Arane no es la chica que esperaban conocer los mugiwara, especialmente Sanji…

Capítulo 7 – Rabia

El rostro de Arane estaba rojo de ira. ¿Cómo se atrevía a decirle aquello tras tantos años esperando? ¿acaso él no había intentado por todos los medios regresar a Omei?

- Te he estado esperando – volvió a sollozar la muchacha.

El espadachín no contestó, se limitó a observarla en el más absoluto silencio. Él no quería hacerle daño, pero no podía ni quería seguir con esto.

- Lo siento, Arane.

- ¿Y quién es ella? – su rostro había vuelto a su color normal, pero el tono de su voz era muy frío.

"Es hora de la actuación" – se dijo el espadachín.

Zoro se giró levemente hacia sus nakamas, que lo observaban en el más terrible de los silencios. Extendió una mano hacia Nami, que esperaba con el resto.

"Vamos allá" – se dijo la navegante acercándose a Zoro.

Arane frunció el ceño al ver a la exuberante pelirroja acercarse a ellos. Así que aquella mujer era la novia de su prometido. La odió con toda su alma por habérselo quitado.

- Arane, te presento a Nami, navegante de mi tripulación y la mujer con la que me voy a casar. – aquellas palabras casi se le atascan en la garganta. ¡Qué difícil era mentir!, por lo menos para él.

- Mucho gusto, Arane – la saludó con una falsa sonrisa la navegante.

La muchacha rubia no habló, sólo hizo un casi imperceptible movimiento de asentimiento con la cabeza.

Los mugiwara observaban a la rubia, daba la impresión de que no iba a ser tan fácil anular ese compromiso, sobretodo sin montar un buen escándalo.

- Zoro se había prometido primero conmigo – refunfuñó Arane clavando la mirada en Nami. - ¿No te lo dijo?

- No – le siguió el juego la navegante. – Pero dime, Arane, ¿cuánto tiempo lleva Zoro fuera de aquí? Una barbaridad, ¿no es cierto?

- ¡Pero yo le fui fiel! – chilló sintiendo que la sangre volvía a subírsele a la cabeza.

Aquellas palabras casi hacen que soltara una risita. ¿En qué mundo vivía? El espadachín llevaba fuera de Omei más de 10 años… ¿y Arane esperaba que no hubiera estado con ninguna mujer? Lo cierto era que Nami sintió algo de celos al pensar en las mujeres con las que había estado Zoro. ¿Por qué ahora sentía todo esto? No se atrevía a mirarlo por si su cara reflejaba sus pensamientos, que no eran muy decorosos en aquellos momentos…sólo en pensar en aquel escultural cuerpo moreno cubierto por sudor mientras daba placer a una mujer hacía que se le secara la boca. ¡Pero si era Zoro, por Dios!... ¡y se llevaban fatal!... entonces… ¡¿qué hacía ella teniendo pensamientos eróticos con su nakama?! Nadie tenía que enterarse de que sentía algo por él, absolutamente nadie.

- Arane, estás montando todo un espectáculo – le dijo Zoro bajando la voz.

Varias personas del pueblo se habían parado cerca de los mugiwara al ver tan descompuesta y nerviosa a una de las ricas herederas de Omei. Se preguntaban qué estaría pasando. A alguno se le había pasado por la cabeza avisar a las autoridades, había una base de la marina en un pueblo cercano, ya que los mugiwara tenían un aspecto un tanto peligroso.

- ¡No estoy montando ningún espectáculo! – siguió gritando la muchacha. - ¡¿Cómo quieres que me sienta, Zoro!, ¡llevo una vida esperándote, y ¿para qué?!, ¡¿para ponerme en ridículo delante de todo Omei?!

- Mi intención no es ponerte en ridículo y deberías saberlo. Han pasado muchos años desde que marché, ya se te tenía que haber ocurrido que no iba a volver y, por lo tanto, no iba a casarme contigo aunque nos hubieran prometido siendo unos niños.

- Claro y te paseas por Omei mostrando a esa… a esa… - hizo un gesto despectivo hacia Nami, que de momento no quería intervenir, aunque se mordía la lengua para no decirle cuatro verdades a esa muchacha insoportable.

- Cuidado con lo que dices de Nami, Arane – la amenazó el espadachín en casi un siseo. No sabía por qué pero le habían entrado unas ganas terribles de defender a su nakama ante cualquiera.

- ¡Es una pelandrusca! – gritó, por fin. Tenía ganas de soltarlo desde que Zoro le dijo que Nami era con la que se iba a casar. - ¡Todo el mundo sabe que las mujeres piratas son unas cualquiera!

Nami ya no aguantó más. Sin decir palabra se acercó a Arane y le asestó una fuerte bofetada, no el clásico coscorrón que reservaba para sus nakamas. Una cosa es que se pusiera como una víctima y otra muy distinta que la denigrara de aquella manera, podía ser muchas cosas pero no era una ramera pirata. Jamás se había acostado con ninguno de los mugiwara, aunque jamás había sentido tentación de hacerlo a pesar de pasar muchos meses en el mar sin pisar tierra.

Zoro cogió a Nami de un brazo y la echó hacia atrás antes de que empeorara las cosas, conocía de sobra el carácter irascible de la navegante. Miró fríamente a Arane.

- No tengo nada más que decirte, Arane. Ten muy presente que he roto el compromiso y que por lo tanto no voy a casarme contigo. Si deseas hablar conmigo y de una manera civilizada tenemos el barco anclado en la cala sur. Adiós. – se giró, agarró a la navegante por un brazo y volvió junto sus compañeros que los miraban casi boquiabiertos.

Incluso Sanji permanecía mudo a pesar de que cuando vio a Arane se dijo que era la mujer más preciosa que habían visto sus ojos. Pero ya no le parecía tan hermosa al ver lo arpía que se había puesto en cuestión de minutos. Mujeres así no merecían la pena.

Hicieron el recorrido hacia la cala en dónde estaba anclado el Sunny en silencio. Zoro pensando que iba a tener más problemas de los que había pensado en un principio por culpa de Arane. Y Luffy… bueno… Luffy pensando que no había visto ningún sitio en el que poder comer. ¡El capitán de los mugiwara era único!

- Por una vez te voy a dar la razón, marimo – rompió el silencio Sanji – Haces bien en no casarte con Arane. Es una hermosa princesa – susurró con los ojos en forma de corazón y pensando en lo que podía hacer con ella, pero enseguida cambió de parecer al recordar el espectáculo que montó en plena calle – pero una mujer, por muy bella que sea, si tiene un corazón como el de ella… - hizo un gesto negativo con la cabeza. – Dejémoslo así, marimo.

- Es una verdadera arpía – continuó Nami mientras casi echaba humo por las orejas al pensar en aquella rubia. – Llamarme a mí ramera… grrrr… me dieron ganas de cambiarle la cara a golpes. – Guardó silencio pensativa. – Chicos, ¿tengo pinta de casquivana?

- Noooo – fue la respuesta unánime de la tripulación, cualquiera le decía otra cosa.

El único que no dijo nada fue Zoro, que la observaba en silencio. ¿Por qué tenía tantas ganas de protegerla? Había empezado a verla como una mujer, no como la navegante, y se había dado cuenta que Nami tenía unas muy buenas curvas y que los trajes que solía usar acentuaban más esas curvas. Se pasó las manos por el pelo intentando sacar de su cabeza esos pensamientos. Jamás le había gustado Nami, ¿a qué venía ahora eso?... si casi era tan arpía como Arane.

El camino que llevaba a la cala se acababa y vieron el Sunny fondeado. Todo estaba tan tranquilo como cuando habían llegado a Omei.

- Oiiiiii – gritó Luffy echando a correr hacia el sunny - ¡Chicoooossss!

CONTINUARÁ…

Espero que os haya divertido este capi… esta Arane está un poco loca, ¿verdad?, será de estar a pan y agua tanto tiempo… jajaja…

Gracias por los reviews, mandarme más que me hace ilusión. Nos leemos.