Antes de entrar en la habitación de Charlie, Don respiró profundamente y miró su rostro en el reflejo de la ventana. Tenía mal aspecto, apenas había dormido en cuarenta y ocho horas y ya no recordaba cuando había sido la última vez que había comido algo. Pero eso no tenía porque notarlo su hermano; ya lo había pasado bastante mal con el secuestro y haber perdido a las dos mujeres más importantes de su vida, como para encima saber lo mal que lo estaba pasando él.
Un momento antes de poder llamar a la puerta, su padre apareció por el pasillo, también se le notaba realmente cansado, pero ninguno de los dos dijo nada a ese respecto.
"¿Cómo está?" Don hablaba en voz baja, no quería que Charlie se enterara que estaban hablando de él, en el caso de que estuviera dormido.
"Se ha dormido hace un par de horas, se ha pasado toda la noche hablando de Maggie y de Amita y de que todo ha sido por su culpa. Ya sabes como es tu hermano para echarse las culpas de todo." Don sonrió con tristeza ante la afirmación de su padre, conocía demasiado bien a Charlie, como para saber como de mal lo debía de estar pasando. "Habla con él, lo necesita." Su padre le acababa de leer el pensamiento, pero no era difícil saber lo que estaba pasando por la cabeza de su hijo en ese momento.
Don asintió y se volvió hacia la puerta, mirándola un momento, tampoco es que supiera lo que iba a decir, sabía lo mal que sentía Charlie. Afortunadamente, físicamente estaba bien, no había heridas graves, tan sólo un par de contusiones sin importancia, pero lo pero estaba en su cabeza.
Llamó un par de veces a la puerta, pero nadie contestó desde dentro, por lo que decidió entrar. Todo estaba a oscuras, a excepción de un poco de luz que entraba por la ventana. Se acercó a la cama, sabía que Charlie estaba allí y se sentó en silencio.
"Charlie." Tocó el cuerpo de su hermano, hablando muy bajo, que ni siquiera se movió, tal vez estuviera durmiendo. Pero Don lo conocía demasiado bien, como para saber que no lo estaba. "Charlie, vamos tío, se que estás despierto, quiero hablar contigo."
"No hace falta que hagas esto Don, se lo que vas a decirme y te lo puedes ahorrar, ahora mismo no me va a ayudar nada de lo que digas o hagas. De todas formas tendrías que estar muy cabreado conmigo por haber perdido a tu hija en lugar de hacerme sentir mejor."
"No digas eso, no estoy cabreado contigo, no fue tu culpa que esa gente quisiera llevarse a Maggie, además estamos investigándoles y tenemos una buena pista con la que tal vez los atrapemos pronto."
Charlie rió a desgana. "¿Te crees que no te conozco? Reconozco tus tonos de voz y el que acabas de usar es el que siempre utilizas cuando intentas que tus sospechosos se traguen una mentira para que confiesen. No tienes ninguna pista."
Don se tumbó a su lado en la cama, mirando a su hermano a la cara. "Muy bien, me has pillado, no tenemos ninguna pista. Pero vamos, somos el FBI, algún día tendrán que cometer algún error."
Levantándose rápidamente, Charlie golpeó en el brazo a su hermano y lo miró casi con furia en los ojos. "¿Cómo puedes decir eso, como que algún día? Y mientras tanto ¿Qué pasa con Amita y Maggie? ¿vas a dejar que ese tipo se salga con la suya y se quedó con tu hija?" Al ver a su hermano sonreír, Charlie se sintió descolocado. "¿Se puede saber por que te ríes?"
"Porque tu me conocerás muy bien a mi, pero tu eres mi hermano pequeño, te conozco desde que naciste, por si no lo sabías te vi antes que papá en el hospital. Por eso se como hacerte reaccionar, incluso en los peores momentos posibles."
"¿Has dicho eso para cabrearme y que saltara?"
Don se incorporó y puso una mano sobre el hombro de su hermano. Charlie estaba tenso, tanto que se sobresaltó al notar el contacto con su hermano. "¿Cómo te sientes en realidad?"
Don no se había esperado esa pregunta, pero al menos ahora parecía una pregunta totalmente sincera, proveniente del Charlie que el conocía. Pero aún así, tardó unos momentos en contestar, no estaba seguro como le sentaría a su hermano que fuera totalmente sincero con él.
"Si te digo la verdad, no se como me dejan estar en la investigación."
"Porque saben que no ibas a permitir que te dejaran fuera del caso así como así. Eres su padre y el mejor agente del FBI que he conocido en mi vida, no te pueden dejar fuera.
Fue entonces cuando Don se derrumbó completamente, había pasado dos días siendo el hermano fuerte, el que permanecía con la cabeza fría todo lo que podía para que Charlie no se sintiera peor, pero ya no podía soportarlo más, tenía que romper por algún lado y dejar que Charlie detuviera su caída.
"Charlie, estoy hecho una mierda, cada vez que pienso en que puedo no volver a verla nunca más, que puedo perder a mi hija para siempre y que tu puedes perder a Amita." Apoyó la cabeza contra el cabecero de la cama y cerró los ojos. Se había prometido no pensar en ello, por mucho que fuera un posibilidad muy plausible, no deseaba pensar en perder a su hija de pocos meses.
"¿Sabes? En realidad si que ha habido algo que es culpa mía."
"Charlie no empieces otra vez con eso, creía que lo habíamos dejado completamente zanjado." Dijo Don, pensando lo cabezota que podía llegara a ser su hermano cuando se lo proponía, eso era algo que le recordaba mucho a él mismo.
"Lo digo en serio, si estos dos días no hubiera estado aquí encerrado, pensando una y otra vez en lo que hice mal y hubiera estado en mi despacho, haciendo lo que mejor se hacer, podría haber encontrado esa pista con la que no das."
Sin esperar respira de su hermano, Charlie se levantó de un salto de la cama y salió de la habitación. Don lo miró desde la cama, no se movió, ni siquiera lo intentó; ahora que se había tumbado, se había dado cuenta de lo realmente cansado que estaba y lo bien que le vendría dormir un poco.
Se volvió a dejar caer en la cama y casi antes de poder acomodarse, ya se había quedado dormido profundamente.
- o -
"Mira lo que he hecho para ti papá, mira." Don miró a su alrededor.
Estaba en el jardín de la casa familiar, allí estaba su padre, haciendo un poco de carne en la barbacoa, Charlie a su lado riendo feliz con Amita apoyada sobre su hombro, detrás se dio cuenta que estaban David y Colby jugando al baloncesto y un poco más allá, apareció corriendo una niña de unos cinco años.
La niña fue hasta él y cuando Don se agachó se abrazó a él con fuerza mientras seguía riéndose felizmente, con una hoja de papel en la mano. La niña le enseñó la hoja y pudo ver lo que parecía ser un dibujo familiar.
La profesora me ha dicho que está muy bien, ¿te gusta papá?" Don se quedó sorprendido porque esa niña, que le resultaba familiar, pero no estaba seguro de porque, le estaba llamando papá. Entonces se dio cuenta.
"¿Maggie?"
"¿Quién va a ser si no jefe? Parece ser que tiene toda una pequeña artista en la familia." Colby y David se acercaron él, pero Don no se había fijado en ellos, sino en los enormes ojos negros que lo miraban desde abajo.
Si desde luego era su hija, tan linda, tan preciosa y encantadora como su madre, pero al mismo tiempo con esa mirada intensa y que parecía estudiarle en todo momento, que tanto le recordaba a todos los miembros de su familia.
"Maggie." Se abrazó a la niña y la levantó, escuchando como se reía y notando como le devolvía el abrazo con fuerza.
"Te quiero papá."
- o -
"¡Don!" Al principio no fue capaz de darse cuenta que estaba despierto, pero poco a poco, la voz de su padre llegó hasta él y lo despertó por completo. "Don, hijo ¿Qué te ocurre? ¿Por qué gritas?"
Don no recordaba haber gritado pero estaba lo suficientemente alterado y nervioso como para haberlo hecho. Tampoco recordaba cuando se había incorporado pero ahora que se daba cuenta, estaba sentado en la cama y un sudor frío recorría su espalda.
"Don ¿estás bien?"
Por fin se volvió hacia su padre, todavía respirando con cierta dificultad, pero totalmente consciente por fin, para separar realidad del sueño que acababa de tener. Se pasó la mano por la cabeza, todavía necesitaba serenarse un poco antes de hablar de nuevo.
"Estaba soñando."
"Eso ya lo se, pero ¿Qué era tan horrible para que gritaras de esa manera?" Don sonrió, en realidad no comprendía porque había gritado si el sueño había sido tan bonito y tan real, que en ese momento, hubiera pagado lo que fuera necesario para que cumpliera.
Entonces se dio cuenta, no había gritado porque quisiera que terminara, sino por todo lo contrario, porque quería que eso fuera verdad, porque pensar en ese momento que podía perder a su hija, significaba que ese sueño en el que podían convertirse en la familia feliz, no ocurriría.
"¿Horrible?" Don se volvió hacia su padre con una enorme sonrisa en el rostro, que parecía iluminar todo el cuarto, a pesar de la gran oscuridad. "Papá, ha sido el mejor sueño que he tenido en toda mi vida y voy a hacer todo lo que esté en mi mano, para conseguir hacerlo realidad."
Alan no comprendía ninguna palabra de su hijo mayor, pero hacía muchos días que no lo veía tan feliz, por lo que prefirió dejarle que continuara hablando. "¿Qué es lo que has visto en ese sueño?"
"A todos nosotros, Charlie con Amita, tu, los chicos, yo y…" A su mente llegó la preciosa imagen de su hija de cinco años, su melena negra, sus enormes ojos y el tremendo amor que su linda vocecita desprendía por él. "Maggie, va a ser la niña más bonita que hayas visto nunca y en esta casa va a ser feliz."
Alan intentó sonreír, aunque no le fue sencillo, teniendo en cuenta que parecía que su hijo estuviera desvariando. "Voy a traerla de vuelta, te lo prometo. Esos malnacidos no la criaran en su mundo de violencia. Será feliz aquí con nosotros y Charlie será feliz con Amita."
"Tienes alguna pista para encontrarlas." Odiaba ser realista, pero si Don estaba perdiendo parte del buen juicio que siempre le había caracterizado, tendría que ser él quien hablara por su conciencia.
"Puede que él no, pero creo poder decir con seguridad que yo si." Dijo Charlie apareciendo en la puerta de la habitación con un montón de hojas en la mano.
