Charlie se detuvo frente a la puerta de la habitación. Le parecía extraño que después de tanto tiempo, su hermano estuviera viviendo otra vez allí, en el mismo cuarto en el que había crecido y que había dejado al marcharse de Los Angeles.

Había pasado tanto tiempo y tantas cosas habían cambiado, que ahora tener en casa a la pequeña Maggie, le pareció a Charlie lo más natural del mundo; pues en poco más de un par de días ya se sentía incapaz de ver el futuro sin tener cerca de su encantadora sobrina.

Don se había metido en su cuarto a trabajar nada más terminar de cenar. Desde que Charlie tenía memoria, sabía que a su hermano le gustaba estar sólo para pensar y aclarar sus ideas.

Esperó un momento, pero no escuchó nada a través de la puerta, ni las teclas del ordenador, ni a Don hablando por teléfono con ninguno de los miembros de su equipo. Con mucho cuidado abrió un poco la puerta. Todo estaba oscuro, a excepción de la luz de la mesilla. Tal y como había creído Charlie, no había ningún ruido, a excepción de un pequeño sonido proveniente de la cama.

Charlie se acercó a la cama y cuando los ojos se le acostumbraron a la oscuridad, descubrió a su hermano, tumbado de medio lado, quieto, obviamente dormido. A su lado vio un pequeño bulto que se movía. Al llegar finalmente hasta la cama, sus ojos dieron con los de Maggie. La niña estaba despierta, con el brazo de su padre sobre su pequeño cuerpo, como si la estuviera protegiendo.

El profesor sonrió y tratando de no despertar a su hermano se hizo con la niña, que apoyó su cabecita contra el pecho de Charlie. Don se removió y como si hubiera estado atento todo el rato, abrió los ojos, miró hasta donde había estado un momento antes la niña y al no encontrarla, se incorporó velozmente, mirando a su alrededor; hasta que se encontró con Charlie y Maggie en sus brazos.

"Lo siento, no quería despertarte." Don sonrió al mirar a la niña en lo brazos de Charlie. Parecía algo tan natural en ese momento y al mismo tiempo tan extraño ver a su hermano con la niña. Miró su reloj antes de ir a levantarse, todavía no eran ni las once de la noche y ya se había quedado dormido, si se ponía a trabajar en ese momento, todavía podría hacerlo durante un par de horas más. "Pareces agotado ¿Por qué no duermes hasta mañana? Yo me encargo de Maggie."

"Esta tarde los chicos me han dado una buena pista sobre Irina, antes de dormirme estaba cerca de sacar algo en claro." Charlie negó con la cabeza mientras sonreía y miraba los papeles que habían terminado en el suelo. Le parecía increíble que su hermano tuviera tanta fuerza de voluntad, incluso cuando podía ver que estaba al límite de sus fuerzas.

"Claro y si dentro de media hora te llaman diciendo que el mundo se acaba, irás a salvarnos a todos." Mientras hablaba, Charlie acunó a Maggie, hasta que esta terminó por quedarse dormida. "Don, no puedes seguir comportándote como lo hacías hace una semana, ahora tienes una responsabilidad con tu hija y tal vez sería bueno que dejaras que tu equipo te ayudara en esto y que papá y yo cuidemos de vez en cuando de Maggie." Antes que Charlie terminara de hablar, Don se dejó caer de nuevo sobre la cama, tapándose el rostro con las manos y suspiró con fuerza.

"¿Tan mala cara tengo?" Dijo Don suspirando.

"Soy tu hermano, te conozco mejor que nadie y se que estás agotado, no me hace falta verte la cara para saber que vas a terminar rendido como priorices las cosas. Si quieres puedo hacerte un horario maximizando tus horas con Maggie y las que deberías estar trabajando. La formula no es difícil, con un par de cálculos…"

"Lo he pillado Charlie." Don se echó a reír al ver como su hermano se preocupaba por él y sobretodo como lo hacía sin parecer agobiante. Sabía que con hablarle un minuto seguido sobre fórmulas, números y matemáticas, conseguiría lo que quería, pues siempre había sido así. "Maggie tiene que comer en un par de horas y no creo que tarde mucho en necesitar un cambio de pañales. No le gusta que se le ahogue mucho con la ropa de la cuna…"

"Lo he pillado Don." Dijo Charlie repitiendo la frase utilizada un momento antes por su hermano. Quien se lo iba a decir, escuchar a su hermano hablar sobre pañales, biberones, cunas y horas de la siesta. Si le hubieran dicho unos días antes que ese iba a ser su hermano, Charlie no se lo hubiera creído.

"Bueno… buenas noches." Dijo finalmente Don. Sin que tuviera que decir nada, Charlie se acercó a la cama y se sentó junto a su hermano, para que esta pudiera besar dulcemente la cabecita de su hija y darle las buenas noches, aunque la niña ya se había dormido.

"Descansa, lo necesitas." Charlie salió del cuarto y dejó a su hermano sólo. Don se sentó en la cama y se paró a pensar un momento en lo que había dicho Charlie. Realmente su vida había cambiado para siempre aunque no quisiera reconocerlo delante de nadie.

Ya no se trataba tan sólo de su trabajo en el FBI, ya no sólo era el agente especial Don Epps y la ciudad no era su mayor prioridad. Charlie y su padre habían dejado ser las personas de las que más se tenía que preocupar. Ahora había alguien más, alguien que le necesitaba más que nadie en el mundo y al que hacía menos de una semana ni siquiera conocía.

Maggie había aparecido cuando creía que tenía la mayor parte de su vida solucionada y le había dado la vuelta a todo para siempre. Charlie tenía toda la razón, necesitaba ayuda para poder compaginarlo todo, el trabajo y su familia, sus responsabilidades fuera de casa y su vida familiar. Todos se habían ofrecido para ayudarle, sin que él dijera nada y todavía no les había dado las gracias.

Se volvió a tumbar en la cama, la cabeza estaba empezando a dolerle, tenía demasiadas cosas en las que pensar y ahora estaba demasiado cansado como para hacerlo. Decidió dejarlo para el día siguiente y dormir toda la noche de un tirón.

- o -

"Así que Charles, hoy estás ejerciendo de tío." Larry se sentó junto al cochecito en el que dormía Maggie.

Le había cogido por sorpresa a Charlie que su hermano le hubiera pedido nada más levantarse que si podía quedarse con la niña esa mañana, que después de haberle dado vueltas a la desaparición de Irina durante toda la noche, creía tener una buena pista.

Obviamente, Charlie no se había negado, aunque hasta esos días no había pensado lo que cuidar a una criatura tan pequeña significaba, ahora no podía imaginarse pasando mucho tiempo lejos de ella.

Charlie se acercó a la niña y le acarició la mejilla, mientras vio que ella se removía, acercándose todo lo que podía a él. "Don me lo ha pedido ¿Cómo iba a decir que no?" Sin que Charlie se diera cuenta, Amita apareció detrás de él y le rodeó el cuello con los hombros.

"¿Sabes que te sienta muy bien el papel de padre responsable?" Charlie se volvió hacia ella y la besó en la mejilla mientras sonreía alegremente.

"¿Estás lanzándome algún tipo de indirecta de la que yo no tenga conocimiento?" Amita pareció ruborizarse y Charlie abrió la boca para decir algo más, pero cuando Maggie comenzó a llorar los tres se volvieron hacia ella y Charlie la cogió en brazos y comenzó a acunarla para que se durmiera de nuevo.

"¿Cómo va el caso de tu hermano con la madre de Maggie, ha descubierto ya donde está?" Preguntó Larry mientras Charlie y Amita todavía se miraban sonriéndose con complicidad en los ojos. "¿Charlie?"

El profesor se volvió hacia Larry cuando se dio cuenta que Amita, por el momento no le iba a contestar a su pregunta, aunque tampoco le hacía falta pues ya sabía cual era la respuesta.

Si esa misma situación, la posibilidad de ser padres se la hubiera planteado un mes antes, seguramente, Charlie hubiera pensado que era la cosa más rara e imposible del mundo. Sin embargo, ¿Qué podía decir cuando Maggie se había dormido de nuevo apoyada en su hombro, cuando no quería separarse de ella ni un momento?

Amita se había dado cuenta de lo que Charlie sentía sin que se lo hubiera dicho, ya llevaban mucho tiempo juntos y las palabras casi habían dejado de ser necesarias entre ellos. Tan sólo con observar como Charlie miraba a su sobrina, como la cuidaba, como la trataba, como si se tratara de su propio padre, Amita comenzó a plantearse algo que hasta ese momento no se le había pasado por la cabeza.

Tal vez no en seguida, pero más pronto que tarde, quería proponerle a Charlie tener un hijo con él y por lo que veía ahora, estaba segura que él no iba a decir que no y que sobretodo, sería un padre estupendo para su futuro hijo.

- o -

Cuando David le había llamado esa mañana, diciéndole que habían encontrado la última dirección conocida en la que había vivido Irina, Don sabía muy bien, que allí no la iba a encontrar, que no sería tan tonta como para quedarse allí si realmente alguien la perseguía y si le había dejado a la niña sin decir nada, supuso que tampoco querría que él mismo la encontrara.

Sin embargo, también pensó que tal vez allí podría encontrar algo que le diera una pista de donde se había ido o cuanto tiempo les llevaba de ventaja. Tenía que encontrarla, tenía demasiadas preguntas que hacerle, pero sobretodo había una que le estaba volviendo loco y necesitaba que ella se la respondiera. Tenía que saber como era posible que hubiera abandonado a su propia hija, por mucho que la dejara con su padre, Don no comprendía como había sido capaz de dejarla así sin más. Con sólo dos días cuidándola y criándola, Don ya no era capaz de verse alejado de Maggie.

El bloque de apartamentos en el que Irina había vivido era pequeño y no estaba en el mejor barrio de la ciudad. La puerta de la calle estaba entreabierta, por lo que Don entró sin pensárselo dos veces. El ascensor no funcionaba, cosa que no le extrañó nada, después de ver el aspecto del resto del edificio. Al menos sólo tenía que subir hasta el segundo piso.

Una vez allí y tan sólo habiendo dos puertas en el rellano, dio en seguida con la que había sido de Irina, y vio que también estaba entreabierta. Se movió despacio, si había alguien dentro no quería revelar su posición para poder sorprenderle, en el caso de que fuera un ladrón o alguno de los tipos que iban detrás de Irina.

Abrió la puerta lentamente, pero a simple vista no encontró nada. Apenas había muebles en el interior y los que había no estaban en el mejor estado posible. Caminó hasta el salón y allí no encontró nada. Fue hasta el resto de las habitaciones, pero cuando fue a entrar en el dormitorio, escuchó un ruido dentro. Se detuvo en seco y sacó su arma. Empujó levemente la puerta y echó una ojeada dentro.

No vio nada ni a nadie. Se dispuso a entrar, pero al hacerlo, alguien se lanzó contra él. Se trataba de un hombre algo más alto que él y desde luego con más fuerza. Lo pilló por sorpresa, por lo que, con un par de golpes rápidos hizo que Don perdiera el arma en el suelo.

El hombre le golpeó en la cabeza y Don cayó al suelo. Cuando creía que el hombre iba a continuar golpeándole este, se agachó y lo tomó por la chaqueta. Por fin pudo verle la cara, aunque no parecía estar de muy buen humor en ese momento.

"¿Dónde está Irina?" Le increpó el hombre.

"No lo se, yo también venía a buscarla." Don trató de mantener la calma, aunque en la situación en la que se encontraba, esa no era la cosa más fácil del mundo en ese momento.

"Tu tienes a la niña, ¿Dónde está?" Don se sorprendió de que hombre supiera tanto de él. Seguramente le había estado siguiendo o hubiera visto a Irina dejar a Maggie con él. Al menos ahora sabía que los hombres que perseguían a Irina también iban detrás de su hija y eso no lo iba a permitir.

"No se de lo que estás hablando, yo sólo estoy buscando a Irina." El hombre lo zarandeó con fuerza y con el último impulso, Don se golpeó la cabeza contra la pared.

"No te hagas el tonto, he estado siguiendo a esa maldita mentirosa hasta que desapareció y la última vez que la vi con la niña fue a tu casa. Así te lo volveré a preguntar una vez más ¿Dónde está la niña?"

Por mucho que le presionara, lo último que iba a hacer Don, era hablarle de su hija, estaba dispuesto a protegerla con su vida, igual que haría por su padre y por Charlie. ahora la niña era parte de su familia y no iba a perderla sin luchar.

"Te repito que no lo se." El hombre lo soltó por fin y pareció levantarse. Sin embargo, antes de hacerlo, se volvió otra vez hacia Don.

"Lo se todo sobre ti y tu familia. ¿Crees que si voy a hacerle una visita a tu hermano a la universidad, me dirá donde tienes a la niña?"

"No te acerques a mi hermano y o a mi hija. Te juro que…"

El hombre comenzó a reír. "¿Tu hija? Eso es lo que te ha dicho Irina, lo siento amigo, pero esa niña es mi hija y pienso recuperarla, con tu ayuda o con la de tu hermano." Por fin el hombre se levantó, mientras Don se quedó en el suelo, todavía le dolía la cabeza. Sin embargo, de nuevo el hombre se volvió hacia él y con un objeto duro, pero que Don no pudo identificar, le asestó un nuevo golpe en la cabeza, dejándolo allí en el suelo, inconsciente.