¡Yo de nueva cuenta con el tercer capítulo! ¡Disfrutenlo! -claro en el estupendo caso de que les guste-

*Prince of Tennis no me pertenece*

Aclaraciones:

Texto en cursivas es un flash back -hago la especificación en el supuesto caso de que alguien no pueda diferenciarlo, je claro por culpa mia-

"Texto entre comillas, pensamiento del personaje"


Capítulo III

El día iniciaba diferente, todo en el ambiente rutinario había sido interceptado por un acontecimiento ampliamente deseado y desesperadamente ansiado. Los luminosos rayos del sol aún no daban los primeros destellos, en realidad la luna ni siquiera había desaparecido por completo, el cielo permanecia con un tono nocturno acompañado de leves matices azules que oscurecían aún el entorno. Seis y media de la madrugada de un domingo que en otras circunstancias pudo ser como cualquier otro, pero aquel día era especial, plenamente diferente a todos los demás.

La brisa matinal que se lograba filtrar al interior de la recámara provocó que el galante líder de Hyotei se removiera entre las sabanas, sintiendo su cuerpo estremecerse ante la cada vez más notoria baja de temperatura. Su primer reflejo fue buscar las gruesa tela de su blanco edredón para cubrir un poco su reveladora desnudez, extendió con pesadez su brazo derecho tanteando los lugares más próximos a su alcance, su intento por cobijarse se vio fracasado, quizás por el hecho de sólo buscar con una mano, lo haría con ambas pero por una situación desconocida sentía su brazo adormecido. Una respiración ajena ocasionó que sus orbes violetas se abrieran de par en par, sacándolo de su estado de ensueño para entrar a uno de éxtasis al darse por enterado que todo lo que creyó soñar realmente había sucedido.

Antes de mirar a su acompañante soltó un ligero suspiro acompañado por una mueca de satisfacción, entonces si se movió con sutileza, cuidando en todo momento ser lo menos brusco posible para no despertar al famoso holgazán de su colegio. Sus movimiento se vieron limitados al sentir su brazo ocupado por la cabeza del menor, a como pudo se giró levemente con la única intención de ver a su chico dormir… cierto era que con frecuencia le veía dormir, pero nunca le había visto durmiendo a su lado, compartiendo la misma cama y el mismo calor, no le había visto dormir tan dócil, con su bronceada piel expuesta a la intemperie siendo cubierta por la ligera sabana blanca que se adhería casi con sensualidad a la parte baja de su cadera, revelando una delgada pero atlética anatomía.

Atobe dejó reposar su vista en la espalda canela de Jiroh, había caído hechizado por la tonalidad y la deliciosa textura de la piel del menor, por varios meses se había conformado con sólo tocar por encima de la ropa, le había bastado con imaginar la consistencia de la tez de su pareja, la sospechaba "normal" por así calificarla, pero aquella noche pudo comprobar el estado casi de porcelana que presumía la dermis del joven Akutagawa. El cuerpo del chico le parecía una pieza de mármol trabajada de manera delicada y tan meticulosa que le hacía pensar que cualquier roce podía desgastarla y hacerle perder esa tersura tan deleitable que poseía.

Le mortificaba levemente el hecho de dedicarle tanta idolatría a un cuerpo que no era el suyo, sentía que de cierto modo se estaba volviendo preso de un sentimiento mayúsculo y desconocido, sentimiento detonado por el muchacho de cabellos castaños, de aquel joven que descansaba iluso de la mirada penetrante y enternecida que le dedicaba su capitán. ¿Enternecida? En efecto, por muy loco que pareciera, eso era lo que reflejaba el fulgor en la mirada violeta, el de noble cuna ignoraba que su mirar estuviera sucumbiendo de esa manera tan teatral ante la sencilla imagen de un hombre durmiendo junto a él.

Keigo no sabía que sus ojos mostraban una milésima parte de lo que su corazón comenzaba a experimentar, lo que comenzaba a experimentar era el inicio de un amor, de esos que te narran las novelas dramáticas o las clásicas tragedias griegas, ese tipo de amor que es desconocido por su emisor y que hasta tiempo después se descubre dolorosamente enamorado de la persona menos esperada, eso podía interpretarse con sólo mirar su movimiento visual, menos mal que el joven ególatra pasaba la mayor parte del tiempo adorándose a si mismo como para poner atención en la cada vez más evidente perdida de control sobre su corazón.

Abandonó su estado de deleite que incluía contemplar la espigada espalda de su acompañante, ahora se enfocaba en el suave y tierno rostro que dormía apacible y sereno sobre las almohadas. Le fascinaba ese contraste tan extremo en Jiroh, su cuerpo revelaba cierta madurez física, mientras que su rostro conservaba la gracia y dulzura de un infante. Suaves rasgos con unos pómulos brillantes y sonrosados, ojos avellana cargados de una capa gruesa de onduladas pestañas… y esos rizos castaños siempre despeinados y sincronizados con el brillo del sol, tan delgados y tupidos a la vez, casi se sentían desmoronar con un simple toque, de una consistencia casi como la seda.

¡Calamidad! tenía la ligera sospecha de mostrar delirio total por ese joven, todo su cuerpo le parecía sublime y divinamente tentador, no se consideraba así mismo como alguien dependiente del calor hormonal o una persona aferrada a la vida sexual activa, pero había algo en la personita que dormía a su lado que le ocasionaba fuerte adicción por tenerle cerca, muy muy cerca de su cuerpo. Devoción era poco, simplemente el vicio de la cercanía de la piel bronceada con la suya era tan demencial que rebasaba su propia lógica, era demasiado, pero para su fortuna, Atobe Keigo no hace caso de la razón más bien se guía por la pasión.

Seguía admirando al holgazán joven cuando se percató de que este sostenía entre sus dos manos gran parte del blanco edredón, estrujándolo con sus adormilados dedos en una inminente muestra de tener frío.

"Teniendo a Ore-sama a su disposición, prefiere abrazar un vil pedazo de tela" al principio se quejó pero después le buscó el lado positivo del asunto, Jiroh para nada estaba acostumbrado a dormir con alguien más a su lado, era la primera vez que compartía cama con alguien que no era su oveja de peluche, aquella noche había sido la primera ocasión en que se había entregado por completo a otra persona, en este caso a su capitán. Su inexperiencia lo hacía olvidar la posibilidad de abrazar el cuerpo del mayor, aunque al final de su encuentro erótico con Atobe, de inmediato se abrazó a su emblemático líder, apoyando su barbilla sobre el pecho deportivo de su pareja, aunque Akutagawa prefería dormir a pierna suelta por toda la cama; después de todo llevaba más de 15 años durmiendo solo, era como un niño que gusta desparramarse por todo el espacio disponible del colchón debido a su inquieto sueño, pero francamente la opción de dormir junto a Keigo era cien veces mejor, al menos eso es lo que descubrió con el paso de la noche.

Con un movimiento perezoso, el cuerpo que reposaba boca abajo se revolvió entre las sabanas, acercándose de manera mimada al pecho de su acompañante, buscando el calor corporal que tanto disfrutó a lo largo de la velada, los varoniles brazos del mandamás de Hyotei rodearon en un abrazo la espalda del niño de ojos avellana, lo acurrucó contra su torso en un contacto de alguien reclamando como de su pertenencia algún objeto. Luego de algunos minutos en esa enternecida escena los brazos de Atobe imploraban un cambio de posición, tal parece que su cuerpo también experimentaba reacciones de no estar acostumbrado a funcionar como almohada.

Tomó el ligero cuerpo con suma precaución, cuidando en todo momento no alterar con un movimiento brusco el sueño de Jiroh. Lo acomodó encima de él, de modo que el menor quedara boca abajo sobre el pecho de Atobe, ocasionando un ardor exquisito entre ambos cuerpos. Antes de volver a dormir, el mayor brindó al hombro de su chico un pequeño beso, sólo eso.

Las cegadoras luces que emitía el sol por fin se lograron colar de lleno al interior de la mansión de Keigo, trayendo consigo el despertar del dormilón favorito de Atobe, al ir recuperando poco a poco sus recuerdos más próximos cayó en cuenta de lo sucedido hace algunas horas… su primer encuentro intimo con el joven que desde los doce años había robado su atención. Cuando por fin su cuerpo se había despabilado por completo intentó moverse con soltura para estirarse, pero extrañamente se vio detenido, abrió sus ojos dejando al descubierto sus aún cansadas orbes almendradas. Hizo un segundo intento y entonces descubrió aquello que lo esclavizaba, una mano grande y pesada reposaba sobre la frontera entre su cintura y cadera, ejerciendo cierta presión en aquella curvatura, la otra mano que lo aprisionaba se mantenía con desfachatez sobre su espalda.

Entonces puso mayor atención a la posición en que se encontraba, decir que no se abochornó sería una mentira piadosa, ese sonrojo matutino era la consecuencia de descubrirse acostado encima del cuerpo desnudo de Keigo, aunque bueno el estaba en las mismas condiciones, no sentía prenda alguna cubriendo su anatomía salvo la delgada sabana que tacañamente cubría de su cadera para abajo. Ahora entendía ese delicioso calor que lo había cobijado en sus últimas horas de sueño, esperaba amanecer abrazado a la blanca piel de su capitán, mas no aparecer encima de él…gozando de una sutil y embriagante fricción entre ambos cuerpos.

Al sentir que su chico comenzaba a despertarse, hundió su rostro en la curvatura del cuello de su joven pareja, escondiéndo el detestable sonrojo del cual era preso.

-Se que estas despierto, Jiroh, pude sentir como tu espalda se tensó – afirmó pasando su dedo por la columna del muchacho.

-No es cierto-

-No hagas eso, esas respuestas de niño ya no van contigo-

-Debes aceptarme como soy- se quejó aún con el rostro hundido en el cuello del joven.

-Tienes razón, por si no lo has notado te acepto como eres, por eso estoy a tu lado-

-No seas meloso, que siento que no estoy contigo-

-Jaja nada te hace feliz, dormilón… aaaaagh- dando un leve quejido se estiró un poco.

-¿Qué sucede? ¿Por qué ese sonido?-

-Digamos que estoy sorprendido de seguir acostado a estas horas del día- miró el reloj que estaba sobre el buró, mostraba que el medio día estaba en completo apogeo.

-¿Y te molesta?- repartió pequeños besos sobre el pálido cuello.

-Para nada, podría acostumbrarme siempre y cuando no duermas tanto- sintiéndose cobijado por las palabras del mayor, se acomodó con mayor confianza sobre su pecho.

-Duermo porque me gusta soñar-

-Entonces sueñas de más- de pronto todo se volvía borroso, la imagen se iba deteriorando, el sonido de una voz pronunciaba su nombre en repetidas ocaciones, primero suavemente, luego más fuerte hasta volverse un intenso grito…

-¡Akutagawa!- el gritó ensordecedor de su profesor lo sacó de golpe del paraíso de Morfeo, levantó su cabeza de la banca mostrando un estado de completa distracción y pesadez, miró a su alrededor notando las risas de algunos compañeros y checando de reojo la mirada de reprimienda que le dirigía su capitán. No deseaba tener con él un contacto visual, eso estaba en el último lugar de su lista de prioridades.

"Ay no, de nuevo me quede dormido….jeje aunque me gusta recordar aquella noche" y así era, el muchacho soñaba cotidianamente con la primera noche que tuvo más que simples roces con su pareja, de cómo amaneció durmiendo sobre su capitán y de…

-Akutagawa, ¿podría decirnos la respuesta de la pagina veinte?- le cuestionó el profesor conociendo anticipadamente la respuesta, sin mencionar que el dormilón parecía abstraido en sus pensamientos. Jiroh parpadeo confundido, entonces tomó sus cosas y abandonó el salón de clases, siendo supervisado por los ojos violetas -¡Akutagawa vuelva acá!- como que no queriendo, el auto nombrado "rey del tennis" rió por lo bajo ante la escena descarada que acababa de presumir su pareja o ex pareja, igual daba.

-¡Keigo! ¿Cómo es posible que ese holgazán sea titular?- preguntó el hombre que impartía clases.

-¿Ah? Jiroh tiene demasiados talentos como para no prestarle atención-

-¡Pero sus notas dejan mucho que desear!-

-Usted disculpara, pero ese no es asunto mio-

-Pero claro que lo es y usted jovencito como su capitán debería ponerle un alto, chantajeélo, si no pasa mi materia le prohibo determinantemente jugar-

-Eso no esta en sus manos, sólo en las mías, y mientras yo este a la cabeza del Club él será parte de mi esquema-

-Correcto, ¡fuera de mi clase! Y no regrese si no trae con usted a Akutagawa-

-¿Qué?- el profesor giró sobre sus talones y escribió en el pizarrón, dando por terminada esa charla. El joven arqueo incrédulo su ceja, posicionando su mirada sobre Gakuto y Oshitari que sólo se alzaron de hombros, aunque claro la sonrisa de Mukahi dejaba implícita una mueca de burla. Atobe no dijo más, ordenó todo en sus mochila y sin decir más repitió la escena de minutos atrás con Jiroh quien por cierto ya se encontraba buscando el mejor lugar para descansar.

Caminó a lo largo de los pasillos de Hyotei, aún era temprano faltaba poco menos de una hora para iniciar el entrenamiento.

"Entrenamiento" eso le dio la magnifica idea de meterse a los vestidores del Club y ahí dormir unos cuantos minutos, estaba seguro de que nadie estaría ahí a esas horas, abrió con precaución la puerta, asomando de manera curiosa su cabeza, al constatar que no había nadie en el lugar se adentró sentándose en la primer banca que se topó en su camino. Se acomodó de espalda contra el firme banco a la par que subía sus pies y dejaba sus piernas flexionadas. Presuroso cerró los ojos, dispuesto a olvidar todo lo que no le dejaba sentirse bien consigo mismo, aquello vivido en el fin de semana era algo para lo que no estaba preparado, ni siquiera tenía la entereza para garantizarse a así mismo salir ileso de ese derrumbe emocional que estrujaba su corazón. ¿Exagerado? En lo absoluto, puesto que el daba todo lo que tenía, no daba esperando algo a cambio sólo pedía ser tratado como se merecía, y la forma en que Atobe había actuado no era lo que él merecía.

Cavilaba desganado cuando el sonido de la puerta le avisó de la presencia de alguien más. Le mortificó en exceso ese aroma que se filtraba violentamente por su nariz, causando un vació irracional en su vientre, ese tipo de sensaciones que te alertan de que algo esta por suceder, supersticiones o no, lo mejor era salir de ahí. Estaba por incorporarse cuando el peso de Keigo se acomodó a su lado, Jiroh permaneció recostado sin emitir ninguna clase de sonido. ¿Existe algo que pueda denominarse como aroma elegante? No estaba seguro, pero de existir, seguro sería la clase de olor que el cuerpo de Atobe desprendía, ¡como odiaba ser un vicioso de su olor! Deseaba con todas sus ganas largarse de ahí pero esa fragancia era endemoniadamente adictiva, con sólo aspirarla sentía como si las puertas al desenfreno se abrieran de par en par, le remitían a pensar en su capitán como el "Rey" que se creía ser, lo imaginaba como todo un señorió que te arrastraba con elegancia a los placeres más deleitables, un hombre apasionado en verdad ese Keigo.

"Qué desenfreno puede transmitir con su simple fragancia…" Jiroh era fiel testigo de lo posesivo que llegaba a ser su líder en todos los aspectos, de algún modo no culpaba al de cabellos grisáceos, culpaba a su maldita astrología que lo volvía entregado e impulsivo. No entendía que es lo que pretendía el muchacho, lo mejor era simplemente apaciguar esa sensación de nerviosismo que se agolpaba sobre su corazón, su mente estaba más que atascada por culpa de esa presencia extra a al suya, detestaba tenerlo tan cerca cuando lo único que deseaba era no sentirlo, olerlo y mucho menos saberlo expectante a cada uno de sus movimientos.

-¿Esta todo bien?- la masculina voz del recién llegado taladro sus oídos con esa pregunta que albergaba tantas respuestas.

-Tengo sueño-

-Todo estará bien, si tú quieres- ¿qué rayos quería decir con eso? –Lamento lo sucedido-

-Lo se…- Atobe comprendió que la mente de Akutagawa no deseaba mantener esa conversación, quería arreglar las cosas, después de martirizarse con aquel retrato que encontró en su escritorio lo que hizo fue llegar a la simple conclusión de que arreglar las cosas con el joven, era la mejor solución a sus problemas.

-Será mejor que te cambies, Jiroh- el menor asintió, encontrando ahí el mejor momento para separarse de esa cercanía tortuosa a la que estaba esclavizado en aquel momento. De su mochila sacó su playera deportiva, acto seguido se desprendió de su camisa escolar, dejando a la libre vista su dorada estructura muscular. Cuando quiero y como quiero, esas palabras regían el modo de vida del omnipotente guía de Hyotei, haciendo completo caso a esas celebres palabras, se acercó por detrás al castaño enredando sus brazos en la estrecha cintura, paseando su mano por el ejercitado abdomen del menor que se limitó a permanecer en completa quietud.

-¿Qué crees que haces?-

-Busco sentirte cerca, se podría decir que te extrañe-

-No juegues, Keigo-

-No esperes disculpas, porque lo que dije el sábado fue algo involuntario, algo que no quise decir-

-Comprendo, entonces ¿le diremos al equipo sobre nuestra relación?- Atobe recargó su barbilla sobre el hombro del joven de ojos almendra.

-No me pidas eso…-

-Y ¿qué si puedo pedirte?-

-Todo lo demás que quieras es posible, menos eso, es que no entiendo que ganas las tuyas de querer hacer que la gente se entere-

-Sólo quiero que mis amigos conozcan una de las razones por las cuales me siento bien, ¿no puedes entender eso? ¿Tan difícil te resulta el hecho de aceptar un noviazgo?-

-¡Que más da que lo sepan o no! con que tu sepas que estoy a tu lado es suficiente- a ese punto de la conversación Keigo ya había soltado el abrazo.

-No se trata de lo que quiero, se trata de lo que tú no quieres… -

-Jiroh, Jiroh mírame- sujetó su barbilla obligándolo a mirarle –todo lo mio es tuyo, yo… de algún modo también soy… tuyo pero, debes entender que tengo una reputación, el respeto de todo un instituto es mio, soy un líder emblemático y….-

-¿Y no puedes aceptar la idea de hacer pública una relación?-

-¡Haces una tormenta en un vaso de agua!- con algo de molestia arrinconó al muchacho contra un casillero, recargando sus manos a los lados de la cabeza castaña, ambos rostros podían sentir la inminente cercanía, el aliento acelerado de Atobe se estrellaba con el lento respirar de Akutagawa –antes no buscabas eso, eras feliz con que sólo tu y yo supiéramos lo que entre nosotros pasaba, todo estaba bien… estamos bien así-

-Era feliz así, por que no alcanzaba a comprender que escondernos de los demás es como decir que lo que hacemos esta mal y no es así, aunque para ti si representa un sacrificio gritarle al mundo que estas con alguien de tu mismo sexo-

-No es así-

-Si lo es, buscas un romance que te de satisfacción plena, ¿pero alguna vez has pensado en mi? ¿En lo que me satisface? No soy como tu Atobe, que puedes conformarte con sólo la parte física de la relación… yo necesito más que eso, y lastimosamente se que no puedes dármelo-

-Ore-sama ordena que esta noche te quedes en la mansión, empezar de cero estaría bien-

-Ore-sama es mi capitán no mi dueño- apartó al mayor, abriéndose paso para recoger sus cosas.

-Jiroh…- la mirada violeta comenzaba a mostrarse afilada y con evidente molestia.

-Cuando no seas tan egoísta, podrás dar todo de ti a quien se lo merezca, tal vez es eso… y no soy lo que necesitas- se arropó con la playera de entrenamiento y emprendió el camino a la salida, al tocar la manija de la puerta escuchó la autoritaria voz de Keigo.

-Sabes que no hay mejor lugar en el que desees estar, si no es conmigo…-

-Pase varios años sólo mirándote… je anhelándote, volver a esa rutina no será difícil-

-Jiroh, si te vas, todo termina- no era molestia, era añoranza y poco más que eso lo que se desprendía de la masculina voz.

-Que termine entonces…- las palabras de Jiroh casi sonaron ahogadas, pero en ningun momento desistió, no miró atrás pero deseaba hacerlo con todas sus ganas, regresar y decirle de manera melosa y juguetona a Keigo cuanto lo quería, pero eso… sólo alimentaria su desgastada energía.

"Lo que sea que tuvimos" se dijo así mismo el menor.

El viento sopló con fuerza, cerrando con furia la puerta de los vestidores, como si con ello impidiera al gran capitán seguir al aniñado castaño, permaneció inmovil por unos segundos, entonces apretó con violencia sus puños para después estrellar uno de ellos contra el casillero más cercano.

-Maldición…- decía en suaves murmuros con la cabeza agachada, obligando sus cabellos a cubrir su ensombrecido rostro que rogaba no ser mirado en un estado tan deplorable –no puedes irte así…menos cuando me induces a mostrarme débil e inseguro…- nuevamente sus nudillos se estamparon contra el mueble, recibiendo la ascendente furia del Hyotei.

-Relájate Atobe, te explotaran las visceras-

-Cierra la boca Gakuto…-

-Mukahi tiene razón, hay otros métodos para sacar la furia-

-Llorar es una buena opción, ¿verdad Oshitari?-

-Jajaja no digas tonterías Gakuto, los hombres no lloran- recalcó Oshitari con una pizca de burla ante sus propias palabras, notando como el de cabellos gris sonreía de una manera que provocaba miedo con sólo mirarla.

-Y menos Atobe, ni siquiera las conoce- se burló Gakuto. El aludido les dio a ambos la espalda dispuesto a salir del lugar, si supieran cuantas ganas tenía de conocer lo que era sufrir y derramar lágrimas de impotencia ante su propia estupidez… pero Oshitari y el molesto acróbata tenían razón.

"Los hombres no lloran, menos Atobe Keigo…"

Continuará…


Había olvidado comentarlo, verán tengo algunas complicaciones para ajustar una personalidad en Jiroh, lo que a menudo se sabe es que duerme y es entusiasta cuando quiere, pero lo que ignoro es ¿qué carambas hace cuando no esta durmiendo? entonces hago un esfuerzo por caracterizarlo de una manera que no se aleje mucho del original -del cual no se mucho ¡por que no sale tanto como Atobe!-, aunque claro desde que la historia se vuelve con temática yaoi ya tenemos variantes en la personalidad emocional del personaje, así que espero no regarla con Jiroh ¡el olimpo y el mundo entero sabe cuanto me gusta el personaje! en realidad la Sleep como tal es mi adoración.

Hecha la debida aclaración esto es todo por el momento, nos veremos a la brevedad posible, ya tengo el boceto del siguiente capítulo pero si no me equivoco me toca actualizar "Ficticia realidad". Bueno ya veremos como ando de tiempo, muchisismas gracias por su atención, tiempo y lectura, les agradesco enormemente sus reviews y mensajes privados, gracias también a los lectores anónimos.