Don sabía que algo iba mal con Charlie, no necesitaba hablar con él para saberlo, tan sólo mirarlo, observarlo durante unos minutos era suficiente para darse cuenta que su hermano no estaba bien.
No es que le extrañara teniendo en cuenta todo por lo que había pasado y lo mucho que había sufrido tras el ataque de Irina. Todavía estaba recuperándose y su cuerpo no estaba a pleno rendimiento. No se quejaba muy a menudo, pero Don podía leer en sus ojos lo poco que le gustaba tener que pasar horas en la silla de ruedas.
"Todavía necesita mucho reposo, pero su hermano tiene demasiadas ganas por volver a la vida normal. Así que vigílelo y aunque no diga nada, manténgalo sentado todo el tiempo que sea posible." Le había dicho el médico antes de firmar el alta, que muy persistentemente había intentado conseguir Charlie.
Ahora sin decirle nada, Don no le quitaba el ojo de encima, se pasaba la mayor parte del tiempo en la casa familiar, con la excusa de que su padre y su hermano le ayudaran con Maggie. Pero cuando lo dejaba sólo, Charlie, se levantaba, bajaba al sótano y se ponía a trabajar en su último análisis.
"Charlie, vamos hermanito, no seas crío y no nos pongas las cosas tan difíciles, sabes que tan sólo queremos ayudarte y ya sabes lo que dijo el médico."
"Reposo absoluto. Lo se Don, pero me cuesta, no quiero ser una carga para vosotros, no quiero que Amita se agobie conmigo."
Don puso las manos sobre los hombros de su hermano y lo llevó hasta el sofá lentamente, sin forzar sus movimientos, donde hizo que se sentara antes de volver a hablar.
"¿Se puede saber de donde te has sacado que seas una carga para nadie? Eres mi hermano pequeño y estando bien o mal te ayudaría igual. Llevo toda la vida queriendo ayudarte, ¿No pensarás que ahora, justo cuando más quiero apoyarte, voy a dejarte tirado?"
Charlie suspiró y desvió la mirada un momento. Estaba agotado, apenas podía ocultarlo en sus ojos cansados. Don le alborotó el cabello y esperó a que levantara de nuevo la cabeza.
"Pero tu responsabilidad ahora es Maggie, es lógico, ella es tu hija y querrás estar con ella todo el tiempo posible. Ahora mismo, que no estás en la oficina, podrías estar disfrutando de tu bebé y en lugar de eso…"
Don rodeó los hombros de su hermano. "En lugar de eso, estoy haciendo ver a mi hermano, que es un tonto que no se da cuenta que le quiero tanto como a mi hija. Vamos, vas a volver a la cama y después voy a llamar a Amita para que pase a estar contigo y evitar que vuelvas a bajar aquí."
"Pero, la fórmula, la tenía casi, si me voy a la cama…"
"Charlie."
"Vale tu ganas, pero si haces que pierda el próximo premio novel de matemáticas te lo estaré recordando toda la vida."
"Claro que si hermanito, como tu quieras."
Sin dejarle responder, Don hizo que Charlie se levantara y esperó a que le siguiera escaleras arriba. No lo dejó hasta que se hubo recostado en la cama, le ahuecó la almohada y le cubrió con la sábana.
"Por cierto, hasta que el médico de nueva orden, nada de andar." Charlie miró la silla de ruedas y se estremeció, tanto que hasta Don lo pudo ver.
Realmente odiaba aquel artilugio, odiaba estar atascado en esa silla y ver el mundo pasar delante de él. Jamás se había preguntado lo que sería ser un inválido, no volver a usar sus piernas y estar atrapado en una de esas sillas, pero ahora que la tenía delante, no podía pensar en la idea de usarla siempre.
"Ya sabes que es algo temporal, además el doctor dijo que en un par de semanas estarías como nuevo."
Un par de semanas, pensó Charlie, imaginando lo lento que podía pasar el tiempo en su vida si no le dejaban trabajar, si no podía seguir con sus cálculos, si no le permitían buscar a Irina. Don se percató en el cambio de expresión de su hermano.
Don le frotó el brazo enérgicamente, al ver que el color de sus mejillas desaparecía con rapidez. "Charlie, cálmate, te aseguro que no van a ser más que unos días. Además, puedes aprovechar a estar con tu sobrina."
"¿Maggie está bien?" Preguntó por fin, al darse cuenta que tanto había estado preocupado por si mismo, que no se había parado a pensar en la más pequeña de la familia. "Lo siento, no había pensando…"
"Tranquilo, después de todo esto, creo que tienes alguna buena excusa para no haber preguntado por ella." Charlie se sentía fatal, vivían en la misma casa y había estado tan metido en sus propios pensamientos, que no había visto a su sobrina en varios días y ni siquiera se había acordado de ella. "Está preciosa y crece cada día, seguro que cuando la veas no la reconoces."
"¿A quien?" Los dos hermanos se volvieron hacia la puerta del cuerpo y ambos sonrieron al mismo tiempo. Era una preciosa imagen para los dos. Amita había aparecido allí, con Maggie en los brazos jugando con su melena negra. "Alan me dijo que la echarías de menos."
La niña emitió un ruidito mientras Amita se acercó a la cama y al ver a Charlie extendió una manita hacia él, como si quisiera llamar su atención; lo cual no tardó en conseguir.
Pese a lo cansado que estaba, Charlie no podía dejar pasar esa oportunidad y consiguió controlar el sueño que se estaba empezando a apoderar de él. Amita le puso en los brazos a su sobrina y se sentó donde había estado Don, que poco a poco se había alejado para dejar intimidad a la pareja.
"Lo siento tanto pequeña. He estado tan obsesionado conmigo mismo, que no me he dado cuenta que estaba dejando a un lado a la cosita más bonita de esta casa." Levantó la vista hacia Amita y le dijo sonriendo. "Lo siento, no se como después de lo abstraído que he estado, sigues aquí conmigo."
Amita le acarició la mejilla a su novio y luego hizo lo mismo con Maggie. Adoraba a ese hombre, de eso estaba segura, lo estaba desde la primera vez que lo había visto siendo su profesor y ahora no podía imaginarse la vida sin él. La sola idea de que había estado a punto de romper su relación con él por culpa de las mentiras de Irina y que Charlie había estado a punto de morir, le comían por dentro; pero no era el momento de hablar de esas cosas.
"Mira pon la mano aquí." Amita cogió la mano de su novio y la puso sobre su vientre. Sonrió al ver la expresión de sorpresa en el rostro de él. "Si, es nuestro bebé y ¿sabes que? Dentro de un mes, podremos saber el sexo y empezar a pensar en el nombre y el color de la habitación."
Charlie se había quedado en silencio, tal y como Amita no pensaba que iba a reaccionar ante lo que le estaba contando. Tardó unos segundos en hablar, unos momentos demasiado largos para Amita.
"Irina todavía va detrás de mi."
"No, eso es agua pasada, tan sólo fue un susto. Está loca, pero no tanto como enfrentarse con todo el equipo de Don."
"No hace falta que me mintáis o me ocultéis información, ella misma me lo ha dicho." Charlie cogió el teléfono móvil que tenía en la mesilla y se lo entregó a Amita. "Escucha el último mensaje."
"Charlie, veo que sigues con vida, no se si alegrarme o renegarme por haber hecho las cosas mal. El caso es que ya le he dicho a tu hermano que voy a estar vigilándote y también sigo pendiente de mi hija, pero no te preocupes, si Don hace las cosas bien, puede que salgas de una pieza. Dale recuerdos de mi parte y dile que mi gente todavía sigue en la cárcel."
"Charlie…"
"Entiendo que queráis protegerme, que esté tranquilo y todo eso." Abrazó con fuerza el cuerpo de Maggie que emitió un ruidito sosegado al notar el latido del corazón de su tío. "Pero Irina ha amenazado a Maggie, no sólo se trata de mi ahora. Yo puedo defenderme, puedo luchar pero ella no."
Amita le besó en los labios a falta de algo mejor que decir, pues no había palabras para hacer sentir mejor al profesor después de lo que había escuchado en ese mensaje. Seguramente, ni siquiera Don, habría encontrado las palabras adecuadas.
"Cada día estoy más convencida de que vas a ser un padre estupendo, protector, cariñoso y siempre atento con nuestro hijos. Pero ahora deja que sean otros los que te protejan a ti y a Maggie."
"Ya lo sabíais ¿verdad? No es el primer mensaje de Irina. Me lo habéis estado ocultando. ¿Cuánto hace?"
"Charlie cálmate."
"¡Don!" Llamó a su hermano que ya no estaba en la habitación. Maggie notó que su corazón comenzó a latir con más fuerza y eso no le gustó a la niña que rompió a llorar. "¡Don!"
Aquella agitación no le estaba haciendo ningún bien a su cuerpo y lo sabía perfectamente. Recordaba las palabras del médico cuando le había dicho que nada de emociones fuertes, que el veneno no se había ido por completo de su cuerpo y que cualquier sobresalto podría darle un buen susto, pero en ese momento, al darse cuenta de la realidad, no pudo aguatarlo más.
"¡Don maldita sea! Se lo que me has estado escondiendo." Por un momento le costó respirar, aquello no podía ser bueno. Pero continuó diciendo lo que necesitaba soltarle a su hermano. "No soy un niño de cinco años para que…" Amita lo vio palidecer por momentos, pero parecía estar lo suficientemente cabreado como para no hacer nada para detenerlo. Un minuto después Amita se dio cuenta de su terrible error. "para que me ocultes estas cosas."
Entonces se quedó parado, con la mirada clavada en la pared y un momento después dejó de respirar
- o -
En cuanto su teléfono comenzó a sonar, Don ya sabía quien era, incluso creía poder olerla desde el otro lado de la línea.
"¿Se puede saber que es lo que quieres ahora? Estoy tratando de ayudarte, pero si no dejas de acosarme no me va a ser fácil."
"Don, Don… ¿Por qué te empeñas en mentirme? Ya se que no vas a sacar a mi gente de la cárcel, pues parece que no tomas mis amenazas en serio; por eso pensé que Charlie si lo haría y le dejé un mensaje en el teléfono."
"¿Qué has hecho que?"
"Ya sabes, contarle mi pequeño plan de tenerlo en el punto de mira y a tu hija también. Seguro que es muy comprensivo, más que tu."
"Serás…"
"¡Don!" Escuchó la voz de Charlie en el dormitorio.
"Creo que acabo de escucharle y no parece muy contento, yo que tu le echaría un ojo, ya sabes que en su estado no le va a sentar nada bien el estrés de mi noticia."
"¡Don!" Volvió a repetir Charlie mucho más alterado que antes.
"Don ven por favor y llama a una ambulancia." La voz Amita sonó desesperada. Don soltó el teléfono, sin molestarse en saber si Irina todavía seguía al otro lado. Lo tiró y subió las escaleras de dos en dos corriendo.
Al llegar al dormitorio de su hermano, se quedó petrificado por un momento, Charlie estaba en la cama, pero su cuerpo se convulsionaba con fuerza. "No, Charlie, no me haga esto." Amita estaba llamando al hospital, Don se acercó a la cama y tomó el rostro de Charlie con ambas manos.
"Vamos Charlie, no le des la razón a Irina, no le dejes ganar y no dejes que me obligue a sacar a su gente de al cárcel."
