A pesar de la mala jugada que le hicieron los mugiwara, Arane sigue con su plan… ¿en qué consistirá esta vez?
Capítulo 20. Ira.
Arane se encontraba en su mansión de Omei, sola, tomándose una taza de té mientras leía un libro tranquilamente. Le había fastidiado mucho que Zoro y sus amigos hubieran rescatado a aquella pelirroja después de lo que le había costado que aquel hombre aceptara comprarla. Pero bueno, su plan ya se había puesto en marcha y tenía la certeza que, en breve, Zoro estaría con ella delante del altar en la iglesia del pueblo.
- Srta. Arane, tiene una visita – anunció el mayordomo desde la entrada al enorme salón en el que ella se encontraba.
- ¡Perfecto! – dejó la taza de té sobre la mesa y el libro a su lado, y se puso en pie. – Puntual como siempre. Hazla pasar, por favor.
- Enseguida, señorita.
Lo que más le gustaba a Arane de su mayordomo era la discreción. Jamás había soltado palabra de todos los trapos sucios que corrían por la casa, y él sabía lo suficiente para arruinar a su familia. La gran fortuna familiar se debía, la mayor parte, al dinero cobrado por su abuelo y su padre en chantajes y trabajos sucios. Pero el dinero estaba allí y eso era lo que Arane quería. Le encanta su nivel de vida.
- Buenas tardes, Arane – saludó la visita.
- ¡Lucille! – Arane se giró con una sonrisa a la vez que se acercaba a la mujer que había entrado en el salón. - ¡Cómo me alegro que hayas venido! Pensé que quizá no querrías pasarte por casa por los problemas que he tenido con tu hijo.
Lucille, la menuda madre de Zoro, observó en silencio a la atractiva joven y sonrió.
- Para nada, mi querida, Arane – le cogió ambas manos y se las apretó brevemente.- Sabes que siempre serás la niña de mis ojos. Siento mucho que mi hijo haya cancelado tu boda, pero parece que quiere bastante a su prometida, así que habrá que darle el visto bueno.
- Sí. Nami es bastante agradable – la sonrisa le salió muy forzada. – De todas maneras, yo sigo con la esperanza de que Zoro recapacite y que, finalmente, se case conmigo. ¿Qué mejor esposa que yo? Viviría felizmente en Omei. Yo cuidaría de nuestros hijos. Y, lo más importante, dejaría su vida delictiva de pirata. – clavó sus ojos claros en la mujer. - ¿No deseas lo mejor para tu hijo?
- ¡Por supuesto que sí! Cualquier madre quiere lo mejor para su hijo, siempre.
"Pero no eres tú lo mejor que le puede pasar" – se dijo mientras observaba a Arane.
- ¡Menuda anfitriona soy! – soltó de pronto la muchacha soltando una carcajada - ¿Quieres un té o cualquier otra cosa?
- No. Muchas gracia de todas formas, Arane. Me he preguntado toda la mañana el por qué querías que viniera hoy hasta aquí.
- Directa al tema, como siempre – puntualizó. Señaló el sofá. – Siéntate, por favor, Lucille. Quería hablar contigo, nada más. Hacía tiempo que no nos veíamos.
"¿Qué te traes entre manos, Arane?" – se dijo la mujer dando los pasos que la separaban del sofá aterciopelado.
- ¿Seguro que no quieres un té? – volvió a insistir a la vez que se servía un poco más en su taza. Lucille negó con la cabeza pero no dijo nada. El silencio entre las dos mujeres duró apenas un minuto. – Me he enterado que ayer a la noche has estado en la cala dónde está anclado el barco de esos piratas.
- Así es. Fui a visitar a mi hijo. No tuve una buena bienvenida hacia él y quise disculparme. – un sudor frío le recorrió toda la espalda.
- No son horas para hacer visitas – susurró friamente mientras se llevaba la taza de té a los labios. – Podías haber esperado hasta esta mañana.
- Era tan buena hora como lo es ahora. ¿Por qué me espiaste, Arane?
- Porque eres la madre de Zoro – sonrió. – Y tengo que cuidar mis intereses. Fuiste tú quienes los avisó, ¿verdad?
- ¿Avisar? No sé de qué estás hablando – Lucille tragó saliva nerviosamente a la vez que notaba, de nuevo, aquel sudor frío.
- No te hagas la tonta, Lucille. – Arane clavó en ella sus ojos azules y dejó la taza ruidosamente sobre la mesita. – Dejémonos de tanta tontería. Tú avisaste a Zoro y a sus amigos del paradero de Nami. Les dijiste que yo era la responsable de su desaparición, ¿me equivoco?
Lucille permaneció en silencio un momento. Sin decir nada se puso en pie dispuesta a marcharse de aquella casa.
- No te irás a ningún lado. He dado orden al mayordomo de que no te deje salir – sonrió. – Has traicionado los intereses de Omei y, por lo tanto, mis intereses. Sabes lo que pasa si nos traicionas, ¿cierto?
- Arane, déjame marchar. Estás loca. Zoro hace bien en no casarse contigo.
- ¡Fuiste tú, sucia ramera! ¡Arruinaste mi plan! Bueno, sólo parte. Me casaré con Zoro, pero tú, Lucille, no vivirás para verlo. – Se giró hacia una puerta que daba a un jardín trasero. - ¡Lleváosla! – gritó hacia aquella puerta.
Aparecieron dos hombres enormes por aquella puerta. Lucille los conocía. Eran dos de los matones que trabajaban para el padre de Arane.
- ¡Arane! – gritó Lucille mientras retrocedía - ¡¿Qué estás haciendo?!
- Llevaosla – les dijo a los dos hombres. – Ya sabeis lo que teneis que hacer. Sacarla por la puerta trasera.
- ¡Soltadme! ¡Arane! – fueron los últimos gritos que escuchó la muchacha antes de que sus empleados se llevaran a la mujer por la fuerza.
Una vez sola nuevamente, Arane tomó asiento en el sofá y continuó con la lectura del libro como si no hubiera tenido visita hacía escasos segundos.
Nami, encerrada en su camarote, intentaba en vano continuar con un mapa que tenía a medio dibujar. Quería distraer la mente con otras cosas, pero era incapaz. Sabía que hasta que le diera aquel escarmiento a aquella malcriada no estaría en paz. También era cierto que la negativa de sus compañeros de ir a vengarse ya, la había desilusionado. Nadie la había apoyado.
- ¡No es justo! – gritó dando un puñetazo en la mesa y haciendo que todo el material que tenía sobre ella saliera disparado para todas partes. - ¡A vosotros no os han vendido como ganado!
Aunque todos había escuchado el grito nadie fue junto ella. Imaginaban por lo que estaba pasando y habían decidido dejarla sola para que se calmara. Nadie quería enfrentarse a la ira de Nami en aquellos momentos.
- No puedo quedarme de brazos cruzados durante días – casi gritó la navegante saliendo a cubierta, en dónde se encontraban la mayor parte de los mugiwara.
- Hay que terminar el Sunny, Nami – murmuró Usopp manteniendo las distancias por si acaso.
- Sé paciente, nee-chan – Franky apareció para darle aquel pequeño consejo.
Zoro estaba entrenando nuevamente. Su meta de entrenar hasta agotarse era la que lo mantenía más o menos cuerdo. Porque el objetivo que tenía era el mismo que Nami, y quería hacerlo ya. Sin embargo, sabía que lo que habían comentado los demás era cierto y era mucho mejor tener el barco arreglado antes de tomar represalias.
Sanji hacía la guardia aquella noche. Era una noche despejada y cálida, y mientras sus nakamas descansaban en sus camarotes, él fumaba apoyado en una de las barandillas del barco.
- ¿Mmm? – tiró el cigarrillo a la par que agudizaba la vista al creer notar movimiento cerca del camino.
La luna daba buena iluminación a todo el lugar y aunque en aquel momento no se veía nada, Sanji estaba completamente seguro que había alguien rondando por allí. Antes de dar la alarma a sus compañeros prefería ir a investigar por sí mismo. Quizá sólo habían sido imaginaciones suyas. Había demasiada tensión en el ambiente estos días y demasiado recelo como para ver o pensar con claridad.
Bajó de un salto del barco y corrió hacia donde había creído ver a alguien.
- ¡Joder! – soltó parando en seco y clavando la mirada en el bulto que había a sus pies.
Era una persona. Estaba completamente inmóvil y a pesar de la poca iluminación que había supo que era una mujer. Tuvo un extraño presentimiento y para nada era bueno.
Al acuclillarse para ver bien de quién se trataba, pensó que el corazón se le paraba de golpe, porque allí, en medio del camino polvoriento se encontraba el cuerpo apaleado y sangriento de la madre de Zoro. Antes de tocarla ya supo que estaba muerta. Sin pensárselo dos veces corrió al Sunny para dar la voz de alarma.
Continuará…
Espero que os haya gustado este capítulo y siento el retraso, ya sé que fueron muchos meses.
Espero reviews, buenos y malos, como siempre ^^.
