"¿Cuándo vas a despertar? La doctora dijo que estabas respondiendo muy bien a la medicación, pero necesito que despiertes para estar completamente seguro de eso." Don acarició la frente de su hermano.

Tres días enteros en el hospital estaban empezando a hacer mella en el federal, la barba que había empezado a dibujar su rostro y las bolsas bajo los ojos, le daban un aspecto devastador. No se había movido de su lado en todo el tiempo, tan sólo se había cambiado de ropa cuando su padre la había traído una muda nueva y la oficina había quedado al mando de David.

Nada le importaba más que el bienestar de Charlie, pues jamás en la vida se había sentido tan destrozado y culpable como entonces. Además, sentía que Irina estaba cerca, que si dejaba a su hermano, si dejaba la habitación de Charlie, aunque sólo fuera por un momento, ella aparecería dispuesta para matarlo y estaba seguro que eso no podría superarlo.

"Vamos Charlie, aunque la gente cree que no, eres mucho más fuerte que yo y puedes superar esto mejor de lo que lo haría yo. Además tienes a Amita, está esperando que te repongas para casarse contigo y que tengáis un montón de hijos juntos." Don acomodó la sábana en la cama, quería que su hermano estuviera perfectamente confortable. "¿Te imaginas, tus hijos jugando con su prima Maggie? Entonces si que papá sería un hombre feliz, con las ganas que tiene de tener nietos."

Don dejó de hablar al darse cuenta que su monólogo no estaba teniendo ningún resultado, Charlie seguía igual, después de estar da la mañana hablando con él y las noches, gracias a las enfermeras, durmiendo en la habitación con él; el estado de Charlie no había cambiado.

"No puedes hacerme esto, ya se que suena muy egoísta por mi parte, pero no puedes dejarme. No puedo imaginar la vida sin ti y no quiero que Maggie pierda a un tío que puede enseñarle matemáticas antes de saber leer y escribir." Se recostó sobre la cama. "Te necesito a mi lado hermanito."

Dos toques en la puerta llamaran la atención de Don y al volverse encontró con su padre, que llevaba el carrito de Maggie. Don miró a la niña y contuvo las lágrimas todo lo que pudo.

"Por favor, no quiero que Maggie esté aquí, no es un lugar para un bebé."

"Donnie es tu hija y hace casi tres días que no estás con ella. Ni siquiera la has visto." Alan dio un paso en el interior de la habitación, pero al ver a su hijo levantarse con rapidez y pararse frente a él, también se detuvo. "Donnie…"

"Papá, lo digo, en serio, llévate a Maggie, no quiero que esté aquí, llévatela a casa y cuando vaya después de estar aquí, estaré con ella, no creo que sea tan fácil de entender."

Sin esperar respuesta de su padre, Don se dio de nuevo la vuelta. Al sentarse en la incómoda silla otra vez, se dio cuenta que le dolía todo el cuerpo, ya no tenía edad para no dormir en cama, sino hacerlo acurrucado en una silla de hospital.

Pero no protestó, en cierto modo sentía que lo necesitaba, que tenía que expiar el mal que le había hecho a su hermano, pues estaba convencido que si no hubiera sido por él, Charlie estaría bien, si Irina no hubiera entrado en su vida, Charlie estaría perfectamente, en lugar de estar luchando por su vida en una cama de hospital.

"No debes culpar a Maggie de los pecados de su madre y mucho menos de los que tu no has cometido." Don pensaba que su padre se había ido, por lo que no esperaba escuchar algo así. "Maggie es tu hija y hasta hace tres días estabas loco por ella. No me digas ahora que vas a despecharal por el mal que ha hecho su madre."

Aunque no se dio la vuelta, Don escuchó los ruiditos que estaba haciendo la niña desde el cochecito. Ahora que los meses habían pasado, pasaba la mayor parte del tiempo despierta, observando todo lo que ocurría a su alrededor con su enormes ojos negros.

Don se mordió el labio, no sabía a quien odiaba, exactamente, pero si algo no podía decir era que odiara a su hija. El problema era que le recordaba los malos actos cometidos por su madre y también los que él creía haber cometido; mirarla a la cara, observar su sonrisa inocente, significaba, recordar que Charlie estaba en esa cama por culpa de su madre.

"Muy bien, tu ganas, estaré en casa con la niña, pero hazme un favor, Don, cuando tu hermano se despierte, no le digas nada de esto o será él quien te odie durante muy tiempo por abandonar a tu propia hija por miedo."

"No es miedo." Don escuchó a su padre entrando más en la habitación en lugar de marcharse. "No lo estoy haciendo por miedo." Dejó a su lado el cochecito de forma casual, aunque Don sabía que la había dejado con él por un buen motivo y se dirigió a la cama de su hijo.

"Las enfermeras dicen que es muy fuerte, y que seguramente muy pronto despertará. La doctora dice lo mismo aunque está preocupada por la presión baja de tu hermano, yo le he dicho que es algo normal en él." Alan miraba a su hijo mientras hablaba, por mucho que siempre se hubiera preocupado por sus hijos, nunca había estado tan cerca de perder a uno de ellos. "Debemos tener fe en tu hermano, Charlie siempre descubre la forma de hacer las cosas bien, si aprendió a jugar al golf, como va a conseguir salir de esta."

Ninguno de los dos querían llorar, ya era bastante difícil la situación, como para encima dejarse llevar por los sentimientos que no querían sacar a la luz. Mientras estaba a su padre hablar, Don dirigió la mirada hacia el carrito. Maggie lo estaba mirando y levantaba los bracitos hacia él, como si tratara de hacerse con su atención, sonrió e hizo un ruido como si le estuviera llamando.

"¿Qué es lo que quieres cariño? Lo siento, se que no estoy siendo el mejor padre del mundo últimamente, pero… La niña cogió uno de sus dedos y cerró su pequeña mano alrededor de él. No comprendía lo que su padre le estaba diciendo, ni sabía lo que le ocurría a su tío para llevar tres días durmiendo. Tan sólo se sentía confortable con su padre, feliz y segura entre sus brazos. "¿Te ha dicho el abuelo que no es seguro estar cerca de mi últimamente? Seguro que no, porque no le gusta preocupar a la gente y menos a la su nieta favorita."

"No digas tonterías Don, no es peligroso estar cerca de ti, en cuanto los chicos atrapen a Irina, todo saldrá bien. ¡Por cierto!" Continuó diciendo Alan, mientras cogía una de las manos de Charlie. "Casi se me olvidaba decírtelo, pero David me ha llamado y me ha dicho que posiblemente esta noche tengan a Irina; tienen una buena pista y con la ayuda de Larry y Amita, es muy probable que esta noche se termine esta pesadilla."

Don tenía la mirad baja mientras escuchaba a su padre y lentamente acunaba a la niña en sus brazos, esperando que se quedara dormida. Le dolía el corazón, o al menos eso era lo que sentía por lo que acababa de decir su padre.

"Don, ¿Me has oído? ¿No es genial? Ahora en cuanto Charlie despierte, todo se habrá terminado y podremos tener una vida normal." Alan sonrió, era una sonrisa algo forzada, pero realmente estaba feliz por poder terminar con todo aquello.

Don miró a Maggie y tras verla bostezar y acomodarse en los brazos de su padre, sin soltar el dedo que había atrapado antes, se quedó dormida, con el dulce movimiento de los brazos de Don.

"¿Don?"

"Si, claro papá, es genial es sólo que…"

"Vamos, Don, soy tu padre, ¿Crees que a estas alturas no te conozco? Se que te ocurre algo y que algo no va bien en tu cabeza, dime lo que es o no me voy a marchar de aquí en todo el día y te puedo asegurar que Maggie puede quedarse durmiendo con tu dedo atrapado muchas horas y mi conversación con Charlie puede ir para largo."

"Yo debería atrapar a Irina. Todo el equipo, Larry y Amita están trabajando a destajo para dar con ella y yo, mírame, pudiendo vengar a mi propio hermano, llevo tres días aquí, sentado en una silla de hospital esperando un milagro. Ni siquiera Amita, que es su prometida está aquí torturándose."

"¿Cómo puedes decir que esperas un milagro? No es algo imposible Don, tu hermano se va a despertar, de eso estoy seguro y en cuanto a sentirte inútil… creo que estás haciendo tanto como ellos. Tu equipo sabe lo que está haciendo y todo por ayudarnos, pero tu estás cuidando de tu hermano, ¿no me digas que no te ha pasado por la cabeza que Irina podría aparecer por aquí para lastimar a tu hermano? Eres su protector, desde que nació tomaste ese papel y nada de lo que pienses o por mucho que te tortures, lo vas a evitar."

Alan tenía razón en todo. Don se sentía culpable, pero tan solo porque necesita culparse por lo ocurrido, necesitaba hacerse daño, sentir dolor en su propio corazón para pagar por el sufrimiento de su hermano, pero su padre tenía razón, si su equipo tenía una buena pista para dar con Irina, eso significaba que no era necesario estar allí con ellos.

Además, era cierto, siempre se había sentido como el protector de Charlie, incluso más de una vez, había ido a Princetown, sin decir nada a sus padres y mucho menos a Charlie y lo había visto, se había asegurado que su hermano estaba bien, que nadie se metía con él por ser casi un niño y que todo iba con debía.

Nadie se había enterado de eso y él nunca lo diría, pero aún así todos lo veían como el protector de Charlie, tal vez lo era de verdad. "¿Crees de verdad que después de todo lo que ha pasado, puedo cuidar de Charlie?" Dijo Don mientras dejaba a Maggie lentamente en el cochecito, intentando recuperar el dedo que la niña le había tomado prestado.

"¿Hablas en serio? Claro que si, no veo a nadie más capacitado para hacer algo así. Eres su hermano mayor y creo que yo también te he educado para eso. No podría estar más orgulloso de ti."

Don abrió la boca para decir algo, pero el ruido de movimiento en la cama llamó poderosamente su atención. Al volverse, se dio cuenta que Charlie lo estaba mirando, con ojos entrecerrados y un aspecto terriblemente cansado, pero su hermano estaba despierto.

"Don…"