Don se había quedado casi toda la mañana sentado en el sillón, frente a la cama de su hermano contemplando a Charlie. Era la primera vez que lo miraba dormir desde que había dejado de ser un niño, pero ahora que lo miraba detenidamente, Charlie seguía recordándole al mismo crío inteligente e inocente con el que jugaba tantos años atrás.
Había estado tan preocupado por su hija, que había olvidado por completamente que tenía un hermano que le necesitaba. Porque mientras Maggie era un bebé que dependida al cien por cien de su padre; Charlie necesitaba a alguien en quien apoyarse cuando las cosas no salían bien.
Don había dejado ser esa persona desde que Maggie había entrado en su vida, y ahora se lamentaba por haber dejado tan de lado a Charlie. Su hermano jamás le echaría la bronca por eso, no era de esa clases de personas, pero si seguía comportándose de esa forma, terminaría por perderle tarde o temprano.
Varias horas después, Charlie se removió en la cama, realmente necesitaba descansar, Don se preguntó como había podido estar tan serio, como para no darse cuenta y que tuvieran que ser Amita y su padre quienes se lo dijeran.
Charlie abrió por fin los ojos, medio dormido todavía y se sorprendió al encontrarse allí con su hermano. "¿Cuándo has llegado?"
"Esta mañana, no quería despertarte." Don se levantó del sillón al comprobar que Charlie no se iba a dormir otra vez y se sentó en la cama, como había hecho tantas veces cuando Charlie era pequeño. "Dormías tan a gusto que no quería molestarte."
"No te preocupes, además dentro de un rato, tengo clase y si no me levanto ya llegaré tarde." Charlie se quedó sentado en la cama mirando por la ventana, hacía demasiado sol para la hora que pensaba que era, se dio la vuelta hacia el despertador y a punto de estuvo de levantarse de un salto, si no hubiera sido por la mano de su hermano, que lo retuvo con firmeza sentado en la cama.
"¿Qué haces? Ahora si que voy a llegar tarde."
"No vas a ir a ningún lado, Amita ha llamado al Cal Sci y ha dicho que estabas enfermo. Hoy no tienes ninguna clase, así que tómatelo con calma, creo que lo necesitas." Charlie suspiró como si estuviera caso a su hermano, pero un momento más tarde volvió a intentar comportarse con normalidad.
"Vamos Don, que no haya dormido mucho estos últimos días no significa que no pueda llevar una vida normal. Al fin y al cabo eso es lo que les ocurre a todos los padres durante los primeros meses de la vida de sus hijos."
"Ese es el problema Charlie, que no tienes que hacerlo, estás hecho polvo por algo que debería haber hecho yo mismo." Charlie se acomodó en la cama, con la mirada baja en la sábana.
"Pero Maggie, es como si fuera mi hija, todos hemos cuidado de ella como si lo fuera. La quiero como si fuera mía y no veo porque no voy a levantarme de madrugaba para cuidar de ella, para darle de comer o cambiarle los pañales."
Hacía tantos días que Charlie quería decir todo aquello, que cuando por fin lo hizo, sintió que se estaba quitando un terrible peso de encima. Por su parte, su hermano se lo quedó mirando en silencio, descubriendo que había estado más ciego de lo que había pensado y que ahora estaba haciendo mucho daño a su hermano.
Porque la verdad era que Charlie no estaba haciendo todo aquello por ayudarle a él, si no porque realmente sentía a la niña como si fuera su propia hija, la que todavía no había tenido o la que temía no llegar a tener nunca.
Después de lo que le había dicho Amita sobre que llevaban meses intentando ser padres, Don se dio cuenta que su hermano estaba ofreciéndole a su pequeña sobrina todo lo que creía que nunca podría darle a su propio hijo.
"Serás un padre genial, no debes perder la esperanza, seguro que cuando menos lo esperéis, Amita se queda embarazada y tenemos un nuevo Epps corriendo por la casa." Charlie sonrió pensando en aquella imagen con la que tantas veces había soñado y había imaginado.
"¿Te lo ha dicho Amita?" Charlie se acurrucó más en la cama. Desde que Maggie estaba a salvo en la familia, se había volcado con ella, había dejado de lado muchas cosas, incluso la sinceridad que le había unido durante los últimos años a su hermano.
Don y él se habían distanciado desde la llegada de la niña, pero eso había sido culpa de los dos. Mientras el federal se pasaba los días sacando de las calles a todos los maleantes que podía, pensando que así su hija estaría más segura en el futuro, Charlie había reducido su vida a tres cosas, las clases, Amita y Maggie. Todo su mundo se basaba en eso y no había más. apenas ayudaba a su hermano a resolver casos y este tampoco le pedía ayuda.
Su relación se había enfriado y había tenido que ser la gente de fuera, su padre y Amita los que les dieran la voz de alarma, porque ellos no se habían dado ni cuenta. "Si, aunque ahora me doy cuenta que debería haberlo visto venir. Siempre te han gustado los niños."
"Pero nunca he tenido tiempo para ellos."
"Pues Maggie no creo que dijera lo mismo si recordara los primeros meses de su vida. Creo que si hablara te llamaría papá a ti antes que a mi." Don se sentó a su lado y se cruzó de brazos, mientras Charlie se echó a reír.
"Pues espero que lleve parte de mis genes."
Don le dio un pequeño golpe en el hombro mientras Charlie seguía riéndose cada vez más feliz. "¿Quieres que mi hija sea más inteligente que yo a los ocho años y que a los quince esté terminando la carrera? No se si podría soportar dos como tu cerca."
"Vaya, muchas gracias," Charlie se hizo el ofendido aunque no era algo que se le diera muy bien y no aguantó mucho antes de echarse a reír cuando Don empezó a hacerle cosquillas.
"Bah, ahora en serio. Estaría encantado que Maggie se pareciera un poco a ti hermano. Al menos así estaría seguro que sería una bella persona, sensible, inteligente y un poco ingenua si me lo permites."
Charlie se deslizó en la cama, hasta casi volver a quedar tumbado. "Pues el otro cincuenta por ciento espero que sea tuyo, creo que le hará falta tener dotes de líder para sus años en el instituto, camaradería con sus amigos y tal vez aprender a ser la hermana o la prima perfecta para los que vengan después."
El profesor, se volvió discretamente hacia su hermano y lo vio sonreír. "¿Qué tal si dejamos de escondernos cosas a partir de ahora?" Charlie asintió y sin poder remediarlo bostezó.
No se había dado cuenta lo cansado que estaba hasta que se había despertado, su cuerpo le pedía dormir más y ahora que no tenía ninguna clase ese día, fue notando que su cuerpo se dejaba llevar de nuevo e irremediablemente hacía el mundo de los sueños.
"Charlie, tengo algo que decirte, que no he podido decirle todavía a nadie." Intentando a duras penas mantenerse despierto, Charlie se puso de medio lado para mirar a su hermano. "Irina está de camino hacia la ciudad. Me llamó ayer, creo que llegará en un par de días."
"¿Cómo?" Charlie se volvió a despertar, de golpe esta vez. "¿Por qué no me lo has contado antes? ¿Qué es lo que quiere, te ha dicho algo de Maggie? Don…"
"No lo se hermanito, eso mismo me he estado preguntado desde ayer, pero ella no me dijo nada. Tal vez sólo quiera ver a su hija, sería normal." Incluso al propio Don le costaba creerse sus propias palabras, pero tenía que resultar convincente antes su hermano.
"¿Eso es lo que crees de verdad, que sólo quiere ver a Maggie y que no se la intentará llevar?" Cuando su hermano no contestó a su pregunta, Charlie supo que había obtenido su respuesta. De momento no podían hacer nada, tendrían que esperar a que Irina se presentara para saber cuales eran sus intenciones.
Por eso, Charlie intentó retomar el ambiente que habían creado antes de hablar de Irina. "Yo te hubiera contado que Amita y yo intentamos quedarnos embarazados, pero ya lo sabes, así que no me quedan muchas novedades que decirte."
"¿Cómo que no y que me dices de Maggie? No me has contado nada de ella en todo el rato. Últimamente eres quien más cerca ha estado de la niña, dime todo lo que sepas de ella, quiero conocer a mi hija tan bien como la conoces tu."
"Maggie es encantadora, apenas llora, tan solo cuando más desperada está, que no es muy a menudo. Es una chica fuerte, en eso se parece a ti. Cuando la tienes en brazos y te mira con sus precioso ojos, todo lo demás desaparece de tu alrededor, tan sólo estáis tu y ella."
Durante un buen rato, Charle continuó hablando de la niña, mientras su hermano lo miraba asombrado del extenso conocimiento que Charlie tenía de su hija. Mucho más completo del que tenía él.
Se había equivocado en la forma de mantener segura a su hija y ahora se daba cuenta que la mejor forma de hacerlo, era pasar todo el tiempo posible con ella, conocer hasta su más mínimo detalle, como hacía Charlie y protegerla personalmente de los posibles peligros que podían presentársele a su alrededor.
"Se que ya te lo he dicho, pero es la verdad, vas a ser un padre estupendo y en el futuro, tus hijos se sentirán tan orgullosos de decir que son tus hijos como lo estamos nosotros de nuestro padre."
"¿Tu crees?"
"Estoy totalmente convencido de ello." Charlie sonrió, pese a que en su mente estaba la posible amenaza que suponía Irina si decidía intentar quitarles a la niña. Sin embargo, estaba cansado, había dormido unas largas horas, pero otra vez estaba rendido, el cansancio de los días anteriores, le estaban pasando factura por fin.
Moviéndose lentamente, pegó su cuerpo al de su hermano y volvió a cerrar los ojos, dispuesto a dormirse. Siempre se había sentido a gusto durmiendo teniendo a Don cerca, así se sentía más protegido. Esa mañana volvió a convertirse por unas horas en el pequeño Charlie Epps para su hermano mayor. Habían pasado muchos años, pero Charlie seguía siendo su hermanito.
Se tumbó a su lado, aunque no tanto, también estaba cansado y protegiendo, como siempre había hecho de niño, el cuerpo de su hermano con su brazo, se quedó dormido también
