Durante toda su vida, Don había estado protegiendo a su hermano; en el colegio le había mantenido a raya a los chicos que intentaban meterse con él, seguramente por sentirse intimidades por su inteligencia, en la vida evitando que su corta edad para hacer la mayoría de las cosas le hiciera hacerse daño. Siempre había sido colchón, la mayoría de las veces sin que su hermano lo supiera.
Pero ahora, Irina, la madre de su propia hija, la que estaba amenazando la vida de Charlie. peor aún, había estado a punto de matarle demasiadas veces como para que Don pudiera volver a mirarla a ojos.
Allí sentado, en la habitación de Charlie, en solitario, esperando que el médico volviera, que dejaran de hacerle pruebas a su hermano; estaba nervioso, apenas podía controlarse, le costaba estar allí sentado y no salir al pasillo para preguntarles a todas las enfermeras si sabían algo de su hermano.
Necesitaba respuestas y las necesitaba ya para no estallar, para no empezar a gritar y no salir corriendo a la oficina para buscar a Irina por todos sitios hasta dar con ella y… pero no lo haría; por mucho enfadado que estuviera con ella, por mucho que la odiara por lo que le estaba haciendo a su hermano, seguía siendo la madre de su hija.
¿Qué le diría a Maggie cuando fuera mayor y le preguntara por su madre? ¿Cómo podría mirarle a la cara y decirle que la había matado por lo que ahora le estaba haciendo a su tío?
La niña no lo entendería y por su puesto jamás se lo perdonaría. Esa era una de las bazas de Irina, saber que Don jamás la tocaría, por el bien de su hija, ella se había convertido en alguien invulnerable en lo que a la rabia de Don se refería.
"Agente Epps." Estaba tan concentrado en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando entró el médico en la habitación.
Don se levantó como un resorte y se quedó delante del doctor, sin decir nada, pues temía preguntar. Esperó a que fuera el propio médico el que dijera algo, con la esperanza de que sus mayores temores no fueran ciertos y que el mal presentimiento que le oprimía el corazón desde que se habían llevado a su hermano, no fuera para nada cierto.
Tan sólo fueron unos segundos, durante los cuales, el médico permaneció en silencio, pero se hicieron eternos, mientras Don intentaba averiguar lo que quería decir su mirada seria y puesta en él.
"Su hermano está estable." Don suspiró aliviado, no se había dado cuenta que había dejado de respirar durante los últimos segundos. Cerró los ojos, sintiendo como aquel horrible, comenzaba a desaparecer. "Sin embargo..."
Don sonrió con tristeza. "Siempre hay un pero, cuando las cosas parecen salir bien, siempre hay un pero. ¿Qué es doctor? Charlie está bien, lo acaba de decir, no puede decirme ahora…"
"Tranquilo, si es cierto, su hermano está bien, saldrá de esta, pero lo que quiero que sepa y lo que siempre debe tener en cuenta." Otra vez su corazón se comprimió, su gesto no lo expresaba pues sus años de experiencia en los interrogatorio le permitían ahora no expresar el auténtico pánico que sentía. "Es que no estamos seguro de que pueda superar otro ataque como este. La droga que le fue inoculada no ha salido de su organismo todavía y es posible que pueda hacerle daño todavía."
"Eso quiere decir que otro ataque podría matarlo." Dijo Don con un hilo de voz, pues no podía creer que realmente estuviera diciendo algo así.
"Eso quiere decir, agente Epps, que su hermano morirá con otro ataque. No se si ha dado cuenta, que su hermano ha sufrido un ataque al corazón. Es muy joven para tener problemas de corazón y por eso podría ser más peligroso."
"¿Cómo se atreve a decir eso?" Don dio un paso hacia el doctor. Su punto fuerte no era controlar su ira, pero cuando alguien insinuaba de alguna forma que no se preocupaba por su hermano, que no estaba cuidando de él lo suficiente o cualquier otra cosa parecía, el poco control que podía tener sobre si mismo bajo ese estado de nervios, desaparecía completamente. "Se perfectamente lo que le ha ocurrido a mi hermano, he estado a su lado, sentado con él en la cama, impidiendo que muriera hasta que ha llegado la ambulancia. He creído que lo veía morir y tenía que decirle a mi padre, que por mi culpa, su hijo pequeño, mi propio hermano había muerto, así que no me diga que no me doy cuenta de las cosas."
Don se dio la vuelta y se sentó en la cama en la que pronto esperaba ver a Charlie. no quería seguir hablando con el médico, no quería decir cosas que ni siquiera el mismo era capaz de aceptar como una posibilidad, como lo cerca que había estado la muerte de Charlie o su impotencia a la hora de ayudarle.
"Siento haberle dicho eso, pero tiene que comprender…"
"Lo entiendo, pero si no tiene hermanos pequeños y si estos no han estado en peligro nunca, no sabe como me siento."
El médico no contestó a eso. Era cierto, no tenía hermanos, no sabía lo que Don sentía en se momento, por eso lo dejó estar. "Traerán a su hermano a la habitación en unos minutos, si quiere quedarse y esperarle, no hay ningún problema."
"Gracias." Contestó Don apenas levantando la cabeza, pues por más que lo estaba tratando de reprimir estaba a punto de romper a llorar.
Los minutos volvieron a pasar y completamente en la habitación, sintió que el corazón se le rompía en mil pedazos. Se preguntó que pasaría si Charlie no llegaba a la habitación, si había alguna complicación por el camino y no podía volver a verle con vida. ¿Y su padre no llegaba a tiempo? ¿Y si tenía que decirle a su padre que los médicos habían hecho todo lo que habían podido? Eso lo destruiría y a él mismo también, por eso lo desecho de su cabeza.
Alguien llamó a la puerta, pero no tuvo que decir nada para que la otra persona entrara. Allí estaba su padre. Estaba seguro que había estado llorando, pero ahora parecía más tranquilo. Tal vez se había encontrado con algún médico que le había dicho que todo saldría bien. Eso le sentó bien, pues al menos no tendría que decirle una media verdad.
"Doony." Alan se abrazó a su hijo con fuerza.
"Charlie está bien." Don no estaba seguro si se lo estaba diciendo a si mismo o era para reconfortar a su padre. Pero lo volvió a repetir, para asegurarse que seguía siendo verdad. "Charlie está bien."
Durante uno momento no dijeron nada, Don se lo había explicado por teléfono, mientras mantenía la calma lo mejor que podía, por lo que los dos se mantuvieron en silencio, esperando a que trajeran a la menor de los Epps.
"Lo siento mucho papá." Dijo finalmente Don, sin poder aguantarlo más, con la voz desgarrada por las lágrimas que no quería que se derramaran. "Todo esto es culpa mía, tenía que haber visto quien era Irina. Mira lo que ha pasado. Charlie todavía puede morir y yo no puedo hacerle nada a ella porque es la madre de mi hija."
Alan rodeó los hombros de su hijo para reconfortarle y esperó a que se calmara un poco antes de hablar por fin.
"Eso no es cierto, no es culpa tuya, porque tu más que nadie estás cuidando de tu hermano. Se que darías tu vida por él si fuera necesario y que Charlie es mucho más que tu hermano para ti."
"Pero si Irina no hubiera vuelto Charlie no estaría aquí, no le habría ocurrido esto.
"¿Y que me dices de todos los casos que investigáis juntos? Cualquiera de esos malhechores puede ir detrás de Charlie si se entera de lo que hace para el FBI. No puedes culparte por el mal que haga otra gente. Lo que tienes que hacer es hacerle pagar."
Don miró a su padre confundido. "Pero a Irina no puedo hacerle nada o de lo contrario… ya sabes que es capaz de capaz de matar a Charlie."
"Pues sabes lo que creo, que no es capaz de matarle. Lleva dándote muchos ultimatums y tan sólo a conseguido herirle, si fuera capaz de matarle, por supuesto no lo haría ella, mandaría a alguien y ya ves, que todavía no lo ha hecho."
Había estado tan obcecado con otras cosas que no lo había visto de ese modo. Pero aún así le daba miedo lo que Irina pudiera hacer.
"Eso no quiere decir que no lo pueda hacer."
"Confía en tu padre, algo me dice que esa perra no hace más que ladrar, que puede morder, si puede llegar a la yugular de su víctima, aunque te hará pensar por todos los medios que si que puede."
"Vaya, parece que este es un bonito recibimiento. La futura señora Epps en el pasillo y su padre y su hermano en la habitación." Dijo la joven enfermera al entrar en el cuarto. Le seguían dos celadores que llevaban la cama de Charlie y tras ellos, Amita cuyo rostro expresaba toda la tristeza que trataba de ocultar tras la sonrisa que les dedicó a Don y Alan. "Charlie estará encantado de verles en cuanto despierte."
Don miró a la cama, su hermano estaba durmiendo, tal vez estaba sedado o inconsciente, pero al menos se le veía relajado y no como la última vez que lo había visto, moviéndose entre convulsiones y creyendo que lo perdía entre sus brazos.
"¿Cuándo despertará?" Le preguntó a la enfermera.
La chica, que no debía tener más de veinticinco años, le sonrió acogedoramente.
"Eso agente Epps, es algo que depende Charlie y su fortaleza para querer salir adelante. Pero no se preocupe, tal y como ha reaccionado a la medicación, estoy segura que su hermano es todo un luchador."
"Si, lo es." Asintió Don mientras veía marcharse a la enfermera, sonriendo al ver que dejaba a su paciente en buenas manos.
Don se sentó en el canto de la cama y cogió la mano de su hermano entre las suyas. Deseaba tanto que abriera los ojos en ese momento y le dijera que todo estaba bien, al menos así le quitaría un peso de encima. ¿Estaba siendo egoísta al querer eso? Le daba igual, todo le daba igual en ese momento, salvo ver a su hermano mirarle por fin.
Pero Charlie permaneció dormido, pues así prefería verlo Don, no inconsciente o anestesiado por alguna medicina. "Todo va a salir bien hermanito. Tal vez lo haya dicho últimamente demasiadas veces, pero te prometo que Irina no te volverá…" ¿Para que iba a prometerle algo que no estaba seguro de cumplir?
"Voy a matar a Irina" Dijo por fin Amita. "Como vuelva a acercarse a Charlie o se atreva a llamarle por teléfono, juro que la mataré."
Ni Don ni Alan contestaron a eso, pues en el fondo, los dos sentían lo mismo que ella, los estaban dispuestos a hacer todo por Charlie.
