La reacción de Nami era de esperar… ¿o no?
CAPÍTULO 18 – Venganza
Nami corrió a su camarote. Sentía el corazón destrozado. ¿Por qué lo había hecho?, ¿cómo había sido capaz de hacerlo? Zoro sabía de sobra que Arane había sido la culpable de lo que le había pasado. Sólo en pensar en Zoro dentro de ella sentía ganas de vomitar. Por suerte no se había encontrado con ninguno de sus nakamas, no tenía ánimo para enfrentarse a nadie.
Zoro se había quedado paralizado mirando hacia donde Nami había marchado llorando, se había separado de él como si tuviera una enfermedad contagiosa. Sabía que no lo aceptaría bien, pero él se había esperado un ataque de ira lleno de gritos y golpes, no a una Nami llorosa que lo había esquivado como si tuviera la lepra y se había retirado llorando. Eso lo había descolocado.
- Eh, marimo – oyó la familiar voz del cocinero pervertido.
Zoro giró la cabeza hacia el lugar del que provenía la voz y vio a Sanji acercarse. Hizo un gesto de que lo había visto, pero no dijo nada.
- ¿Has hablado con Nami? – quiso saber Sanji al no ver a la pelirroja por ningún lado.
- Sí, no se lo ha tomado nada bien. No quiere que me acerque a ella. Creo que piensa que la he traicionado.
El rubio no dijo nada, solamente clavó la mirada en la zona dónde se encontraban los camarotes.
- No he oído ningún ruido – murmuró extrañado. – Ni gritos.
- Se ha marchado llorando.
- Iré a hablar con ella, marimo. Yo estaba allí cuando esa loca te hizo la proposición. Intentaré que entre en razón.
- Voy a entrenar. Ya sabes dónde encontrarme – y se alejó bastante desanimado hacia su lugar de entrenamiento.
Sanji quedó un rato apoyado en la barandilla, pensativo.
- Nami-san – oyó de pronto la navegante la voz del cocinero de abordo al otro lado de la puerta cerrada.
- Quiero estar sola, Sanji.
- Tengo que hablar contigo, y quiero que sea ahora. – Su tono de voz no admitía réplica alguna, no se parecía en nada a la que estaba acostumbrada a oír, tan melosa y dulce, ésta era autoritaria.
Nami, tumbada sobre la cama con la vista clavada en el techo, desvió la mirada hacia la puerta cerrada de su camarote. Ya había llorado por el espadachín y su traición, lo mejor era no confiar en los hombres, era algo que había aprendido de pequeña y parecía que lo había olvidado. Volvería a ser la de siempre… la navegante malhumorada y dada a la violencia. Y Arane… ya pensaría en algo para vengarse por haber destruido su felicidad, primero vendiéndola como esclava y después acostándose con Zoro.
Sanji esperaba encontrarse con una Nami deshecha en lágrimas pero cuando se abrió la puerta se encontró a una Nami seria, sin una sola lágrima en su bello rostro, y con el entrecejo fruncido.
- ¿Qué quieres, Sanji? – le dijo en un tono nada amable.
- Tengo que hablar contigo de lo ocurrido en la casa de Arane.
- No necesito explicaciones – se dirigió a su escritorio dejando la puerta abierta, comenzó a juguetear con un lápiz. – Sé lo que pasó. Zoro me lo dijo. Se acostó con esa mujer para liberarme.
- No tenía otra opción.
- ¡Siempre hay más opciones! – estalló clavándole la mirada. - ¿Sabes lo que se siente cuando escuchas que la mujer que te vendió a aquel indeseable se ha acostado con tu pareja?
- Nami-san…
- No, Sanji. Se acabó. Agradezco que me liberarais, pero yo no puedo estar con nadie que me haya sido infiel, y menos con Arane.
- Piénsatelo. Zoro sólo lo hizo para poder liberarte.
- Cierra la puerta al salir – y se sentó delante de un mapa inacabado dando fin a la conversación.
Sanji se quedó un momento observándola, negó con la cabeza y volvió a cubierta.
"Dale tiempo" – se dijo mientras se encaminaba a la cocina – "sólo necesita tiempo".
- ¡Saaaaanjiiiiii! – escuchó el inconfundible grito de Luffy.
"Es un saco sin fondo" – se dijo abriendo la puerta de la cocina.
- Sanji, ¿dónde estabas?, tengo hambre – protestó el capitán.
- Acabas de desayunar. Y haz el favor de dejar de gritar si no quieres que te deje sin comer hasta la hora de la cena.
- Yo soy el capitán – se quejó Luffy.
- Y yo el que te da de comer – Sanji no estaba para las tonterías de su capitán.
Se dirigió a la cocina a preparar un pequeño tentempié para sus dos chicas y para el hambriento de Luffy. Aunque en aquellos momentos lo que le apetecía era consolar a su bella pelirroja porque sabía que se sentía mal a pesar de aquella apariencia dura.
Zoro se encontraba en su zona de entrenamiento vestido únicamente con los pantalones y levantaba una gigantesca pesa una y otra vez. Las gotas de sudor perlaban su frente y los músculos de los brazos, el pecho, la espalda resaltaban por el esfuerzo de subir y bajar semejante monstruosidad. En la cabeza resonaban las palabras de Nami una y otra vez, su rostro de rechazo aparecía en su mente si cerraba los ojos. En aquel momento odiaba a Arane como jamás había odiado a nadie. Acababa de destruir una felicidad que acababa de encontrar.
Estuvo horas y horas entrenando, lo único que quería era agotarse hasta caer reventado en la cama y no pensar, porque cuanto más pensaba más furioso se ponía. Le dolía el rechazo de Nami. Aún tenía en mente la cara de satisfacción de Arane cuando habían acabado el acto sexual.
- Espadachín – escuchó la voz suave de Robin a la vez que se oía un suave golpeteo en la puerta cerrada. – Te traigo algo de beber.
- Pasa – fue su seca respuesta. No quería ver a nadie, pero lo cierto era que no le vendría nada mal una cerveza o sake… o cualquier cosa, ya le daba lo mismo.
La arqueóloga abrió la puerta y apareció cargada con una bandeja en la que había una botella y un par de copas. Se dirigió a él con su suave andar, habitual en ella.
- ¿Por qué no te sientas aquí conmigo, espadachín? – le dijo sin perder la sonrisa mientras colocaba la bandeja sobre una mesita y se sentaba en una silla. – Te hará bien descansar un rato, ¿no crees?
Zoro la miró con el ceño fruncido y dejando la pesa en el suelo se dirigió a la otra silla vacía. No le apetecía conversar con nadie pero beber ya era otro tema.
- ¿Qué quieres, Robin? – le dijo el peliverde mientras cogía la botella, llenaba la copa de su nakama y después bebía directamente de la botella.
- Nada – y sonrió.
- Mmmmm – le dio otro gran trago al vino que había traído Robin.
- Sé que lo estás pasando mal pero tengo que decirte que navegante también.
- Fue ella la que no quiere saber nada de mí – le dijo el espadachín dejando la botella, ya media vacía, sobre la mesa. –Lo entiendo, ¿sabes?, pero tiene que saber que no había otra opción. No teníamos tiempo. Arane no iba a decir nada y si tardábamos más en llegar a casa de aquel hombre vete tú a saber lo que le hubiera hecho a Nami. No podía permitirlo.
- Yo lo sé – le dio un pequeño trago a su copa. – ella lo entenderá. Dale tiempo, espadachín. – se puso en pie.
Zoro se quedó mirando un buen rato la puerta cerrada por la que había marchado Robin, en aquel momento se encontraba más furioso que nunca. El pensar en lo ocurrido no lo serenaba. Sólo pensaba en venganza. Lo que él no sabía era que en aquel momento los pensamientos de Nami iban por la misma dirección.
Nami y Zoro se encontraron en cubierta. Zoro la miró intensamente, la había echado de menos durante todo el día, ella lo había evitado. Sin embargo, Nami apenas lo miró, aún estaba demasiado resentida y como habían dicho Sanji y Robin, necesitaba tiempo.
- Me voy a vengar – le dijo Nami tras un minuto de duda. Él era su nakama, ¿por qué no contarle sus planes? – No me importa que no quieras, Zoro. Lo que me hizo no tiene perdón – entrecerró los ojos a la vez que imaginaba el cuerpo de Arane ensangrentado en medio de la calle, pero no quería matarla… quería arruinarla.
- No me importa Arane, Nami – masculló Zoro endureciendo la mandíbula. - ¿Has pensado en algo?
- Oh sí – y sonrió fríamente. – Pero vayamos junto los demás y expondré mi plan.
CONTINUARÁ…
Espero que os haya gustado este capítulo. Espero subir pronto el siguiente.
Gracias por los reviews.
Suigin Walker: mujer, no te aburras y si te aburres mucho… ¿por qué no vas a trabajar por mí? Jajaja Ah! Y soy una chica… con A XD
Mish1: yo la reacción de Nami sí me la esperaría, vamoooos… yo no perdono una infidelidad.
Jhenifer: mmm… una cosa, ¿por qué Nami parece tonta?
Comeka: gracias por leer y comentar. Sí, ya me dijeron que mi fic engancha jajaja… eso es buena señal, ¿no?
Nemo Robin: aún eres más mala que yo XD. Y no te hagas ilusiones que Arane no morirá… ¿o sí? Te dejo con la duda jajaja
Amelia Badguy: Gracias por pasarte y dejarme ese pedazo de review, aún me he reído leyéndolo XD. Ah! Y cuidado con Anastasia… que parece algo peligrosa :D
