Aunque aturdido, los sonidos comenzaron a llegar a Charlie, no podía reconocerlos, no sabía de donde venía o si formaban parte de su sueño. Una vez estaba hablando, o tal vez estaba riendo, no estaba seguro, alguien andaba por la habitación de un lado para otro, por los pasos parecía nervioso. Había otra conversación, pero estaban hablando tan bajo, que Charlie no podía distinguirlo.
"Mirad, creo que está despertando." Ese había sido Larry, de eso estaba completamente seguro. El silencio se adueñó de la habitación, tal vez realmente estuviera soñando y al despertarse todos los que estaban a su alrededor hubieran desparecido.
Decidió abrir los ojos y comprobarlo por si mismo. Era por la mañana, por lo que con un rápido cálculo, dedujo que al menos había estado durmiendo más de doce horas, si no había sido más tiempo.
Entonces se dio cuenta que no estaba sólo, Amita estaba sentada a su lado y le sonreía, aunque no podía ocultarle el cansancio que demostraban las enormes ojeras que había bajo sus ojos.
A su lado estaban David y Colby, que estaban hablando con Larry. Pero faltaba alguien allí, por mucho que miró más, no encontró por ningún sitio ni a su padre ni a Don y mucho menos vio a Maggie.
"No." Dijo, tras lo cual todos se volvieron hacia él. "Maggie, no… no."
"Tranquilo, Charlie, te llevaste un fuerte golpe, todo está bien." La mano de Amita cogiendo la suya, le sacó de sus pensamientos por un momento.
"¿Dónde están? Maggie, ¿donde está mi padre y Don?"
"¿Alguien preguntaba por nosotros?" Al volverse hacia la voz que tan bien reconocía como la de su hermano, Charlie suspiró con fuerza. Su hermano llevaba en los brazos aquella niña que tanto adoraba y que tanto había temido poder perder. Tras él, entró su padre.
Había temido lo peor, había creído que todos los esfuerzos para recuperar a su sobrina habían sido en vano. Por un momento, pensó que alguno de los hombres había escapado con la niña y que la había perdido para siempre.
Pero ahora la veía ahí, en los brazos de su padre, parecía haber cambiado mucho desde la última vez que la había visto. Con los ojos abiertos, mirando a todos y sonriendo cuando alguno de los adultos le hacía alguna carantoña. Pensar en vivir sin esa pequeña criatura, resultaba imposible para Charlie.
"Vaya hermanito, cuando te dije que no te metieras en problemas, lo decía en serio." Don le dio la niña a su padre y se sentó en la cama de su hermano. "En el traslado al hospital, temimos lo peor."
"¿Hospital?" Charlie miró a su alrededor, había estado tan pendiente de ver a Maggie y a su hermano, que no se había dado cuenta donde estaba realmente hasta ese mismo momento. "¿Qué pasó?"
"Todo salió bien si eso es lo que quieres saber. Ya ves que tanto Amita como Maggie están bien." Charlie apretó con fuerza la mano de Amita y la miró un momento más tarde, para comprobar que lo que había dicho su hermano era cierto. "Todos los tipos de la banda andan camino del juzgado y dentro de poco, nuestras vidas volverán a la normalidad."
"¿Y yo? No recuerdo nada, estaba sujetando a Amita para impedir que cayera al vacío y luego nada."
"Eso tendrás que agradecérselo a Colby. Disparó contra le hombro que intentaba matarlos, puso a Amita en lugar seguro y se ocupó de vosotros hasta que los demás hubimos acabado."
Colby no era hombre al que le gustaran las recompensas. "Sólo protegí a mis amigos, como lo hubiera hecho cualquiera de vosotros." Por eso Charlie tan sólo le sonrió agradecido y no dijo nada más. "Creo que sería hora de marcharse, Charlie necesita descansar y supongo que querrá pasar tiempo a solas con sus chicas y su familia." David y Larry asintieron y un momento más tarde, tras despedirse, salieron de la habitación.
Al intentar incorporarse en la cama, Charlie descubrió donde le había golpeado aquel hombre, el brazo todavía le dolía, aunque no estaba roto, ni nada parecido, pero lo sentía lo suficientemente resentido como para no volverlo en un par de días.
"¿Sabes que ahora eres mi héroe?" Dijo Amita acercándose al oído de Charlie y que sólo le escuchara él. "Todo héroe merece una recompensa y el médico dice que te dará el alta en un par de días. Amita depositó un tierno beso en la mejilla del profesor y mientras le sonreía, continuó hablando. "Esta tarde tengo clase a primera hora, te veo esta noche." Y se marchó.
- o -
Por fin se habían quedado solos, todos los Epps, juntos, Don con la niña otra vez en brazos, Alan, que hasta ese momento no había dicho nada, sentado frente a la cama de su hijo, Maggie, jugueteando con sus deditos con la camiseta de su padre y Charlie, observando lo mucho que había cambiado su familia en los últimos meses.
"Gracias Charlie." Sorprendido por el comentario de su hermano, el profesor se lo quedó mirando sin saber que decir. "Tu la salvaste, nos ayudaste a encontrar el lugar y te pusiste en peligro para salvarlas a las dos, si no hubiera sido por ti, seguramente ya se habrían marchado."
"¿Lo dices en serio? Se trata de mi sobrina, es parte de mi familia y si puedo ponerme en peligro por ti o por papá, también lo haré por ella." Como si hubiera comprendido sus palabras, Maggie se lo quedó mirando y sonrió. "Sobretodo por ella, no puede defenderse sola."
"Aún así…"
"Vamos, Don, déjalo ya y dame a mi sobrina." Aunque le dolió tener que moverse, Charlie se consiguió quedar sentado en la cama y su hermano le puso en los brazos el pequeño cuerpecito de la niña. "Hola, Maggie, me alegra volver a verte y que todo haya salido bien, seguro que papá te cuenta esta historia muchas veces en el futuro."
Al levantar la vista, Charlie se fijó que su padre y Don estaban sonriendo, definitivamente, lo haría, le contaría esa historia hasta que la niña se la supiera de memoria.
"He conseguido hablar con Irina." El corazón le dio un vuelo a Charlie. no sabía porque, pero había llegado a pensar que no volvería a saber nada de Irina, que no volvería a sus vidas, pero ahora se daba cuenta que en algún momento, cuando hubiera pasado el peligro, la madre de la niña, querría de vuelta a su hija y ellos la perderían para siempre.
"No es lo que piensas, Charlie." Dijo su padre.
Charlie siempre había sido un libro abierto para su hermano y su padre. "He dicho que he hablado con ella, no que vaya a entrar por esa puerta y se lleve a la niña."
"Ya no está en peligro, nadie va a intentar matarla y si se lleva de vuelta a la niña, no habrá nadie que se la quiera quitar."
Aunque sin decir nada, pensó que a él no le importaría hacerlo si llegara el caso. Pero no, al mirar el rostro de la niña y verla bostezar, se dio cuenta que no sería capaz, jamás haría nada que pusiera en peligro a su sobrina.
"Irina no se va a llevar a la niña se vuelve a Europa con su familia, pero no tiene nada estable, ni un trabajo, ni una casa, no quiere que su hija lo pase mal."
"¿Eso es algo definitivo o puede volver a por ella cuando menos lo esperemos?"
"Quiere firmar los papeles para dejarme definitivamente a Maggie, después de saber lo mucho que he luchado por ella, dice que estará mejor con nosotros."
"¿Va a desprenderse así como así de su hija, como si nunca hubiera existido? ¿Cómo puede ser así?" Por mucho que le gustara saber que Maggie estaría siempre con ello, Charlie no podía comprender que Irina se despreocupara para siempre de una cosa tan hermosa como Maggie.
"Charlie, tienes que descansar, lo has pasado mal, todos lo hemos pasado mal, ¿por qué no disfrutas del momento?" Charlie decidió callarse, había que su hermano escondía algo más, pero no era el momento ni el lugar para seguir preguntando.
Sabía que no sería la última vez que supieran de Irina, pero era mejor, tal y como le había dicho Don, ser feliz con su familia, con su novia y amigos y volver la vida normal de las noches en vela y los cambios de pañales.
