también pensaba en sus cosas, no sabía cómo reaccionaría su familia tras su inesperado regreso y cuando supieran que ahora era un pirata con recompensa, aunque supuso que ya lo sabrían. Y Sanji pensaba en mujeres... ¡como no!... en concreto en la prometida del marimo. Estaba impaciente por conocerla.

El interminable camino a través de aquel frondoso bosque llegó a su fin y apareció el comienzo del pueblo de Zoro, Omei, que llevaba el mismo nombre que la isla. Era hora de enfrentarse a las familias implicadas.

- ¿Estais preparados, chicos? – dijo Luffy mirando a todos sonriente.

- No – fue la respuesta unísona de la navegante y el espadachín, lo que provocó carcajadas por parte del capitán, al que aquella situación le parecía divertidísima.

- Intentad aparentar una pareja a punto de casarse – animó Robin con una media sonrisa- Sobre todo si quereis que la familia de la chica, la propia chica y tu familia, Zoro, se lo crean.

- Estás pidiendo imposibles, Robin – se quejó Nami.

- Es imposible aparentar amor cuando no lo hay – siguió Zoro. – Además a mí se me da muy mal mentir.

- El marimo es frío como una piedra – intervino Sanji, que seguía fastidiado – Yo no lo veo dando mimos a ninguna hermosa dama, y mucho menos a nuestra bella Nami.

Zoro no contestó, simplemente hizo un sonido gutural de malestar, porque sinceramente, aquellas palabras de Sanji le habían dolido. ¿Qué sabría él si era tierno o no con una mujer? Nunca lo habían visto con ninguna, eso era cierto. No era como el cocinero, que se iba corriendo tras las faldas de la primera mujer que veía, pero también tenía su parte tierna aunque escondida muy muy hondo.

- ¿Vamos a ir primero a ver a tu prometida, Zoro? – habló Luffy.

- No. Creo que lo mejor es ir primero a la casa de mi familia. Me pedirán explicaciones. Además quiero asegurarme que Arane sigue aquí – medio sonrió – Quizá tengamos suerte y no tengamos que seguir con esta farsa. – miró brevemente a Nami, que mantenía la vista clavada en las casas del pueblo. Estaba tensa como una cuerda de arco.

- Pues vamos – dijo Nami repentinamente y mirando a Zoro. – Cuando antes acabemos con esto, antes podremos arreglar el barco y marchar de aquí.

Y lentamente se adentraron en el pueblo aún dormido sin saber qué les esperaba exactamente.

Continuará…

Espero que os haya gustado este capi. Dejad reviews.

Gracias a Silber Dark, a Mish1 y a Suigin Walker por los comentarios. Espero que os guste también este capítulo.