"Charlie, tengo algo." Dijo Colby desde el otro lado de teléfono. "Irina ha estado hablando con esa gente durante semanas. Incluso cuando tenían a Amita y Maggie, creo que podemos ir a por ella."
El profesor suspiró aliviado. Se había imaginado que su amigo no fuera a encontrar nada, que Irina pudiera campar a sus anchas por sus vidas sin que nadie supiera quien era esa mujer de verdad.
"Gracias Colby, si no fuera por ti…"
"No tienes porque darlas, Don es mi amigo y tu también, no iba dejaros tirados cuando necesitáis mi ayuda." Tampoco es que le fuera a decir que llevaba buscando esa información durante toda la noche o que había tenido que hablar con más gente de la creía posible para conseguirla, pero desde luego lo volvería hacer por el bien de sus amigos. "Cuando quieras interrogaré a Irina y con un poco de suerte puedo hacer que confiese su implicación y sus verdaderos propósitos sobre Maggie."
"Espera, primero quiero hablar con ella, después de todo sigue siendo la madre de mi sobrina y no quiero que Don se entere de todo esto cuando la detengas, se que le sentaría mal no haberse enterado antes."
"Como quieras, pero por lo que ahora se de esa mujer, es peligrosa y sabes tan bien como yo que no tiene muchos escrúpulos."
"Lo se, no sería la primera vez que me amenaza." Charlie temía lo que pudiera hacer Irina antes que la detuvieran, por lo que tenía que tener mucho cuidado de que no les descubriera.
Era una mujer fría y calculadora, capaz de chantajear a su hermano con la seguridad de Maggie, por lo que Charlie estaba seguro que no tendría ningún problema en matarlo a él si fuera necesario.
"Hola Charlie." Nada más colgar el teléfono Irina apareció en su despacho. Charlie dejó el móvil sobre la mesa y se dio la vuelta sobresaltado, con al esperanza de que ella no hubiera escuchado su conversación con Colby.
Por la expresión divertida e incluso podía decirse que simpática de ella, Charlie dedujo que no había escuchado nada. "¿Con que este es tu despacho? Nunca tuve la oportunidad de venir. Es acogedor, aunque algo desordenado, pero me gusta." Irina se movió por la habitación como si nada, mirando todo, cogiendo un par de libros y observando las fórmulas que había en las pizarras y que por supuesto no comprendía.
"¿Qué es lo que quieres? Deja de actuar que Don no está aquí." Aunque no le fue fácil, Charlie consiguió mantenerse sereno, fuerte incluso frente a aquella mujer que tanto respeto le imponía.
"Nada, sólo he venido ha verte y hablar contigo." Se acercó a Charlie contoneándose, tanto que le recordó a una serpiente deslizándose por el suelo en busca de su presa. Le sonreía, como si quisiera hipnotizarlo y cuando llegó a donde estaba él, puso sus manos sobre el pecho del profesor. "Vamos Charlie, no me digas que no sentías nada por mi."
"¿Además de odio y una buena porción de asco?" Irina sonrió con malicia, le encantaba como se revolvía el profesor, como intentaba alejarse de ella y como ella tenía que esforzarse para mantener el control de la situación y conseguir lo que realmente quería. "No Irina, no me sentí atraído por ti por mucho que quieras verlo de ese modo. Ahora por favor me gustaría que te fueras de mi despacho, tengo muchas cosas que hacer."
"El profesor Epps siempre tan educado." Irina pasó un dedo sobre el pecho de Charlie y se dio cuenta que el profesor se comenzaba a poner nervioso, justo lo que ella quería para que Charlie no se diera cuenta de lo que pensaba hacer.
Con mucho cuidado sacó la pequeña jeringuilla de su bolsillo. "Creo que debería haberte elegido a tu en lugar de tu hermano para que fuera el padre de mi hija. ¿No querrás tener esa oportunidad ahora?" Se acercó más al profesor hasta que Charlie se clavó el borde de la mesa en sus riñones.
"¿Se puede saber que haces? Déjame en paz de una vez." Intentó deshacerse de Irina, pero ella le empujó demasiado como para poder conseguirlo. "Estás completamente loca ¿lo sabías?"
Irina sonrió con verdadera maldad en la mirada. "¿Sabes que es lo mejor de eso Charlie? que la gente nunca sabe de lo que eres capaz." De repente le besó en los labios con fuerza y aunque Charlie protestó, no pudo quitársela de encima.
Entonces sintió el dolor, tan sólo fue un pequeño pinchazo, pero cuando el líquido atravesó sus venas pudo notarlo. "¿Qué has hecho?" Tras preguntarlo, Irina le mostró la jeringuilla vacía y se la volvió a guardar en el bolsillo. "¿Me has envenenado?"
"Sólo quiero que te des cuenta que no puedes jugar conmigo. ¿Crees que no iba a saber que investigarías mi pasado? ¿Qué no mirarías si he estado hablando con mi marido y sus chicos? Pensaba que sabías que era una chica más inteligente. Siempre quería saber lo que se sentía al besar de verdad al bueno del profesor Epps."
Volvió a hacerlo ,de nuevo le besó apasionadamente hasta dejarle casi sin respiración. Charlie no podía resistirse, a cada momento que pasaba, notaba su cuerpo más ligero, sus extremidades desaparecían y el cerebro dejaba de funcionar. Sabía que tenía que evitar aquello, que tenía que sacarse de encima Irina, pero por mucho que se lo estaba ordenando a su cerebro, este no le iba a hacer caso. Irina le había drogado.
Entonces, la puerta del despacho se abrió. "Oh dios mío Charlie." Como si estuviera sorprendida, Irina se separó del profesor, pero se mantuvo a su lado, para evitar que él perdiera el equilibrio y todo su teatro se terminara allí mismo.
Amita no se podía creer lo que estaba viendo, aunque alguien se lo hubiera contado, no se lo hubiera creído, a menos, claro que lo estuviera viendo con sus propios ojos. "Charlie, yo creía… Vamos a ser padres, ¿Cómo has podido hacerme esto?"
Pero Charlie no se sentía con fuerzas para decir nada, por más que lo intentaba, por más que estaba gritando desde el interior de su cuerpo, no pudo conseguirlo. Por mucho que le estaba destrozando ver las lágrimas de Amita correr por su hermoso rostro, el profesor no pudo hacer nada.
"Amita yo…"
"¿Cómo has podido hacerlo Charlie? ¿Es que acaso no vas a decir nada?" Amita no podía dejar de llorar por mucho que su orgullo de mujer fuerte le rogaba que dejara de hacerlo, su corazón roto no se lo permitía.
"Dios Amita lo siento. Charlie me dijo que iba a hablar contigo. Me prometió que ya lo había hecho. Si lo hubiera sabido..." Irina era una perfecta mentirosa y los escrúpulos por los sentimientos de una mujer embarazada no eran un gran problema para ella.
"Eres un maldito bastardo." Concluyó Amita antes de salir del despacho entre lágrimas.
"Amita espera no es…" Pero Irina le volvió a besar y no le dejó terminar de hablar. Odiaba a esa mujer, más de lo que nunca lo había hecho y deseaba matarla por lo que le estaba haciendo. Si pudiera hacerlo, lo hubiera hecho en ese mismo momento, pero la debilidad que cada vez era más grande en su cuerpo, no se lo permitió.
"Te dije que no jugaras conmigo Charlie, te lo avisé. Ahora vas a tener que afrontar algunas consecuencias." Por fin, Irina soltó el cuerpo del profesor y este cayó al suelo de golpe sin poder sujetarse a nada para evitarlo. "Por cierto, cuando te encuentren, descubrirán que tienes veneno de cierta serpiente en tu cuerpo mezclado con un par de ingredientes personales." Se agachó hasta donde estaba él y le levantó la barbilla para que la mirara a los ojos. "Espero que sepas lo que te conviene y no seas tan tonto como para decir nada sobre quien te ha hecho esto, lo siguiente que perderás será un hermano o una sobrina." Se acercó a la mejilla de Charlie y le besó. "Eso si aparece alguien en la próxima media hora, si no puede que sea demasiado tarde y no tengas preocuparte por decir nada."
Charlie la vio la levantarse y desaparecer. Se quedó completamente sólo, aterrado por la idea de que nadie entrara en el despacho y que cuando lo encontraran estuviera muerto. Imaginó que fuera Don, buscando ayuda en el caso que llevaba entre manos y lo viera allí muerto en el suelo. Lo imaginaba llorando, destrozado, buscando entre todos los malhechores posibles el que podría haberle hecho algo así.
Luego pensó en su padre. Eso sería peor, no creía que el hombre pudiera superarlo, no después de haber perdido a su mujer, su hijo pequeño sería demasiado para su padre. Por lo que Charlie rezó para que no fuera Alan quien lo encontrara.
Si se trataba de Larry, seguramente se metería para siempre en aquel monasterio, pues la pérdida de su buen amigo sería demasiado grande para él. Todos quedarían destrozados al encontrarle muerto; todos menos su sobrina que nunca lo llegaría a conocer.
Entonces, escuchó las voces. Hasta ese momento, no se había dado cuenta que tenía los ojos cerrados, pero tampoco podía abrirlos. Las voces sonaban lejanas, por lo que en un principio no pudo saber de quien se trataba.
"Charlie." Escuchó por fin, creyendo que se trataba de su hermano. "Charlie, vamos dime algo." No sabía si había perdido el conocimiento o si no había pasado ni un minuto, había perdido toda la noción del tiempo. "Vamos Charlie aguanta un poco más, que la ayuda ya está en camino."
Entonces sintió la mano de Don sobre la suya, cogiéndola con fuerza y seguridad. Por fin logró abrir lo ojos, aunque la luz del sol le hacía daño. "Don… Amita… no es lo que… parece..."
"Vamos tranquilo, no intentes hablar." Don le tocó la frente. "Mierda, tiene la fiebre muy alta. ¿Dónde está esa maldita ambulancia?"
"Don lo siento." Ahora era Colby el que hablaba y por lo que pudo ver el profesor, su rostro estaba muy afligido. "Se que me dijiste que viniera directamente a hablar con él, pero me entretuve con otra cosa." Miró a Charlie y el profesor comprendió perfectamente con que se había entretenido. Quiso darle las gracias por no contarle todo a su jefe en ese momento, pero no podía hablar.
"Déjalo, ahora mismo me da igual que ninguno de nosotros nos culpemos, porque el único culpable es el que le ha hecho esto a Charlie y os juro que va a pagar por esto en cuanto lo encuentre."
Entonces Charlie comenzó a sofocarse, no podía respirar, como si alguien le estuviera estrangulando. Cerró los ojos con fuerza. "Aguanta un poco más hermanito." Escuchó decir a Don mientras alguien lo levantaba y lo colocaba en una camilla. "No se te ocurra dejarnos ahora."
Después de eso, silencio, no había nada más, Charlie perdió el conocimiento y en el último momento se preguntó si tal y como había dicho Irina, Don había llegado a tiempo o no volvería a despertarse nunca.
