Alguien llamó a la puerta de su despacho y en un principio, creyó que se trataría de Amita o Larry, pero al darse la vuelta, Charlie vio que no era sí. Frente a si, tenía a un hombre, se parecía a todos aquellos tipos que su hermano solía detener por pertenecer a bandas peligrosas de la ciudad. Desde luego, no le dio muy buena espina su aspecto, pero no dijo nada y espero a saber lo que quería.

"Usted es el profesor Charles Epps ¿verdad?" El hombre entró en el despacho cuando ni siquiera le había contestado todavía, cosa que a Charlie no le hizo ninguna gracia, pero cuando el hombre se quedó mirando a Maggie, que estaba durmiendo en su cochecito junto él, con los ojos fijos en ella, como si la conociera de mucho antes, eso si que fue demasiado para él.

"Perdone, pero ¿Quién es usted?" Dijo con toda la tranquilidad de la que capaz, dentro de que esa situación no le hacía ninguna gracia.

"Su hermano me ha comentado que podría encontrarle aquí." Charlie frunció el ceño, desde luego aquella situación, había pasado ya de gustarle a poco a comenzar a darle mucho miedo.

Con un movimiento casi imperceptible, se colocó delante de la niña evitando que le hombre la pudiera ver o acercarse más a ella. "¿Es su hija?" Charlie asintió, mientras trataba de sonreír.

Disimuladamente, consiguió sacar el teléfono móvil del bolsillo y sin que el hombre se diera cuenta marcar el número de su hermano, dejándolo un momento después escondido entre un montón de libros. "Es muy guapa, veo que la quiere mucho para tenerla cerca. Yo no tengo hijos, pero mi hermano si, tiene una niña, de la misma edad que la suya."

El hombre caminó un poco más hasta donde estaba Charlie y este, con un movimiento totalmente inconsciente cogió a la niña protegiéndola entre sus brazos. Sus movimientos fueron tan involuntarios, que sólo se dio cuenta que llevaba a Maggie, cuando la escuchó emitir unos leves ruiditos ahora que se había despertado.

El hombre volvió a mirar a la niña, de una forma tan extraña, al mismo tiempo que terrible, que Charlie no pudo evitar estremecerse. No sabía quien era ese hombre ni porque conocía a su hermano. Pero no le daba buena espina, no le hacía gracia que mirara así a su sobrina y que se acercara tanto a ellos.

Por eso, intentó moverse de allí, llegar hasta la puerta lo más rápido que pudiera y buscar ayuda. Al menos si estaba con más gente a su alrededor, tal vez el hombre se marchaba y los dejaba tranquilos.

"Lo siento, pero creo que no me ha dicho quien era usted y el motivo por él que había venido a verme." Dijo finalmente Charlie, intentó ganar tiempo, esperando que Don hubiera escuchado su llamada perdida y apareciera a para ayudarle.

"He estado con su hermano hace un rato, no mucho; ha sido un encuentro bastante interesante. Lo cierto es que creo que le he dejado muy impresionado." El tono de voz sonó casi con sorna.

Charlie no dijo nada, no quería mostrar el miedo que esa frase y la expresión en el rostro del otro hombre estaban produciendo en su interior. Pero si su primera impresión era cierta, algo le había ocurrido a su hermano, Don estaba en peligro o por algún motivo no podía ir en su ayuda y ese hombre lo sabía.

"¿Qué le ha hecho a mi hermano?" Aunque no quería poner en mayor peligro a la niña, que como él, estaba sintiéndose bastante inquieta, Charlie no pudo evitar preguntar, al menos quería saber si le había ocurrido algo realmente grave a Don.

"Yo no le he hecho nada profesor Epps, ya le he dicho que tan sólo hemos estado charlando." El hombre parecía tan tranquilo y tan sincero mientras decía eso, que en otra circunstancia y sin la mala espina que le estaba dando todo aquello, Charlie le hubiera llegado a creer. "Sin embargo, creo que el agente Epps no se ha tomado demasiado bien mi visita. Es una lástima, ya que yo tan sólo quería tener una conversación amistosa con él."

Mientras escuchaba aquello y comenzaba a imaginarse lo que podía haberle ocurrido a su hermano, Charlie se dio cuenta que el hombre lo había acorralado, que ya no tenía la puerta de su despacho a la vista, que no podía salir de allí, con la niña encima sin echar a correr y sin que, seguramente, el hombre lo llegara a pillar antes de conseguir salir de allí.

"Lo siento, pero tengo mucho trabajo y me gustaría estar sólo." Charlie sabía que ese truco no iba a funcionar, que el hombre había ido a por la niña y que no se marcharía sin ella.

"¡Que causalidad! Yo también tengo mucho que hacer así que, podría ponerme las cosas mucho más fáciles y entregarme…" La voz proveniente de la puerta hizo que el hombre dejara de hablar, pero no se dio la vuelta, los ojos clavados en Charlie y la mano algo extendía ya hacia él y la niña.

"Charles, siento haberme retrasado tanto, pero ya te puedes ir a dar tu siguiente clase, que yo me quedo con la niña." Larry había aparecido en el mejor momento posible, aunque Charlie no estaba del todo seguro de que el hombre se fuera a machar, pues viendo esos ojos frente a los suyos y toda la tensión que acumulaba en el cuerpo, parecía que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por conseguir lo que quería. "¿Charles?"

Para sorpresa de Charlie, Amita también apareció en ese momento en la puerta de su despacho, mirando lo que estaba ocurriendo. Aunque el profesor no la miró directamente, si que pudo reconocer la extrañeza en la expresión de su cara, su silencio demostraba que estaba algo preocupada por lo que allí estaba ocurriendo.

Charlie no había dicho nada todavía, pues tenía puesta toda la concentración en el otro hombre. Sin embargo, cuando vio que este se movía por fin, alejándose de él y dándose la vuelta, Charlie pudo respirar.

"Muy bien profesor Epps, tiene razón, los dos tenemos cosas que hacer y este no es el mejor momento para hablar sobre este tema." El hombre se dio por última vez la vuelta hacia él. "Volveremos a vernos. Espero que le de recuerdos a su hermano de mi parte, cuando lo vea."

Sin decir nada más, el hombre se marchó. Al llegar a la puerta, tanto Larry como Amita se echaron a un lado dejándole pasar, mirándole mientras desaparecía por el pasillo y un momento después se volvieron hacia Charlie, que con la respiración todavía entrecortada, se sentó en la mesa y abrazó con fuerza el pequeño cuerpecito de la niña, besó su cabeza y finalmente levantó la cabeza hacia los otros dos.

"Charlie, ¿estás bien?" Amita se acercó a él, observando su mirada perdida en el suelo y como todavía continuaba respirando entrecortadamente. "¿Charlie?" Le puso una mano en el hombro y lo notó tenso. En ese momento él levantó la mirada hacia ella.

"Don." Con un movimiento rápido le pasó la niña a Amita y volvió a coger su teléfono. Volvió a marcar el número de su hermano, pero este no contestó. "Mierda, Don, ¿Dónde estás?" Sin decir todavía nada, volvió a marcar otra vez, "¿David? Soy Charlie, dime que sabes donde está mi hermano."

"Se marchó esta mañana para investigar una pista sobre Irina, pero no hemos sabido nada de él desde entonces, creíamos que estaría contigo."

"No, David, no se donde está Don y estoy preocupado por él, dime donde ha ido y nos vemos allí, ya os contaré el resto cuando lo encontremos." Al colgar el teléfono se dispuso a salir de su despacho, pero justo antes de hacerlo, se volvió hacia Amita que acunaba tranquilamente a la niña en sus brazos.

"Vete tranquilo, nos quedaremos con Maggie nosotros." Amita echó un vistazo rápido a Larry, que todavía estando junto a la puerta asintió en silencio. "Además me hace ilusión pasar algún rato con mi… sobrina." Amita sonrió al ver que Charlie también lo hacía, al menos parecía haberse relajado un poco. Después lo vio salir casi corriendo.

Ella no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo, pero tan sólo viendo la expresión de Charlie cuando estaba hablando con aquel hombre tan extraño, supo que ocurría algo fuera de lo normal.

Maggie se removió y al mirarla, la niña tenía los ojos clavados en los suyos y con una de sus manitas cogía con fuerza su dedo índice. Amita volvió a sonreír, realmente, esa niña se parecía a todos los Epps, la misma fuerza en la mirada, pero también la misma sonrisa dulce que le había enamorado de Charlie la primera vez que lo había visto.

- o -

Los primeros golpes en la puerta, hicieron que Don recuperara la conciencia, aunque abrir los ojos fue algo que le iba a costar un poco más. Se dio la vuelta al darse cuenta que tenía la cara contra el suelo.

Los ruidos aumentaron y después comenzaron las voces, incluso creyó que reconocía algunas de ellas. ¿Era su hermano el que estaba llamándolo ahora? En ese mismo momento le daba igual, le dolía demasiado la cabeza como para intentar pensar en poder decir algo.

Pero si, ahora lo escuchaba perfectamente y sabía que reconocía esas voces, Charlie estaba allí y le estaba llamando, pero también reconoció a David y Colby, todo su equipo parecía estar allí y eso lo agradeció.

Por fin se decidió a abrir los ojos, aunque no le fue nada fácil. La oscuridad estaba a su alrededor. No sabía cuantas horas había estado inconsciente pero al ver la luz entrar por una de las puertas del apartamento, supo que todavía era de día.

Intentó incorporarse, pero justo al hacerlo, notó que la habitación, a pesar de estar en la penumbra, se movía sin parar, haciendo que se revolviera el estómago y unas ganas horribles de vomitar se apoderaran de él.

"Vamos Charlie tranquilo, estoy seguro que Don estará bien." Ahora las voces sonaban mucho más cercanas, tanto que podía escuchar las conversaciones aunque eso todavía reforzaba más su dolor de cabeza.

Charlie estaba preocupado por él, como siempre. Pero que podía hacer. Quería gritar y decir que estaba allí, pero no estaba seguro de poder hablar. ¿Tan fuerte había sido el golpe en la cabeza? Seguramente sí, pero quería no pensar en ese momento. Por eso decidió esforzarse un poco y tratar de hablar.

"Charlie." Fue todo lo que logró decir, pero tras un breve momento de silencio, se dio cuenta que había sido suficiente, pues la voz más tranquilizadora que podía escuchar en ese momento le contestó rápidamente.

"¡Don! ¿Dónde estás?" Por suerte no tuvo que volver a esforzarse en contestar, pues antes de tener que hacerlo, enfrente de él vio la sombra de su hermano acercándose a él. "¡Don!" Detrás de Charlie, también estaban David y Colby y justo detrás, aparecieron un par de médicos.

Sabía que estaba a punto de perder el conocimiento, ahora que lo pensaba, el golpe si que debía de haber sido duro, lo suficiente como para dejarle KO. Sin embargo, entonces se acordó del hombre que le había atacado, de lo que quería y de donde iba a ir cuando el dejó allí tirado.

"Maggie, iba a por Maggie." Dijo cogiendo con fuerza la mano de su hermano. "Quieren a la niña, quieren a mi hija."

"Tranquilo Don, ya lo se, pero está todo controlado, Maggie está bien con Amita y Larry. Megan ha ido a protegerlos con varios agentes." Mientras uno de los médicos comprobaba la magnitud de la herida, Charlie se quedó allí, junto a su hermano, con su mano todavía aprisionando la suya y con la otra acariciándole el pelo, ligeramente cubierto de sangre. "Tu descansa, ¿vale? Cuando te encuentres mejor hablaremos de esto."

"Pero Maggie…" Don no pudo continuar, no supo si se había tratado del dolor producido por el golpe, por el esfuerzo realizado para hablar o porque los médicos le habían dado algún tipo de tranquilizante o sedante. Pero no pudo seguir hablando por más tiempo y sin querer realmente hacerlo, tuvo que cerrar los ojos y un momento después quedó de nuevo inconsciente.

- o -

De nuevo las voces a su alrededor le despertaron, pero ahora pudo reconocerlas todas sin tener que esforzarse. Sabía perfectamente que allí estaban su padre y Charlie y que en el pasillo estaban hablando todos los miembros de su equipo. Pero sin lugar a dudas, la voz que más le llamó la atención, una que le hizo abrir los ojos y buscar su cara entre la gente.

Entonces la encontró, tal y como se lo había imaginado, Charlie llevaba en brazos a Maggie y al ver que Don había vuelto en si, se acercó a la cama y sentándose junto a su hermano, dejó este pudiera ver a la niña. Maggie le reconoció, tan sólo era un bebé, pero reconoció a su padre, alargando sus bracitos hacia él y esperando hasta que Don cogió su manita con la suya y sonrió.

Pocas veces recordaba haberlo pasado tan mal, tan sólo cuando Charlie había estado en peligro, cuando había estado a punto de morir, había notado como el corazón se le salía del pecho. Igual que entonces, cuando había creído no volver a ver esa carita tan dulce, esos ojos tan familiares, parecidos a los de su hermano y su padre, había creído que le había fallado a su propia hija.

Pero se equivoco, afortunadamente se había equivocado y Maggie estaba allí con él, podía tocarla, podía sonreírle y que ella le devolviera su sonrisa tan preciosa y podía estar tranquilo de que tanta gente fuera cuidar de ella y protegerla.

"¿Cómo te encuentras?"Le preguntó Charlie apartando por fin su atención de la niña por un momento.

"Sólo ha sido un golpe en la cabeza, tampoco hacía falta que me trajerais al hospital." Al oír eso, todos los presentes se volvieron hacia él dejando de hablar en ese mismo momento.

"¿Lo dices en serio? Llevas seis horas inconsciente. Crees que eso no es importante. ¿Te haces una idea del susto que nos has dado a todos?"

"Vale, vale, retiro lo dicho, tal vez si que haya hecho falta traerme." Mientras hablaba, Don comenzó a incorporarse, lo suficiente para poder llegar a coger a Maggie entre sus brazos y ver que ella se acomodaba. Se la quedó mirando fijamente. "Es sólo que…"

"Lo sabemos, por eso le hemos pedido a tu médico que nos dejara estar aquí con Maggie hasta que despertaras. Estábamos seguros que lo primero que querrías hacer sería estar con ella."

Don no contestó, Charlie había dicho todo lo que él necesitaba oír y tener a su hija casi recién nacida en sus brazos, fue lo que mejor le hizo sentir en ese momento. Al menos sabía, que pese al peligro que iban a tener encima los próximos días y quien sabe si meses, Maggie estaría bien protegida por gente de confianza.