Tras aceptar la invitación, los mugiwara se dirigen, al completo, a la vivienda de Arane para asistir a su fiesta de bienvenida… ¿les deparará algo esa fiesta?

Capítulo 10 – La fiesta

La tripulación se encontraba reunida en la cocina, alrededor de la enorme mesa, discutiendo sobre si iban o no a la fiesta ofrecida por Arane a pesar de que Zoro y Nami habían aceptado ir.

- ¿Por qué narices les habéis dicho que vais, chicos? – preguntó Franky mientras se ponía de pie para ir a por una botella de cola a la nevera. – La idea de una fiesta es súúúúpeeerrr – e hizo su clásica posturita – pero sabeis que es una trampa.

- Es la única manera de saber qué traman ella y su familia – dijo Zoro – y si hay alguien más de Omei involucrado.

- Además, yo no pienso quedarme recluida en el barco porque una maldita loca no acepta que Zoro no quiere casarse - masculló Nami irritada poniéndose en pie y comenzando a pasearse por la cocina en un acto de desesperación.

Aunque intentaba hacerse la valiente lo cierto era que tenía miedo… ¿quién no lo tendría si supiera que todo un maldito pueblo querría verte muerto?..., bueno, sí que sabía de alguien… Monkey D. Luffy, el capitán no le tenía miedo a nada, para él todo era divertido y emocionante.

- Yo te protegeré, mi bella flor – la agasajó Sanji revoloteando a su alrededor, lo que provocó que Zoro casi partiera con la mano la taza que sujetaba. Odiaba ver al cocinero mostrando tantas atenciones a Nami.

- No quiero que nadie te haga daño, Sanji – le dijo en voz baja la navegante acariciándole levemente una mejilla, lo que hizo que el cocinero casi se desmayara y que Zoro saliera rápidamente de la cocina dejando sobre la mesa un amasijo de cristales ensangrentados.

- ¡Zoro está herido! – exclamó Chopper reparando en la taza rota manchada de sangre. Se puso en pie de un salto - ¡un médico!, ¡necesitamos un médico!... oh, si yo soy el médico – y corrió hacia la puerta - ¡Zoroooo! – lo llamó cambiando a su forma humana y saliendo de la cocina.

De pronto, Nami se sintió mal. Había visto el rostro del espadachín cuando Sanji se había ofrecido a protegerla y quería probar si realmente ella le importaba, así que se había puesto melosa con el cocinero… Lo que no se esperaba era que Zoro se hiciera daño por esa tontería, aunque ahora sí sabía que ella le importaba al espadachín.

- Esto… - comenzó a decir mientras iba hacia la puerta – creo que voy a ver si Chopper necesita ayuda.

- ¿Chopper? – murmuró Luffy mientras daba cuenta de un plato de carne que había encontrado en la nevera – No creo que le hagas falta.

- Voy de todas formas por si acaso – y salió disparada por la puerta antes de que alguno dijera algo más.

- ¿Qué le pasa a Nami? – preguntó Usopp – Lleva todo el día muy rara.

- ¿Aún no lo has descubierto, narizotas? – tomó la palabra Franky mientras una catarata de lágrimas recorrían sus mejillas – No estoy llorando – siguió mientras se secaba las inagotables lágrimas con una de sus enormes manos.

- ¿Le pasa algo? – Luffy miraba a sus nakamas con la boca llena de comida.

- no puede ser – murmuraba Sanji cayendo de rodillas en el suelo y sintiendo que se le partía el corazón - ¿Qué le ha hecho el desgraciado del marimo?

- El sentimiento es mútuo, cocinero – le aclaró Robin.

- ¡¿Cómo?! – de la impresión a punto estuvo de caérsele el cigarrillo que sostenía precariamente entre sus labios.

- No me entero de nada – dijo Luffy con cara de circunstancia.

- No puede ser, no puede ser – seguía Sanji, aporreando en ese momento el suelo de madera – mi bella pelirroja no, no puede ser… ¿por qué el marimo?, ¿qué vió en ese espadachín de pacotilla?

- ¿A Nami le gusta Zoro? – parece que se aclaró finalmente el capitán, y se echó a reir - ¡Entonces hay que celebrarlo!, ¡Sanji, haz más de comer!

Luffy acabó estrellado contra una de las paredes de la cocina a causa de la patada de su nakama rubio, que estaba de un humor de perros al darse cuenta que había perdido a uno de sus amores.

- Pero si siempre se están peleando – ahora le tocaba a Usopp mostrarse incrédulo.

- Actúan delante de nosotros – Robin sonreía al darse cuenta de que nadie se había dado cuenta de los sentimientos de aquellos dos.

Mientras en la cocina se discutía sobre los sentimientos de Zoro y Nami, ésta llegaba a la enfermería, que era parte del camarote que Chopper usaba como laboratorio. No llamó a la puerta, simplemente entró y se paró en la puerta.

El renito, aún en su forma humana, limpiaba la herida que se había hecho el espadachín con los cristales en la palma de la mano y en los dedos. Nami se sintió aún más culpable.

- ¿Qué haces aquí? – murmuró Zoro al verla parada en el umbral.

- Te has cortado. ¿Estás bien?

- Es sólo un rasguño. ¿No te espera el cocinerucho?

Nami notó el dolor en la voz y la mirada de su nakama, y estaba segura que no era por la herida de la mano, comparada con otras esa era solamente un rasguño de nada. ¿Acaso…?, no, era imposible… ¿o sí? No le respondió, simplemente se le quedó mirando intentando descifrar si lo que pensaba era cierto… ¿podría Zoro sentir algo por ella? El corazón le empezó a latir mucho más rápido.

- Chopper, tengo que hablar con Zoro – le dijo Nami autoritariamente.

- Tengo que vendarle la mano – le replicó el médico.

- Eso puedo hacerlo yo – y entró en la enfermería dejando sitio a Chopper para que marchara, algo que hizo sólo por temor a la ira de Nami si desobedecía.

- No tengo nada de qué hablar contigo – le dijo Zoro desviando la mirada hacia su mano, quería mantener a Nami fuera de su campo de visión.

- ¿Por qué rompiste la taza, Zoro?

El espadachín no contestó ni la miró. Nami mantenía la vista clavada en su nakama… su perfil perfecto, el cabello corto de apariencia tan suave… no podía creer que estuviera tan coladita por él.

- No siento nada por Sanji – le confesó dando un paso hacia él. – Sólo te estaba poniendo a prueba. Lo siento.

Zoro la miró por fin y vió remordimiento en la mirada de la navegante. ¿Había escuchado bien?, ¿lo había hecho para ver cómo reaccionaba?

- De verdad que lo siento, Zoro – volvió a disculparse Nami ante el silencio del joven. – Nunca fue mi intención que te hicieras daño.

- ¿Estás diciendo que te gusto? – se había olvidado de la mano por completo.

La pelirroja solamente se sonrojó, y eso ya era toda la respuesta que Zoro necesitaba. Bajó de la camilla en la que estaba sentado y se acercó a ella, lo que provocó que a Nami le comenzaran a temblar las piernas. Estaba nerviosa como una colegiala.

- No es una broma pesada, ¿verdad, Nami? – se quiso cerciorar.

- No. – y dio otro paso hacia él, quedando ya muy cerca. – Bésame – le pidió.

El corazón de Zoro se desbocó al oírle decir aquello. Había pasado casi toda la mañana pensando en cómo sería besarla y en aquel momento se lo estaba pidiendo. No podía creérselo. Soltó una risita al imaginar las caras de sus nakamas cuando se enteraran, en especial la de Sanji.

- ¿Quieres que te bese? – Zoro aún no estaba muy seguro de haber oído bien.

- Sí. Llevo dos días confusa y ahora que he aclarado lo que siento, quiero que me beses.

- Esto es una locura – y se pasó una mano por el pelo. – No va a funcionar, Nami. Somos muy distintos. Siempre estamos peleando.

- Bésame, Zoro. Olvida las peleas, olvida todo y sólo bésame.

No hubo que convencerle más. En dos pasos quedó pegado al cuerpo delgado de la navegante y colocó sus labios sobre los de Nami. Ésta no se hizo de rogar y le abrió la boca con la punta de la lengua, introduciéndosela. Zoro soltó un gruñido de satisfacción al sentir como la lengua de su nakama buscaba la suya y jugaban entrelazándose. Le sabía a gloria. No quería separarse de ella.

Nami aún no creía lo que estaba pasando… ¡estaba besando a Zoro! ¡y cómo besaba! Si hace una semana le hubieran dicho que se iba a liar con el espadachín se hubiera reído en su cara. Se pegó aún más a su nakama y le pasó las manos por el pelo, comprobando que era tan suave como parecía.

Estuvieron besándose durante un muy buen rato, en un beso duro y salvaje que mostraba lo que sentían el uno por el otro. Cuando se separaron por falta de aire, lo hicieron con un jadeo y las respiraciones aceleradas. Se miraron en silencio, aún sorprendidos por la intensidad de aquel beso.

- Es… es mejor que te vende la mano – habló finalmente la navegante cuando su respiración se normalizó.

- ….. – no dijo nada, simplemente volvió a sentarse en la camilla y extendió la mano herida hacia Nami. Tenía los labios hinchados por la intensidad del beso, al igual que la pelirroja.

La mano de Zoro fue vendada rápidamente en silencio. Nami estaba sonrojada, aún no podía creerse que se había atrevido a pedirle a Zoro que la besara. En aquel momento ninguno se miraba. Estaban demasiado sorprendidos.

- Eh… Zoro – rompió el silencio Nami. Éste la miró - ¿lo que ha pasado significa algo?, ¿o sólo ha sido un beso aislado?

- ¿Para ti ha significado algo? – le respondió con otra pregunta.

- Me ha gustado y me hizo sentir muy bien – le confesó volviéndose a sonrojar. – Aunque no te lo creas tú significas mucho para mí.

La risa incrédula que salió del espadachín hizo poner seria a la navegante.

- ¿Sabes, Nami? – y sonrió – Hace una semana me hubieras matado si hubiese intentado darte un beso.

- Todo ha sido muy rápido. No sabía que sentía nada hacia ti hasta que supe de la existencia de Arane y que tenías que casarte con ella. – quedó pensativa un momento - A lo mejor nuestras numerosas peleas eran síntoma de alguna atracción, ¿no?

- vete tú a saber – y sonrió. – Si quieres y te interesa podemos intentar tener una relación. Si sale mal seguiremos como hasta ahora, peleándonos – rió.

Nami se dio cuenta que raramente había visto a Zoro reir, y sus facciones se volvían mucho más atractivas.

- Intentémoslo. ¿Lo ocultamos a los demás?

- Por mí no – dijo el espadachín poniéndose en pie – Quiero ver la cara del cocinero cuando nos vea juntos.

- ¡Zoro! – ahora la navegante estaba indignada.

- No dije nada – y salió por la puerta con una enorme sonrisa. Nami lo vio alejarse por el pasillo y suspiró encantada.

Cerca de la puerta que daba al pasillo en dónde estaba el laboratorio de Chopper los otros mugiwara estaban de espías.

- ¿Se escucha algún grito? – le preguntó Luffy a Usopp, que era el que estaba más cerca para poder escuchar algún grito o cualquier otra clase de sonido.

- Nada de nada, es como si no estuvieran ahí – miró a su capitán - ¿Tú crees que se han matado?

- Mi pobre Nami-san – lloriqueaba Sanji sentado en el suelo.

- Sale alguien – murmuró el tirador con urgencia.

Todos desaparecieron de la puerta en un abrir y cerrar de ojos, e intentaron disimular como podían que habían intentado descubrir qué se traían entre manos sus dos nakamas.

Zoro salió a cubierta sonriendo ante la sorpresa de todos, que debía ser la primera vez que lo veían sonreir.

- ¿Qué hay? – saludó y se dirigió a la torre en la que entrenaba.

- ¿Estaba sonriendo? – masculló Usopp pasmado.

Sanji y Franky estaban en el suelo llorando mientras el cyborg decía su típica frase de "Yo no estoy llorando". Sanji sabía lo que significaba aquella sonrisa, algo había pasado entre su bella pelirroja y el marimo.

Chopper salió corriendo tras Zoro al darse cuenta de que iba a entrenar teniendo la mano herida, y aunque le gritaba que no debía entrenar el espadachín hacía como que no le oía, cosa que hacía habitualmente cuando el reno le intentaba ordenar algo.

Robin fue en busca de Nami, que seguía en la enfermería. Se la encontró tumbada en la camilla en la que había estado sentado Zoro, sumida en sus pensamientos y con cara de satisfacción.

- ¿Se puede, navegante? – preguntó la arqueóloga dando un par de toquecitos en la puerta abierta.

- Hola, Robin – la saludó Nami sentándose y mostrando una sonrisa casi idéntica a la de Zoro.

- Te veo contenta, navegante.

- Me ha besado – le confesó sonrojándose.

- ¿Ah sí? – no pareció sorprenderse - ¿Y qué tal se le da?

- Besa como los ángeles – rió. – Vamos a darnos una oportunidad. ¿Cómo crees que lo verán los demás?

- ¿Por qué lo iban a ver mal? – y se dirigió hacia la puerta dejándola sola y pensando en la última pregunta.

El resto del día todos los mugiwara se lo pasaron trabajando en el arreglo del Sunny, incluyendo Zoro y Nami, que desde el momento de la enfermería no habían vuelto a tener un momento para estar a solas, aunque cada vez que se miraban sonreían como un par de tortolitos, lo que hacía que Sanji casi se descompusiera.

La hora de la fiesta ya estaba llegando y los mugiwara se dirigían por la ciudad hacia la casa de Arane. Sólo se habían vestido para la ocasión Robin y Nami, que les encantaba mostrar sus encantos con provocativos vestidos en cuanto tenían ocasión. Zoro estuvo a punto de coger en volandas a la navegante y llevarla a su camarote cuando la vio vestida con aquel vestido azul noche de generosísimo escote y espalda descubierta. Todos los hombres de la tripulación tuvieron palabras de halago para las dos chicas, que sonreían complacidas. Era hora de hacer frente a Arane.

Y con ese pensamiento se plantaron delante de la puerta cerrada.

CONTINUARÁ…

Espero que os haya gustado. Advierto que el próximo capítulo posiblemente ya haya lemon, a la gente que no le guste ya la dejo advertida. Bye bye

Niebla y Silber D. gracias por los reviews… y Niebla, sí, este es tu primer review, y me alegra que te guste…. Estos días me encuentro inspiradísima jajaja, a ver cuánto dura.