Incluso para alguien como Charlie; trabajar durante dos días seguidos, estaba dejándolo completamente exhausto. Hora tras hora delante del ordenador o haciéndolo cálculos en sus pizarras; sin hacer caso a nadie, ni siquiera a Don, estaba terminando con él.
"Deberías dormir un poco." Le había repetido su hermano innumerables veces ya, pero él había seguido en sus trece. Hasta que no trajera de vuelta a Amita y Maggie, no iba a dejarlo estar.
Don lo veía, sintiéndose incapaz de hacer nada para ayudar a su hermano pequeño, viendo como estaba haciendo mucho más de lo que su cuerpo podía permitirle, porque se sentía completamente culpable por lo que había ocurrido.
"Te he traído café, te sentará bien." Dijo Don al entrar en el garaje. Charlie pareció no escucharle, concentrado con los auriculares en unos cálculos que eran todo un misterio para Don. "Charlie." Don puso la mano sobre el hombro de su hermano este se sobresaltó. "Lo siento no quería asustarte. Descansa al menos cinco minutos dime como van las cosas."
Don estaba tan preocupado como él, tal vez, aunque no le hubiera dicho nada, estaba algo más preocupado que su hermano. Charlie estaba buscando a su novia y a su sobrina, pero él estaba desesperado por encontrar a su hija de apenas unos pocos meses. Acababa de conocerla, pero ya estaba seguro que las cosas nunca volverían a ser las mismas en su vida si no lograba encontrarla.
Charlie suspiró con fuerza, apartando la mirada de su hermano. "Las cosas no van bien Don." En dos tragos se terminó el café. Dispuesto a seguir con sus cálculos se dio la vuelta.
"¿Cómo de mal están?"
"No se que más hacer ¿vale? No se donde buscar, cada vez que pienso que estoy un poco más cerca de ellas, me doy cuenta que se trata de un camino sin salida."
"Sabes que no es culpa tuya ¿verdad?" Don se acercó a su hermano. Desde que había conseguido que Charlie volviera a trabajar en el caso, apenas habían vuelto a hablar. No era fácil para ninguno de los dos hacerlo. Don sabía que lo ocurrido no era culpa de su hermano, pero no era capaz de quitarse de la cabeza que si hubiera sido él quien había estado con Maggie en el momento en el que se la habían llevado, podría haber hecho algo para evitar perderla.
"Lo único que se, es que te he ayudado cientos veces a encontrar a criminales con mis cálculos y mis teorías y ahora no soy capaz de encontrar a dos de las personas más importantes de mi vida."
"Charlie…" Cuando el profesor notó que la pizarra que tenía delante se volvía borrosa, supo que algo no estaba bien. Se tambaleó ligeramente, pero consiguió mantener el equilibrio y no caer al suelo. "¿Te encuentras bien?" Don estaba detrás de él, esperando.
No le hacía gracia lo que había tenido que hacer para conseguir que su hermano descansara, pero también sabía que era la única forma de conseguirlo. "No estoy seguro, creo que… no me encuentro muy bien." Charlie volvió a tambalearse, notando como todo a su alrededor comenzaba a dar vueltas sin que pudiera hacer nada para evitarlo.
Don se acercó a él en silencio, viendo como el sedante que le había puesto en el café comenzaba a hacer su efecto. No era la mejor forma de hacer que Charlie durmiera unas horas, pero se trataba de la única en la que lo iba a conseguir.
"Don, no me encuentro del todo bien, no se lo que me ocurre pero…"
"Yo si, tranquilo, todo está bien." Incapaz de controlar por más tiempo su propio cuerpo, Charlie se dejó caer sobre Don, que ya estaba esperando detrás de él para sostenerlo. "Lo siento, no sabía que hacer, te estabas matando por hacer esto y no podía permitir que cayeras enfermo."
"¿Me has drogado?" Mantener los ojos abiertos era algo completamente imposible para el profesor en ese momento. Al menos Don lo estaba sosteniendo y sabía que evitaría que cayera al suelo. "Don."
Llevando consigo a su hermano semiinconsciente, Don llegó hasta el sofá más cercano y lo tumbó allí. Charlie se dejó caer. Ya no podía mover sus brazos, las piernas no le sostenían y ya no controlaba ninguno de sus pensamientos. Sabía que estaba a punto de perder el conocimiento; clavó los ojos en su hermano, aunque la visión extremadamente borrosa le impedía estar seguro si Don estaba sonriendo o lo que veía era la pena por lo que había tenido que hacer.
"Lo siento hermanito, pero esto estaba terminando contigo, se que te sientes mal, igual que yo, pero sigo siendo tu hermano mayor y no quiero que te suceda nada malo; es mi responsabilidad cuidar de ti."
Cuando Charlie terminó por cerrar los ojos, notó que su hermano lo acomodaba en el sofá, colocaba un par de almohadas bajo su cabeza y lo tapaba con cuidado, como había hecho tantas veces cuando eran pequeños. Un momento después, todo lo que había a su alrededor, cada imagen, cada sonido, todo desapareció en el más profundo de los sueños.
- o -
Imágenes sin sentido aparecieron en su cabeza. Amita fue la primera en aparecer, pero se marchó en seguida, luego llegó Maggie, los días tan maravillosos que había pasado con su pequeña sobrina y por último Don.
"¿Has quedado otra vez con Irina?" Parecía haber retrocedido en el tiempo hasta los meses que su hermano había mantenido su relación con la madre de su hija. Entonces, Don estaba feliz y pensaba que aquello podría durar para siempre.
"Dice que quiere enseñarme un lugar importante para ella."
Don había regresado a casa esa noche. Charlie todavía estaba levantado revisando algunos papeles. Su hermano estaba entusiasmado con Irina. "¿Ya has averiguado cual es ese lugar especial?"
"Está en los muelles, es un gran almacén casi desierto." Charlie lo miró desconcertado, sin saber porque motivo podía ser un sitio así tan especial. "Cuando llegó aquí de forma ilegal, la dejaron allí. Es el lugar en el comenzó su vida en el país."
Charlie se despertó sobresaltado. De repente todo tenía sentido y si estaba en lo cierto, ahora sabía donde estaban Amita y Maggie. "¡Don!" Se levantó del sofá casi de un salto y comenzó a recorrer la casa en busca de su hermano. Estaba en la cocina preparando algo de comer.
"Buenos días, espero que tengas hambre y la mente más despejada."
"Ya lo creo. Gracias por lo de anoche aunque no debiste hacerlo así." Don sonrió ligeramente avergonzado. Desde luego no había sido la mejor forma de conseguir hacer dormir a su hermano, pero si era la única rápida de llevarlo a cabo. "Creo que ya se donde están, prepara a tu equipo, tenemos que marcharnos, no se cuanto se quedaran allí."
"Tranquilo Charlie, primero cuéntame lo que sabes. Las últimas noticias que yo tenía era que estabas bloqueado y que no tenías ninguna pista. ¿Desde cuando conoces a ciencia cierta el paradero de las chicas?"
"Tu también deberías saberlo. Ellos quieren a Irina e irán a buscarla a los lugares que son más seguros para ella. ¿No te viene a la cabeza ninguno?" Don dudó unos segundos, pero en seguida cayó en la cuenta.
"El almacén." Charlie sonrió, hacía más de dos días que no lo hacía y saber que podían estar más cerca de solucionar las cosas, le hacía sentir bien. "Puede que tengas razón, ella me dijo aquel día que le encantaba refugiarse allí cuando las cosas se le ponían difíciles."
Don cogió el teléfono y llamó a la oficina, en menos de cinco minutos lo tenía todo montado y preparado para el operativo. Mientras lo hacía, en su cabeza tan sólo estaba la imagen de esa niña de cinco meses de la que estaba enamorado. "Pronto estarás a salvo Maggie."
Salió de la casa y fue hasta el coche, al llegar a la puerta del conductor, vio a su hermano al lado, en la otra puerta. "Charlie ¿Qué haces?"
"Voy contigo, se trata de nuestra familia, son nuestras chicas." Charlie agarró con fuerza el manillar de la puerta, nada de lo que le dijera su hermano a esas alturas de la situación podría impedirle ir con él.
"Esto puede ponerse serio, puede ser peligroso y no quiero que te pase nada." Ya tenía bastante con salvar a Amita y Maggie, con tener que pensar en proteger también a su hermano.
"No voy a quedarme aquí esperando como siempre. Es Amita la que está en peligro, ¿no crees que debo estar allí cuando se trata de la mujer a la que amo? ¿y que me dices de Maggie? Es nuestra niña, la quiero tanto como tu aunque no sea su padre. No me vas a dejar atrás esta vez hermano."
Pocas veces Charlie había sido tan convincente en algo de lo que había dicho, pero tenía razón. Si las cosas fueran al revés, él no estaría dispuesto a quedarse atrás por miedo o por estar seguro.
"Muy bien pero te quedarás en el coche y no harás ninguna tontería." Los dos hermanos subieron al coche. Don comenzó a conducir en silencio, ambos con la mirada clavada en el horizonte y con la mente puesta cada uno en un sitio.
Charlie estaba aterrado, siempre lo pasaba mal cuando su hermano se encontraba en una situación como aquella y a él se le pasaba por la cabeza la posibilidad de no volver a verle más, pero ahora él era el que se estaba poniendo en peligro, el que podía morir si algo salía mal y Don no iba a estar ahí para protegerle en todo momento.
Por su parte, Don también tenía miedo, pero no se trataba de miedo por lo que pudiera ocurrirle a si mismo si algo salía mal. Ya estaba acostumbrado a esa sensación de dejar las cosas en manos del destino y esperar que todo saliera bien. En su caso, el miedo era por su hermano, por tener que meterlo en una situación que no sabía como iba a salir, por Amita, adoraba a esa chica, le parecía perfecta para su hermano y que hubiera terminado involucrada en esa situación le estaba haciendo polvo.
Pero sobretodo, estaba muerto de miedo por su hija, apenas había vivido cinco meses y ya sufría por poder no volver a verla. Si algo salía mal, si sus captores escapaban con ella, o si, peor aún, algo malo le ocurría a la niña, jamás podría perdonárselo. Aquello tenía que salir bien, por el bien de todos o de lo contrario, se estaría culpado el resto de su vida.
