Zoro tendrá la difícil tarea de confesarle a Nami lo sucedido con Arane. ¿Qué ocurrirá cuando la navegante lo sepa?
CAPITULO 17 – Confesiones
Lo primero que sintió Nami nada más despertar fue que se encontraba tumbada sobre algo blandito. Sonrió cuando le vinieron a la memoria los recuerdos de la noche. Había hecho el amor con Zoro hasta quedar agotada. Aún se sorprendía de lo bien que se lo pasaba con el espadachín, a pesar de su apariencia seria, era un hombre muy apasionado cuando hacían el amor, vamos, que como amante no lo cambiaba por nadie.
Sus nakamas la habían rescatado de las sucias manos de aquel hombre. Sintió escalofríos sólo en pensar en él. Recordó a sus compañeras de celda y sintió una tristeza inmensa. Aquellas mujeres estaban destinadas el resto de sus vidas a continuas palizas y violaciones. Los ojos se le llenaron de lágrimas, aún estaba demasiado conmocionada por lo ocurrido.
Le dolía todo el cuerpo por los golpes recibidos el día anterior. Tumbada boca arriba tapada por la sábana y la colcha mantenía clavada la mirada en el techo. Se dignó a mirar a su lado al notar unos suaves ronquidos, y no pudo evitar suspirar embelesada.
Zoro estaba dormido a su lado, desnudo como ella, boca abajo y destapado hasta la cintura, mostrando su espalda ancha bronceada y medio abrazado a la almohada. Su cabello verde estaba más despeinado de lo habitual y su rostro estaba relajado, algo poco común de ver en él.
Necesitando, de pronto, tomar el aire, Nami se levantó y una vez vestida, salió a cubierta. Aún no había amanecido pero por el aspecto del cielo no debía faltar mucho. Se dirigió a paso lento hasta una de las cubiertas superiores y miró el mar en calma. Apenas soplaba brisa. No quería mirar el pueblo, no quería recordar a Arane y de cómo la había vendido a aquel depravado, pero se vengaría, de eso estaba segura. Sin embargo aún se preguntaba cómo habían descubierto con tanta rapidez dónde se encontraba. Sabía que Arane tenía muy buenos contactos y conocidos que mantendrían la boca cerrada.
- ¿Nami? - oyó a sus espaldas.
La navegante se giró al reconocer la voz adormilada de su capitán. Sintió ganas de llorar al ver aquella sonrisa que tanto había echado de menos allá dentro.
- Hola, Luffy – lo saludó la pelirroja con una media sonrisa, aún tenía la cara demasiado magullada para sonreír con normalidad, y tras la noche pasada, con todos los besos que se habían dado Zoro y ella, no le había mejorado demasiado. Aunque en aquel momento no le habían importado ni los moratones ni el corte en el labio.
- ¿Qué haces levantada?, ¿tienes hambre?
Nami sonrió más al ver que su nakama seguía pensando solamente con el estómago.
- No, no tengo hambre. Pero seguro que tú sí, ¿verdad?
- Tengo que aprovechar que Sanji está aún dormido – y soltó una carcajada. – No le dirás nada, ¿verdad, Nami? – dijo temeroso.
La navegante sólo asintió con la cabeza. Sabía que Luffy esperaba que le diera unos cuantos golpes, pero se sentía demasiada dolorida para eso. Vio como el moreno desaparecía por las escaleras rumbo a la cocina y no pudo evitar sonreír nuevamente.
El sol ya había salido cuando Zoro despertó. Notó que se encontraba solo en la cama. Se desperezó, bostezando ruidosamente y colocándose la sábana a modo de falda se dirigió al armario en busca de ropa limpia. Sabía que tenía un tema pendiente con Nami y no sabía cómo sacarlo a colación. ¿Cómo podía decirle a la chica con la que en aquellos momentos estaba saliendo que le había sido infiel con Arane?, justamente con la mujer que la había vendido. Seguramente no querría volver a saber nada de él. Era un sacrificio que estaba dispuesto a hacer, pero había sido la única manera que se le había ocurrido de encontrar rápidamente a Nami. También sabía que se pondría como una loca tal y como era su carácter y que acabaría con algún que otro chichón. No quería perderla, pero si se lo decía, y tenía qué hacerlo, la iba a perder.
Algo desanimado se dirigió a la cocina en busca de su desayuno. Su cabeza era un hervidero de pensamientos. Todos sus nakamas estaban ya allí, acabando su desayuno. Luffy también estaba allí, aunque estaba seguro que ese no era su primer desayuno.
- Buenos días, Zoro – lo saludó Usopp. – Como no te des prisa, aquí, el capitán va a acabar con tu ración.
Zoro dejó sus inseparables katanas cerca de él y tomó sitio al lado de Nami, que le sonrió amablemente. El espadachín le sonrió levemente, tenía la cabeza echa un lío. Incluso se le había ido el hambre. Sus compañeros lo miraban como sabiendo lo que estaba pensando, a fin de cuentas, todos ellos lo sabían. Esperaba que a ninguno se le escapara antes de tiempo.
- Ezto etá bunísimo, Sandi – habló Luffy con la boca media llena con lo que apenas se le entendía.
Nami no pudo evitar darle un sopapo y echarle la bronca por hablar con la boca llena.
- Parece que te encuentras mejor, nee-chan – le dijo Franky mientras abría una botella de cola. Parecía que el cyborg sólo bebía cola.
- Mucho mejor. Los nervios también me pasaron factura – y sonrió mientras llevaba su taza de café a los labios magullados.
- Espero que Zoro no te haya molestado mucho – añadió Chopper inocentemente. El reno aún no se había enterado de lo que pasaba entre sus dos nakamas.
Aquel comentario del todo inocente hizo que Zoro se atragantara con la tostada que estaba comiendo en aquel momento. Nami simplemente se sonrojó. Algunas risillas bajas se escucharon entre los nakamas.
- Para nada, Chopper – mintió Nami, aún sonrojada. – Ha sido todo un caballero.
Franky reía a carcajadas, divertido por la situación. Con aquellos piratas se lo pasaba de miedo. Eran de lo que no había.
- Yo no lo encuentro divertido – protestó Chopper indignado – Ayer avisé a Nami que debía descansar y Zoro me prometió que lo haría.
Aquellas palabras volvieron a provocar risillas y que incluso el espadachín se sonrojara.
Tras aquel breve momento de incomodidad, los mugiwara volvieron a sus bromas de siempre, contentos de que su navegante volviera a estar con ellos. Usopp contaba sus exageradas aventuras inventadas dejando alelado al renito. Luffy se reía a carcajadas, feliz. Incluso Nami sonreía ante las payasadas de sus nakamas.
Zoro se había puesto en pie y miraba por una ventana, en silencio. Sanji lo observaba sentado en una de las sillas mientras se fumaba un cigarrillo. El cocinero sabía por lo que estaba pasando el peliverde, o por lo menos lo que pensaba.
- Ey, marimo - lo llamó Sanji poniéndose en pie y yendo hacia la puerta – Vamos a tomar un poquito el aire.
Los dos piratas salieron a la cubierta del Sunny y observaron la arboleda que llevaba a Omei. ¡Cuántos problemas les había traído volver al pueblo del espadachín!
- Tienes que decirle a Nami lo que pasó entre Arane y tú – le dijo Sanji sin rodeos.
- Ya lo sé. – Se acomodó en el suelo. – Voy a perderla, Sanji. Sé que a ti te encantará.
- No seas idiota, marimo. – Encendió otro cigarrillo – Yo estaré allí para consolarla, nada más. Si te soy sincero, Zoro, me fastidió mucho que te eligiera a ti – lo miró un momento - ¿Qué narices vio en ti, marimo?
- Eso me pregunto yo.
- Pero no estoy ciego, ¿sabes?, y mi Nami-san se ve que está loquita por ti, aunque no sé por qué. Además, hay otra razón para que se lo digas. El Sunny aún tardará unos días en acabar de repararse y sabiendo cómo son Robin y ella, irán al pueblo a comprar algo. Seguro que Arane se entera que Nami está allí e irá a buscarla para regodearse que se acostó contigo. ¿Quieres que se entere por esa bruja?
- ¡Joder! – se volvió a poner en pie y comenzó a pasearse por la cubierta, casi mareando a Sanji.
- Habla con ella cuanto antes – le aconsejó el cocinero antes de volver junto sus otros nakamas. - ¡Nami-saaaan!, ¡Robin-chwaaaan! – gritó justo cuando abría la puerta de la cocina.
- Maldita sea – murmuró Zoro pasándose las manos por el cabello. Estaba hecho un lío.
Tras unos minutos de incertidumbre, el espadachín decidió confesárselo todo a Nami. Se dirigió a la cocina. Aún no había visto que hubiera salido de allí.
- Nami – la llamó abriendo la puerta.
La navegante estaba sentada en una silla tomándose otra taza de café y parecía mantener una conversación con Brook, que bebía su té a pequeños sorbos, como hacía normalmente.
- Nami – volvió a llamarla el espadachín - ¿podemos hablar un momento?, en privado.
La muchacha miró a Zoro algo sorprendida. Estaba pálido y parecía nervioso. Miró a sus otros nakamas, que de repente se habían quedado mudos. ¿Qué estaba pasando? Dejó el café sin terminar sobre la mesa y se dirigió a la puerta abierta. Tenía un mal presentimiento.
Zoro estaba apoyado en la barandilla del Sunny, mirando hacia el mar y en silencio. Se acercó a él.
- ¿Ocurre algo, Zoro? – quiso saber sintiendo que el corazón se le aceleraba.
- Tienes que saber algo – murmuró girándose hacia ella. Su cara era una máscara fría. – Es mejor que lo sepas por mí y no por otros.
- Me estás asustando.
- Fue cuando Arane te vendió a aquel hombre – comenzó a explicarse. Nami se cruzó de brazos, expectante. – Fue ella quién nos dijo quién te había comprado.
- ¿La propia Arane? – estaba sorprendida. Frunció el ceño, aquello olía mal, fatal.
- Así es. Pero la información no fue gratis.
- ¡Ja!, ya decía yo de esa… esa… - apretó los puños, malhumorada – ya no sé ni cómo llamarla. ¿Cuánto quería?
- No quería dinero. No le hace falta.
- Si no quería dinero… - clavó sus ojos marrones en los de Zoro - ¿qué quería por la información?
- Acostarse conmigo.
-¡¿Qué?! – gritó palideciendo notablemente y dando un paso atrás, separándose de Zoro.
- Lo siento, Nami. Era la única manera de saber dónde estabas. No había tiempo y no se me ocurrió otra cosa que aceptar.
Los grandes ojos de la pelirroja se llenaron, casi inmediatamente, de lágrimas. Prefería no pensar en ellos dos juntos, pero las visiones le llenaban la mente. Tuvo ganas de ir a vomitar.
- Nami… - comenzó el espadachín acercándose a ella.
- No te acerques, Zoro. – le dijo fríamente y dando otro paso atrás. – No me toques. Ahora no. – y corrió hacia su camarote antes de que rompiese a llorar desconsolada.
CONTINUARÁ…
Espero que os haya gustado y lamento el retraso.
Jhenifer: gracias por pasarte. ¿Qué te ha parecido este capítulo?
Ayame: pues ya viste… habrá que esperar al siguiente para ver qué pasa..jeje
Namiroronoa: sí, la verdad es que me da pena Nami Y Arane sufrirá, sufrirá.
Mish1: gracias por el review y me agrada que me digas que te gustó el lemon..jiji
Suigin Walker: ya ves, este también tardé un poquito en subirlo. Espero que te haya gustado.
Espero que el siguiente pueda subirlo antes. Nos vemos.
