El camino hasta las coordenadas que le habían dado, hubiera supuesto apenas unos pocos minutos para Don en una situación normal. En cualquier otro momento hubiera estado charlando con Megan mientras conducía. Sin embargo, ahora él no conducía, ni siquiera tenía la mirada puesta en su destino, los ojos clavados en la nada, preguntándose cuando podía haber estropeado toda su vida de esa manera tan estrepitosa; como era posible que de pensar en poder formar un familia feliz con su padre, con Charlie y con su pequeña Magie, podía estar en ese momento pensando en la posibilidad de haber perdido para siempre a su hija de pocos meses y tener que sufrir por la vida de su hermano, para colmo de males Amita también estaba en peligro, ni siquiera sabía si estaba todavía con vida.

"Los encontraremos, Don, siempre lo hacemos." Megan no apartó la mirada de la carretera, pues no le hacía falta observar a su amigo, mirar en sus ojos faltos de esperanza para saber lo mal que lo tenía que estar pasando.

Don no respondió, ni siquiera había llegado a escucharla, pues tenía sus pensamientos perdidos en otro sitio muy diferente. A su cabeza llegaron sus últimos momentos que había pasado con la niña, Maggie le sonreía de esa forma tan dulce que tanto le recordaba a su hermano cuando tenía la misma edad, no sabía como, pero a pesar de no tener mucho recuerdos cuando tan sólo contaba con cinco años, la mirada de su pequeño hermano desde la cuna, observándole, como si ya entonces le estuviera estudiando, era uno de los recuerdos mejor guardados en su mente.

Si Maggie había estado con él hacía unas pocas horas, en uno de los momentos más felices y más tranquilos de toda su vida. Se había sentido bien con su hija en los brazos, con sus manitas sobre las suyas y con esos ojos negros, tan distintivos de su familia.

Charlie vino a su mente, esos mismos ojos, esa misma intensidad que nunca había perdido con el paso de los años, esa energía que ahora había visto en su hija y que temía no volver a ver en ninguno de los dos nunca más por no haberlos sabido cuidar con debía haberlo hecho cuando había tenido la oportunidad.

"Don, tienes que seguir aquí conmigo." Separando una mano del volante, Megan puso su mano en la pierna de su amigo, que volvió a la realidad con un estremecimiento repentino y se la quedó mirando fijamente a los ojos, sin decir nada, con los ojos muy abiertos pero en completo silencio. "Lo siento no quería asustarte, pero necesito que mantengas la calma."

"Megan…"

"No lo hagas por ti mismo si no quieres, pero piensa en Charlie, está sólo en la carretera, tal vez inconsciente y te necesita a su lado ahora. Y para encontrar a Maggie y Amita, tienes que poner todos tus sentidos a trabajar, no podemos hacer esto sin ti." Cuando terminó de hablar, Megan se dio cuenta que lo había dicho de carretilla, que apenas había pensado en las palabras que acababa de pronunciar, pero que afortunadamente, habían tenido el efecto que ella esperaba en su jefe.

Aquellas palabras habían sido como una ducha fría para Don, si un momento antes parecía fuera del mundo real, perdido en sus pensamientos, en los recuerdos de su hija y de Charlie, ahora parecía haber vuelto de nuevo.

Don no se dio cuenta pero Megan sonrío, con la mirada clavada otra vez en la carretera, estaban demasiado cerca de la dirección que les habían dado como para pasarse en ese momento. Al menos había conseguido recuperar a su jefe justo cuando todos más lo necesitaban.

Entonces vio el desvío y efectuando un rápido viraje con el volante tomó esa dirección. Continuaron por allí un par de minutos más, para un momento después, parar en seco el SUV.

Sin decir una sola palabra, Don saltó del coche y echó a correr por la carretera, sin molestarse en mirar si se le aproximaba algún coche. Su hermano estaba delante de él. Charlie caminaba torpemente por la carretera, sin parecer tener destino fijo y se tambaleaba ligeramente.

"¡Charlie!" El grito se escuchó por todos lados, pero Charlie parecía no haber escuchado a su hermano. Don continuó corriendo y en poco más de un minuto consiguió alcanzarle. "Charlie." Dijo finalmente en un pequeño suspiro.

Charlie parecía completamente ido, en otro mundo, igual que antes había estado Don, aunque su aspecto era mucho peor. Megan esperaba en el coche, apoyada en el capó con el teléfono en la mano, esperando que Don le dijera algo. Le costaba comprender el comportamiento de Charlie, pero estaba segura que Don podría arreglárselas, al menos hasta que le pidiera ayuda.

Don dio un par de pasos más y se puso delante y entonces pudo ver el estado de su hermano pequeño. Lo peor era su aspecto, estaba sucio, como si llevara varias horas caminando, tenía las rodillas raspadas, parecía haberse caído más de alguna vez y había un pequeño corte en su cabeza, que había dejado de sangrar, pero había dejado la sangre reseca en su frente.

Don puso una mano sobre el hombro de Charlie, que un momento más tarde comenzó a temblar violentamente. Gracias a que Don estaba allí, cuando Charlie se desplomó, no se dio contra el suelo, sino que fue agarrado con fuerza por su hermano mayor. Don se arrodilló para que Charlie estuviera más cómodo y pudiera apoyarse sobre él.

"Megan, pide una ambulancia." Ella así lo hizo y un momento más tarde fue hasta donde ellos se encontraban.

De nuevo, Don parecía haberse perdido en otro mundo, sólo que ahora ese mundo tan sólo incluía a Charlie en sus brazos. Le acarició el rostro, esperando que Charlie reaccionara a su gesto, pero su hermano dio ninguna señal de respuesta.

"Charlie, vamos dime algo." Entonces las manos de Charlie se aferraron a él con tal fuerza que casi lo dejó su respiración. Don se quedó paralizado, Charlie estaba totalmente agarrotado, como si se hubiera tratado de un espasmo. "¿Charlie?, por favor hermanito, no te puedes rendir ahora."

Desde luego no lo estaba diciendo tan sólo por el bienestar de su hermano, aunque desde luego deseaba que se recuperara de lo que le hubieran podido hacer, pero también se trataba de su hija, en ese momento su hermano era la única conexión que tenía con Maggie y si Charlie bloqueaba sus recuerdos, jamás lograría dar con ella a tiempo antes de que desapareciera para siempre sin dejar rastro.

"Las he perdido Don." La vocecilla procedente de Charlie, apenas fue audible. "Lo siento Don, las he perdido." Volvió a decir de nuevo, sólo que ahora habló algo más alto, mientras las manos comenzaban a temblarle con gran fuerza y sin poder remediarlo empezó a temblar.

Volvió el rostro hacía el pecho de su hermano y lo enterró allí, pues era el único sitio en el que se sentía realmente seguro y la única forma que tenía en ese momento para demostrarle que lo sentía por no haber podido proteger a su sobrina y al mujer que amaba.

"No pasa nada, tu no tienes la culpa de nada, las vamos a encontrar, eso te lo prometo." A Don le hubiera encantado poder creer realmente sus palabras, pero con que Charlie las creyera era suficiente para él, no podía dejarlo con tanto dolor en ese momento. "Ahora relájate y deja que te llevemos a casa, cuando estés mejor hablaremos de lo ocurrido."

"¡No!" Con un movimiento rápido, Charlie se separó de su hermano y lo miró a los ojos, con los suyos todavía cubiertos de lágrimas. "Tengo que decírtelo ahora o si no estarán perdidas, se las llevaran para siempre." Charlie cerró los ojos, no se había dado cuenta lo cansado que estaba hasta ese momento, en el que necesito que Don lo sujetara para no caer, mientras todo a su alrededor daba vueltas.

Había perdido la cuenta sobre las horas que había pasado andando desde que lo había tirado de aquel coche. Ahora ni siquiera recordaba si le dolía algo, si se había golpeado al caer del coche, si tenía sed por las horas sin probar líquido o si había estado demasiado rato bajo el intenso sol del día.

Lo único que deseaba era contarle todo lo que sabía a su hermano, estar seguro que de esa forma ayudaría a encontrar a las dos mujeres más importantes de su vida en ese instante, a las que no podía quitarse de la cabeza la última vez que las había visto, aunque en el caso de Maggie, tan sólo había oído llorar, una vez que los habían sacado de la universidad, uno de los hombres se había hecho con la niña y Charlie tan sólo había vuelto a oírla llorar, haciendo que su llanto le destrozara el corazón.

"Dejadla en paz, no sabéis como tratarla." Les había dicho para que le dejaran tenerla en sus brazos, al menos unos momentos más, pero no había servido de nada, por mucho que se hubiera tapado los oídos hubiera dejado de escucharla protestar durante todo el camino que habían estado en el mismo coche. Si sólo la hubiera podido ver una vez más antes de perder el equilibrio y caer del coche.

También recordaba a Amita, su expresión de miedo que no había podido ocultarle, por conocerla demasiado bien. Lamentaba terriblemente no haber podido decirle nada para hacerle sentir mejor, pero tampoco sabía que decir en esos momentos, durante el trayecto en el coche, cuando él mismo no sabía si iba a salir con vida de allí o no.

Justo antes de que todo terminara y ser expulsado del coche, al menos si que le había dicho una cosa, o al menos lo había pensado, en el caso de que sus palabras no hubieran terminado de salir de su boca.

"Te quiero." Pero la había visto sonreír, a pesar del miedo que desprendían sus ojos aterrados, ella le había sonreído y en esa sonrisa había visto el amor que ella sentía por él. Desde luego tenía que haberlo dicho de verdad.

Charlie le fue relatando todo a Don sin perder detalle, aunque no fue capaz de decir por donde había ido el coche nada más hacerle caer, pues le había costado unos momentos recuperarse de la primera impresión de haber muerto y del dolor momentáneo hasta darse cuenta, que a simple visto no había nada roto.

Cuando quiso darse cuenta de hacia donde había desaparecido el coche, ya era demasiado tarde, no estaba delante de él; podían haber dado la vuelta e incluso, a causa de su desconcierto, podían haber dado la vuelta hacia Los Angeles sin que Charlie se hubiera dado cuenta.

Se sentía tan impotente en ese momento, tras haberle dado todos los detalles de lo sucedido y darse cuenta, que apenas nada de todo aquello servía realmente para encontraras, que se volvía desplomar entre los brazos de Don, dejó que este le abrazara con fuerza y comenzó a llorar desconsoladamente, cubriéndose el rostro con ambas manos; porque se avergonzara de que Don o Megan lo vieran llorar, si no por la vergüenza que sentía por si mismo, por su poco utilidad, por sentirse un completo inútil.

"Si hubiera sido tu, te habrías enfrentado a ellos… seguro que ahora estarían bien." El tono de voz de Charlie volvió a desaparecer lentamente. Agotado por las horas caminando que habían sido tan interminables que había perdido la cuenta, sediento y abrasado ahora por el calor, cerró los ojos, sabiendo que no podía hacer nada más, por mucho que quisieran no podía hacer nada por Maggie o por Amita.

Sin darse cuenta se quedó dormido, o más bien cayó inconsciente entre el abrazo de su hermano, que lo sostenía con fuerza, que no iba a soltarle y que tal vez, al menos eso esperaba podría perdonarle por haber perdido a su hija.

Don lo observó en silencio. "Vas a tener que ayudarle, haberlas perdido no va a ser fácil para él." Dijo por fin Megan, intentando romper el incómodo momento que se había creado.

"Lo se, pero no se si estoy preparado para todo esto, Maggie lejos de mi, Charlie lejos de ser él mismo y Amita lejos de Charlie. En cuanto a mi padre… No creo que pueda hacer esto sólo." Megan puso una mano sobre el hombro de su amigo y cuando este se la quedó mirando sonrió con cariño y ternura.

"Nadie dice que tengas que hacerlo. Para eso estamos tus amigos aquí." El sonido de la ambulancia resonó a lo lejos, pero Don no lo escuchó. Las palabras de Megan todavía resonaban en su mente. Ella tenía razón, no estaba sólo y sobretodo Charlie y Maggie no estaban solos.