Este capítulo contiene lemon… ya lo aviso con antelación. ¡A divertirse!
Capítulo 11 – La fiesta (2ª parte)
Los mugiwara se encontraban delante de la casa de Arane en silencio. Finalmente no habían ideado un plan en caso de que todo fuera una trampa y si tenían que luchar pues lucharían… ¿qué más daba una batalla más?
Sanji revoloteaba alrededor de Nami y Robin a pesar de saber que la bella pelirroja estaba con Zoro. Verlas tan hermosas, con aquellos exquisitos vestidos hacía que fuera todo corazones. El espadachín miraba malhumorado al cocinero por tener tantas atenciones con su navegante, pero como Nami no le hacía mucho caso, se tragaba su mal humor, ya se desahogaría con alguien de la fiesta que quisiera pelea.
Luffy, Brook y Franky estaban que saltaban de alegría por ir a la fiesta, a pesar de saber que quizá fuera todo una farsa. Pero allí delante, viendo el descomunal edificio sin apenas iluminación, se pusieron algo más serios pensando en los posibles problemas.
- ¡Zoro, has venido! – se oyó de pronto cuando se abrió la puerta y apareció la figura de Arane. Calló de repente al ver al resto de la tripulación. – Oh, bienvenidos vosotros también, claro – y sonrió. – Pero pasad, por favor. Los invitados aún están llegando poco a poco, podemos charlar un rato con tranquilidad antes de que se llene la casa – y soltó una risita, que a todos sonó de lo más falsa.
Nami se acercó a Zoro, que le pasó una mano por la cintura, y todos juntos entraron en la casa. La puerta se cerró tras ellos.
El vestíbulo era grande y a diferencia del exterior todo estaba muy iluminado. Algunas personas charlaban en pequeños grupos que se giraron para ver a los recién llegados, hubo algunos murmullos ininteligibles, pero enseguida volvieron a sus cosas.
- Nami – le dijo Arane acercándose a la pareja, que aún seguían cogidos por la cintura, en alerta – Estás espléndida esta noche – y sonrió – Ese vestido te sienta estupendamente.
- Gracias.
- Soy Luffy – se presentó el capitán de los mugiwara adelantándose un paso y extendiendo una mano, que Arane tocó ligeramente, como si no quisiese contagiarse o algo. – Gracias por invitarnos a tu fiesta.
- Es un placer – lanzó una breve mirada a Zoro, que no le quitaba la vista de encima – Es mi manera de pedir perdón por mi horrible comportamiento de ayer.
- Bueno… ¿y tienes algo de comer?, es que tengo algo de hambre – siguió Luffy mirando a su alrededor.
- ¡Luffy! – le llamó la atención la navegante separándose de Zoro.
- Es que tengo hambre – replicó éste poniendo cara de cordero degollado.
- Por supuesto, por supuesto – interrumpió, lo que iba a ser una discusión en toda regla, Arane. Hizo un gesto hacia una puerta semiabierta – Si me acompañáis pediré algo para ir picando hasta que lleguen todos los invitados.
Luffy se fue más feliz que unas pascuas mientras Zoro y Nami se lanzaban una mirada de sospecha… ¿qué andaba tramando?
Mientras se dirigían a la susodicha sala, Zoro presentó a los miembros de la tripulación que Arane no conocía. La muchacha puso cara de horror al ver a Brook, pero enseguida transformó esa cara de asco y horror, en una de cálida bienvenida pero mantuvo las distancias. A Brook pareció no importarle. Con Chopper quedó impresionada pero también mantuvo las distancias.
La tensión se palpaba en el aire. Menos Luffy, que parecía encontrarse como en su casa, el resto se mostraba cauteloso y desconfiado. Sanji revoloteaba, ahora, alrededor de Arane, elogiándola continuamente por su maravillosa casa, por su ropa… por todo, daba igual que en ese momento fuera la enemiga de los mugiwara, para Sanji era imposible controlarse una vez estaba una mujer hermosa cerca.
- Maldito cocinero – susurró Zoro mientras tomaba asiento en una silla de respaldo acolchado.
Tras unas palabras de Arane al mayordomo estirado del día anterior la comida empezó a llegar. Luffy estaba encantado, sus ojos eran estrellas brillantes y daba vueltas alrededor de la mesa en la que estaban colocando la comida sin saber por dónde empezar.
- Hay mucha gente que quiere volver a verte, Zoro – comentó finalmente Arane tomando asiento en un confortable sillón individual.
- Lo supongo.
- Todos quieren conocer también a Nami.
- ¿Ah sí? – frunció el ceño - ¿y eso por qué?, sólo estamos de paso.
- Porque es tu prometida y les he dicho que es muy guapa. Sienten curiosidad.
La mirada de Zoro era fría. Desconocía qué tramaba Arane pero cada minuto que pasaba en la casa lo hacía desconfiar más.
- Tu madre también va a venir – continuó la muchacha rubia. – Me dijo que siente su comportamiento de ayer, que la sorprendiste mucho con tu presencia y la noticia de Nami.
- Ya. – Guardó silencio un momento - Creo que deberíamos irnos – concluyó Zoro poniéndose en pie. – Mira, Arane, yo soy de Omei y conozco las leyes, no me creo que todo sea tan bonito como dices. Sé que todos queréis que las leyes se cumplan, con que uno la rompa alguien más también lo hará.
- No, Zoro – Arane también se puso en pie, de repente algo sonrojada, como si se sintiera descubierta. – No es lo que piensas. Sólo quería disculparme. No te vayas, por favor. – Miró a los mugiwara, incluso Luffy había dejado de comer - Tenéis que creerme. No hay nada oculto en la fiesta – el sonrojo se acentuó levemente.
¿No se daba cuenta que los sonrojos la delataban? Los sombrero de paja se miraron unos a otros en silencio, y finalmente a Luffy, que para eso era el capitán.
- Nos quedamos – dijo seriamente el capitán. – La comida está buenííísima.
- ¡Deja de pensar en comer, idiota! – le gritó Nami dándole un fuerte coscorrón en la cabeza.
- Por favor, por favor – intervino Arane – No os peleéis. Va a ser una fiesta muy divertida, ya lo veréis.
Finalmente y a regañadientes, los mugiwara decidieron quedarse pero aún más alerta que antes. Luffy estaba encantado y había vuelto a su ocupación anterior… la comida.
- Será idiota – murmuró Nami sentándose nuevamente en el sillón dónde había estado sentada hasta ese momento – Todos sabemos que es una trampa y él sólo quiere quedarse porque está buena la comida.
- Ya conoces a Luffy – le dijo Usopp algo tembloroso ante la idea de que salieran enemigos por todas partes.
La conversación fue decayendo a medida que transcurrían los minutos. Franky estaba de pie al lado de una de las ventanas de la estancia, escrutando la calle, pero no parecía haber nada sospechoso. Brook tocaba una melodía alegre para intentar relajar los ánimos, aunque parecía que no surgía mucho efecto. Sanji seguía con sus halagos hacia Arane y Robin, de vez en cuando iba alguno hacia Nami, pero bastaba una mirada helada del espadachín para que cambiara de idea.
- Parece que han llegado más invitados – dijo la rubia poniéndose en pie al escuchar el timbre de la puerta. – Si me disculpáis iré a recibirlos – y se apresuró en salir.
- Deberíamos marcharnos – murmuró Nami. – No me gusta nada Arane.
- Eso díselo a nuestro capitán – susurró Zoro mirando a Luffy. – Sólo piensa con el estómago.
Arane corrió hacia el recibidor y se colocó al lado del mayordomo, que ya había abierto la puerta y recibía a un grupo de hombres de aspecto elegante.
- Buenas noches, Arane – la saludó uno grande con el cabello repeinado hacia atrás.
- Buenas noches. ¿Habéis encontrado algo?
- Sí. Y creo que no es conveniente seguir con el plan. Son muy peligrosos.
- ¿Peligrosos?, tú no los has visto, ¿verdad? – y soltó una carcajada. Su cara se había transformado en una máscara de odio, ya no había nada de amabilidad en ella.
- Son una banda de piratas peligrosa, Arane. – siguió otro rubio muy delgado y bajo. – Han estado en el Grand Line.
- ¿En Grand Line?, ¿en serio? – ahora estaba pasmada.
- Su capitán, Monkey D. Luffy, tiene una recompensa de 300 millones de Berries.
- ¿300….? ¿Luffy?
- Sí. Y tu querido prometido, Zoro, tiene una recompensa de 120 millones.
- Estais bromeando.
- No es una broma, Arane. Esta gente es peligrosa.
- ¡Zoro ha quebrantado la ley! ¡no voy a permitir que se case con esa cualquiera de ninguna de las maneras! – estalló. – Seguiremos con el plan. De momento hay que intentar que confíen en nosotros, que vean que no queremos hacerles nada ni a Nami ni a Zoro.
Los recién llegados no dijeron nada más, solamente hicieron un gesto de asentimiento y resignación. Todos sabían que nadie de Omei rompía una de sus sagradas leyes.
Una vez compuso otra vez su imagen de amable anfitriona, Arane se dirigió junto los mugiwara, que charlaban en susurros. Callaron de golpe al verla entrar.
- Ya estoy aquí – sonrió. – enseguida os presentaré a todos. ¿Por qué no os quedais aquí esta noche?
- Tenemos nuestro barco, gracias – le respondió Zoro.
- Hay habitaciones de sobra. La casa es grande y Nami y tú podéis pasar una noche sin que nadie os interrumpa, no es lo mismo en un barco, ¿no es verdad?
No contestaron. Nami se sonrojó al oír el comentario.
"Claro, ella piensa que nosotros somos amantes" – se dijo la navegante poniéndose aún más colorada.
- Ah… Nami, pero Zoro y tú… - comenzó Luffy, pero no pudo continuar metiendo la pata ya que un golpe de Franky lo hizo atravesar la habitación volando, literalmente.
- Luffy, creo que aún no has probado esos canapés del fondo – le dijo Nami recuperando la voz y señalando hacia una esquina de la mesa.
- ¿Eh?... ¡pues es verdad! ¡gracias, Nami! – y se dirigió al lugar de los canapés con una enorme sonrisa.
Arane los miraba confusa. Aquellos piratas eran un poco raritos.
"No parecen tan peligrosos" – se dijo observándolos – "Se deben haber equivocado".
- Por favor – siguió rogando Arane – Hace mucho que no tengo invitados en casa.
- Aceptamos – confirmó Luffy.
- ¡Luffy! – la exclamación fue unísona.
Así pues no les quedó otro remedio que aceptar, a regañadientes, por supuesto. Nami quería darle tal paliza a Luffy que lo más seguro era que no lo iba a reconocer ni su hermano Ace.
Poco a poco la fiesta se fue animando. La gente hablaba con todo el mundo, incluyendo en sus conversaciones a los mugiwara. Chopper, Usopp, Luffy y Brook estaban encantados con la gente de Omei por el trato tan amable que estaban recibiendo. Sanji no daba abasto con tanta mujer hermosa allí presente. Y los cuatro restantes seguían con la mosca detrás de la oreja… todos eran demasiado amables, todo era demasiado perfecto. Lo único bueno que le veía Zoro a aquella fiesta era que el sake parecía no acabarse nunca.
Usopp estaba encantado de poder contar sus aventuras de Grand Line, la mayor parte inventadas por él y exageradas al máximo, pero su público no parecía darse cuenta del engaño, a fin de cuentas, la gente de Omei nunca había estado en Grand Line.
La fiesta poco a poco fue concluyendo hasta que en la casa sólo quedaron los mugiwara, Arane y la servidumbre.
- Gracias por quedaros a pasar la noche aquí – les dijo Arane agradecida y sonriendo.
- Me encanta tu casa – le decía Chopper encandilado por todos los objetos de valor que había por todas partes. – Y la gente de este pueblo es muy amable.
- Sí. Siento que el recibimiento no fuera como de costumbre. No somos maleducados con los forasteros. Bueno – y sonrió – Zoro no es ningún forastero – y soltó una carcajada.
El espadachín la miraba con el ceño fruncido. A pesar de que no había pasado nada raro durante la fiesta y todo el mundo se había portado cortésmente, él seguía desconfiando, también podía ser que era desconfiado por naturaleza.
- Este es el dormitorio más grande y bonito de mi casa – habló Arane abriendo una puerta y mostrando una habitación de aspecto confortable. – Será vuestra por esta noche – y miró a Zoro y Nami.
Nami se sonrojó. Arane los dejó allí mientras seguía con los otros mugiwara repartiendo habitaciones. Aún escuchaban las risitas mal disimuladas de Franky y Robin. Incluso parecía que se escuchaba el rechinar de dientes de Sanji.
- Yo duermo en la cama – le dijo nami al espadachín nada más entrar en el dormitorio.
- y yo también – masculló Zoro – Ni de coña pienso dormir en el suelo. Además – y se acercó a ella para abrazarla – quiero estar contigo.
- Eh… esto… Zoro – tartamudeó la navegante, de repente muy nerviosa - ¿No es ir demasiado rápido?, quiero decir…
Zoro la calló con un beso. Nami sintió revolotear mariposas en su estómago cuando sintió los suaves labios de su nakama sobre los suyos. Comenzaron a besarse lentamente, como para volver a coger esa confianza que los había unido en la enfermería, enseguida Zoro profundizó el beso y Nami olvidó por completo lo que había estado a punto de decirle.
Cuando se separaron ambos respiraban agitadamente. Nami tenía las mejillas sonrosadas y a Zoro los ojos le brillaban por la excitación que sentía. Algo que Nami ya había notado al estar abrazándolo.
"Parece que está muy bien dotado" – se dijo mordiéndose levemente el labio inferior.
Ese pequeño gesto inconsciente de Nami hizo que Zoro se excitara aún más. La volvió a besar, pero esta vez ya era un beso cargado de pasión, un beso que le prometía las mil y una maravillas.
- Vamos a la cama, Nami – le dijo ya sin rodeos el espadachín. La erección ya le dolía. Sabía que cuando la penetrara iba a durar muy poco pero antes ella iba a volar hasta lo más alto del cielo. Sonrió al pensar en todo lo que le haría.
- Zoro… - comenzó ella titubeante.
- No me hagas esto, Nami. Además, tú también lo deseas, ¿verdad?
- Hace mucho que no estoy con un chico y mi última experiencia no fue muy agradable – le confesó.
- No te haré daño – le prometió – y sólo haré lo que tú quieras que haga.
La vacilación de la navegante duró un minuto escaso. Antes de que cambiara de idea, se desabrochó el tirante que sujetaba el vestido en la parte de atrás del cuello, con lo que el fino tejido azul cayó a sus pies.
Ante tal visión Zoro prácticamente dejó de respirar. Era la primera vez que veía a Nami en ropa interior a pesar del tiempo que llevaban viajando juntos, y se dijo que su imaginación era muy mala ante tal belleza. Tenía un cuerpo perfecto, unas curvas excitantes y los pechos generosos. El sujetador de encaje que llevaba a juego con el fino tanga hizo que se pusiera a cien. No lo pensó dos veces, de dos zancadas se colocó frente a ella y se quitó la camisa, dejándola caer tras él sin ningún cuidado.
- Eres hermosa – le susurró con una voz ronca.
Nami sonrió algo colorada mientras recorría con el dedo la enorme cicatriz que le cruzaba el pecho. A pesar de la cicatriz tenía una piel tibia y suave.
Zoro volvió a besarla y le desabrochó el sujetador, dejándolo caer al suelo. Le acarició suavemente el cuello y comenzó a besarla en el lóbulo de la oreja haciendo que Nami sintiera unas sensaciones hasta ahora desconocidas. Con pequeños besos le fue recorriendo el cuello. Nami había echado la cabeza hacia atrás y respiraba agitadamente.
Zoro se separó momentáneamente para ver mejor el cuerpo de aquella hermosa pelirroja y se quedó embelesado contemplando aquellos pechos. Cogió uno con su mano callosa y lo acarició lentamente, masajeándolo. Primero uno y después el otro, y se arrodilló frente a ella para besárselos. Metió uno de los pezones rosados en la boca y lo succionó haciendo que nami gimiera y le agarrara del pelo, acarició con la lengua una y otra vez hasta que se fue al otro pecho para repetir la operación. Mientras su boca estaba ocupada con los pechos, una de sus manos se dirigió a la fina prenda que tapaba la intimidad de Nami, y con delicadeza metió una mano por dentro, notando el vello rizado y la humedad que allí ya había. Aquello lo volvió loco. Nami gimió más fuerte. Zoro apartó con cuidado los pliegues húmedos y acarició suavemente el pequeño capullo que allí había. Nami se agarró fuertemente a los hombros de Zoro cuando notó que las piernas comenzaban a fallarle. Aquellas caricias la estaban volviendo loca.
Zoro volvió a su boca sin dejar de acariciarla.
- Aún no, mi preciosa pelirroja – le dijo separándose de ella cuando Nami estaba a punto de llegar al orgasmo.
Los ojos de Zoro brillaban de excitación, al igual que los de la navegante. Se tumbaron en la cama. En un abrir y cerrar de ojos la poca ropa que llevaban puesta había desaparecido.
Zoro contempló con detenimiento el cuerpo desnudo de su nakama y se dijo que era la primera vez que contemplaba algo tan perfecto. A su vez, Nami hacía otro tanto con Zoro. Era la primera vez que lo veía completamente desnudo y se dijo que tenía un cuerpo 10, tanto ejercicio le había hecho un cuerpo de escándalo. La piel era tostada, con poco vello y sin un gramo de grasa. En medio de la masa de rizos púbicos, que curiosamente eran del mismo color que el cabello, estaba su miembro tan tieso como una estátua. La punta brillaba húmeda.
- Tienes un cuerpo perfecto – le dijo Nami acariciándole los pectorales, pasando las palmas por sus tetillas hasta que los pezones se endurecieron.
Zoro no contestó, simplemente mantenía los ojos cerrados y disfrutaba de aquellas caricias que eran suaves como las alas de un pájaro.
Nami se envalentonó un poco más y comenzó a darle pequeños besos en el cuello, acariciándole también con las manos. Fue bajando poco a poco el sendero de besos hasta llegar al pecho, dónde jugueteó con la lengua con aquellos pequeños pezones, que ya estaban tiesos. Zoro dio un pequeño gemido. Nami siguió bajando el sendero de besos al ver lo que disfrutaba el espadachín con ellos y llegó al estómago, tan musculoso como el resto de su cuerpo. Jugueteó con la lengua en el ombligo y sus alrededores haciendo sentir a Zoro cosas que jamás había sentido cuando estaba con alguna otra mujer. La respiración era ya muy agitada. Nami observó, pensativa, el rígido miembro y acercó una mano a él. Tan pronto como uno de sus dedos acarició la punta húmeda, Zoro abrió los ojos.
- Nami – susurró con algo de esfuerzo. Sabía que si le andaba en el pene en aquel momento iba a durar menos que un suspiro.
- Shhh – le dijo ella sonriendo y dándole un leve beso en la boca – Ahora me toca a mí – y cerró su mano alrededor del miembro hinchado de Zoro.
El gemido de Zoro fue más fuerte cuando Nami comenzó a subir y a bajar la mano. Arqueó la espalda y endureció las nalgas. Se sentía como en el paraíso. De repente notó algo húmedo que le recorría su pene. Abrió nuevamente los ojos y cuando vio a Nami inclinada sobre él con su pene en la boca estuvo a punto de correrse en aquel mismo momento.
Cuando pensaba que ya no iba a aguantar más, Nami se lo sacó de la boca y se colocó a horcajadas sobre él, introduciéndolo lentamente en el interior de su cuerpo. Zoro notaba la boca seca, el corazón le latía a una velocidad de vértigo y la visión de Nami sentada sobre él subiendo y bajando con aquellos pechos moviéndose con ella, su cara echada hacia atrás, los ojos cerrados, la respiración tan agitada como la de él y los gemidos que salían de sus labios entreabiertos pudieron con su control. Dio un par de fuertes embestidas y de derramó en el interior de la pelirroja, la cual llegó al orgasmo un minuto después con un grito de triunfo.
Nami se dejó caer, sudorosa, sobre el pecho de Zoro. Las respiraciones de ambos aún eran aceleradas. Había sido el mejor polvo que le habían echado en la vida. Abrió los ojos y miró a Zoro, que mantenía los ojos cerrados y una media sonrisa de satisfacción. No se arrepentía en absoluto. Incluso parecía que ahora le gustaba más.
- Zoro – lo llamó.
- Mmmm
- Tenemos que repetirlo, ¿eh?
- Mañana, que hoy estoy echo polvo – y soltó una risita. Abrió un ojo, la miró. – Has estado increíble, Nami.
La navegante se sonrojó ante aquel piropo y le dio un pequeño beso antes de taparse con las sábanas. En un par de minutos ambos se quedaron completamente dormidos.
Zoro despertó un poco desorientado, en un principio no sabía en dónde se encontraba. Al recordar lo sucedido por la noche con Nami se sentó de golpe, pero la navegante no estaba allí. Tampoco su ropa. Alarmado se puso en pie.
- ¿Nami? – la llamó pero sin obtener respuesta. ¿Dónde se había metido? No era normal en ella marcharse así, y menos tras la increíble experiencia que habían compartido.
Buscó su ropa y una vez vestido salió por la puerta en busca de sus nakamas. Había que encontrar a Nami, algo le decía que los problemas ya habían empezado.
CONTINUARÁ…
Bueno, hay tenéis mi súper capítulo. ¿Qué os ha parecido el lemon?, es el primero que escribo… ¿se me ha ido un poco la olla al escribirlo?
Suigin Walker gracias por tu review, espero que te guste este capítulo. Es algo calentito… jajaja…
Silber D., ¿qué te ha parecido?, éste hecha humo, ¿verdad?
Ayame, me alegra oírte decir que te ha gustado mi historia… y estoy de acuerdo contigo la mejor pareja (para mí) es ZoNa… y en este capi se han puesto hot hot , ¿no?... jajaja
Adiós a todos y dejad más reviews.
