Durante todo el camino hasta casa, Don se fijó que su hermano no le había quitado la vista de encima a Maggie en ningún momento y mucho menos había dejado de tenerla en brazos.

Por mucho que a él le había sorprendido y le había dejado, durante el primer momento, en shock, la noticia de ser padre, para Charlie parecía lo más normal del mundo, como si hubiera estado esperando durante toda su vida a que Don le presentara a su sobrina.

Había estado pensando durante todo el rato como darle la noticia a su padre pero nada de lo que se había pasado por la mente, parecía tener sentido. Por eso, decidió decírselo sin más y dejar que las cosas ocurrieran solas.

Por fin aparcó el coche. Delante tenía la entrada de la casa de su hermano y su padre, la misma casa en la que había crecido y vivido él toda su infancia y adolescencia y ahora resultaba que llegaba un nuevo miembro a la familia, totalmente inesperado, pero nuevo al fin y al cabo.

"Supongo que querrás decírselo tu a papá." Dijo Charlie por fin desde que había subido al coche.

Antes incluso que Don pudiera contestar, Charlie ya se había bajado del coche, había ido hasta su lado y le estaba entregando a la niña. "Gracias." Don suspiró hondo un momento, mirando la casa que tenía delante. "¿Cómo crees que se lo tomara?"

Charlie sonrió. "Bueno, teniendo en cuenta que lleva mucho tiempo dejándonos caer es de que a ver cuando sentábamos la cabeza y le dábamos nietos, creo que bien. Lo que me preocupa es como conseguir que no acabare a Maggie todo el tiempo." Don comenzó a reír, momento en el que la niña se despertó y los miró a los dos alternativamente.

"¿Qué tal si entro yo primero y le pongo un poco en antecedentes?" Don asintió, con la mirad fija en los ojos negros de la niña, que había atrapado con fuerza uno de sus dedos.

- o -

Cuando Charlie entró en casa, se encontró a su padre en el salón, estudiando sus apuntes de la escuela; por lo que al principio no se enteró de la llegada de su hijo. Charlie fue hasta él y esperó hasta haber atraído la atención de su padre.

"Charlie, ¿Qué haces aquí, no ibas a pasar la noche en casa de tu hermano?, No me digas que ya está trabajando otra vez en un caso nuevo." Charlie sonrió.

"Un caso nuevo, si algo así." "No es nada de eso papá, es bueno… ¿Te acuerdas de Irina?"

"¿Irina?" Alan se detuvo a pensar un momento. "¿Aquella chica con la que estuvo tu hermano hace cosa de un año? ¿Estaba en casa de tu hermano?"

"No, ella no estaba, pero si que ha traído a su hija." Alan dejó los papeles que llevaba en la mano sobre la mesa, prestando atención a Charlie.

"¿Irina tiene una hija? Pues debió de quedarse embarazada justo después de dejarlo con Don." Charlie se cayó un momento, con la mirada todavía clavada en su padre, era como si Alan supiera toda la historia. Entonces su padre se dio cuenta, lo leyó en los ojos de Charlie, tan expresivos como siempre. "Charlie, ¿Estás diciendo…?"

"Si papá, es niña es hija de Don." De nuevo Charlie se cayó, dejando que su padre asimilara lo que Charlie le acababa de decir. El profesor aprovechó el momento para sentarse junto a su padre y esperar a que este dijera algo.

"¿Tengo una nieta?" Dijo Alan mientras una enorme sonrisa se dibujaba en su rostro. "¿Por qué tu hermano no me había dicho nada?, ¿Tu lo sabías?"

"No papá, yo también me he enterado hace un rato, bueno y Don también. Hasta esta misma noche no tenía ni idea que era padre." Charlie miró por la ventana hacia el coche de su hermano, pero Don ya no estaba allí. Entonces el timbre de la puerta sonó.

Charlie se quedó donde estaba, esperando que fuera su padre quien abriera la puerta, quien recibiera a Don y a Maggie. Tal como Charlie había pensado, sin que le dijera nada, Alan se levantó y fue hasta la puerta.

Al abrirla, casi no podía creer lo que veía, pues nunca había visto a ninguno de sus hijos con un bebé en brazos y mucho menos, cuando resultaba que ese bebé era su propia nieta.

"Donnie." A Don no le hizo falta nada más para saber lo que quería su padre. Por ello, se acercó a él y le dejó a la niña, que al ver al nuevo desconocido, lo observó concienzudamente. "¿Cómo se llama?"

"Si te parece bien, había pensado en llamarla Maggie, como mamá." Alan levantó la mirada hacia su hijo. Aquel comentario había sido lo más hermoso que había escuchado nunca. Por fin tenía una nieta, su primera nieta y resultaba llamarse como su mujer, después de tanto tiempo, Margaret, volvía a la familia.

"¿Y a su madre le parece bien el nombre?" le preguntó Alan una vez que su hijo hubo entrado en la casa y estaban todos en el salón.

Al escuchar la pregunta, Don se quedó mirando a Charlie. "No se lo he dicho. He pesado que preferirías decirle tu mismo esa parte."

"¿Qué parte Donnie?" Alan se había sentado en uno de los sillones del salón, con la niña en brazos, que igual que había hecho un poco antes con Don y Charlie, emitía pequeños y graciosos sonidos, mientras se movía en los brazos de su abuelo.

"Irina no está. Me ha dejado a la niña, porque dice que le persiguen y no quiere ponerla en peligro." Don también se sentó; pero lo hizo lo más cerca que pudo de donde se encontraba la niña. Sin un rato antes, había sido incapaz de saber lo que hacer con una niña tan pequeña; ahora resultaba que podía alejarse mucho de ella sin echarla de menos.

Apenas era capaz de no perderse en esos maravillosos ojos negros, tan vivos y expresivos, los mismos que había tenido su madre cuando era joven. Sabía que la vida a partir de ese momento iba a ser diferente y que nunca había pasado por nada parecido, pero ver como su padre y su hermano se comportaban con Maggie, le ayudaba a pensar, que nada malo podía ocurrir.

"¿Su madre la ha abandonado, como puede hacer algo así?" La niña se removió en los brazos de Alan. "Parece que tiene hambre."

"He visto un par de biberones en la bolsa que había en el carrito, voy a por ellos." Dijo Charlie un momento antes de levantarse, acercarse donde estaba su padre y acariciar la cabecita de la niña. Después de eso, salió de la casa.

"¿Qué vas a hacer ahora Donnie? Quiero decir, con tu trabajo y la niña."

"No lo se papá, ni siquiera me he hecho a la idea todavía que ella ahora depende de mi. No se lo que lo voy a hacer y es lo que más miedo me da. Siempre me ha gustado tenerlo todo controlado y ahora resulta que…"

Don se detuvo. No estaba seguro de lo que había estado a punto de decir, porque no tenía nada claro en la cabeza en ese momento. Nada excepto una cosa. Esa niña acababa de convertirse en la parte fundamental de su mundo, en lo único en lo que era capaz de pensar ahora y lo que le había trastocado toda su vida y por mucho que pretendiera que así fuera, no le importaba lo más mínimo.

"Había pensado, bueno ha sido idea de Charlie, venirme aquí un tiempo. No se, al menos hasta que me organice y sepa lo que hacer. Si os parece bien a los dos claro." Don vio a su padre sonreír feliz, como si en vez de lo que le había dicho, le hubiera dicho que le acababa de tocar la lotería con el mayor premio posible.

"¿Parecerme bien? Donnie, estamos hablando de mi nieta, de poder tenerla el mayor tiempo posible cerca y ayudarte a cuidarla y criarla. ¿Cómo no va a parecerme bien? Y en cuanto a tu hermano, aunque no te lo hubiera pedido, creo que está tan ilusionado como yo con Maggie."

A Alan casi se le hacía raro pronunciar el nombre de su mujer mientras miraba el cuerpecito de la niña que tenía entre sus brazos. Pero cuando pensaba que realmente era cierto, que podría ver crecer a su nieta y que podría criarla como siempre había soñado hacer, todas las dudas y los sentimientos extraños desaparecían por completo, dejando paso a la mayor de las felicidades.

"Los tengo." Dijo Charlie al volver a entrar a la casa.

"Bueno, supongo que habrá que empezar por darle de comer a esta preciosidad, antes que desarrolle su gen Epps para pedir las cosas de la forma más insistente posible. Ten."

Alan le pasó la niña a Don, pues sabía que por mucho que no quisiera separarse de ella y darle su primer biberón, aquello era algo de lo que debía disfrutar sobretodo su padre, pues cuando menos se lo esperara, aquel bebé se convertiría en una niña y la paz de ver como dormía en sus brazos desaparecería para siempre. "Voy a bajar al garaje, seguro que encuentro alguna de vuestras cosas de cuado erais bebés, al menos para esta noche."

- o -

Para sorpresa de todos, en cuanto Maggie se tomó el biberón, se quedó dormida y ya no volvió a despertarse hasta la mañana siguiente, en la que Don tuvo que tomar su primera lección práctica de cambiar pañales a un bebé.

Después de eso, llegó el momento de dar la noticia. Aunque no tenía que ir a la oficina, pues estaba en sus días de vacaciones, Don decidió pasarle, llevando consigo a su hija casi recién nacida. Cuando lo vieron llegar, la noticia fue más que mayúscula.

"¡Don es preciosa, realmente se parece mucho a vosotros!" Dijo Megan que fue la primera en verla. En cuanto vio al resto del equipo, Megan los llamó, llevada por la emoción de la noticia.

Al principio, Colby pensó que se trataba de una broma y no se lo creyó, pero al ver la forma de comportarse de Don con la niña, tan diferente al jefe que él conocía; poniendo toda su atención en la niña, haciéndole carantoñas y en ningún momento alejándose de ella, se dio cuenta que la historia era real.

"¿Cómo pudo Irina dejarla?"

"No lo se Colby."

"¿Y que vas hacer ahora? Siendo que siempre estás metido en algún caso. Tendrás que parar un poco." Megan siempre había sido la parte más sensata y lógica de ese grupo, por lo que no podía haber sido otra persona la que hubiera dicho eso. "Ahora tienes otra persona en la que pensar. Bueno, personita." Terminó diciendo, mientras todos sonreían.

"Ya he estado pensando en eso, aunque no estoy seguro de lo que voy a hacer, porque no puedo dejar el trabajo, Charlie tiene sus clases y proyectos y mi padre está muy ilusionado con haber vuelto a la universidad. No puedo pedirles que dejen su vida de lado por nosotros."

Todos se quedaron cayados un momento, sorprendidos de que Don hubiera dicho nosotros, poniendo a Maggie ya como parte fundamental e indispensable de su vida. "También estamos nosotros." Dijo por fin Megan, mientras Colby y David la miraban. "Estoy segura que estos dos agentes especiales del FBI estarán encantados de cuidar de una niña tan dulce y encantadora. ¿Verdad que si chicos?" Dijo volviéndose hacia ellos.

"Claro, claro." David no parecía del todo convencido de lo que estaba diciendo, aunque desde luego no le iba a fallar a su amigo, cuando más los necesitaba, por el miedo que le pudiera dar, tener que encargarse de un bebé, cuando no lo había hecho nunca.

"Supongo que si hemos podido enfrentarnos a francotiradores y bombas que podían destruir un edificio entero, cuidar a una niña no será tan difícil."

Don dejó el cuco de Maggie sobre su escritorio, pero sin llegar a quitarle la vista de encima en ningún momento a la niña y se acercó a sus amigos. "Gracias de verdad, no se como, pero se que esto saldrá bien."

El teléfono se puso a sonar, al mismo tiempo que Maggie comenzó a llorar. "Don, lo jefes preguntan por ti, por no se que caso de tráfico de drogas, dicen que es urgente y que te necesitan ahora." Le dijo Colby. "Lamentan que estés de vacaciones, pero creo que es importante."

Don miró alternativamente a su hija y al teléfono y en ese preciso momento, se dio cuenta que aquello iba a ser más difícil de lo que había llegado a imaginar.

"Tranquilo, habla con ellos que ya me quedó yo con Maggie, cuando vuelvas la tendrás de una pieza, con el biberón tomado y el pañal cambiado." Megan ya había cogido a la niña para calmarla y que dejara de llorar, cosa que hizo tan sólo un momento más tarde.

"Supongo que tendré que acostumbrarme a esto." Terminó diciendo Don, cuando se marchaba.