Ahora no me he demorado tanto, así que aquí está el capítulo. Gracias a quienes leen esta traducción! y a quienes son muy amables de escribir un review :)

Lady Asuky: Por qué pensaste que era broma?? Gracias por leer xD y estamos igual, es mejor Kenshin al 2 x 1, saludos!

Okashira Janet: Muchas gracias a tí por leer! Espero tardar menos en subir los capítulos. Que estés muy bien

Ahora si, sin más que agregar...

Out of Time

Capítulo 23: Sabias palabras

1878

Sanosuke dio un paso dentro de la pequeña oficina en la jefatura de policía. Saito básicamente lo ignoró, hojeando algún informe que estaba sobre su escritorio. Mientras habían caminado, Sano le había dicho al lobo todo lo que recordaba de la noche en que Kenshin cambió de sitio con Battousai. Saito no había mostrado casi ningún interés una vez que la historia avanzó, no haciendo nada más que gruñir ocasionalmente para avisar a Sano que estaba escuchando. Habían llegado en la estación de policía en el momento en que Sano había terminado, y ahora el peleador recorría la habitación como animal enjaulado.

"No puedes sentarte?" rompió finalmente Saito. "Hacer un agujero en el piso no va a mandar a Battousai de regreso."

Saito se acercó al escritorio y permaneció de pie desafiantemente. " seguro tampoco estas haciendo nada al respecto. Sonaste muy interesado antes. Ahora no te importa?"

"Tengo toda la información que necesitaba. Puedo encargarme de esta situación."

"Qué?" Exclamó Sano, olvidando su obstinación y se sentó. "Como puedes saber ya como mandarlo de regreso? He estado arruinando mi cerebro con eso desde ayer."

"No soy tan estupido como eres tú, ese es el por qué." Saito aplastó su cigarrillo. "Por alguna insólita coincidencia, Battousai terminó en la misma situación en ambos tiempos. Obviamente la manera para hacerlos regresar es recrear la situación."

La mirada de Sano estaba en blanco. "Tengo que aventarlo en el río de nuevo?"

"No, idiota. El río no importa. no importas."

"Hey!"

Saito lo ignoró. "Todo lo que importa es poner a su vieja y joven contraparte en la misma situación."

Sano frunció en seño y se levantó de nuevo, reasumiendo su caminata. "Y como se supone que harás eso? Ni siquiera sabemos lo que está haciendo! No es como si pudieras enviarle una carta diciéndole qué hacer."

"No necesito hacerlo. Sé donde está Battousai y qué está haciendo. Tu historia concuerda perfectamente con un extraño acontecimiento que observé durante el Bakumatsu." Sus ojos destellaron. "De un extraño pelirrojo con una sakabatou."

El peleador se congeló y se giró para ver fijamente al lobo. "Tú... tú viste a Kenshin? Está bien? Va a regresar bien?"

"Si supiera eso, crees que me estaría preocupando de eso ahora? Déjame solo o siéntate y cállate."

"Pero él estaba vivo cuando lo viste?"

"Obviamente. No tendría mucho sentido para mi el molestarse recreando una situación con un cadáver."

Sanosuke se desplomó de regreso en su silla. Gracias a Kami, pensó, cerrando sus ojos. Al menos sigue vivo. Tiene que sobrevivir. Él tiene que. Suspiró. Voy a golpearlo por hacerme pasar por esto.

La irritada voz de Saito rompió dentro de sus pensamientos. "Se que es difícil para ti tener más de un pensamiento a la vez, pero al menos trata de escuchar."

Los ojos de Sano se abrieron de golpe.

El lobo estaba fumando de nuevo. "La última vez que lo vi en el Bakumatsu fue durante una pelea cerca de tu río. Si puedo llevar a este Battousai ahí esta noche, seré capaz de recrear la pelea. Él y yo... no cambiamos muy a menudo nuestros ataques contra el otro. Eso podría funcionar."

"Vas a enfrentarlo?" Gruñó Sano. "Después de lo que le pasó hoy. Él no puede hacer eso otra vez."

"Battousai es más fuerte de lo que ustedes le dan crédito."

Los ojos de Sano se estrecharon peligrosamente. "Él es sólo un niño. Creo que todos ustedes viejos revolucionarios olvidan eso a veces. Es fuerte. Ha matado a muchísima gente. Su habilidad es increíble. Pero es solo un niño quien nunca consiguió ser un niño. Ese tipo de cosa estropea a la gente. No asombró que casi cayó de espaldas cuando Kaoru trató de protegerlo. Apostaré que nadie antes ha hecho eso por él. Me ha tomado todo el día solo para conseguir que hable con la gente. Todavía se estremece cuando lo tocas. Eso no es normal. No es tan fuerte como tu crees."

La expresión de Saito era fría. "Battousai no es normal. Nunca será normal. Nunca."

"Tiene el derecho de intentar."

"Si, en su propio tiempo, él tiene el derecho de intentar. Pero no aquí. No ahora. Tienes alguna idea de lo que le estás haciendo?"

"Estoy tratando de salvarlo."

"Lo estás condenando a la muerte. Si él se pone a salvo aquí, nunca sobrevivirá el Bakumatsu. Si tienes algo de valor por su vida en absoluto, lo dejarás a los lobos."

"Quieres decir a ti," gruñó Sano.

Saito sonrió fríamente. "Precisamente. No hay más opciones. Lo enfrenté en el Bakumatsu. Si lo enfrento aquí de nuevo, ellos deberían cambiar de vuelta."

"Pero esa no sería una pelea justa!" rompió Sano.

"De que te quejas ahora?"

"Kenshin no habla mucho sobre el Bakumatsu, pero recuerdo cuando averiguamos sobre Shishio, nos habló un poco sobre el Shinsengumi. Dijo que ustedes dos apenas podían combatir entonces. Y ahora vas a enfrentarlo cuando él está herido? Estás inclinando la balanza en tu favor. Podrías matarlo si lo atacas."

"Idiota."

Sano apretó sus dientes y golpeó un puño en el escritorio. "Ahora qué?"

"No es obvio?" El lobo sacudió su cigarrillo y fumó de nuevo. "Yo soy el único tomando el riesgo, no él. Fuimos enfrentados a partes iguales, pero eso fue hace casi diez años. Soy más viejo ahora, y él no. Es tan simple como eso. Una diferencia de edad de veinte años cambia un poco las posibilidades."

Sano solo lo miró fijamente. "Te refieres--?"

"Estoy arriesgando mi vida por esto. Si."

"Por él?"

Saito pausó, enviando a Sanosuke una larga y penetrante mirada. "Por Japón. Siempre ha sido por Japón. Siempre."


Battousai se sentó solo en su habitación, pensando sobre lo que el ninja le había dicho. Es eso lo que estoy haciendote? Te hago daño? Levantó una temblorosa mano a su cara. "Desearía que estuvieras aquí," susurró suavemente. "Si pudiera hablar contigo de nuevo... aún mirarte... lo sabría. Qué quieres de mí? Debería recordarte como he estado haciendo o seguir con mi vida?" frotó su mano sobre su rostro y se sorprendió de sentir lágrimas. "Nunca te lastimaría... Por favor entiende..."

Su atormentado susurro fue interrumpido por un suave golpe en la puerta. Él no contestó, permaneciendo inmóvil ante el sonido.

De nuevo ahí estaba el suave golpe. Después la puerta se deslizó abierta.

Battousai tuvo solamente el tiempo justo para limpiar las lágrimas de sus ojos antes de que la doctora entrara en la habitación. Aunque, no fue lo bastante rápido para que el movimiento escapara a su atención. Ella dudó en la entrada, pero no comentó.

"Megumi-dono," dijo él suavemente, su voz todavía un poco ronca.

Ella tomó eso como una invitación para entrar, y deslizó la puerta trás de sí. "Ken-san, como estás? Aoshi dijo que estabas despierto."

Él la miró fijamente por un momento, después contestó, "Estoy bien."

La encantadora mujer suspiró y se arrodilló frente a él, bajando su carga de vendas. "Necesitamos sanar tus heridas, Ken-san."

Él asintió brevemente.

Se puso a trabajar rápidamente, quitando los viejos vendajes y examinando las heridas. Tratándolas y vendándolas de nuevo. Por un rato ambos estuvieron en silencio mientras ella trabajó. Pero después de envolver la herida más reciente en su hombro, Megumi finalmente habló.

"Ken-san... como pasó todo esto?"

Battousai se estremeció, recordando sus viejas heridas. Luchando a través de los bosques nevados sin sentido de dirección... sin ningún sentido en absoluto. Sabiendo a toda manera que iba a morir, pero luchando para vivir por alguien más... "Los de mayor edad son para el trabajo de protección," dijo simplemente, esperando que Tomoe no estuviese escuchándolo, herida por su breve explicación.

Pero todos los pensamientos de Tomoe salieron de su mente con las siguientes palabras de Megumi.

"Yo no hablaba de tus heridas. Me refiero a como llegaste aquí? Como es que el Hitokiri al que realmente nunca hemos visto haya venido a un tiempo donde el asesino finalmente ha sido suprimido, convertido en nada más que una leyenda?"

"Qué?"

"Sabes de lo que estoy hablando."

Sus ojos azul violeta se ensancharon. "Como lo supiste? Sano te lo dijo?" Por un momento Battousai solo pareció como un niño asustado, y Megumi tuvo que luchar para no reírse. Si la situación no fuera tan seria, ella probablemente no habría tenido éxito.

"Tengo ojos, Ken-san." Dijo severamente. "Siempre has parecido joven, pero tu no eres el hombre al que he estado atendiendo. Soy tu doctora, Ken-san. Noto esas cosas. Heridas frescas convenientemente puestas sobre viejas cicatrices? Pensaste que no notaría eso? O tu temperamento? Tus acciones?"

Battousai sacudió su cabeza. "Entonces todos lo saben?" Menos mal que la idea Sano era de mantener las cosas tranquilas.

Megumi sacudió su cabeza. "Lo dudo. Aoshi lo sabe. Y creo que Kaoru lo sabe también. Ella no lo reconocerá, pero ha estado silenciosa... retraída... preocupada. Lo quiera admitir o no, ella lo sabe. Solo actúa de esta manera cuando Ken-san la abandona. Parte de ella, creo, comprende que él se ha ido, y ella tiene miedo de que él no vuelva."

Battousai giró sus preocupados ojos azul violeta de ella, tratando de digerir esta nueva información. Miró el último sol del atardecer a través de la ventana abierta, hundiéndose despacio en el cielo. "Y tú? Tú crees que él no regresará? Tienes miedo de ser abandonada conmigo?"

Megumi puso una apacible mano en su brazo, alarmándolo para hacer contacto visual. Su expresión era amable, y ella le recordó más que nunca a Okami. Quizás era porqué estaba encontrando tan fácil el hablar con ella.

"Él tiene que volver. No me malinterpretes," añadió, notando su estremecimiento ligeramente. "Me preocupo por ti tanto como por él. No es como si fueras una persona diferente." Su sonrisa era calida, pero sus ojos la traicionaban preocupados. "Pero estoy preocupada. Kaoru se desmoronará si lo pierde. Y Ken-san... No se si él..." pausó corrigiéndose... "Tú... No se si tú pudieras sobrevivir al Bakumatsu de nuevo."

Battousai asintió. "Porqué no mataré?

El agarre de la mujer se intensificó en su brazo, y sus ojos se ensancharon en sorpresa. "Cómo sabes eso?" preguntó bruscamente.

"La sakabatou. Mi juramento..."

Sus ojos se ensancharon más. "Sabes sobre eso? Sanosuke te lo dijo?"

Sonrió apenas, por una vez pareciéndose realmente a su contraparte mayor. "Por supuesto que se sobre eso. Nadie tuvo que decirme. Juré no matar o morir por la espada hace seis meses." Volteó la mirada de nuevo. "Le prometí a alguien. Para mí, el juramento comienza cuando la revolución termine. Pero aquí... aquí es la era Meiji. No debo haber matado por un tiempo..." Sus ojos se oscurecieron cuando otros pensamientos cruzaron su mente. "Y el juramento no cambiará solo por que estoy de regreso en la revolución. Conozco mi propia mente bastante bien. No mataré si he jurado detenerme. Me preocupa Katsura-san."

"Katsura! Pero no es él quien te arrastró a todo aquel lío?"

El pelirrojo sacudió su cabeza, girando de nuevo para verla con aquella amable y apacible expresión tan parecida como su viejo yo. "Katsura-san no me arrastró a nada. Él hizo una oferta, y tomé mi decisión. No es más culpable que yo."

"Él sabía lo que estaba haciendo. Tu eras un niño inocente."

"Cómo sabes que yo era inocente?" su expresión divertida mantuvo un indicio de oscuridad. "No era la era Meiji, Megumi-dono. No tuve una vida fácil antes de unirme a Katsura-san."

"Eras un niño," insistió ella.

Battousai inclinó su cabeza. "Si. Yo era un niño. Y ahora soy la espada de Katsura-san. Sin mí, él esta desarmado. Eso es lo que me preocupa."

Ella sacudió su cabeza, sin exactamente entender. "Él te tiene."

Sus ojos envejecieron de repente, y eso la acobardó. Entonces hubo un entendimiento que él no debería haber tenido. Un peso detrás de ellos que... él no debería... llevar. Especialmente no solo. "Él tiene una sakabatou a su lado. Cuanto tiempo durará con eso en el Bakumatsu? Como dijiste, no puedo ser capaz de sobrevivir a esto de nuevo."


1865

Kenshin distraídamente caminó desde el cuarto de Katsura, perdido en sus pensamientos y preocupaciones. Como regresaré a casa? Si el único camino es que mis acciones y pensamientos de alguna manera correspondan con los de Battousai, entonces no será posible. A no ser que... Kenshin sacudió su cabeza. No. No es una buena idea... pero posible, quizás. Sus pensamientos giraron al Shinsengumi. Saito era una de las pocas personas quienes alguna vez habían logrado sacar al Hitokiri tan fuertemente que incluso Kaoru no podía traerlo de vuelta. Si alguien pudiera hacerlo retroceder a la mente de su pasado, este sería Saito. Pero cómo...?

La frente de Kenshin se arrugó cuando giró la esquina y se aproximó a la entrada delantera de la posada con toda la intención de esconderse de los otros soldados. Necesitaba tiempo para pensar sin ninguna interrupción. Porque tenía menos de veinticuatro horas para encontrar su camino a casa antes de que las cosas comenzaran a desmoronarse.

Deslizó la puerta, cegado momentáneamente por el sol del atardecer que brillaba intensamente por la entrada abierta.

"Battousai-san?"

Kenshin parpadeó y cubrió sus ojos con su mano. Miró alrededor por un momento por la fuente de la voz. Después de un momento, descubrió a Ushiro sentado en las escaleras frente a él. "Ushiro-san," contestó, caminando a través de la luz del sol, y deslizando la puerta tras él.

"Porqué no tomas asiento, Battousai-san?"

El pelirrojo vaciló por un momento, luego se sentó, recordando su promesa hacia si mismo de hablar con Ushiro antes de intentar volver a casa de nuevo.

Ushiro se recargó contra las escaleras, ojos cerrados, descansando su cabeza contra uno de los escalones más altos. Su cabello negro estaba sin su coleta, derramándose tras él. Su oscuro gi contrastaba bruscamente con el polvo de nieve blanca espolvoreada sobre las escaleras. El aire era frío, pero eso no parecía molestar de ningún modo al alto hombre. Su gi estaba un poco abierto, y Kenshin pudo ver algunos de sus vendajes.

"Ushiro-san, como están tus heridas?"

El hombre forzó un ojo abierto y miró al pelirrojo quien se sentaba rígidamente a su lado. "Estoy bien. Okami dice que me estoy curando muy bien." Sonrió con satisfacción. "Eso sucede, tu sabes, cuando dejas al doctor revisarte enseguida."

Kenshin no respondió, simplemente cerró sus ojos y sacudió su cabeza. Se inclinó hacia atrás un poco, tratando de relajarse. Aunque era extraño. En su mente, nunca había asociado bromas amistosas con esta etapa en su vida.

Los dos hombres estuvieron en silencio por un momento antes de que Kenshin hablara de nuevo. "Ushiro-san... Quisiera agradecerte," dijo suavemente.

Ushiro se había enderezado. Los ojos de Kenshin seguían cerrados, pero pudo sentir la aguda sorpresa en el ki del otro hombre. Escuchó la protesta de los escalones ante el movimiento del espadachín finalmente sentándose. No hubo otro sonido.

"Por la nota," añadió Kenshin suavemente. "Yo... eso significó mucho para mí. Yo no comprendí... Yo nunca supe..." Suspiró, ante la perdida de las palabras. "Yo solamente pensé..."

Ushiro comenzó a reir suavemente, y Kenshin se giró y abrió sus ojos para mirarlo fijamente.

"Está bien," comentó el hombre más alto, riendo todavía en silencio. "No necesitas agradecerme. Solo estoy contento de que parece haber servido a su objetivo. Hubiera preferido decirlo en tu cara, pero no escucharías. Eres demasiado obstinado." Sonrió abiertamente. "Creo que es bueno que puedo ser tan obstinado como tú."

Kenshin sonrió también. "También lo creo."

Ushiro se recargó en la escalera de nuevo. "Eres extraño... nunca se como tomarte. Tan tranquilo y serio un minuto. Mortífero al siguiente." Parecía un poco preocupado. "Y siempre aborreciéndote. Necesitas hacer algo con eso, Battousai-san..."

"Mi nombre es Kenshin," dijo el pelirrojo repentinamente.

Ushiro sonrió un poco. "Lo sé. Pero según recuerdo, la última vez que traté de llamarte de cualquier forma menos Battousai, casi me atacaste." Su pequeña sonrisa se convirtió en una risa amistosa. "Valoro mi vida, sabes."

Kenshin suspiró. "Lamento eso, Ushiro-san." Volteó la mirada, tenso. "Aunque yo... yo preferiría que me llamaras Kenshin ahora."

"Está bien. Mientras tú me llames Ryu. De acuerdo?"

Kenshin se relajó un poco. "Gracias, Ushiro-san... Ryu..." Vaciló, cuando un pensamiento de preocupación vino a su mente. "Entiendes que puedo cambiar mi pensamiento después. No será nada personal, pero después de un tiempo, puedo preferir ser llamado Battousai otra vez. Yo solo--"

Ushiro rió y asintió, estirándose perezosamente. "Bien. Bien. Lo entiendo. No creo que alguna vez te haya visto tan incomodo. Es solo un nombre."

"Es más que un nombre para mí."

Ushiro asintió. "Para ti, entonces. Pero 'Battousai' siempre ha sido solamente un nombre para mí. Otra etiqueta que la gente pensó que tenía que lanzarte antes de que 'demonio' pareciera más apropiado, esos bastardos." Se encogió, y era obvio que no traía nada en contra de ellos. "Creo que siempre pienso en ti como ese extraño niño que Katsura-san trajo un día. Incluso cuando comenzaste a actuar como si nada te desconcertara. Como si tu corazón fuera de piedra... siempre has sido un extraño niño escondido detrás de una máscara de piedra."

Kenshin se quedó en silenció por un momento. Finalmente dijo suavemente, "Gracias."

Ushiro no le presto atención, girándose para ver al pelirrojo. "Así que, cuando piensas que tendré que comenzar a llamarte 'Battousai' de nuevo?"

"No lo sé... cuando cambie mi actitud." Kenshin se estremeció un poco por como había sonado aquello.

"Cuando cambies de regreso, asumiría yo."

Kenshin se congeló, sus ojos lavanda se ensancharon cuando giró otra vez hacia su compañero. "Qué dijiste?"

Ushiro seguía sonriendo, pero había algo profundo en sus ojos. "No pensaste que lo noté? He estado trabajando contigo por seis meses hasta ahora. Y he estado tratando de romper ese escudo tuyo por casi el mismo tiempo. Estás tratando de decirme que honestamente no pensaste que lo notaría cuando de repente compartiste conmigo lo que sientes?"

La boca del pelirrojo estaba ligeramente abierta. Encontró que sin importar que palabras atravesaran su mente, no podía decirlas. Ushiro sabía. Siempre había sabido. Lo que significaba que le importaba lo suficiente para observar. Finalmente encontró su voz. "Okami tenía razón, entonces. Ella pensó que la gente sabría..."

"Okami es una mujer inteligente. Ella nota cosas." Pausó. "Eres mayor que yo, ahora, cierto?" preguntó pensativamente.

Kenshin parpadeó hacia él. "Tengo treinta años."

Ushiro lo miró fijamente. "Estás bromeando... así de viejo?"

"Gracias," dijo Kenshin secamente.

"Eres casi tan viejo como Katsura-san."

"Ryu..."

"Otros diez años y serás tan viejo como mi padre."

"No estás ayudando."

El pelinegro espadachín sacudió su cabeza, asombrado. "Treinta. Wow... Supongo que nunca creí que vivieras tanto."

"Se supone que eso me haga sentir mejor?" preguntó Kenshin, divertido.

Ushiro levantó una ceja. "Disculpa, pero es verdad. Pensé que ibas a lograr que te mataran. Odié el pensamiento de eso, pero nunca te preocupó lo que te pasara..."

"Me preocupa ahora."

Ushiro asintió. "Si. Se ve. Entonces, tienes a alguien esperando por ti?"

Los ojos de Kenshin se ensancharon, haciendo a Ushiro reír.

"Eso se ve, también."

"Soy un libro abierto?"

Los dos hombres se sentaron en silencio durante un largo tiempo, ambos perdidos en sus pensamientos. Era un día pacifico. El tipo de día que podía hacer que uno sintiera que no había revolución. El brilloso polvo de luz brillando en el piso, reflejando la clara luz dorada por la puesta de sol del atardecer. La brisa que alborotaba sus cabellos era casi calida, pero lo suficientemente fría para recordarles que la primavera no estaba aún aquí. El invierno se terminaba, pero aún no acababa.

Y ninguno era la revolución.

"Kenshin... puedo preguntarte algo?"

El pelirrojo miró hacia Ushiro, asustado por la repentina expresión seria del otro hombre. "Que es?"

"Entiendo si no quieres contestar, pero… en tu tiempo…" pausó. "Ya no hemos hablado alguna vez?" lucía preocupado. Como si eso fuera importante para él. Sus oscuros ojos se enfocaron en los lavanda de Kenshin. "Porque parece que saliste bien de esta. Parece que podemos ser amigos ahora. Pero sigues hablándome como si fuera un extraño. Solo me pregunté."

Kenshin sintió una punzada familiar en su corazón. El mismo agudo dolor que sintió cuando escuchó que este amable hombre había muerto temprano en la era Meiji. Cuando por primera vez realmente entendió que había tenido cariño por la gente con la que luchó. Por la que luchó.

"Kenshin?"

"Lo siento, Ryu… no te he visto en mucho tiempo." Volteó la mirada. "No visito Kyoto a menudo. Y tu estás... e Kyoto."

"Ah. Eso tiene sentido. Malos recuerdos." Suspiró. "Aunque, es una pena. Pensar que trabajé tan duro para que tirar tus defensas, solo para rendirme cuando tuve una posibilidad."

"Nunca te rendiste," dijo Kenshin severamente. "Incluso al final, nunca te rendiste conmigo." Sonrió con arrepentimiento. "Solo yo me rendí conmigo, entonces nunca comprendí..." Se encogió.

Ushiro resopló. "Siempre fuiste un baka. Rindiéndote contigo mismo... Conozco a muchos hombres adultos quienes no son ni la mitad de hombre de lo que tú fuiste... eres. Tú vales algo. Para mí. Y para quien sea que tengas esperando por ti en casa." Su expresión se volvió pensativa. "Sabes, debes visitarme."

"Oro?"

La extraña palabra obtuvo la risa del alto espadachín. "Me escuchaste. Debes visitarme. Hazlo. Ven a Kyoto por un par de días y veme. De hecho, apostaría que debes estar ahí ahora, verdad? Probablemente tiene que ver con que terminaras de regreso a aquí. Así que no tienes excusas. Visítame. Te conoceré. Podría ser divertido. Me gustaría verte. Tu sabes... podríamos recordar o algo."

"No creo que eso--"

Ushiro no le dejó terminar. "Ahora, solo espera un momento. No me visitarás en Kyoto pero viniste de regreso a la revolución para ver a Katsura-san? Estoy dolido." Hizo una expresión de poner sus manos en su corazón, y casi caer de las escaleras. "Estás matándome. Realmente."

Con eso, Kenshin rió, sacudiendo su cabeza.

El otro hombre se enderezó, mirándolo calidamente. "Hey, estás riendo." Su expresión era indescriptible. Había casi una mirada de orgullo e su rostro. Como un hermano mayor viendo a su hermano menor logrando finalmente una hazaña imposible. Había algo agridulce. "No te había visto reír en un largo tiempo."

Kenshin le sonrió. "Me gustaría visitarte, eso haré. Voy a... ver que puedo hacer."

Ushiro asintió. "Bien. Quizás tendré otra nota para ti. De todas maneras pareces responder mejor a ellas."

Cerró sus ojos de nuevo, pareciendo satisfecho.

Kenshin lo miró por un momento, estudiando a la única persona aparte de Tomoe quien había intentado tanto de ayudarle. Perdería a Ryu también. Ese parecía ser su destino.

Sonrió un poco, apoyándose contra la escalera y levantando la mirada al cielo azul profundo. Pero con Ryu, como con Tomoe... ellos realmente nunca se irían. Tanto como él los recordara. Los visitara.

"Te visitaré tan pronto como esté en casa Ryu..." susurró.

El otro espadachín finalmente se había quedado dormido, y no contestó.

Capítulo 24: Caer en su lugar.