Tras el desafortunado encuentro con Arane, la tripulación de los mugiwara regresa al Thousand Sunny para intentar encontrar una solución al pequeño problema de Zoro.
Capítulo 8 – La estrategia
Usopp se asomó por uno de los laterales del Sunny al oir el grito de Luffy, tenía una de las manos llenas de clavos y aguantaba con la otra un enorme tablón de madera. Brook también apareció sorbiendo una taza de té.
- Parece que ya han regresado – masculló el tirador al ver regresar a sus nakamas, - y por sus caras creo que las cosas no han ido muy bien.
Brook no comentó nada, y eso era raro en él, siempre tenía algo que decir, daba igual el tema que se tratara. Siguió sorbiendo del té mientras mantenía las cuencas vacías de sus ojos clavadas en sus compañeros de viaje.
- ¡Chicoooooosssssss! – siguió gritando Luffy.
- Creo que ya te han oído, capitán – le dijo Robin sonriendo, que ya había descubierto a Brook y a Usopp en la cubierta del barco.
- Lo han oído en el pueblo entero – murmuró Nami, que caminaba al lado de Zoro, el cual seguía en silencio desde que marcharan de la visita a casa de Arane.
El Sunny se fue haciendo cada vez más grande hasta que llegaron a él. Luffy estiró sus brazos y subió de un salto, como era su costumbre… no esperar a nadie. El resto de los mugiwara fueron subiendo por la escalera de madera hasta que se encontraron todos dentro. Enseguida fueron rodeados por los que no habían ido con ellos.
- ¿Hubo problemas? – quiso saber Franky dándole distraídamente vueltas a un pesado martillo. – Menudas caras traeis todos.
- Esa Arane es una verdadera arpía – soltó Nami, aún resentida por haberla llamado "puta" – Primero fuimos hasta la casa familiar de Zoro, y la madre al final nos echó educadamente renegando de nuestro nakama – negó con la cabeza – Nuestro siguiente objetivo, la tal Arane, que resultó ser una rica heredera dada a los lloriqueos en público y a chillar y gritar como una loca.
- Vamos, que no hay progresos.
- Ni uno – confirmó Luffy – y encima no vimos ningún restaurante dónde comer.
- ¿Y le habeis dicho que estais prometidos? – intervino Chopper, que estaba medio escondido detrás del cyborg.
- Sí, pero es como si no lo hubiera escuchado. Sólo lloriqueaba que si Zoro tal y Zoro cual, que si lo había estado esperando durante todo estos años para luego no casarse con ella. Vamos, que me dieron ganas de vomitar. – escupió la navegante, celosa de nuevo al pensar en Arane.
Sanji se dirigió a la despensa en compañía de Nami y Robin para ordenar todas las provisiones que habían comprado en el pueblo, y esconderlas bien de la vista del hambriento capitán, aunque sabían que no durarían demasiado.
Zoro, que seguía algo malhumorado y desanimado tras el desastroso encuentro con su madre y su amiga de la infancia, se dirigió a una de las cubiertas a echar una cabezadita, quizá así se quitara todos los males de encima.
- Oe, Sanji – lo llamó Usopp desde la puerta - ¿así que esa Arane os puso las cosas difíciles?
- Menudo escándalo montó en plena calle, justo delante de su casa – le respondió Nami.
- Es una bella dama – comenzó a hablar Sanji poniendo ya los ojos en forma de corazón y casi cayéndosele la baba al pensar en aquella hermosura rubia – pero sólo por fuera – su estado de enamoramiento desapareció casi al instante – su alma está podrida. Parece que en su interior sólo hay ira, venganza…, no sé, no me dio buena espina. Y si este pueblo es tan rarito como creo que es, sólo con lo de esa extraña ley de casamiento que tienen ya lo dice todo, pondrán mil y una trabas para anular el "compromiso" con Nami, y casar al marimo con Arane.
- Tendríamos que tener vigilados a navegante y a espadachín - dijo como solución robin con una media sonrisa, que a Nami le pareció de lo más enigmática.
"¿Qué andará tramando ya?" – se dijo la pelirroja.
- ¿Las 24 horas? – preguntó Usopp comenzando ya a temblar sólo con la idea de tener que estar todo el tiempo con aquellos dos nakamas tan temperamentales, no le apetecía nada acabar el día con una de las katanas de Zoro clavada o la cara desfigurada por los golpes de Nami.
- esa es la idea. Si cocinero tiene razón – continuó – pronto se enterarán que Zoro está aquí y que ha incumplido una de las leyes de la ciudad, así que intentarán algo para que la cumpla.
- ¿Y qué pueden intentar, Robin? – dijo Nami. – Somo piratas fuertes, sabemos luchar, y con Zoro no tienen nada que hacer.
- Con Zoro no, pero contigo sí.
- ¿Conmigo?, no se atreverán – murmuró la navegante palideciendo ligeramente.
- La mente humana es impredecible. Yo, en el lugar de los habitantes de Omei, lo que haría es hacer desaparecer a la actual prometida, a ti, navegante. Y hay muchas maneras de hacerlo.
- Como alguien intente hacerle algo a mi bella pelirroja se las verá conmigo – salió en defensa de Nami el cocinero del amor.
- ¡Pues les decimos la verdad! – exclamó empezando a angustiarse sólo al pensar que todo Omei iría tras ella.
- ¿Y casar al marimo con esa hermosa dama? – Sanji negó con la cabeza – Sé que nosotros no nos llevamos bien… pero es mi nakama, y no permitiré que acabe en manos de esa mujer.
- Además – le tocó el turno a Usopp, que seguía temblando – Zoro es uno de los fuertes de la banda, ¿qué pasaría si marchara?
"Que me moriría de pena" – pensó Nami encogiéndose de dolor al pensar en no volver a ver al espadachín. – "Realmente me gusta" – estaba tan sorprendida de su descubrimiento que no siguió la conversación que mantenían sus compañeros.
Imaginó la boda de Zoro y Arane. Los dos entrando en una iglesia, o dónde quieran que celebrasen la ceremonia. Ella despampanante luciendo un hermoso y costoso vestido blanco de novia, sonriendo radiante, mientras caminaba al son de la música para encontrarse con Zoro, que iría igual de despampanante con un traje oscuro (obligado a llevarlo a la fuerza, evidentemente) y sin sus inseparables katanas (también obligado a ello), pero sabía que su rostro no mostraría alegría… estaría serio y frío, maldiciéndose una y otra vez por tener tan mala suerte y haber tenido que dejar a sus nakamas.
- Nami – la interrumpió Usopp - ¿Nami?
La pelirroja volvió al presente sobresaltada, sintió enrojecer por haberse distraído pensando en el espadachín. ¿De qué estarían hablando? Hizo una especie de sonrisa de disculpa y permaneció callada.
- ¿Estás bien, mi bella Nami? – revoloteó Sanji alrededor de la muchacha.
- Sí, sí, perdonad… me distraje un momento… esto… ¿qué decíais?
Miró un momento a Robin, medio de reojo, y la descubrió mirándola fijamente y sonriendo, una de esas sonrisas suyas que daban miedo. Desvió la vista rápidamente.
- Lo mejor que podemos hacer es que os vigiléis mutuamente – habló la arqueóloga aún con aquella media sonrisa.
- ¿Qué Zoro y yo pasemos todo el día juntos? – ahora estaba pasmada, aunque sentía, al parecer, cierta atracción hacia el espadachín, sabía que no era muy buena idea. - ¿Qué quereis?, ¿Qué nos matemos mutuamente?, somos totalmente incompatibles. ¡Si siempre estamos discutiendo!
- Aunque a mí no me hace ninguna gracia que estés tanto tiempo con ese imbécil – masculló Sanji – reconozco que es la mejor opción. Él es fuerte y podrá protegerte en caso de necesidad.
- También Luffy es fuerte.
- Sí, pero es un inconsciente y nunca sabes si se olvidará de vigilarte cuando se encuentre con un restaurante abierto. Lo haría yo gustosamente, pero tengo que ayudar en el Sunny, y de esta forma vosotros dos siempre estaréis localizados, no uno por cada lado.
Nami no rebatió a Sanji, simplemente hizo un leve gesto de comprensión y salió de la despensa para pensar en las consecuencias de estar las 24 horas en compañía de aquel nakama en concreto… ¡si se pasaba el día durmiendo!... menuda vigilancia iba a hacer.
Ahora que otro se lo dijera a Zoro, no quería ser ella la que se enfrentase con el temperamento malhumorado del espadachín, sobre todo tras las nefastas visitas de esa mañana.
- Parece que no le ha hecho demasiada gracia la idea – comentó Usopp cuando la navegante salió por la puerta.
- No le desagrada tanto como hace creer – les dijo a los dos chicos Robin justo antes de marchar de la bodega, dejándolos todavía más confusos.
Zoro se encontraba apoyado en la pared de una de las cubiertas, a la sombra, intentando conciliar el sueño para esa pequeña siesta que tanto le apetecía, pero esa mañana le era imposible. No dejaba de recordar el encuentro con su madre después de tantos años y el pequeño berrinche de Arane.
"¿Por qué habremos tenido que pararnos en Omei?" – se dijo por enésima vez abriendo los ojos y clavando la mirada en el cielo azul.
- Oe, Zoro – lo llamó Luffy acercándose al espadachín. El capitán ya estaba al tanto de lo que habían ideado sus nakamas en la bodega y había sido el candidato para comunicárselo a Zoro, más que nada porque era el mejor amigo de Luffy.
- ¿Qué pasa, capitán? – lo saludó el espadachín poniéndose algo más cómodo.
- Hemos estado hablando de lo ocurrido en el pueblo – le dijo muy serio, por una vez no sonreía – y dado que te has saltado una ley de aquí, creemos que tu gente intentará hacer algo para que la cumplas.
- Que lo intenten – murmuró desenvainando levemente una de sus espadas.
- No, tú no eres quién nos preocupa – y soltó una risita – es Nami. Creen que es tu prometida y seguramente intentarán quitarla del medio para que tú puedas casarte con Arane.
- …….
- En fin, que hemos decidido que Nami y tú os estéis vigilando mutuamente mientras estemos en Omei para evitar posibles desgracias.
- ¡¿Estais locos?! – estalló al escuchar aquellas palabras - ¡¿quereis que Nami y yo pasemos juntos las 24 horas del día mientras estemos en Omei?!, ¡me hará la vida imposible!
- Ya está decidido. – Se puso en pie para marcharse. – Y no creas que Nami no puso objeciones. En el Sunny no teneis que estar pegados pero si salís al pueblo o a la playa o a dónde sea tendréis que ir juntos, es lo mejor para los dos.
- Mmm – y volvió a recostarse para intentar echarse esa siesta, aunque en aquellos momentos tenía aún más cosas en las que pensar.
"Pasar todo el día con esa bruja" – se dijo dando un puñetazo en el suelo – "Joder, qué mala suerte. Me tendrá como a su criado. ¡Maldita mujer!"
CONTINUARÁ…
Espero que os haya gustado. Gracias por los reviews. Pronto el siguiente capítulo.
Y sí, Suigin Walker… esta Arane está muuuuuy loca
