"Hola don, supongo que te sorprenderá escucharme después de tanto tiempo." La voz de Irina sonaba mucho más tranquila que la última vez que habían hablado, cuando ella estaba pensando en desaparecer una temporada. Lo siguiente que había sabido de ella era que le había dejado a una niña recién nacida. "Ya me he enterado que detuviste a esos desgraciados, creo que te debo la vida por eso."

"Me alegra saber que estás bien." Dijo Don de la forma más seca y cortante que pudo. "Ahora podrás vivir más tranquila."

"En realidad de eso quería hablarte." Don apretó con fuerza el teléfono, pues se temía lo que su antigua novia le iba a decir y no quería escucharlo, no después de todo lo que había pasado y de que ella no diera señales de vida. "Estoy a punto de llegar a Los Angeles, hay un par de cosas que quiero comentar contigo."

"Es sobre la niña ¿Verdad?" El federal no quería andarse con más rodeos. "Si quieres hablar sobre Maggie este es tan buen momento como otro cualquiera. ¿Qué es lo que quieres?"

"Veo que ya te has acostumbrado a ser padre, pensaba que te costaría más con eso de tu adicción al trabajo. Maggie… me gusta es bonito, supongo que se lo pusiste por tu madre, es todo un detalle, precioso."

La mujer hablaba con tanta naturalidad que Don no se podía creer que realmente estuvieran hablando sobre el mismo tema. Él estaba preocupado por que la madre de su hija quisiera llevarse a la niña y no volver a verla y ella, en cambio, parecía relajada, como si nada ocurriera.

"Vamos Irina, dime de una vez que es lo que quieres. Porque si pretendes llevarte a la niña, voy a luchar por ella, es mi hija tanto como tuya y que yo sepa fuiste tu la que la dejaste abandonada a la puerta de mi apartamento."

"Un momento, primero relájate, segundo, quien ha dicho que quiera llevarme a la niña, en realidad, iba a decirte cuando nos viéramos que quiero que sigas teniéndola tu, puedes darle un mejor futuro que yo después de todo." El tono de voz de Irina cambió radicalmente, tanto que incluso sorprendió a Don, que se cortado y sin saber que decir.

"Es cierto, yo no tengo trabajo ahora mismo, por eso mismo voy a Los Angeles, además quiero ver a mi pequeña, seguro que ha crecido un montón y también a ti. Te hice una faena al dejarte a la niña en la puerta de casa, pero sabía que cuidarías de ella."

"Lo estoy haciendo lo mejor que puedo, pero el no tener experiencia previa no me ha ayudado mucho. Menos mal que tengo a mi padre cerca, ha criado a dos hijos y todavía seguimos aquí y bueno, también está Charlie, se desvive por Maggie, creo que está dando demasiado de si mismo."

"Claro, Charlie, seguro que lo hace bien." Irina no pudo ocultar el desdén con el que trataba a Charlie desde que se conocían, pero Don no le doy importancia, desde el momento en el que la chica le había dicho que la niña seguiría con él, que no iba a luchar por su custodia, estaba mucho más tranquilo y relajado con ella. "Pero con todo su trabajo, no tendrá mucho tiempo para estar con la niña, que se ocupará de ella tu padre quiero decir."

"No conoces a Charlie, la verdad es que no se cuando tiene tiempo para dormir, cuando no está trabajando está con Amita y la niña. Me da miedo que al final caiga enfermo por mi culpa."

"Bueno, el caso es que mañana estaré en la cuidad y podremos vernos. Trae a la niña, me muero de ganas de verla y abrazarla."

"Claro, además ya es hora de que recupere a su madre. ¿Charlie y tu apenas os conocéis verdad? Le diré que venga, seguro que quieres conocer mejor al tío Charlie, al fin y al cabo va a ser el que la va a malcríar."

"No, dile que no venga, no hace falta, yo sólo quiero estar con la niña y contigo, si no te importa claro. Dile a tu hermano que no venga."

"Claro, no ha problema. Entonces, que ¿a las seis en mi apartamento?"

"Me parece genial."

Don no había esperado que aquella conversación hubiera terminado tan bien. Cuando se enteraba que Irina estaba cerca de al ciudad, ya se imaginaba los gritos y las peleas en los juzgados por la custodia de la niña, justo por lo que no deseaba que pasara la pequeña.

Pero por suerte no había sido así, todo había salido bien. Todo excepto algo que le no le gustaba, había algo raro en la forma en la que Irina hablaba de Charlie, algo que no llegaba a comprender, pero que estaba allí.

- o -

"Vale aquí lo tengo." Dijo Amita visiblemente nerviosa, con el pequeño aparato en la mano y la mirada clavada en Charlie. "Uf, no esperaba ponerme tan nerviosa después de tantas veces que ha fallado."

"Todo irá bien, diga lo que diga ese cacharro, nada va a cambiar."

"Pues yo espero que algo si que cambie." Amita cogió la mano de Charlie y se la puso en su vientre sonriendo. "¿Te imaginas que haya una pequeña vida creciendo ya aquí dentro? Tal vez no lo sabemos todavía. Voy a comprobarlo ahora mismo, no puedo esperar más." Tomó el rostro de Charlie entre las manos y lo besó con un punto de desesperación.

Ya había perdido al cuenta de las veces que se habían encontrado en esa situación, las veces que se habían ilusionado con la posibilidad de ser padres por fin y las mismas veces, siempre había fallado.

No se lo habían dicho a nadie, ni siquiera Charlie había hablado con su padre y Don del tema, pero ya habían visto a algún especialista, que para su preocupación, les había dicho que todo estaba bien, que no era normal que un hubieran podido concebir todavía un hijo.

Amita cerró la puerta del baño detrás de ella y Charlie se quedó apoyado en la pared, nervioso, intentando no imaginar la imagen de su futuro hijo, tratando de no pensar los posibles nombres y el gran futuro que esperaba poder darle.

Tantas veces se había equivocado, tantas veces había tenido que tirar esos sueños a la basura, que no estaba dispuesto a hacerlo una vez más, esperaría a saber la respuesta, a ver a Amita salir del baño.

Si le decía que estaba embarazada, dejaría a su imaginación correr libremente y comenzar a idear mil planes para el bebé, si resultaba que de nuevo no estaba embarazada, guardaría sus sueños para la próxima oportunidad y consolaría a su chica, intentando que la decepción con el mundo por no poder ser padre todavía se le notara demasiado y le hiciera sentir peor a ella.

"Charlie que haces aquí, pareces ido." Estaba tan concentrado en sus pensamientos que no se había percatado de la presencia de su padre en el pasillo. "Don acaba de llamar, Irina llega mañana a la cuidad."

"Oh no, eso quiere decir…"

"No te preocupes, tu hermano ya hablado por teléfono con ella y ya le ha dicho que no quiere llevarse a la niña. Maggie se queda con tu hermano, no te preocupes." Charlie respiró aliviado. "Está bien tener de nuevo a esa chica por aquí, no pude despedirme de ella como debí hacerlo."

"Si supongo." Charlie estaba demasiado concentrado con lo que Amita estaba haciendo en el cuarto de baño, que decidió bloquear los recuerdos de su tortuosa relación con Irina, un secreto, que por el bien de su hermano, llevaba guardando mucho tiempo. Esperaba no tener que sacarlo ahora a la luz.

"No me has dicho lo que haces aquí en medio del pasillo tu solo." Antes de que Charlie pudiera contestar, Amita abrió la puerta del baño y se quedó parada en el umbral, con el pequeño predictor en la mano.

Su expresión no reflejaba nada, ni bueno ni malo, ni las noticias que Charlie esperaba, ni las que no quería oír. "¿Y bien?" Alan miró a los dos jóvenes alternativamente, sin comprender lo que estaba ocurriendo allí.

Charlie cogió las manos de Amita esperando la respuesta, sintiéndose cada vez más nervioso. "¿Estamos o no?"

Lentamente, Amita agitó la cabeza de arriba abajo y luego gritó de alegría. Se colgó del cuello de Charlie y comenzó a llorar, mientras el la besaba con fuerza. La emoción los inundó a los dos y por primera vez en mucho tiempo, el profesor también comenzó a llorar de alegría.

"¿Estás embarazada?" Dijo Alan tras atar los cabos suficientes.

"Si, Alan, vas a ser abuelo otra vez." Charlie abrazó a Amita y rodeó su cintura con ambas manos, aquella era la mejor noticia que nadie le podía dar nunca. Sin embargo, saber que Irina estaría en la ciudad, la empañaba ligeramente.

Charlie tenía miedo a lo que pudiera pasar ahora que Amita estaba embarazada y sobretodo temía tener que contarle a su hermano toda la historia que llevaba guardando durante todo ese tiempo.