Aquel mismo día, le dieron el alta a Don, aunque el mismo ya había decidido que no se iba a quedar esa noche, teniendo que cuidar de Maggie, después de lo que había pasado con el hombre que había tratado de llevarse a su hija. Charlie había tratado de convencerle para que se quedara, al menos una noche, que el golpe en la cabeza podía haber sido mucho peor de lo que parecía y que una noche de reposo no le iba a hacer ningún daño.

Don se mantuvo firme, no se iba a quedar y no había nada más que hablar. Charlie sabía demasiado bien que a tozudo no le podía ganar nadie. Charlie se había llevado a la niña. Al verlo marchar, Don sonrió, cada vez era más difícil separarle de la niña, era como si Maggie fuera suya, la quería tanto, que por un momento y después de lo ocurrido, que si le ocurriera algo a él, la niña tendría gente con la que estar bien, gente que la querría y la cuidaría. Obviamente, no habló del tema con nadie, pues imaginaba lo que le dirían, sólo con escucharle hablar de esa forma.

De esa forma, mientras había estado en el hospital, había tenido tiempo para pensar; Al principio no había recordado su encuentro con el hombre que buscaba a Irina, pero ahora que estaba más tranquilo, le vino a la cabeza aquello de que Maggie no era su hija.

Desde el primer momento en que había visto a la niña, algo dentro de él le había dicho sin lugar a dudas, que era su hija, esos ojos, esas manitas, esa sonrisa que ya había podido ver, todo le demostraba que no podía ser de otra manera, esa criatura era suya, era parte de su vida y de su familia.

Pero ahora no estaba del todo seguro, no se trataba de haber cambiado sus sentimientos hacia ella o que ya no la quisiera de la misma manera, simplemente era estar completamente que no iba a haber ninguna posibilidad de perderla, que ese hombre no podría tomar ninguna vía legal y arrebatarle a su preciosa hija.

No le importaba que la sangre no les uniera biológicamente, era su hija, dijeran lo que dijeran y volvería a arriesgar su vida por ella otra vez, igual que lo haría por su hermano o su padre; pero si aparecían documentos con los que podían arrebatársela. no podía permitirlo y si con una simple prueba de paternidad, salían de dudas y aquel peligro desaparecía, al menos se sentiría mejor.

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Por su parte, Charlie, sin separarse ni un momento de la niña, siguió investigando como podía encontrar a Irina y a la banda de maleantes que querían encontrarla a ella y a la niña. Cada vez le costaba más separarse de la niña. Nunca había pensado lo que significaría ser padre, había estado tan atareado en estudiar, en terminar la carrera y luego en ayudar a Don con los casos, que nunca se había planteado una posible paternidad. Pero ahora todo era distinto, Maggie estaba allí y su hermano necesitaba ayuda para poder cuidarla y sobretodo para protegerla y mantenerla a salvo. Don no le había dicho nada, pero Charlie sabía perfectamente lo que debía hacer por su hermano y por su pequeña sobrina.

"Charlie, deja que me lleve a la niña a casa, tienes otras cosas en las que concentrarte." Le había dicho su padre al salir del hospital, mientras acunaba a la niña en sus brazos y veía como se quedaba dormida, cogiendo con una de sus pequeñas manitas su camiseta.

"Da igual papá, está bien." Contestó él sin levantar la vista del diminuto cuerpecito que descansaba sobre él. "Yo me quedaré con ella." Sonrió dulcemente sin darse cuenta cuando vio a la niña restregarse los ojos con su manita.

"Sabes que no tienes porque hacer esto ¿verdad?" La voz de su padre sonaba seria, por lo que Charlie se lo quedó mirando a los ojos fijamente.

"No se porque lo dices." Charlie lo sabía bien, pero prefería no contestar, pues sentía que se que tenía que hacer aquello, que si que debía quedarse con la niña para asegurarse que estuviera bien. Había sentido tanto miedo con la visita del mismo hombre que había atacado a su hermano, que si no veía a la niña cerca, no podía pensar en otra cosa.

"me refiero a la niña. Entiendo que te preocupes por ella, como lo hacemos todo, pero tienes porque sacrificarlo todo por ella." Mientras escuchaba a su padre, Charlie volvió a bajar la mirada hacia la niña. ¿Realmente lo estaba haciendo, sacrificarlo todo por el bienestar de su sobrina?

No se lo había planteado así, pero de todas formas no lo iba a hacer, no ese día, no cuando habían estado a punto de quitarle de las manos a su sobrina, no cuando su hermano estaba en el hospital por protegerla, no cuando pudiera hacer algo para mantenerla segura.

"Vamos papá, no es para tanto. Sólo se trata de que acabo de descubrir a esta preciosidad y quiero pasar el mayor tiempo posible con ella." Mintió, no es que fuera un experto en hacerlo y no es que su padre se hubiera creído una sola palabra de lo que había dicho, pero los dos hicieron como si se quedaran conformes.

"Muy bien entonces, me voy a casa, esta noche vendré a recoger a tu hermano y si necesitas algo, ya sabes donde encontrarme." Ambos sonrieron, creyéndose una pequeña mentira que, en principio, no iba a hacer daño a nadie.

Su padre se marchó y él, poniendo a la niña en su carrito y luego dejándola perfectamente colocada en el coche, como si ya fuera todo un experto en hacerlo, se marchó de vuelta a la universidad.

- o -

Sobre las ocho de la tarde, la pizarra de su despacho estaba llena de cifras y fórmulas, como su se tratara de un enorme rompecabezas que sólo él fuera capaz de descifrar. Charlie se sentó en la mesa, con la vista clavada en la pizarra. Un leve sonido a su lado le llamó la atención y miró hacia el carrito. Maggie estaba despierta y le miraba, como si le reconociera, no lloraba para llamar su atención, simplemente estaba allí, moviéndose ligeramente, con un dedo que iba chupando como si se tratara de su chupete. Tras hacer un pequeño sonido más, la niña se rió, haciendo sonreír a Charlie.

"Tu tampoco lo entiendes ¿verdad?" Se acercó a ella y la cogió en brazos. No recordaba haber cogido a ningún bebé en brazos, pero con Maggie parecía la cosa más normal del mundo como si la hubiera estado haciendo durante toda su vida. "Se suponía que habíamos descabezado a la banda después de haber encerrado a su líder." Charlie acarició la mejilla de la niña y esta intentó atrapar su dedo índice con sus dos pequeñas manitas. "Se desperdigaron al día siguiente y desde entonces no hemos tenido noticias de ellos." Charlie suspiró sintiéndose totalmente frustrado por no tener ninguna idea de por donde podía seguir.

"¿Y si el tipo al que detuvisteis el año pasado no era el verdadero jefe de la banda?" Charlie se dio la vuelta. Junto a la puerta estaba Amita, tan radiante como siempre, sonriéndole y con dos vasos en la mano.

"¿Crees que nos pusieron una trampa para poder reorganizarse?" Charlie se levantó, sin separarse de la niña y fue hasta Amita. Ella miró a los dos y por un momento, sintió celos de Don. Ahora era padre, algo que ella había deseado ser desde que se había enamorado de Charlie. ¿Pero como decírselo? Si ya le había costado tanto decidirse a formalizar su relación, como le iba a decir ahora al profesor Epps, que estaba deseando tener un hijo con él.

Sin embargo, lo veía tan a gusto con la niña, todo parecía tan normal, tan natural, que Amita pensó, que tal vez sólo se trataran de paranoias suyas y que si le decía lo que sentía y que estaba preparada para ser madre a su lado, él lo comprendería y tal vez le diría que pensaba lo mismo que ella.

Pero decidió, que por el momento, no era buena idea decirle nada, al menos hasta que pasara todo y la niña estuviera a salvo. "No lo se." Contestó ella finalmente, haciendo caso omiso a sus propios pensamientos. "Sólo es una posibilidad, pero ten en cuenta que estás basando todos tus cálculos en la teoría de que ese tal Marcus era el líder de la banda, ¿y si no lo era, no cambiaría eso algo?" Charlie se dio la vuelta y miró la pizarra de nuevo.

Entonces se dio cuenta, Amita tenía razón. Había estado tan obcecado en pensar que la banda se había quedado sin líder hacía un año, que otra posibilidad no había cabido en la cabeza, pero ahora todo tenía sentido, la banda nunca había desaparecido, nunca habían dejado de controlar a Irina, porque nunca había habido una auténtica desbandada.

Pero, por algún motivo, habían perdido la pista de Irina, poco después de dar a luz, ella se había marchado, sin dejar rastro, seguramente lo había estado pensando mucho y se había llevado a la niña. Los hombres de Marcus habían empezado a buscarla desesperadamente y al final habían dado con Don.

"Claro, ahora todo tiene sentido." Charlie se dio la vuelta de nuevo hacia Amita y acercándose a ella le dio un beso en los labios. La niña protestó, sintiéndose aplastada por los dos cuerpos y ellos se separaron inmediatamente. "Tengo que contárselo a Don y los demás, seguro que si buscan más a fondo encuentran la pista de la banda durante estos últimos meses.

Los dos sonrieron en silencio, al mismo tiempo que un pensamiento cruzó por la mente de los dos a la vez. Parecían una verdadera familia, si alguien los viera en ese momento, seguramente pensaría que eran una familia feliz. Sin saber porque, después de las muchas vueltas que le había dado al tema, Amita miró a Charlie, le acarició la mejilla y tras respirar profundamente se preparó para decirle aquello que tanto ansiaba preguntarle.

"Charlie, hay algo que tengo que decirte." Charlie la miró, se sorprendió al escucharla hablar con tanta decisión, al mismo tiempo que la mirada le decía que parecía estar asustada por algo.

"¿Estás bien, ocurre algo malo?" Charlie deslizó su mano entre el cabello rizado de ella y la escuchó suspirar mientras cerraba los ojos. "Amita, cariño, me estás empezando a preocupar, se que no he estado muy pendiente de ti estos días, pero…"

"No, no, tranquilo, todo esta bien, es sólo que hay algo quiero preguntarte, pero no se si es el mejor momento." Charlie fue a decir algo, pero la voz que apareció detrás de ellos no se lo permitió.

"Siento decirle que no es un buen momento para preguntarle nada al profesor Epps." Ambos se volvieron al mismo tiempo, para ver ante si a dos hombres, uno de ellos, mostrando debajo de su chaqueta un arma que les apuntaba a ellos.

Un gripo ahogado salió de la garganta de Amita, mientras él pasaba su mano libre tras su cintura, apretando con fuerza. No es que él mismo se sintiera muy seguro en ese preciso momento, pero dentro de lo que cabía había vivido más situaciones similares a esa y si podía hacerle sentir mejor, al menos lo intentaría. Sin embargo, había algo, que diferenciaba ese momento a las otras circunstancias en las que había estado amenazado, allí no estaba su hermano, ni ningún otro agente del FBI para protegerlo.

"¿Quién es usted?" Dijo Charlie con toda la convicción que fue capaz de encontrar dentro de si mismo. El hombre que iba armado se echó a reír, como si esa pregunta hubiera sido demasiado obvia.

"Lo que menos importa es quien soy sino, si no quien me envía." El hombre movió el arma, señalando a la niña. Charlie ya lo había sabido, incluso se había podido imaginar que volverían a la universidad o a su casa para hacerse con Maggie, pero lo que no había podido imaginar, fue que llegaran tan pronto. "La niña."

"Ya dije la última que la niña se queda con nosotros." El hombre se volvió hacia su compañero, haciéndole una señal con la cabeza, el otro pareció un autómata cuando comenzó a caminar y se acercó a ellos. Amita se abrazó a Charlie y para su sorpresa, se dio cuenta que él le entregaba a la niña y que se ponía delante de las dos, protegiéndolas de lo que pudiera ocurrir a continuación.

"No intente hacerse el héroe profesor Epps." Charlie estaba muerto miedo, pero tener a Amita y a su pequeña sobrina en peligro, era suficiente para intentar hacer algo, aunque eso supusiera poner su propia vida en peligro. El segundo hombre se volvió hacia el que parecía ser su jefe y lo vio asentir.

El androide continuó caminando hacia Charlie y cuando estuvo a su lado, sacó un arma, que hasta ese momento había estado oculta a la vista y la colocó en el pecho de Charlie sin decir nada.

"Ahora nos van a poner las cosas fáciles para que nadie más tenga que salir herido."

"¿Nadie más?" Le interrumpió Charlie. El hombre que estaba a su lado, siguiendo con los movimientos que debía de haber aprendido previamente, le golpeó con el arma con fuerza, haciéndole caer con una rodilla al suelo, pero sin hacer ningún ruido, no quería que la niña se asustara y comenzara a llorar.

Como si no hubiera ocurrido nada, el primer hombre continuó hablando tranquilamente. "Ya me ha escuchado profesor, si nos ponen las cosas fáciles pueden venir con nosotros sin armar escándalo y nadie saldrá herido, al menos de momento."

Charlie y Amita se miraron silencio y luego depositaron la mirada en la niña, que parecía totalmente ajena a lo que allí estaba ocurriendo. Los dos sabían que no tenían ninguna oportunidad de salir de allí con vida y con la niña. Así que no les quedaban muchas opciones. Por ello, Charlie se volvió hacia el hombre que dominaba la situación y asintió.

- o -

Cuando Larry entró en el despacho de Charlie, escuchó su teléfono móvil sonar encima de la mesa, le pareció extraño que se lo hubiera dejado por allí. Tras comprobar que no había nadie, entró y cogió el teléfono, era Don.

"Hola, Don, tu hermano no está."

"¿No sabes donde se ha metido? Dijo que llamaría a las siete, pero son las ocho y media y no he tenido noticias de él."

"Lo siento pero no lo se." Un sonido proveniente del teléfono hizo que Larry dejara de hablar. "Espera un momento, es otra llamada, no cuelgues, tal vez sea Charlie." Don se mantuvo a la espera, no le estaba nada de aquello, Charlie nunca desapareció sin dar señales de vida y menos cuando ya le habían amenazado una vez en menos de veinticuatro horas.

Larry volvió a aparecer, aunque el tono de su voz había cambiado. "Don, creo que tienes que escuchar esto, es importante."

"Don, tienen a Maggie y se han quedado con Amita, no quieren que nos metamos en medio." La voz de Charlie sonaba lo más asustada que su hermano hubiera escuchado nunca. "Dicen que la mataran Don, mataran a Amita si intentamos recuperar a Maggie." Una voz inteligible se escuchó de fondo, después unos neumáticos acelerando a gran velocidad y finalmente un sonido seco al fondo.

"Ya lo ha entendido agente Epps, la niña es mía, siempre lo ha sido y siempre lo será, pero me fío de usted, así que por el momento me quedará con la novia de su hermano y si se portan bien, tal vez se la devolvamos. Ah! Yo que usted vendría a buscar al profesor, no creo que pueda regresar sólo a casa. Salida norte a unos diez kilómetros de la ciudad." La llamada se cortó en ese momento y Don sintió que el corazón se le paraba sin más ¿podían las cosas haber salido peor?