El día de trabajo había sido largo, entre las clases, las investigaciones en el Cal Sci y ayudar a su hermano en el último caso, Charlie estaba agotado. Se había acostado pasadas las doce de la noche, cuando Amita ya se hacía una hora que se había dormido, por lo que intentó no hacer ruido para no despertarla.
Se tumbó a su lado y la abrazó, desde que había aceptado ir a vivir a su casa con él y con su familia, las cosas entre la pareja parecían ir mejor que nunca. Don también se había trasladado con ellos definitivamente, desde que Maggie formaba parte de la familia Epps, como una más; el federal apenas tenía tiempo de otra manera para ocuparse de su hija y de su trabajo al mismo tiempo.
Charlie comenzaba a quedarse dormido, apenas le había costado desconectar de la realidad, pues estaba hecho polvo. Amita se movió a su lado, apretando su cuerpo más contra el del profesor. Charlie sonrió, le dio un beso en la mejilla, del que ella pareció no enterarse y cerró los ojos.
Sin embargo, pocos minutos después, cuando todo estaba en silencio y ni siquiera se escuchaba ningún coche pasado fuera de la casa, un pequeño ruido llegó hasta ellos de forma continua; Maggie estaba llorando desconsoladamente.
Charlie suspiró y tras esperar unos segundos, se levantó. "Si quieres puedo ir yo, tu descansa, pareces agotado." Le dijo Amita en voz baja, acariciando su brazo al mismo tiempo.
"No pasa nada, quiero ir, no he visto a la niña en todo el día." Amita lo vio salir del dormitorio. Se movía lentamente; ella sabía que se estaba esforzando como nunca esos últimos meses para abarcar todo lo que quería hacer, el trabajo en la universidad, el asesoramiento de su hermano y ahora casi se comportaba como un segundo padre para Maggie.
Amita sabía que Charlie estaba deseando ser padre, que en el momento en el que ella le dijera que estaba embarazada, le daría la mejor noticia del mundo al profesor, pero ya hacía un mes que lo estaban intentando y de momento no habían conseguido nada.
"Hola, mi niña, ¿Qué pasa, tienes hambre o sólo me echabas de menos?" Charlie cogió a la niña en brazos y la pegó a su cuerpo con fuerza. La escuchó hacer esos encantadores ruiditos que pronto esperaba que se convirtiera en palabras.
La niña ya tenía siete meses y siempre se alegraba cuando veía a su tío, lo conocía bien, tanto como a su padre, por lo que, enamorado de esa pequeña criatura, el profesor esperaba que en poco tiempo dijera sus primeros sonidos.
Fue hasta la nevera y cogió la papilla que había dejado preparada su padre para casos como ese. Se sentó y comenzó a darle de comer. La niña tomó todo de una vez, bajo la atenta mirada de su tío.
"Hoy no he visto a tu padre, ha estado muy ocupado con ese último caso." La niña siguió comiendo cada cucharada que le daba, sin prestar atención a lo que Charlie le decía. "Desde que llegaste, no hace más que empeñarse en encerrar a todos los maleantes de esta ciudad. Creo que piensa que antes de que seas mayor y te vayas sola con tus amigos habrá podido convertir Los Angeles en la ciudad más segura del mundo."
Charlie sonrió. Todavía le costaba creerse lo mucho que había convertido su hermano desde que se había convertido en padre. Antes trabajaba porque le encantaba su trabajo, porque estaba hecho para eso, pero ahora era completamente distinto, ahora se tomaba mucho más personalmente los casos de asesinos o pederastas y no descansaba hasta que encerraba al siguiente malhechor.
"¿Y tu que? ¿Qué vas a ser cuando seas mayor? Puede que te conviertas en una gran científica, yo puedo ayudarte a eso, porque no creo que a tu padre le haga gracia que sigas sus pasos." La niña se lo quedó mirando en cuanto terminó de comer, la volvió a coger en brazos y tras darle unas pocas palmadas en la espalda, la niña eructó.
"Algún día tendrás un primo con el que jugar. Eso espero." Se dijo Charlie a si mismo. "¿Me perdonarás si no lo conseguimos? Si tu tía y yo no conseguimos tener un niño como tu. Siempre podemos adoptar, ya lo había pensado, pero tener un niño o niña de mi misma sangre igual que tu, sería lo más bonito que me pasara en la vida. Si eso no puede pasar."
Dejando de hablar, abrazó el pequeño cuerpecito de la niña, notando como apoyaba su cabecita sobre su hombro y el profesor sonrió. "Puede que no tenga mis propios hijos, pero al menos siempre te tendré a ti."
Charlie volvió a dejar a Maggie en su cuna, pero en cuanto se dispuso a marcharse comenzó a llorar. Su padre le había dicho muchas veces que no hacía falta hacerle caso si la niña lloraba, que ya se cansaría y se terminaría durmiendo.
Pero Charlie no podía hacerlo, no era capaz de dejar a su pequeña sobrina llorando sin más. "Bueno, bueno, pero no se lo digas a tu abuelo." La volvió a coger y salió del dormitorio, volviendo al suyo, mientras Maggie se quedaba adormilada en sus brazos.
"¿Qué pasa, la niña está bien?" Le dijo Amitta al verlo llegar con la niña.
"Si tranquila, sólo está inquieta y no puede dormirse, pensaba que si se quedaba con nosotros, se quedaría más tranquila."Dijo el profesor mientras se sentaba en la cama acunando a la niña.
"Charlie…"
"Ya lo se, pero estaba llorando, no podía dejarla allí." Amitta se incorporó y lo abrazó con cuidado, para darle un tierno beso.
"Vas a ser el mejor padre del mundo." Charlie se volvió hacia ella sonriendo, mientras la niña se quedaba completamente dormida en sus brazos. "Ya lo verás, muy pronto lo conseguiremos." Charlie estaba tan ilusionado con la posibilidad de ser padre, que cada día que pasaba sin haberlo conseguido era como una derrota para él.
"Venga, deja a la niña en medio y túmbate que tienes un aspecto horrible y necesitas descansar." Amita le cogió a Maggie de los brazos, mientras el profesor bostezaba.
Se tumbó, mirando a Amitta y Maggie a su lado, pero pocos momentos más tarde, los ojos se le cerraron y se quedó dormido, agotado después de todo el día trabajando.
- o -
Don regresó a casa cuando ya había amanecido, ni siquiera se había dado cuenta que había estado toda la noche trabajando. Su padre ya estaba levantado preparando el desayuno para todos y Amitta sentada a la mesa del comedor con unos papeles en la mano.
"Buenos días." Los dos se lo quedaron mirando y le devolvieron el saludo. Con la mirada, Don buscó a su hermano, pero no encontró a Charlie por ningún lado. "¿Y Charlie, le pasa algo? Él no se queda dormido hasta tan tarde."
"Charlie está durmiendo, le he convencido para que se tome el día libre hoy, estaba agotado anoche, además cuando Maggie se ha despertado con hambre, casi se ha desvelado."
Don suspiró. Ya se había dado cuenta que su hermano se estaba esforzando mucho durante los últimos meses. Adoraba a esa niña, lo demostraba cada día, pero estaba dando demasiado de si mismo, más incluso que su propio padre.
"Creo que tendré que hablar con él, Charlie no puede seguir así."
"Donny, conoces perfectamente a tu hermano. Siempre se ha preocupado por todos nosotros, sabes lo mal que lo pasó con la enfermedad de tu madre. Lo único que quiere es que su sobrina esté bien. Es Charlie, no vas a cambiarlo a estas alturas."
"No pretendo cambiarlo, intentó que no acabe consigo mismo. Está haciendo todo lo que él puede y todo lo que yo no puedo. Somos cuatro personas en esta casa y él quiere hacer el trabajo de los cuatro, su propio trabajo en la universidad y además ayudarme a mi. No es Superman."
"No le digas eso." Dijo Amitta, entrando en la conversación entre padre e hijo. Los dos hombres se la quedaron mirando, sin comprender muy bien de que estaba hablando la chica. "No debería deciros esto, pero Charlie lo está pasando mal últimamente."
Don se sentó a la mesa. Se estaba dando cuenta que realmente había dejado de lado a la familia con tanto trabajo y que obviamente, Maggie no era la única que lo necesitaba en el ese momento.
"Chicos, aunque no os hemos dicho nada, Charlie y yo llevamos algo más de un mes intentando tener un hijo. Desde que Charlie y yo conocimos a Maggie nos dimos cuenta que ser padres era lo que más felices nos haría a nosotros y seguramente a vosotros, pero hasta el momento no hemos conseguido nada y eso está destrozando a Charlie."
"¿Queréis ser padres? Eso es genial, estoy deseando que me hagáis tío. Pero lo que no entiendo es porque Charlie se lo está tomando tan mal si sólo lleváis un mes intentándolo, ya llegará."
Al ver la mirada de su padre clavada en él, Don se dio cuenta de lo que Alana quería decirle. "¿No conoces a tu hermano? Para Charlie no es normal no sacar algo a la primera y si no lo hace es porque está haciendo algo mal, siempre pensará que es su culpa." Alan se volvió hacia Amita. "No lo sabía, pero tenías que habérmelo dicho antes, podíamos haber ayudado a Charlie."
"La única forma de ayudarle ahora mismo es conseguir que me quede embarazada."
Sin decir nada, Don se levantó, dejó la cazadora en el sillón y subió las escaleras hacia los dormitorios. Aquello tenía que parar, Charlie estaba acabando su propia salud por ser el tío perfecto. Se sentía mal por creer que no podía tener hijos con Amitta y durante las últimas semanas no había tenido cerca de su hermano para ayudarle.
Por eso, fue hasta el dormitorio de Charlie y abriendo la puerta despacio, entró y se sentó en la butaca que había frente a la ventana, le dejaría descansar todo lo que necesitara y cuando despertara, tendría una larga conversación con su hermano pequeño.
