Capítulo IV
-¿Todo esta bien?- la voz del genio de Hyotei se dejó escuchar en el frió vestidor, Gakuto contempló el ya relajado rostro del emblemático líder.
-Perfecto, como siempre-
-¿Por qué nos mientes?- cuestionó sin rodeos Oshitari poniendo especial atención a la tensión que se acumulaba en las manos de Keigo, no era para nada usual ese movimiento nervioso de los largos dedos del mayor.
-¿Mentirles? No tengo porque, además en todo caso mis intimidades no son de su incumbencia-
-Cierto, disculpa la indiscreción- con un movimiento de cabeza, Oshitari le restó importancia al asunto, aunque la mirada complice que se brindaron tanto él como el de cabellos cerezas, delataba escondidas acciones que ejecutarían a espaldas del engreído joven.
-Comiencen con un ligero calentamiento y peloteo…en seguida les doy alcance- la dirty pair asintió levemente emprendiendo la salida, estando fuera de aquel lugar intercambiaron puntos de vista y especulaciones sobre la variante que acontecía en la conducta de su guia.
-Seguro que Jiroh sabe lo que sucede con Atobe-
-Lo mismo pienso, cuando recién entramos el casi iba saliendo del lugar… lo que no me queda claro es que pudo pasar para que Atobe estuviera tan molesto-
-Esa será tu labor Gakuto, ve con Jiroh e indaga sobre lo ocurrido- los delgados cabellos de Gakuto ondearon con velocidad en un movimiento brusco de cabeza que ejecutó el acróbata.
-¡Y yo porqué!-
-Porque tú eres cercano a él, seguro te cuenta algo-
-No me gustaría meterme entre esos dos…- originalmente creyó haber guardado ese pensamiento en su mente, pero el sonido suave de su voz le indico que aquel pensamiento había escapado por sus labios y que seguramente aquellas palabras habían sido captadas por su interlocutor.
-Aclárame último que dijiste- al principio caminaban con tranquilidad prestando una gran cantidad de atención a lo que el otro decía, pero desde aquel comentario realizado accidentalmente por el menor la velocidad de sus pasos se incrementó, Oshitari intentó detener a su ahora prófugo compañero, lo último que escuchó de sus labios fue un "date prisa Yuushi", quedo más intrigado que al inicio, ¿por qué Gakuto había huido tan descaradamente? Era más que obvio que estaba ocultando algo, y ese algo estaba relacionado con el malestar en Atobe y el nombre de Akutagawa, como fuera, más tarde tendría una larga conversación con Mukahi, después de todo sabía como doblegarlo.
Yuushi siguió su camino hasta las canchas, emparejándole el paso a Mukahi quien al instante corrió con mayor velocidad intentando perderle, era realmente imposible, tarde o temprano tendría que soportar la lluvia de preguntas que seguramente le formularía el joven de gafas. Los jugadores fijos y aspirantes a puestos de titulares ya se encontraban sudando y ejerciendo su mayor esfuerzo para llamar la atención del apuesto capitán que hacía su aparatosa entrada a las canchas.
-¡Hey Atobe! Hoy es nuestro encuentro de práctica ¿no lo olvidaste cierto?-
-Por supuesto que no lo olvide Shishido, siempre es un placer hacerte notar la diferencia entre tú y yo- esa mundana sonrisa del mayor era casi tan popular como lo era la sonrisa amable de Syusuke Fuji, sólo que la de Keigo por lo general se dedicaba a burlarse de los demás.
-¡Anda, respalda tus palabras!- los titulares sonrieron ante la manera provocadora en que Shishido retaba al de cabellos gris.
-Dame unos minutos en lo que hago un breve calentamiento, no puedo permitir que Ore-sama se dañe- Keigo dejó a Shishido unos segundos para ir a realizar los ejercicios básicos previos a un juego de tennis, mientras tanto Otori alentaba con su dulce mirada a su compañero de dobles. Yuushi había abandonado el acoso al de cabellos cereza, tampoco era un metiche, lo que era una realidad es que debía enterase por el bien del equipo… no por metiche.
Luego de unos quince minutos desesperantes, por fin Atobe estuvo listo para enfrentarse una vez más a Shishido, para nada le molestaba hacerlo, por que con ello podía mostrarle al muchacho cuales eran sus debilidades y aparte se daba el gusto de humillarlo un rato. El partido dio inicio y en seguida los espectadores e integrantes del Club de Tennis, se reunieron como abejas alrededor del panal, cada que había encuentros entre sus máximas estrellas era casi motivo de celebración.
Extrañamente el partido se encontraba a favor del integrante de la Silver Pair, hecho que dejo contrariado a más de uno, incluido en al lista el soberbio líder; su reciente alteración emocional acompañada por gritos y furia contenida en sus puños, aun lo tenían algo distraido, además el ambiente de un momento a otro se había silenciado un poco, por lo general eso siempre sucedía, empezaban todos muy animados y después iban bajando el volumen del escandalo, sólo una voz se mantenía con fuerza y algarabía. Una melodiosa y juguetona vibración vocal que se dejaba escuchar entusiasta e imparable, dando interminables animos a su idolatrado capitán, los gritillos y movimientos corporales que Jiroh manifestaba cada que veía a su líder jugar eran cosa de nunca acabar, quizás por eso el ambiente de aquel juego era tan tenso y silencioso, faltaba la molesta e infantil cantaleta de Akutagawa animando a Keigo… curioso nunca creyó extrañar esos escandalosos bochornos que el castaño le hacía pasar.
-¡Atobe no te hagas el gracioso y juega bien!- el reclamo por parte de su contrincante le molesto un poco, causando su interés total en el juego, los movimientos exactos y poderosos del mayor pronto fueron debilitando el juego persistente y aferrado de Shishido, el control estaba en manos del "rondo a la destrucción" poco había por hacer cuando la destreza de Keigo se desbordaba entre sus manos y su perfecta habilidad para manipular la raqueta quedaba al descubierto, por eso era el Gran Capitán de Hyotei.
Cuando el partido estaba a merced de Keigo y sólo faltaba sentenciarlo con un "smash" sonrió victorioso, aunque la expresión de sorpresa en la voz inconfundible de Gakuto lo hiso repartir su atención entre el juego y lo que sucedía a las afueras de la cancha.
-¿Por qué te vas, Jiroh?- fingiendo de manera olímpica no prestar atención, siguió con su ataque final para dar por terminado el partido ante la frustración y enfado de Shishido.
-Me siento cansado- a pesar de tener su semblante cotidiano, podía percibirse una leve muestra de fatiga.
-¿Cansado? ¡de qué! No tiene ni diez minutos que llegaste y te vas porque estas cansado, ¡eso no es normal!- Gakuto regañaba al sonriente jovencito que se tallaba con indiferencia sus cansados párpado.
-Jeje, estoy más cansado de lo normal, nos veremos luego- emprendió el camino a la salida, arrastrando su raqueta por todo el piso, las miradas divertidas de Otori y Gakuto constrataban perfecto con la de coraje que mostraba Keigo.
-¿A dónde crees que vas, Akutagawa?- no había amabilidad, pero si inconformidad y molestia, las palabras del máximo guía sonaban prácticamente a reclamos no tanto a pregunta.
-Ehhh ¿a mi casa?- por un momento la costumbre se había apoderado de la respuesta osada del castaño, en muchas ocasiones se ausentaba de los entrenamientos gracias a las consideraciones que Atobe tenía con él, cosa extraña y sospechosa ante los ojos de todo Hyotei.
-Bien, no pregunté correctamente; ¿quién te permitió irte?- se intimidó un poco ante ese tono poco usual que Keigo estaba usando con el, estaba acostumbrado a recibir reprimiendas deportivas, pero sabia que ese tono frió y déspota que tenía el muchacho se debía sus asuntos personales, eso era lo que dolía. Bajó el rostro un tanto apenado al sentir que el equipo de tennis prestaba suma atención al encuentro verbal que sostenía con el muchacho de mirada violeta.
-Bu…bueno je ¿puedo irme?-
-No, no puedes- frío y distante, no había otra forma de expresar el aura que le transmitía la gélida voz del mayor, de reojo le miró, contemplándolo altivo e inalcanzable, manteniendo la mirada fija sobre su anatomía; ahí estaba esa mirada, ese mirar pesado y escrutador que intimidaba, esos ojos que se enterraban como dagas ante la presencia de un enemigo, esos ojos insensibles que quebraban la valentía de cualquiera. ¿Cuántas veces no percibió esa mirada en Atobe? Muchas, cada que lo veía jugar al tennis, esa era la mirada con la que tenían que combatir sus rivales, no sólo en la cancha, también en las calles cuando alguien se atrevía a no cumplir los deseos de Ore-sama, cada que alguien intentaba pasarse de listo o simplemente cuando advertía con arrogancia que ese joven castaño era de su propiedad.
Idolatraba ese mirar tan fuerte y respetable, era magnifico como con un solo parpadeo podía manipular a quien deseara, lograba doblegar a más de uno, asustar a más de cinco… pero ¡que horrible era tener que ser el causante de esa ira en los ojos violeta!, nunca pensó recibir esa amenaza visual por parte de Atobe. Era irónico que ese rasgo tan intenso en su ex pareja haya sido uno de los detonantes de la atracción que experimentaba por él y que a la vez en ese momento le estuviera causando tanto daño.
Aspirando hondo y reuniendo el tono más eficaz y sincero que su garganta le permitía habló con un hilo de voz; levantándose de puntitas se acercó lo más posible al oído de su capitán, provocando un inesperado espasmo en los inquebrantables nervios del Hyotei mayor.
-En serio me siento mal- Un susurro que delataba con fuerza y claridad la inestable conciencia del castaño, por un momento el rostro rígido de Keigo se ablandó ligeramente, ese aroma tan dulce… tan dulce que podía empalagar hasta la locura, esa fragancia tan conocida que desprendía la grácil figura de Jiroh era suficiente para manipularlo sólo un poco, volverse presa fácil de la fragancia pura de alguien que le había dado todo en el tiempo que llevaban de relación… pero no podía caer tan fácil ante aquel encanto, Jiroh había perdido toda preferencia, ahora era uno más del equipo, uno que estaba dispuesto a sacar si no acataba las ordenes, uno más…
-De acuerdo, Ore-sama comprende, puedes marcharte pero más te vale prácticar el doble si no quieres quedar fuera del equipo, porque esta vez … no será igual- sentenció la conversación con un giro presumido, dándole la espalda al menor. Akutagawa vio a al joven marcharse en dirección desconocida, contempló a su alrededor y vio a más de uno pendiente de la platica que recién había terminado. Sin ánimos de seguir en aquel lugar optó por retirarse y encaminarse a su privado hogar, los llamados escandalosos por parte de Mukahi no lo frenaron, sólo se limitó a despedirse con un "Nos vemos mañana".
Tan en calma y en completa soledad, de más estaban todas esas personas que vagaban por las calles, parecían simples sombras sin color y forma, o quizás el era la sombra que nadie notaba. Caminaba abstraído en sus pesados y abrumadores pensamientos, ni siquiera se tomaba la molestia de intentar no pensar, de sobra sabia la dificultad de aquel acto y peor aún saber que no obtendría éxito. Por eso optaba por la salida más fácil, permitirse suspirar y añorar más de lo permitido, y si tenía un poco de suerte podría dormir y lograr soñar, soñar y ser dueño de ese disparatado mundo donde podemos fantasear un poco, aunque más le valía rezar para que esos sueños no se transformaran en dramáticas pesadillas que antentáran contra su endeble fuera emocional.
Se había terminado, todo aquello que duró por tantos meses finalmente encontraba un desastroso final, esos momentos de diversión, elegancia, cadencia y protección culminaron en los vestidores de Hyotei, ahí dieron inicio y ahí terminaban. Sonreír con melancolía era ya una de sus actividades favoritas desde el fin de semana pasado, le enloquecía el grado de inestabilidad que había adquirido al tener esa pelea con su capitán, por que él era suyo, SU capitán, ese hombre que desde niños lo hizo fanático de su magnifica presencia, preso de sus sonrisas frívolas, admirador de todo lo que era capaz de hacer cuando tenía entre sus manos un raqueta, pero sin duda lo más importante lo volvió dependiente de esa esencia divina que tomaba alojo en un cuerpo mortal.
Romántico y patético, así se sentía en aquellos momentos ante la falta de control, las cosas se habían transformado en una tormenta recia y cruel, sentía como sus mejores recuerdos corrían el riesgo de quedar aplastados por una avalancha de oraciones negativas e hirientes, por reproches y gritos inconscientes y no deseados. Con toda la intención de entrar y dejarse azotar en el piso de su recámara apresuro el paso para volver lo más rápido posible aquella intención, en pocos minutos dio arribo a su casa. Para variar no había nadie, que mejor, así no tendría que estar atendiendo molestas voces que le alterarían hasta la más pequeña punta del cabello.
Tal como lo deseó momentos atrás entró a su habitación y aventó todo preocupándose poco si quedaban ordenados o no, cayó de bruces contra el mullido colchón sintiéndose perder ante el movimiento inestable que este realizaba, hundió infantilmente su cabeza contra la almohada en forma de oveja, misma almohada que compartía con un hurón de peluche el cual por cierto era regalo de Atobe.
"Que molestia... ni siquiera soy capaz de querer intentar dormir, todo es su culpa, si no significara tanto para mi" sumergido en la sinceridad de su pensamiento fue perdiendo la noción del tiempo y espacio, consiguiendo aquello que tanto anhelaba, dormir y no pensar en aquello que le pudiera molestar, aunque esas últimas palabras de Keigo daban constantes vueltas en su inquieta mente "De acuerdo, Ore-sama comprende, puedes marcharte pero más te vale practicar el doble si no quieres quedar fuera del equipo, porque esta vez … no será igual" saliendo de su estado de somnolencia meditó un poco aquello, recordando lo que seguramente fue el momento clave para el inicio de su relación con el joven heredero. Aquella ocasión en que estaba temporalmente fuera del equipo titular y ocupaba un lugar en el banco de suplentes, en esa vez Atobe se mostró preocupado por él, y sumamente interesado en ayudarle a recuperar su puesto como titular, tanto así que varias veces lo invitó a su chalet, con la excusa de ayudarlo a entrenar, aunque ahora que lo pensaba seguramente Atobe lo hacía con doble intención, Jiroh rió ante su propia idea y la cascada de recuerdos de aquel día en especial.
Esa tarde de verano no sólo Jiroh había sido invitado al fabuloso chalet de Keigo, de hecho habían acudido tanto la Silver así como la Dirty Pair y claro Kabaji, según el capitán era para que tuvieran un momento de relajación. La comida de aquella tarde había terminado, acto seguido los siete bueno más bien los seis jóvenes charlaban amenamente de cualquier trivialidad que les cruzara por la mente, a decir verdad los temas triviales eran expuestos por Gakuto y Jiroh, ese par a veces eran más infantiles que el propio Kikumaru de Seigaku.
Conforme las manecillas del reloj avanzaban el tiempo de marcharse de aquel lugar se incrementaba. Oshitari se acercó a su inseparable pareja y le susurró algo al odio, causando una sonrisa satisfactoria en el acróbata, se pusieron de pie y se disculparon con el dueño de la casa, argumentando que debían retirarse por cuestiones personales.
-Jiroh, ¿no quieres irte con nosotros?- la voz mesurada de Oshitari alertó a Keigo poniendo una mueca de disgusto e su rostro, ¿qué pretendía ese tipo? Si quería largarse que lo hiciera, pero que no se llevará al castaño que comía alegremente de su helado de vainilla.
-¿Uh? Oh no gracias, me gustaría quedarme un rato más con Atobe- los labios rojos del joven de porte aristocrático se torcieron en una visión complacida ante la respuesta de Akutagawa -¡es que el helado esta genial! Atobe ¿podrías darme más?- así como la sonrisa apareció pronto se desvaneció
"Glotón" pensó ofendido el líder.
-Jiroh si te vas más tarde tendrás que irte en camión y eso esta muy lejos de aquí, supongamos que llegas al camión seguro te quedas dormido en el y como consecuencia quien sabe a que hora llegarías a tu casa, así que anda vámonos-
-Tsk, que remedio- ¡eureka! ¡esos metiches estaban arruinando sus planes! Esa tarde tenía planes bastante interesantes para Jiroh y él, algo indecentes pero placenteros a fin de cuentas, ahora su invitado de honor esta siendo secuestrado por ese par de insolentes. El trio se despidió de los presentes, salieron de la gran casa y caminaron a lo largo de los jardines, en eso Jiroh recuerda que su raqueta se había quedado en el chalet.
-Debo regresar, más tarde me iré con Otori y Shishido, gracias de todos modos chicos- tanto Oshitari como Gakuto se escogieron de hombros, rogándole a todos los dioses que ese joven no se perdiera de regreso a casa. El castaño caminó por las canchas buscando su querida raqueta dándole encuentro a los pocos minutos, caminando de nueva cuenta por los jardines de la modesta mansión encontró un árbol con una sombra amplia y acogedora, tuvo ganas inmensas de tirarse bajo ese árbol pero debía regresar adentro e informar a Otori que se iría con ellos, siguió el camino al interior de la casa y vio que la Silver Pair y Atobe seguían charlando como si no hubiera mañana, sonrió contento, descubriendo la oportunidad perfecta para ir de nueva cuenta a ese árbol y tirarse bajo su sombra, así lo hizo.
Tomó una gran bocanada de aire y se estiro perezoso, se sentó y acomodó de la mejor manera posible, colocando su raqueta y mochila como si se trataran de un par de almohadas, no paso mucho tiempo cuando ya se encontraba roncando sin pudo alguno, el lugar era perfecto. El sueño fue tal que después de dos horas seguía en el utópico mundo de Morféo, ignorante a que Shishido y Otori ya se habían ido a sus respectivas casas. Nadie tenía ni la más mínima idea de que el joven Akutagawa aún permanecía en el imperioso jardín de Keigo quien recién entraba a su habitación e busca de un poco de tranquilidad ante el agotador día que había tenido, sin mencionar que sus siniestros planes habían sido modificados.
Se acercó al enorme ventanal de piso a techo que adornaba una de las paredes de su recámara, miró a través del cristal ahumado, regocijándose ante la vista inmejorable de aquel atardecer, contempló por algunos segundos el espectáculo vespertino, contagiandose de la inmensa paz que transmitían los colores nacarados del cielo. Un rato de relajación, ahora se sentía mejor, estaba por despegarse de la ventana cuando un movimiento en el jardín lo hizo mirar hacía abajo para saber la razón de aquel extraño crujir de ramas. Arqueó una ceja contrariado ante lo que veía, el castaño atormentador de sus sueños estaba tirado en el verde pasto, roncando sin ninguna pisca de vergüenza, Atobe masajeó sus sienes como intentando relajarse ¡ese muchacho era el colmo! ¿Qué rayos hacía ahí desparramado?
Tal fue su impresión que olvido por completo el plan que tenía para él y Jiroh, tal vez era mejor así. Bajo por las rusticas escaleras hasta llegar al portón de su hogar, salió a su paisaje privado y tomó dirección a ese árbol que cuidaba de su holgazán favorito; no tardo mucho en llegar y al hacerlo contempló unos segundos la profanable anatomía del menor, tan endeble y fragil a la vista, a veces no comprendía ese extraño hechizo que el de cabellos castaños le producía, tenía esa capacidad innata de embelesarlo sin siquiera desearlo, simplemente ese niño era despiadadamente adorable.
Con cautela y cuidando no pisar ninguna rama, se puso en cunclillas, depositando todo su peso en la punta de sus dedos de los pies; bobo, sonreía como bobo ante la candidez de esa cara infantil y chistosa del menor, le fascinaba esa revoltura en los desordenados cabellos castaños, le daban un aire despistado y aniñado, parecían tener una buena textura, no lo pensó dos veces cuando ya se encontraba retirando algunos mechones del perfil bronceado, aprovechando la ocasión paso la yema de su dedo de manera casi imperceptible por la mejilla de Akutagawa.
Siendo testigo de cómo la temperatura iba menguando se quito la chamarra y con ella cubrió al feliz durmiente, tomó asiento a su lado no estando muy seguro de lo que hacía. Pasaron diez, quince, veinte minutos hasta que finalmente la espalda de Jiroh no resistió mas y tuvo que cambiar de posición, girándose a su lado derecho desconociendo que las moldeadas piernas de su capitán estaban ahí, entonces el brazo inconsciente del muchacho abrazó descuidadamente las extremidades inferiores del mayor, mientras se dedicaba acomodar su cabeza en el casi desnudo muslo de Atobe que no tuvo más remedio que auto regañarse por no haberse cambiado de ropa y ponerse un pantalón. Si el contacto se alargaba más la respiración caliente de Jiroh sobre su piel no traería muy buenos efectos que digamos, su lado pasional estaría a dos centimetros de desatarse y sujetar con fuerza el esbelto cuerpo del muchacho que permanecía en un sueño profundo. "Pasión" repitió esa palabra unas tres veces en su mente, trayendo a colación su plan para esa tarde, al recordar todo vio que tenía la oportunidad perfecta de invadir la intimidad del holgazán, podía besarle sin prevo aviso o bien poder tocar lugares nunca antes mancillados… pero verle tan indefenso y tierno le hizo abandonar en un dos por tres aquella lujuriosa idea, se encontró sorprendido ante el efecto de protección que le producía la simple esencia del menor, era irrazonable lo que ese chiquillo lograba hacer con sólo permanecer dormido.
Un bostezó al puro estilo "Akutagawa" lo hizo volver a la realidad, el joven se movía con lentitud, asimilando la situación, miró con sus ojos vidriosos el rostro interrogante de Atobe. Debido a su estado inconsciente jamás percibió que por largos minutos permaneció acurrucado en el cuerpo de su compañero.
-Al fin despiertas, Jiroh-
-Sii- lastimoso y adormilado era el sonido producido por los labios del más pequeño.
-Todos se han ido- el recién despierto analizo el ambiente a su alrededor, se estiró y levanto decidido a marcharse.
-Buahh- bostezó- gracias Atobe, creo es hora de marcharme… me espera una larga siesta en el camión –rió ante tu propia torpeza.
-¿Eh?-
-Tendre que andar solo por la noche… porque casi anochece, ¿verdad Atobe?- el mayor entendió perfecto las indirectas de Jiroh, ese pequeño deseaba quedarse a dormir y no tener que recorrer ese largo camino, si no conociera lo despistado que Akutagawa podía ser, podría casi jurar que esa había sido su tirada desde el principio.
-Eh Jiroh…- el menor le vio esperanzado- puedes llevarte mi chámara si gustas- comentó divertido al ver como el muchacho se arropaba con ella, al terminar de ponérsela notó como le quedaba más grande de lo normal, en definitiva esa no era suya.
-Ohhh, je bien me voy- estaba por irse cuando la voz de Atobe le detuvo.
-Jiroh, de sobra sabes que puedes quedarte a dormir bajo el lecho de Ore-sama-
-¿lecho? ¡sugoi! ¡Dormiremos juntos! Que bueno por que tu casa es algo tétrica y me da un poco de miedo- Keigo casi se atraganta al repasar su ultima oración, más bien esa palabra "¡era techo, no lecho idiota!" se reprendió, aunque también agradeció que Jiroh no malinterpretára las cosas y notará como su subconsciente y lado perverso lo habían traicionado en aquella frase.
Interesante, Jiroh ya estaba despierto, eso cambiaba la cosa, haberle besado o tocado estando dormido era casi como violarlo, pero ahora estaba consiente, así que todo dependía de su talento como seductor para conseguir que esa misma noche el castaño terminara siendo su novio, '¡era casi un hecho! Después de todo ¿quién podría resistir la tentación de dormir en la misma cama con Atobe Keigo… en paños menores?
Continuará…
¡Mil disculpas! de nuevo olvide actualizar por estos rumbos jeje, ¿algo torpe neh? p
ero bueno la ventaja es que ya tengo hasta el capítulo seis, asi que dentro de ocho días subo el cinco.
Gracias por su tiempo y lectura.
