Nami ha desaparecido. El último en verla ha sido Zoro tras su tórrida noche… ¿qué habrá pasado?
Capítulo 12 – Desaparecida
Zoro caminaba por el inmenso pasillo llamando a gritos a Nami. No tenía idea de en qué lugar de la casa se encontraba. Seguramente ya se había perdido. Tampoco sabía en qué lugar de la casa de Arane se encontraban sus nakamas.
"Nami, ¿dónde estás?" – se dijo parándose en medio del pasillo y pasándose una mano por el pelo, nervioso.
Aún sentía el aroma de ella en su cuerpo. Quería creer que sólo había salido de la habitación para ir a la cocina a beber algo, pero algo dentro de él le decía que Nami no había salido voluntariamente de la habitación. Quizá si no hubiera estado tan cansado y más tras el acto sexual se hubiera enterado de cuando ella había abandonado el dormitorio.
- Zoro – oyó tras él una voz somnolienta.
Se giró rápidamente y vió que Usopp había salido de una habitación.
- Eh, Usopp, ¿has visto a Nami? – le dijo acercándose corriendo junto el tirador.
- ¿A Nami? – parecía confuso – pero, ¿no estaba contigo?
- Cuando me desperté ya no estaba.
- Quizá fue a dar una vuelta por la casa o a comer o beber algo.
- Sé que no es así – murmuró – tengo un presentimiento muy malo. Llámalo un sexto sentido. ¿Dónde están los demás?
- En el siguiente pasillo. Voy contigo. Espera un momento – y entró corriendo en su habitación, cuando salió llevaba consigo su petate con toda la artillería de la que disponía.
- ¡Luffyyyy! ¡chicooossss! – gritó Usopp al llegar al pasillo en dónde estaban los mugiwara.
Las puertas de las habitaciones se fueron abriendo y los mugiwara salieron aún muy somnolientos. La única que parecía completamente despejada era Robin.
- ¡Menudo escándalo estás montando, marimo! – le soltó Sanji mientras encendía un cigarrillo. – Llevo media hora oyéndote gritar.
- ¿Y no sabes responder, cejas rizadas? – le dijo malhumorado. No estaba de humor para las tonterías del cocinero.
- Calma, calma – intervino Franky apareciendo abrochándose una camisa. - ¿Qué pasa, hermano? – y miró a Zoro.
- Nami ha desaparecido.
- ¡¿Cómoooo?! – Sanji se giró sorprendido hacia el espadachín. - ¡¿no la estabas vigilando?!, ¡por una vez podías dejar de dormir como una marmota!
- Estábamos durmiendo. ¿Qué querías?, ¿qué le pusiera una cuerda? – estaba tan nervioso que no podía estarse quieto.
- Oi, Zoro, cálmate – dijo Luffy serio apoyándole una mano en el hombro. - ¿Estás seguro que no ha salido a dar un paseo?
- Totalmente.
- Venga, marimo, lo que pasa es que no soportas que te rechacen – le espetó Sanji malicioso.
- Aquí nadie ha sido rechazado – le dijo clavándole la mirada. – Nos hemos acostado juntos, ¿era eso lo qué querías escuchar?, ¿estás ya satisfecho?
- ¿Có… cómo? – murmuró sintiendo que le fallaban las rodillas - ¿mi dulce y bella Nami y tú…? – cayó de rodillas en el suelo a la vez que negaba con la cabeza una y otra vez.
- Por eso sé que no se ha ido por propia voluntad. Me hubiera dicho algo.
- La encontraremos, espadachín – tomó la palabra Robin – Debemos ir a hablar con Arane. Quizá sepa algo.
- Si sabe algo no lo va a decir, Nico Robin – intervino Franky.
- Preparémonos y vayamos a buscar a nuestra navegante – ordenó, finalmente, el capitán de los mugiwara.
Volvieron al salón en dónde se había celebrado la fiesta, pero éste estaba vacío. Todo estaba tan ordenado que parecía que no se había celebrado fiesta alguna.
- ¿Desean algo? – habló el mayordomo apareciendo como por arte de magia.
- Estamos buscando a nuestra nakama Nami. Es una chica pelirroja, ¿la ha visto? – le preguntó Usopp.
- Aquí no hay nadie con esa descripción.
- ¿Dónde está Arane? – quiso saber Zoro olvidando los buenos modos.
- La srta. Arane no recibe visitas a estas horas.
- ¡Pero, ¿qué narices dices?!. Hemos pasado la noche aquí tras la fiesta.
- tiene que estar confundido, señor. En esta casa no se ha celebrado ninguna fiesta. Les ruego que abandonen la casa, si no me veré obligado a llamar a las autoridades.
- ¿Qué está pasando aquí? – susurró Chopper.
- ¡Araneeee! – gritó Zoro apartando de un empujón al mayordomo - ¡sal de dónde narices te hayas escondido!, ¡¿qué has hecho con Nami?!
- señor – le dijo el mayordomo con un tono severo - le vuelvo a repetir que abandonen la casa de inmediato.
- Vámonos, Roronoa – le dijo Franky cogiéndolo por un brazo y arrastrándolo hacia la puerta de salida.
- ¡Namiiii! – gritó Luffy antes de que Chopper transformado en su forma humana lo arrastrara también hacia la puerta.
Los mugiwara quedaron en la calle frente la puerta cerrada de la casa de Arane. Estaban sorprendidos por lo que acababan de oir. ¿No había habido ninguna fiesta?, ¿qué estaba pasando allí?
Zoro aporreó la puerta violentamente a la vez que llamaba a la navegante a gritos.
- Debemos irnos, pueden llamar a la marina – habló Robin.
- ¡Namiiii!, ¡si me puedes oír que sepas que volveré a por ti!, ¡echaré esta casa abajo si hace falta! – gritó con todas sus fuerzas Zoro.
Los mugiwara tomaron la dirección en la que estaba anclado el Sunny con el pensamiento puesto en la navegante. Zoro iba callado, muy serio y con una ganas terribles de matar a alguien. Incluso Sanji, a pesar de la confesión de Zoro, estaba con el marimo y le ayudaría a matar al que le había puesto la mano encima a su querida pelirroja.
- Ideemos un plan y volvamos esta noche para rescatarla – dijo Luffy.
- No sabemos si aún la tienen en la casa – habló Sanji encendiendo otro cigarrillo. – Toda la gente que estaba esta noche en la fiesta que según el idiota ese no se celebró tiene que estar involucrada.
- Yo no voy a quedarme de brazos cruzados esperando a que la maten o le hagan vete a saber qué – soltó Zoro. – voy a ir hasta esa maldita casa y la echaré abajo si hace falta.
- Vayamos al Sunny y pensemos antes de actuar. Venga, marimo – y le pasó una mano por los hombros como para darle ánimo.
Dentro de la casa de Arane…
Nami se encontraba encerrada en una pequeña habitación sin ventanas e iluminada levemente por una pequeña lámpara de pie. Había despertado allí tras pasar esa maravillosa noche haciendo el amor con Zoro. No sabía cómo había llegado, pero todo le daba muy mala espina.
Creyó escuchar la voz de Zoro llamándola, y mucho después la de Luffy. Había llorado cuando se dio cuenta de que la habían secuestrado. Al final sí que todo era una trampa. ¿Por qué sus nakamas no venían a sacarla de allí?, ¿qué había pasado?
Aún estaba sumida en sus pensamientos cuando la puerta, que estaba cerrada con llave, Nami ya había intentado abrirla momentos antes, se abrió. Arane apareció en el umbral y ya no sonreía.
- Arane – le dijo Nami poniéndose en pie y acercándose a ella.
- No des un paso más – le advirtió seriamente.
- ¿Qué pasa?, ¿por qué me tienes aquí encerrada?
- No es nada personal, pero tengo que librarme de ti. Zoro está prometido conmigo desde niños. Me pertenece a mí. Tiene que cumplir la ley de Omei.
- ¿Vas a matarme?
- No. He hecho negocios con unas personas que necesitan esclavos y te comprarán a muy buen precio. Incluso puede que te usen como concubina – soltó una risa cruel.
- Estás loca – le escupió Nami – Zoro jamás se casará contigo.
- Eso ya lo veremos – y sin decir nada más, salió de la habitación volviendo a cerrarla con llave.
Nami se dejó caer en la pequeña cama y se pasó las manos por su cabello, desesperada.
"Chicos, sacadme pronto de aquí" – se dijo a punto de echarse a llorar.
Al final, Zoro había tenido razón… no debían haber parado en Omei.
CONTINUARÁ…
Este ya es mucho más cortito, espero que también os haya gustado.
Gracias a Ayame y Niebla por los reviews. Y Ayame éste es mi primer lemon, de verdad, lo que pasa es que me empezé a emocionar y… jajaja… ya viste el resultado… jajaja. Nos vemos.
