Mi de nuevo con la conti de este fic, muchas gracias por sus reviews y correos, también a los lectores anónimos, ¡Disfruten el capítulo!

*Aclaraciones del capítulo: como ya lo he especificado antes, cuando me refiero a Jiroh como el "menor" no lo hago haciendo referencia a su edad, si no a su físico.

*Prince of tennis no me pertenece*


Atobe don´t cry

Capítulo II

Existían ocasiones en que le costaba admitir los pequeños errores que en su corta vida había cometido, aquel anochecer era el momento idóneo para analizar ese insignificante tropiezo que aquella tarde había llevado a cabo. Habló de más, se manifestó cruel e hiriente sin tener la intención de hacerlo, sus palabras perforaron el corazón de la única persona que realmente era autentica a su lado, aquel ser que no temía ser natural y honesto sin sentirse cohibido con la presencia de Ore-sama.

Francamente tenía en muy alta estima a un joven que bien podría pasar por fantasma en las calles, quizás ese había sido el principal error de Atobe Keigo, considerar como su igual a Jiroh, a un "niño" en demasía irresponsable y falto de ideales. Un error más, buscarle defectos a alguien que no los tenía o al menos que no los exteriorizaba, la única falla en la desganada personalidad de Jiroh no era su dormir excesivo, más bien eran todos esos sueños lejanos con los que fantaseaba la juvenil mente del castaño.

"Al parecer soy una mala persona" se dijo así mismo el muchacho de alta cuna al tener ese sentimiento de culpa poco convencional en su interior. ¿Qué demonios había pasado con él en esos dieciocho meses de relación? Había pasado de todo, vivió de todo y sentido de todo, sensaciones hasta entonces desconocidas. Experimentó por primera vez admiración por alguien que no era su reflejo, alegría de ver la radiante sonrisa matutina de su acompañante nocturno, erotismo de apreciar una figura bronceada envuelta entre las sabanas, cariño por la ternura de una mirada inocente, a la vez que conoció la primera debilidad en su persona, sentirse vulnerable con un simple suspiro de vida por parte de Jiroh.

Era demasiado para él, descubrió sentimientos más complejos que una victoria o una derrota, como quiera se podía liar con ellos, pero aquello que le lastimaba el pecho, era algo que no tenía ni idea de cómo manejar. Decidido a no dejarse manipular por esa maraña de pensamientos y emociones, salió a paso firme de su santuario personal, encaminando su andar a la puerta vecina en dónde se sentaría en el escritorio de fina madera y seleccionaría un buen libro para distraer su atormentada mente. Al llegar al espacioso estudio ya tenía en mente el libro que lo arrastraría de un mundo real a uno ficticio, "Dorian Gray" sería quien lo mantendría con toda la atención fija en un solo punto, en la de un sujeto que busca los placeres y juventud eterna.

"Patético pero con deseos altamente demandantes" sentía odiar a ese personaje protagónico de aquella novela, pero muchas veces no podía evitar sentirse familiarizado con ese afán de vanidad absoluta, peor aún, más que su vanidad sentía que su egoísmo es lo que más le unía con el personaje. Tomó asiento en la cómoda silla, de inmediato busco entre los cajones la lectura que en esos momentos deseaba poder revisar, abrió cada cajón del escritorio con brusca desesperación, entonces encontró algo que en definitiva no estaba buscando y mucho menos deseaba ver.

Como avalancha, los recuerdos llegaron de golpe al divisar un portarretratos, mismo que al centro tenía una foto del juguetón castaño siendo besado por el emblemático Atobe, una foto con dos rostros unidos en un beso, fugaz y delicado. Inevitable fue la mueca de alegría que se formo en los labios del joven de cabellos gris, por más que se gritara a si mismo el daño que se estaba haciendo el contemplar con tal detenimiento la fotografía, no podía quitar los ojos de ella.

Meses atrás…

Las actividades escolares y deportivas habían llegado a su final, por fin había llegado el anhelado viernes que todos esperaban con entusiasmo. Jiroh permanecía sentado a lado del joven de mirada violeta en la parte trasera de su auto, iba más que cansado así que sin perder tiempo acomodó su cabeza en los tonificados muslos de su capitán, quien al instante arqueó una ceja en clara muestra de confusión.

-¿Qué se supone que haces, Jiroh?-

-Es obvio Atobe, intentó dormir- Keigo se reprendió mentalmente por aquella pregunta tan innecesaria que había elaborado.

-Entiendo, pero Ore-sama es tu novio, no tu almohada-

-Podrías dejar de hablar, intento dormir Atobe- frunció su frente fingiendo molestia a sabiendas que su novio daría el grito en el cielo por aquella forma tan indecente en que le pidió cerrara la boca. La reacción del líder del Hyotei no tardó en aparecer y de manera casi instantánea tomo la endeble figura del castaño y lo levantó de un solo jalón, provocando que Akutagawa abriera los ojos más de la cuenta.

-¡Oyeee!- se quejó el de ojos marrones al sentir aquel jalón tan bestial.

-Jiroh eres un grosero-

-Sólo bromeaba, pero en verdad que tengo sueño- bostezó escandalosamente y una pequeña lágrima rodó por su mejilla, entonces se pego al otro extremo del auto para recargar su cabeza en la ventana. Ok tal vez había exagerado en darle tremenda zarandeada al pobre muchacho, entonces lo atrajo a su cuerpo y lo acomodó de nuevo sobre sus muslos recibiendo a cambio la radiante sonrisa del castaño. Atobe miraba por la ventana un punto muerto del exterior, sin embargo los movimientos constantes del delgado cuerpo lo sacaron de su estado de relajación. Bajó su vista para contemplar el perfil infante del joven que ya dormitaba, tenía curiosas y bonitas facciones, rasgos afilados pero encantadoramente infantiles.

Estaba realmente entretenido mirando cada sección del apiñonado rostro, pero un suspiro inesperado proveniente de Jiroh rompió el encanto, entonces posó su mirada en la cintura del menor, que subía y bajaba a un ritmo plenamente acompasado, le llamó poderosamente la atención el pequeño tramo de piel bronceada que estaba expuesta, tanto movimiento del castaño originó que su playera subiera algunos centímetros, dejando a la vista parte de su cobriza tez. Se vislumbraba suave y brillante, tentando al espectador a comprobarlo, el mandamás del equipo tuvo la inquietud de pasar su dedo índice por esa curvatura y deslizarlo suavemente, así lo hizo.

Se sentía bien el contacto, ahora podía constatar que esa piel era perfecta para ser degustada, el roce de su dedo con la bronceada cintura era glorioso, pero ya no era suficiente, ahora eran sus labios quienes exigían comprobar la frescura de la tez de Akutagawa, pasó discretamente su lengua por su labio inferior para después morderlo en clara muestra de duda y tentación. No le preocupaba la presencia de su chofer, pues el bendito cristal ahumado le cortaba toda visibilidad a la parte trasera del automóvil. Sonrió victorioso ante su próxima travesura. Estaba por inclinarse cuando todo intento se vio fracasado.

-¡Ey Atobe! ¿Cuándo nos tomaremos nuestra primera foto?- el pobre capitán brincó de su lugar ante el susto que le había metido su acompañante.

-¿Qué no estabas dormido?- el mayor estaba sorprendido de como el muchacho tenía esa capacidad de abandonar su letargo y encaminarse a un estado hiperactivo descontrolado.

-No, disfrutaba de la caricia Keigo- ¡dioses! Si de por si su nombre ya era glorioso, en los labios y voz de Jiroh sonaba el doble de bien, o quizás era el hecho de juntar su nombre con acciones tan comprometedoras, sea cual sea la causa, le fascinaba escuchar a Jiroh decir su nombre, aunque la idea de escucharlo gritar su nombre era veinte veces mejor que eso… demasiada perversión, tomando en cuenta que aún era muy pronto para pensar en eso.

-Ya veo-

-Pero no me has respondido, ¿cuándo nos tomaremos nuestra primer foto?- los ojos marrones de Jiroh destilaban como si fuera un niño con su helado favorito, Atobe le miraba entre preocupado y dudoso.

-No me gustan las fotos, al menos no acompañado- el castaño arqueo enormemente su ceja izquierda a la par que le dirigía una mirada cargada de reproche.

-Tienes razón, no soportarías ver que salgo más lindo que tu- subió los pies al asiento y se hiso bolita.

-No me pongas a prueba Jiroh-

-Ok entonces tomémonos esa foto- en cuestión de segundos el dormilón de Hyotei ya se encontraba hurgando en la mochila deportiva de Keigo quien no paraba de repetirse mentalmente cuan considerado era con su novio ¡a menos que sea por eso! Atobe tenía un novio a quien consentir, complacer y proteger ¿en que momento cometió tan deplorable acción? Realmente ya no importaba, el hecho es que se sentía a gusto con lo que tenía, más bien a gusto de tener como novio a ese niñato despreocupado, mismo que ya se había encargado de llevar al suelo toda su ordenada ropa.

-¿Jiroh?-

-¿Qué pasa Atobe?-

-¿Qué buscas?-

-Tu celular- decía el joven mientras continuaba con su labor de revolver todo el interior de la mochila de su capitán, quien sólo se limitaba a controlar un ataque de gritos que pudiera lastimar a su joven pareja. Metió su mano a la bolsa de su chamarra y sacó el aparato que Akutagawa estaba buscando.

-Aquí esta- el castaño le miró y parpadeo un poco para después tomarlo entre sus manos y aventar al piso la ya innecesaria mochila de Keigo, para después mover las funciones necesarias para poder tomar la foto que tanto necesitaba. Quiso tomar la primera foto y no salió, segunda, tercera, cuarta, quinta….

-¡Atobe! ¿Podrías fingir que estas feliz?- esos berrinches ya no iban con su edad pero así era el dormilón del Hyotei, miraba con molestia a su novio quien tenía semblante de querer ahorcarlo ahí mismo.

-Estoy feliz, pero borras todas las fotos en que crees que sales mal-

-Quiero una foto especial y tu no cooperas- Keigo suspiró, tal vez aquel día estaba más arisco de lo normal, todo por culpa de esos profesores analfabetas que pretendían saber más que él, como fuera eso no era culpa de su adorado tormento.

-Anda toma unas más- el otro sonrió complacido, entonces la molesta luz del celular se estrelló decenas de veces contra el perfecto rostro del capitán.

-¡Sugoi! ¿A que salimos bien?- dijo en un gritillo mostrándole el celular a su propietario.

-¿A que me veo ridículo?- soltó con sarcasmo el sofisticado joven al notar la posición tan boba en la que ambos salían. Jiroh le ignoro completamente, el era feliz con su foto y esa alegría ni el mismísimo Ore-sama se la quitaría, además ya conocía de sobra a su líder, no esperaba muestras afectuosas o roces empalagosos… al menos no en público, tenía lo suficiente a su lado, podía besar y degustar los labios carmín del mayor, nadie más tenía ese privilegio, nadie más tenía la oportunidad de ser protegido por los brazos del famoso Atobe en las noches de tormenta, el se sabía sumamente especial para Keigo y eso bastaba.

-Lo que digas- le manoteó Akutagawa en un ademán que le restaba importancia al asunto.

-Estas molesto ¿eh?- rió descaradamente el engreído heredero.

-Tal vez, aunque a veces es mejor ignorarte y mejor dormirme-

-Ore-sama no puede ser ignorado- dijo con cierto tono amenazante.

-Por desgracia no- reconoció el castaño bajando un poco su vista al celular que estaba entre sus manos, viendo con detenimiento la dichosa foto. Vaya, Jiroh tenía esa fabulosa capacidad de hacerlo tambalear de un momento a otro, demasiado peligroso, tomando en cuenta que a duras penas llevaban cinco meses de relación, sumamente peligroso que ese chiquillo tuviera tanto poder sobre él, aunque claro, Jiroh jamás se enteraría de eso o al menos nunca se lo demostraría.

-Tan malo es pensar en Ore-sama- preguntó con tono curioso y leves rasgos de pesimismo.

-Claro que no, lo malo es llegar a idolatrarte y no…- miró con tenacidad los ojos violetas de su capitán, develando una extraño estado de seriedad por parte del castaño -bueno, soy feliz contemplando tu magnificencia- sonrió quitándole tensión al ambiente. Keigo se percató que era en realidad lo que su chico intentó decir, así que en él estaba hacerle saber y sentir que no era así. Sujetó el rostro del menor entre sus manos, acercándolo lo más posible a su rostro.

-Desde siempre has tenido mi atención, Jiroh- besó su frente en un acto que al menor le resultó magníficamente inesperado y visiblemente sincero, eso era lo mágico que había entre el y Atobe, que su líder por más egocéntrico y altanero que pudiera parecer, siempre lo impresionaba con momentos dulces y espontáneos.

-Atobe…–murmuró.

-No olvides que ser pareja de Atobe Keigo no sólo es un privilegio, es la manera en que el te quiere decir que en el universo no hay nada más importante que tu, después de él, claro esta- el dormilón sintió como si se quedara helado de golpe, ¡que manía de arruinar el romance del momento! rió divertido al ver como su capitán siempre terminaba alabándose así mismo, aunque también era una forma de quitarle la palabra "cursi" a lo que acaba de decir. Muy a su estilo, pero esa era la manera divertida en que el de cabello gris le decía cuanto le quería. Los labios carmesí de Keigo tomaron con delicadeza los del otro, besando con lentitud y sin prisa, disfrutando de esa calidez que le ofrecía la boca de Jiroh, así era Atobe, hacía las cosas cuando las quería, en el momento que quería y como lo quería, disfrutaba al tope cada momento y aunque le costara reconocerlo, con Jiroh todo era mejor.

Mientras se besaban, el mayor tomó el celular de las manos de Akutagawa y sin pensarlo dos veces oprimió el botón y capturó aquel momento, claro, cuidando que el saliera lo más presentable posible, estaba casi seguro que era su primer foto en donde compartía espacio con alguien más, le gustó la idea. Jiroh al notar lo que su pareja había hecho, le arrebató el teléfono para poder contemplar la foto, sonrió muy satisfecho con el contenido, haciendo la clásica "V" de la victoria. Sin más que hacer por el momento de nuevo se acomodo en las piernas de su capitán dispuesto a dormir.

Esa fue la primera vez que hizo algo tan ridículo e indigno de su reputación, maldita palabra, gran parte de su drama actual se debía a esa despreciable palabra, ¡reputación! ¿A quien carajos le importaba eso?...a él. Aún así, se permitió vivir sin limitantes por año y medio que duró su relación, por que en ese periodo aprendió a dejar su papel de omnipotente capitán de Hyotei y tomar su lugar como novio y principalmente como ser humano, esas cursilerías impropias habían hecho que su vida valiera la pena en los últimos meses, esa era la degradante verdad.

Sujetó con melancolía el portarretratos, descubriendo debajo de el un montón de fotos de él con Jiroh. Algo no estaba bien, era demasiada presión en un solo día y en definitiva lo estaba incomodando, así que un acto de completo descontrol, aventó con fuerza el portarretrato al interior del cajón, para después cerrarlo con completa molestia. Quería a Jiroh, de eso no había duda, pero le estaba fastidiando la idea de no sacárselo de la cabeza, ¡era un simple rompimiento! El podía salir de verdaderas dificultades, una tontería de esa índole no representaba nada. El era Atobe Keigo, y por ese simple hecho podía resolver cualquier dificultad en pocos minutos y su reciente infortunio con Akutagawa no le iba arruinar la vida.

Pero si así de fácil podía darle solución a todo… ¿Por qué tenía esa incesante sensación de querer llorar?

Continuara…


De nueva cuenta muchas gracias por su tiempo y lectura. Nos estamos viendo por estos rumbos, dudas, quejas, sugerencias, por favor haganmelo saber, es de mucha ayuda.