Zoro y Nami pasan sus primeras 24 horas juntos… ¿qué ocurrirá?

Capítulo 9 – Guardaespaldas

La reparación del Sunny marchaba viento en popa. Franky y Usopp trabajaban a destajo sin apenas descansar, tenían la colaboración de los otros mugiwara, pero ellos eran los que se encargaban de las cosas más complicadas.

Nami se encontraba en su camarote haciéndose a la idea de tener a Zoro como su guardaespaldas. Ella sabía defenderse, ¿no lo había hecho en Ennies Lobby?, ¿y en Thriller Bark?... entonces… ¿a qué venía aquello de tener que pasar todo el día con él mientras estuvieran en aquella isla? Por una parte le desagradaba la idea, pero por otra le entusiasmaba, dado su reciente descubrimiento de los sentimientos que el espadachín despertaba en ella. No quería pasarse todo el día recluida en el barco, ella quería salir a explorar la ciudad, sus muchas tiendas… bueno, si llevaba a Zoro, con lo fuerte que era podría acarrear muchas bolsas, por lo que ella podría comprar más que de costumbre. Sonriendo ante esa idea fue en busca de Zoro para informarle de los planes para ese día…

Habían pasado todo el día anterior en el barco pero nadie había ido hasta allí para pedir respuestas. Sabían, o más bien tenían la certeza, de que algo se estaba tramando en la ciudad y que no era bueno.

- Zoro – llamó Nami desde la puerta cerrada del camarote de su nakama. No obtuvo respuesta, como era evidente. El espadachín cuando dormía era como una marmota. – Zoro – volvió a llamarlo un poco más fuerte, pero con el mismo resultado.

Arriesgándose a llevarse una buena reprimenda por parte de Zoro si entraba y lo encontraba en una situación embarazosa, abrió la puerta.

La estancia estaba en penumbra y el espadachín aún estaba en cama, dormido. No pudo evitar que el corazón le diera un vuelco al verlo… ¿tan loca estaba por él?, no podía ser. Se acercó a la cama deshecha y observó embelesada la figura que descansaba en ella… su rostro dormido en aquel momento relajado, su torso desnudo en el que se veían unos impresionantes abdominales, la sábana que tapaba sus partes íntimas, una pierna desnuda sobresalía por un extremo de la cama… A Nami casi se le para el corazón cuando se dio cuenta que Zoro estaba completamente desnudo bajo aquella sábana arrugada.

Carraspeó antes de llamarlo de nuevo, se le había secado la garganta de la impresión, jamás había pensado que le iba a pasar algo así con uno de sus nakamas.

- Zoro – lo llamó nuevamente, esta vez zarandeándolo levemente – Zoro.

Notó que el espadachín se movía levemente. Esperó que no se levantara de golpe porque seguramente que se desmayaba si lo llegaba a ver completamente desnudo. Aún no estaba preparada para algo así.

- ¡Zoro! – le gritó finalmente y con ganas de darle un par de coscorrones para que espabilara. No quería quedarse toda la mañana en el Sunny, las tiendas la estaban esperando.

- Eres un coñazo, Nami – susurró Zoro girándose para seguir durmiendo.

- Tengo que ir de compras – le dijo sin andarse por las ramas.

- ¿Y a mí que me cuentas?, déjame dormir.

- ¿Ya te has olvidado? – le dieron ganas de soltar una carcajada - Estamos destinados a estar juntos mientras nos encontremos en tu pueblo. Y yo tengo que ir a comprar unas cosillas.

- joder – masculló mientras se incorporaba y se agarraba la sábana para taparse antes de ponerse en pie. - ¿Y tienes que ir tan temprano?

- Sí. Te espero en la cocina. Sanji ya estaba con el desayuno. – y sonriendo salió del camarote de Zoro.

Parecía mentira, pero se encontraba maravillosamente bien, el pensar que pasaría el día de compras con Zoro ya no le parecía tan mala idea como el día anterior, incluso tenía ganas de encontrarse con Arane para hacerla rabiar un poquito más… tenía ganas de gritar a los cuatro vientos que estaba enamorada de Zoro, que se enteraran todos, incluidos sus nakamas, pero como no sabía si era correspondida por el espadachín, decidió que lo mejor era actuar como hasta ese momento… ser una déspota desconsiderada con muy mala leche.

Zoro se sentó en la cama tan pronto vió cerrarse la puerta de su camarote. Había faltado muy poco para que cogiera a Nami, la echara sobre la cama y le hiciera el amor hasta dejarla exhausta. Había estado soñando con ella… un sueño de lo más erótico, y la evidencia la tapaba aquella sábana, por suerte Nami no se había dado cuenta y se había girado para tapar su tremenda erección. Parecía un adolescente salido… hasta su olor lo excitaba, ese día iba a ser el peor de su vida… ¿cómo iba a aguantar todo el día al lado de aquella mujer que le hacía sentir tantas cosas?... por un momento se comparó con el cocinerucho y casi rechinó los dientes.

"Será mejor que me comporte como siempre" – se dijo soltando la sábana y yendo desnudo a buscar su ropa al armario que había al fondo del camarote – "cuanto más pase de ella mejor".

Nami entró sonriendo en la cocina, en dónde se encontraban todos sus nakamas desayunando.

- Buenos días – saludó la navegante sin poder dejar de sonreir, cosa que extrañó a sus compañeros, era raro que estuviera de tan buen humor por la mañana.

- Hola, mi bella pelirroja – revoloteó Sanji a su alrededor con un plato en la mano – Te he guardado la mejor porción de desayuno para ti. Tienes que coger fuerzas para aguantar al idiota del marimo.

- ¿A quién llamas idiota, cocinerucho? – lo interrumpió Zoro entrando en ese momento en la cocina.

Y antes de que nadie dijera esta boca es mía ya habían iniciado otra pelea a patadas y espadazos. La pelea apenas duró un par de minutos ya que Nami, que no quería que nadie le estropeara su momento de felicidad, la zanjó dando un par de mamporros a ambos nakamas.

Luffy, aprovechando la distracción de sus nakamas, se había agenciado varios trozos de comida de los otros platos… como siempre, estaba hambriento. Y por suerte para él, nadie lo había visto.

- ¿Qué tienes pensado hacer hoy, navegante? – le preguntó la enigmática Robin mientras bebía su café.

- Me voy al pueblo – le contestó sentándose en la mesa al lado de su amiga – Hay muchas tiendas que quiero ver y como tengo que comprar algunas cosillas… - soltó una risita.

- ¿Vas a acompañar a Nami? – le dijo Chopper a Zoro, que ya se había sentado en la mesa lejos de la navegante y estaba dando cuenta de su desayuno.

- ¡Qué remedio me queda!

- Yo os puedo acompañar – se ofreció Luffy balanceándose con las patas de la silla.

- ¡No! – fue la respuesta unánime de Zoro y Nami, cosa que hizo que la navegante se sonrojara levemente.

- Nos meterás en algún lío – aclaró Zoro – y prefiero pasar lo más desapercibido posible. – Lo que no había dicho era que prefería pasar esa mañana a solas con Nami, aunque fuera de compras, cosa que no le hacía mucha gracia.

Robin sonreía ante la reacción de sus dos nakamas. Ella sabía que se gustaban, se les notaba a leguas, o por lo menos ella sí se lo notaba, pero ellos parecían no darse cuenta de la fuerte atracción que sentían el uno por el otro… quizá era buena idea lo de que pasaran la mañana solos, a lo mejor ponían las cosas en claro… aunque conociendo el carácter reservado del espadachín estaba segura que antes de que él se le declarara a Nami antes se helaría el infierno.

El resto del desayuno fue igual que siempre… Luffy intentando seguir robando la comida de los demás y llevando por parte de Nami, en eso la navegante no había cambiado; Sanji y Zoro con sus pullas de siempre, y el resto hablando sobre el estado del barco… cosas bastante amenas.

Nami enseguida estuvo preparada para irse de compras, en su mente ya tenía imágenes de conjuntos de ropa nuevos, zapatos… incluso alguna joya. Estaba tan contenta que casi daba saltos de alegría.

Toda la tripulación estaba estupefacta por el cambio sufrido en Nami de la noche a la mañana y no sabían a qué se debía, todos menos Robin, que tenía que ocultar la sonrisa cada vez que miraba a la pelirroja. Usopp y Chopper estaban bastante aliviados al ver que de momento su nakama no zurraba a nadie… según ellos eso era buena señal.

Zoro, con cara de resignación y ante la atenta y malhumorada cara de Sanji, que no le hacía gracia alguna que el marimo acompañara a su bella pelirroja, siguió a Nami por el camino que llevaba al pueblo. La navegante iba abriendo la marcha con paso decidido pensando en todo lo que se iba a comprar. Zoro, tras ella y con un brazo apoyado en los mangos de sus katanas, observaba la exuberante figura de Nami, diciéndose cómo alguien tan insufrible como ella le había llamado tanto la atención, era algo que no lograba entender… y lo peor de todo era que aquel meneo de sus caderas lo estaba poniendo a cien. Esperaba que comprara rápido para volver al Sunny y darse una larga ducha de agua fría.

- ¿Tienes pensado comprar mucho? – le preguntó por fin el espadachín.

- Unas cuantas cosillas que me hacen falta. Incluso, si quieres, te compro algo que te haga falta.

- ¿Eh? – la cara de sorpresa que puso Zoro hizo sonreir a Nami. Enseguida frunció el ceño – Ya… ¿y qué intereses me cobrarías?

- es un regalo – y se encogió de hombros - ¿no puedo tener un detalle con un nakama?

- ¿Te encuentras bien? – le dijo cada vez más pasmado por lo que estaba oyendo.

- Sí, ¿por qué?

- Nami, tú – y recalcó ese tú – jamás regalas nada a nadie.

- Hay una primera vez para todo, ¿no? – y sacándole la lengua se giró y aceleró el paso.

Zoro se quedó plantado en medio del camino mirando hacia el lugar por el que había marchado Nami. Decididamente ese viaje le estaba sentando fatal a la navegante… ¡si era una bruja avariciosa que cobraba elevadísimos intereses por todo! Aún sorprendido se apresuró a seguirla antes de que se perdiera.

La ciudad era un hervidero de gente que iba de un sitio para otro cargados con bolsas, cestas de comida… nada que ver con la casi ciudad fantasma que encontraron al llegar el día anterior.

- ¡Cuánta gente! – dijo asombrada Nami – Podremos pasar más desapercibidos.

Zoro no contestó, pero no estaba tan seguro de eso. La gente de Omei era muy estricta con sus leyes y si los descubrían allí no sabía qué podía pasar. Lo que tenían que haber echo era quedarse en el Sunny hasta que estuviera reparado y dejarse ver lo menos posible, pero claro, Nami tenía que ir a visitar todas las tiendas de la ciudad. Estaba a punto de replicarle cuando un gritito le hizo girarse.

- ¡Zoro!

Los dos mugiwara se giraron casi al mismo tiempo y vieron dirigirse hacia ellos a la despampanante Arane casi corriendo y saludando con la mano. La oportunidad de pasar desapercibidos se había esfumado.

- ¡Qué sorpresa encontraros en el mercado! – les dijo sonriendo. – No esperaba volver a veros.

- Tenía que comprar unas cosas – murmuró Nami mirándola con recelo.

- Quería disculparme por el recibimiento de ayer – bajó la mirada avergonzada – Es que me sorprendió tu regreso – clavó la mirada en Zoro - y el echo de que te hubieras prometido con otra mujer. Mi comportamiento no tiene excusa.

- Por lo menos reconoces que actuaste mal – dijo la navegante desconfiando aún más. Toda aquella palabrería sonaba muy falsa.

- sí. Así que quiero remediarlo invitándoos a una fiesta esta noche en mi casa. Una especie de bienvenida. ¿Vendreis?, estais invitados todos, por supuesto.

Zoro y Nami se miraron un momento y tras un acuerdo silencioso, hicieron un gesto afirmativo con la cabeza.

- ¡Genial! – y dio una palmada. – Entonces os espero esta noche a eso de las 9. Adiós – y se alejó corriendo entre la gente.

- Trama algo – susurró Nami.

- Ya lo sé – estuvo de acuerdo el espadachín. - ¿Y si dejamos las compras y vamos a comunicarle al resto lo de la fiesta? Tenemos que idear un plan en caso de que intente algo contra alguno de nosotros dos.

Nami hizo un gesto de desilusión al ver sus compras frustradas, pero asintió y en silencio pusieron nuevamente rumbo al Sunny.

CONTINUARÁ…

Espero que os haya gustado. Creo que es el capítulo más largo que he hecho hasta ahora