Aparece la verdadera prometida de Zoro… ¿cuáles serán sus verdaderos sentimientos al verla?, ¿qué sentirá Nami?

Capítulo 6 – Arane

El camino de regreso a la ciudad fue silencioso. A todos les había sorprendido las palabras de la madre del espadachín, no se les había pasado por la cabeza que renegara de su hijo con tanta rapidez, sobre todo sabiendo que llevaba muchos años navegando y que cabía la posibilidad que se prometiera o casara con otra persona.

A Zoro no le había dolido el comportamiento de su madre, para él era más bien una desconocida, había marchado de allí siendo muy pequeño y sus recuerdos de su infancia allí eran muy confusos. Que renegara de él le daba igual porque no iba a quedarse allí mucho tiempo, sólo el justo para reparar el Sunny y volver al mar.

Sanji sí que estaba emocionado, pero porque por fin iba a conocer a la famosa Arane, para él todas las mujeres bellas tendrían sus atenciones, y sabía que esa muchacha seguramente era tan hermosa como Nami y Robin.

- ¿Arane vive en la ciudad, Zoro? – quiso saber Nami caminando al lado de su nakama.

- Sí. Por lo que ha dado a entender mi madre no ha cambiado de casa, y si no recuerdo mal vivía en uno de los edificios de la parte adinerada de la ciudad.

En el tiempo que llevaban ya en Omei la gente del pueblo ya se había puesto en marcha y algunos, curiosos, los observaban caminar, preguntándose quienes eran. Los mugiwara sabían que corrían el riesgo de que alguno de los habitantes de Omei los reconociera y diera aviso a la marina, por eso tenían que acabar cuanto antes con el tema del compromiso para regresar al barco.

- Menudo sitio más bonito - murmuró Nami maravillada al ver las casas de piedra clara con tallados en las fachadas, balcones de hierro forjado…

- ¿Y dónde están los restaurantes? – quiso saber Luffy mirando a su alrededor, desilusionado al no ver ningún sitio en el que sirvieran comida.

- Comerás cuando hayamos solucionado lo de Zoro y Arane – masculló la navegante malhumorada otra vez al pensar en la chica en cuestión.

Zoro se paró delante de un edificio muy cuidado con un pequeño jardín que lo bordeaba. Clavó los ojos en la fachada y trató de calmarse. Era la primera vez que se encontraba tan nervioso. Sabía que sus compañeros tenían la vista clavada en él y se estarían preguntando cómo era Arane, algo que él también se preguntaba, habían pasado muchos años desde la última vez que se habían visto.

- Dejadme hablar a mí con ella – pidió a sus nakamas, mirando especialmente a su capitán.

Ante el gesto de asentimiento de los piratas, Zoro se dirigió a la enorme puerta de madera y dio un par de buenos golpes con la aldaba de la puerta.

No pasó mucho tiempo hasta que la puerta se abrió y apareció un mayordomo con librea de aspecto estirado. Observó al espadachín serio, repasándole con la mirada hasta que se dignó a hablarle.

- ¿En qué puedo ayudarle?

- Vengo a ver a Arane.

- ¿La señorita Arane espera su visita, señor?

- No. Tengo que verla inmediatamente.

- A estas horas la señorita no recibe visitas, señor – siguió el mayordomo malhumorado.

Los mugiwara observaban aquella conversación pasmados… ¡menudo mayordomo más arrogante! Nami no quería quedarse allí más tiempo. Se colocó al lado de Zoro y se encaró al mayordomo.

- Perdone, necesitamos ver a Arane ahora mismo. Dígale que Roronoa Zoro está aquí y quiere verla.

El mayordomo miró a Nami con el ceño fruncido y sin decir nada más se retiró, dejando la puerta entreabierta.

- Menudo idiota – murmuró la navegante cuando el mayordomo despareció de su vista. Miró a Zoro, que seguía a su lado – Oye, Zoro, ¿ya estaba cuando tú vivías aquí?

- No. Antes no tenían mayordomo. Parece que han prosperado con el tiempo.

Se oyeron unos pasos apurados y la puerta se abrió de golpe dejando ver a una mujer joven alta y delgada de largo cabello rubio lleno de ondas, unos ojos enormes azules estaban clavados, incrédulos, en el espadachín.

- ¿Zoro? – susurró dubitativa.

- Hola, Arane.

- ¡Zoro! – gritó ella con una enorme sonrisa y sin pensárselo más se lanzó a los brazos del espadachín, que la recibió un poco frío. No estaba acostumbrado a tales muestras de afecto.

Nami había dado unos pasos hacia atrás mientras observaba a la chica. Era realmente guapa y viéndolos juntos en aquel momento, se dijo que sí que hacían buena pareja. Sintió otro ramalazo de celos, pero permaneció quieta y callada.

- Sabías que volverías – sollozó Arane aún colgada del cuello del espadachín.

- Sólo estoy de paso, Arane – la corrigió Zoro.

- ¿De paso? – la expresión de confusión era la misma que la de la madre de Zoro – pero… ¿y nosotros?

- No hay un nosotros, Arane.

- Estamos prometidos, ¿lo has olvidado? – había dejado de llorar y mantenía sus brillantes ojos azules clavados en el rostro del espadachín.

- No me voy a casar contigo.

- ¡Estás obligado! – chilló ella pareciendo de repente desquiciada.

- Lo siento, Arane, pero en este tiempo que llevo fuera me he prometido con otra mujer.

- ¡¿Cómoooo?!

Continuará…

Gracias a todos por los reviews, espero que este capi también os haya gustado. Nos vemos.