Bueno aquí os dejo otro capítulo, espero que os guste como los anteriores.

Contiene lemon.

Capítulo 16 – Libertad

La noche ya estaba avanzada. Nami se mantenía despierta, sentada en su jergón, pensando en todo lo que le iba a hacer a Arane cuando la tuviera delante. Era la única manera de no echarse a llorar… pensar en venganza.

A las pocas horas de haber llegado le habían presentado al que a partir de aquel momento iba a ser su amo, palabra que le ponía la carne de gallina. Era un hombre de mediana edad de aspecto descuidado, vestido con ropas elegantes pero llenas de manchas. Tenía unos cuantos kilos de más que hacían que junto al aspecto general que presentaba diera algo de repelús, vamos que lo primero que apetecía era salir corriendo.

- Así que tú eres mi nueva adquisición - le dijo el hombre rascándose delicadamente la perilla.

Nami permaneció en silencio ante el consejo que las otras esclavas le habían dado momentos antes, aunque lo que más quería era gritarle cuatro cosas a aquel degenerado.

El hombre sonrió lascívamente sin poder quitarle el ojo de encima a la mugiwara, recorriendo con la mirada las perfectas curvas de la navegante, haciendo incluso que ésta se sintiera incómoda.

- ¿Cuál es tu nombre, esclava? - le preguntó sin moverse de donde estaba sentado.

- Nami.

- Debes llamarme Amo - le reprendió seriamente. - Por esta vez lo dejaré pasar porque eres una recién llegada, pero a partir de ahora recibirás un castigo cada vez que no me llames como corresponde.

Y Nami había sido castigada.

Mirando a sus compañeras, que ya dormían tras la dura jornada, Nami se tocó levemente el labio. Dio un pequeño respingo de dolor, una costra oscura lo cruzaba. Aquella herida fue el primer castigo por no llamar al hombre "amo". Le había dado un golpe tan fuerte que le había partido el labio y tirado al suelo. El segundo castigo había sido por lo mismo, sólo que no había habido golpe sino que había quedado sin cenar.

Y tumbada, finalmente, en su pequeño jergón se cogió las rodillas e intentó que no se le escaparan las lágrimas. Le dolía todo el cuerpo del golpe sufrido por el desgraciado que la había comprado. Se dijo a sí misma que jamás le llamaría "amo", antes lo mataba.

Los mugiwara ya estaban en camino. A excepción de Brook y Franky, que habían quedado vigilando el Sunny, el resto de los sombrero de paja se dirigían a la fortaleza de aquel hombre. Zoro sólo podía pensar en la navegante y en cómo se encontraría. Luffy se iba calentando a medida que se acercaban, tenía ganas de darle una paliza a aquel hombre. Sanji tenía en mente un repertorio de todo lo que le haría de comer a su Nami-san. Chopper hacía un recuento de las medicinas y vendas que llevaba encima. Usopp simplemente temblaba ante la idea de luchar contra alguien, hubiera preferido quedarse en el Sunny con Franky y Brook. Y Robin sólo caminaba, seguía tan enigmática como el primer día.

Antes de ponerse en camino habían pasado por casa de la madre de Zoro para tener una idea de contra quién se enfrentarían. La mujer se sentía tremendamente culpable por lo que le había sucedido a la prometida de su hijo. Nadie de Omei debía enterarse jamás que ella había sido la que había dado el chivatazo porque podrían expulsarla de la isla, y ese sería el castigo más leve.

- Sí, muchachos - había dicho la mujer con un leve gesto de asentimiento - Ese hombre es conocido en Omei por sus...digamos que peculiares gustos. La compra de esclavos es una de sus muchas pasiones. Si Nami ha tenido la desgracia de caer en sus manos...- hizo un gesto negativo como dando a entender que le podía haber pasado de todo.

Sabían que había guardias armados, la mayor parte esclavos entrenados para el combate y que no dudarían en morir por su amo.

Detrás de una arboleda vieron el enorme caserío rodeado por una alambrada para evitar fugas.

Luffy estaba que no se aguantaba, porque aunque fuera de goma hacía crujir los nudillos una y otra vez, impaciente por empezar a pelear.

- ¿Cuál es el plan, capitán? - quiso saber Zoro.

- ¿Eh? ¿plan? - a Luffy no se le había pasado por la cabeza ningún plan, solamente entraría en esa casa y empezaría a repartir a diestro y siniestro.

- Tendrás algún plan, ¿no, Luffy?

- No.

Lo dijo con tanta inocencia que Sanji tuvo que agarrar al espadachín para que no se le echara encima.

- ¡¿Cómo que no hay ningún plan?!- gritó Zoro - ¡Estamos hablando de Nami, capitán idiota!

- Tranquilizaos - intentó poner calma Usopp - que así no llegaremos a ningún sitio.

Contemplaron la casa en silencio, haciendo recuento de los guardias que caminaban por allí. Tampoco sabían en qué parte de la propiedad se encontraba la pelirroja. Lo único que tenían claro era que tenían que actuar con rapidez.

- Gomu Gomu No - escucharon de pronto, y tan pronto se giraron vieron que Luffy ya volaba a través de la arboleda.

- ¡Capitán idiota! ¡piensa antes de actuar! - gritaron al unísono todos los mugiwara.

Marcharon corriendo tras su alocado capitán antes de que la montara. Quién corría peligro allí dentro era principalmente Nami.

Estaban a punto de salir al claro cuando escucharon un estrépito ya en el interior y pasos apurados.

Cuando llegaron a la puerta principal fueron recibidos por una veintena de hombres, todos grandes y con pinta de saber luchar.

Luffy ya estaba despachando a unos cuantos de golpe con su habilidad. Zoro tuvo que defenderse a espadazos de otros que vinieron a recibirle de manera no muy amistosa.

- ¡Namiiiii! - gritó Luffy sin dejar de correr y golpear a todo el que se ponía delante - ¡¿Dónde estáááássss?!

Nami, que se había medio adormilado tras aquel agotador día, despertó de golpe al escuchar ruido en el exterior... era el ruido inconfundible de una batalla. Se acercó a la ventanita e intentó ver algo, pero no tuvo suerte.

Le pareció escuchar gritar su nombre. Tenían que ser sus nakamas.

Sin pensárselo dos veces se puso a gritar como una loca llamando a sus amigos y haciendo que sus compañeras de habitación despertaran.

Los mugiwara enseguida llegaron a la puerta principal y no se pararon a esperar a que les abrieran la enorme y pesada puerta. Ésta salió volando ante una de las poderosas patadas de Sanji.

- ¡Namiiii! - llamó Zoro a la navegante tras entrar en la mansión.
Otra veintena de esclavos aparecieron por las diversas puertas que había en el recibidor.

- Pero, ¿cuántos esclavos tiene este hombre? - masculló el cocinero asombrado mientras se quitaba de encima a unos cuantos.

Nami había comenzado a golpear la puerta con fuerza y a llamar a gritos a sus nakamas.
Pronto se unieron a ella las otras mujeres, sabían que ellas no podrían escapar, eran de Omei, pero por lo menos ayudarían a escapar a una de ellas.

Cuando se abrió la puerta no se encontraron con los mugiwara sino con el Amo. Su rostro era una máscara de furia. Sin pensárselo dos veces golpeó a las otras mujeres hasta que cayeron al suelo y agarró a Nami de un brazo sacándola de la celda casi a rastras.

- Tú eres la causante de este alboroto - le dijo fríamente.

- ¡Suéltame! - intentó soltarse la pelirroja inútilmente.

- ¡Cállate! - y le soltó una fuerte bofetada que le hizo perder el equilibrio momentáneamente.

Este acto tuvo un testigo. Una bola de fuego fue a estrellarse a la cara del hombre.

Nami se giró sobresaltada y vio la figura delgada de Usopp en el umbral de una puerta con su inseparable tirachinas en la mano.

La navegante no se lo pensó dos veces y corrió junto su nakama.

- ¿Estás bien, Nami? - le preguntó el tirador.

- Sí, sí. Vámonos, rápido.

Corrieron de vuelta al recibidor, en dónde aún seguía la lucha. El Amo los perseguía una vez repuesto del golpe recibido por Usopp.

- ¡Nami! - gritó Luffy al verla entrar con su nakama.

Sanji y Zoro se giraron al oír a su capitán, pero las caras de ambos sufrieron un cambio radical, la sonrisa que estaba a punto de asomar se esfumó de inmediato.

"¿Qué le han hecho?" - se dijo Zoro observando la cara amoratada de Nami.

Le entró tal arrebato de furia que despachó a una veintena él solo.

Sanji también había visto la cara herida de su nakama, y toda la tensión que tenía acumulada salió a la luz, acabando con otro tanto de enemigos.

El Amo apareció en el recibidor y observó, consternado, a todos sus esclavos, que habían sido vencidos por aquella panda de mocosos.

- Devolvedme a mi esclava - habló el hombre intentando acercarse a Nami. - He pagado por ella.

Zoro se acercó a la pelirroja y se colocó delante de ella para protegerla en caso de que el hombre intentara algo.

- No se te ocurra dar un paso más - le advirtió el espadachín, sujetando fuertemente sus katanas.

- Esa mujer es de mi propiedad. - dio un paso.

Y de pronto Zoro se encontró mirando a un hombre inconsciente delante de sus botas. Miró a su alrededor y vio a Luffy sonriendo.

- ¡A correr! - gritó Usopp pasando por su lado como una exhalación.

Tras aquel breve momento de incredulidad todos los mugiwara salieron corriendo rumbo al Thousand Sunny.

Zoro llevaba a Nami a cuestas. La navegante iba recostada sobre la espalda del espadachín, por fin se podía relajar, ya estaba con sus nakamas, ya estaba con Zoro.

Brook y Franky los recibieron fuera del barco. La expresión de Franky era muy seria. Le había impactado ver la cara golpeada de Nami. Nadie digno de llamarse hombre haría algo así, no estaba bien pegarle a una mujer, aunque fuera una esclava.

Chopper se encontraba en la enfermería tratando las heridas de Nami, que estaba acompañada por Zoro, parecía que el espadachín no iba a separarse de la muchacha en toda la noche.

- Zoro, Nami necesita descansar - le advirtió el reno.

- Estoy bien, Chopper. Sólo son magulladuras.

- Pasará la noche conmigo, en mi camarote. Estará bien allí.

Nami se sonrojó levemente al oír el comentario del peliverde. Sabía que si iba con Zoro harían de todo menos descansar, aún tenía muy presente lo que había ocurrido entre ellos la noche anterior.
Chopper, que a pesar de ser un gran médico era muy inocente en esos temas, miró a Zoro y acto seguido a Nami, que aún seguía algo colorada.

- ¿Te encuentras mal, Nami? - le preguntó al verla tan sonrosada.

- ¿Eh? - la pregunta la pilló por sorpresa - No, no, estoy bien. - y volvió a sonrojarse.

Zoro no pudo evitar sonreír al ver los continuos sonrojos de la navegante. Sabía perfectamente en qué estaba pensando Nami.

- Nosotros nos vamos, ¿de acuerdo, Chopper? - le dijo la pelirroja queriendo salir de la enfermería cuánto antes. Aunque estaba echa polvo de los golpes y la tensión del día, quería volver a estar con Zoro. Era algo realmente adictivo.

- Acuerdate de descansar - le respondió el renito.

La pareja se despidió con un gesto de la mano y deaparecieron de la vista de Chopper.

Mientras Nami y Zoro se encontraban con Chopper en la enfermería, los demás mugiwara discutían qué hacer en caso de que aquel hombre con su ejército de esclavos apareciese.

En principio Franky y Sanji quedarían de guardia mientras el resto descansaban para a primera hora de la mañana seguir con la reparación del Sunny.

- Siento no haberte podido proteger - se disculpó Zoro cuando entraron en su camarote.

- No tienes la culpa - Nami se acercó a él y le dio un abrazo... ¡cuánto había echado de menos aquel fuerte cuerpo! - recuerdo que la noche fue agotadora - y soltó una risita.

Zoro sonrió, era una de esas raras ocasiones en que lo hacía, y estrechó aún más el abrazo.

Nami colocó sus labios magullados sobre los de Zoro, labios que encontró la mar de suaves y cálidos. La pelirroja se dio cuenta que el espadachín no la besaba como el día anterior quizá por temor a hacerle daño, así que fue la propia Nami la que profundizó el beso haciendo que Zoro soltara un pequeño gemido de satisfacción. Mientras se besaban la navegante aprovechó para acariciar a Zoro por todas partes, poniéndolo a cien. El espadachín la llevó hasta la cama y la tumbó con cuidado, colocándose él a su lado y acariciándola una y otra vez, mirándola embelesado. Aún se preguntaba qué podía haber visto en alguien como Nami.

Volvieron a besarse como si hubieran estado separados un año y no unas horas.

Las caricias pasaron a ser algo más íntimas.

Zoro había comenzado a acariciarle el pecho con suavidad por debajo de la prenda que llevaba, haciendo que Nami suspirara de auténtico placer. Era increíble que alguien tan tosco como él pudiera ser tan tierno en momentos como ese.

Las ropas pronto estorbaron y acabaron tiradas en el suelo, al lado de la cama.

Ahora era Nami quién llevaba el control de la situación. Sentada a horcajadas sobre Zoro se frotaba contra él a la vez que le dejaba un reguero de húmedos besos por el cuello y que se dirigían lentamente hacia el pecho lampiño. Aquello era el paraíso.

Entreabrió los ojos y la imagen de Nami cabalgando sobre él hizo que se le endureciera aún más. Aquella pelirroja era como una diosa para él. Notó como con un movimiento hábil se introducía su pene, ya grueso y palpitante, en el cuerpo y comenzaba a moverse suavemente sobre él. Zoro ya tenía la boca seca y la respiración acelerada, no podía quitar los ojos de encima del cuerpo de Nami... aquellos generosos pechos sonrosados con sus pezones algo más oscuros que se balanceaban al ritmo de la joven lo volvían loco. No lo dudó demasiado, alargó una mano y acarició aquella punta endurecida y erguida con uno de sus dedos haciendo que Nami abriera los ojos y clavara su mirada oscura en el espadachín. Con la otra mano la llevó hacia él para así poder saborear aquellos capullos rosados. La que estaba en el cielo en aquel momento era Nami.

Las embestidas se volvieron cada vez más poderosas y los jadeos de ambos eran audibles en casi todo el barco pero parecía que aquello no les importaba a ninguno de los dos.

- Me... me voy - masculló Zoro casi apretando los dientes.

Nami aumentó el ritmo y breves instantes después Zoro se corría en su interior con un sonido triunfal. Nami tuvo el mejor orgasmo de su vida poco después.

Notando el semen del espadachín correr entre sus muslos, la navegante se dejó caer a su lado y le medio abrazó mientras se recuperaban del revolcón. Y así, medio abrazados, cayeron en los brazos de morfeo.

Continuará...

Bueno, ¿qué os ha parecido? Por fin han recuperado a Nami, pero… ¿le dirá Zoro lo ocurrido entre Arane y él?

Niebla: deja a tus pobres vecinos en paz… jajaja… y, ¿qué te ha parecido el lemon?

Ayame: espero que te haya gustado el capi y el lemon también… qué viciosillas somos todaaaas XD

Saeifer: ¿qué dirá Nami?, próximamente lo sabremos… jujuju

Mish1: espero que estuvieras preparada para el lemon, que tampoco fue ni muy largo ni muy fuerte, ¿verdad?

Yué: gracias por pasarte y me alegra que te guste el fic. ¿Qué te ha parecido este capi?

Jhenifer: gracias por leerlo y espero que te haya gustado también este capítulo.

Namiroronoa: gracias por tu comentario y quién sabe, quizá haga sufrir un poquito a Arane… no me gusta matar a la gente… jajaja