Out of Time

Hola! Muchas gracias por leer, lamento dejar el capítulo ahí, pero hasta ahí está escrito este cap xD ya sabrán por qué lo digo

Y si pudieran dejar un review se los agradecería mucho!

Alisse: muchas gracias por leer, aquí está la actualización, ojalá te guste, cuídate y un beso!

Ahora si...

Out of Time

Capítulo 24: Cayendo en su lugar

1865

Kenshin había decidido esperar hasta el anochecer para tratar de regresar a casa. Eso significaba que solo tenía esta única oportunidad, pero sus probabilidades de suceder eran más altas si todo estuviera dispuesto para sacar al hitokiri. Y eso incluía la oscuridad de la noche.

Kenshin sonrió sin humor. Nunca habría soñado que un día estaría tratando en realidad de sacar al hitokiri.

Cuidadosamente, había estado juntando sus cosas, asegurándose de dejar todo como Battousai lo había dejado. Levantó la vista a la pared. No había nada que pudiera hacer con la talladura. Pero tenía otras cosas de que preocuparse ahora.

Si saber como hacer entrar a Saito en una lucha sin sobre fatigar el brazo de su espada otra vez. El rurouni hizo una mueca. Asumiendo, claro, que esa noche estuviera la tercera unidad patrullando. Basado en sus viejos patrones, se esperaba una noche movida, pero por lo que escuchó de la discusión de los otros hombres, el Shinsengumi últimamente había estado cambiando mucho las cosas, tratando de sacarlos de guardia.

Lo que significaba que Kenshin, por todo lo que sabía, podría enfrentarse contra Nagakura Shinpachi. Eso podría hacer las cosas más difíciles. Kenshin había pasado la mayor parte de la tarde y noche planeando lo que necesitaba hacer. Por lo que podría decir, su mejor apuesta sería detectar la unidad del Shinsengumi, preferiblemente la de Saito. Si pudiera alejarse del líder de unidad en una batalla privada, podría tener una posibilidad de sobrevivir, aún con su herida.

Y si enfrentaba a Saito, tendría una posibilidad de entrar en la perspectiva de Battousai. Y eso sería suficiente para enviarlo a casa.

Esperaba que lo fuera.

Por si fuera poco, había cambiado sus ropas de nuevo, esta vez vistiéndose intencionalmente como lo hacía en el pasado. La ropa oscura. La coleta alta. Los protectores de antebrazos.

Su sakabatou descansaba donde una vez llevó una katana ordinaria.

Vaciló por un momento antes de añadir el atavío más difícil. Fue incapaz de encontrar su wakizashi. Probablemente había estado llevándola cuando cambiaron.

Ryu no lo había cuestionado cuando Kenshin le pidió prestada la suya.

Y ahora Kenshin se encontró a sí mismo haciendo algo que jamás soñó hacer de nuevo. Estaba añadiendo su segunda espada, la mortífera, a su arreglo.

Solo esperaba en Dios que no desenvainara la espada equivocada en el calor de la batalla.

El pelirrojo observó a la ventana para ver elevarse a la luna menguante. Era hora.

Su mano tembló sobre la empuñadura de su sakabatou para tranquilidad mientras se deslizaba por la puerta para comenzar un mortal juego del gato y el ratón.


El lobo había comenzado su propia cacería solo media hora antes. Su unidad moviéndose silenciosamente detrás de él a través de las calles. Y era muy consciente que la propia unidad de Okita no estaba tan lejos para auxiliarlo si las cosas se ponían... complicadas.

Saito Hajime se deslizó por las calles de Kyoto, sus ojos ámbar apuntando hacia atrás y adelante como un predador, bien consciente de que su presa posiblemente era tan poderosa como lo era él. Era un juego peligroso que ellos jugaban, pero si era exitoso... una sombría sonrisa se materializó en el rostro de Saito por un momento. Si ellos tuvieran éxito, su premio muy bien podría ser la caída de Katsura. Y con una de líderes clave de Choshu fuera del camino, las cosas irían mucho más fáciles.

Al menos, ese había sido el razonamiento de Kondo en la reunión privada que había sostenido entre Hijikata, Okita, Saito y él mismo. Hijikata estaba más enfocado de ayudar al anti-asesino.

Personalmente Saito solo quería un golpe para acabar lo que él y el pelirrojo habían comenzado hace dos tardes. Solo que esta vez, no tendría intención de permitir al hombre salir vivo. Battousai o no, esto terminaría aquí.


1878

El Aoi-ya estaba relativamente tranquilo. Megumi finalmente había abandonado la habitación de Kenshin y estaba cocinando la cena. Ni Sano ni Kaoru volvían aún a la Aoi-ya. Aoshi estaba fuera meditando solo. Y Battousai estaba en el cuarto de baño, bajo las instrucciones de Megumi de relajar sus adoloridos músculos y preocupada mente. Era casi demasiado pacífico, tampoco era que tal cosa durara por mucho tiempo.

"Estás pisándome, Misao," siseó Yahiko.

"Bueno, que hizo que te detuvieras?" respondió ella en irritación. "Sigue caminando."

Él le lanzó de regreso una mirada fulminante mientras se movían de la posada al baño de la casa. "Shhhh..." Él corrió la corta distancia entre la posada y el pequeño cobertizo localizado sobre la mitad del camino al cuarto de baño. Misao le siguió y ambos echaron una ojeada detrás de su escondrijo. Omasu calentaba el baño para Kenshin. Si ellos pudieran pasar desapercibidos, estarían bien.

Misao suspiró y lanzó una mirada a Yahiko cuando ambos se escondieron de nuevo detrás del cobertizo. "Recuérdame por qué me escondo contigo en mi propia posada, Yahiko..."

"Te callarías?" gruñó el muchacho. "No tan fuerte... quiero saber quién es aquel tipo de una vez por todas. Te digo, él no es Kenshin. No me importa si tiene la cicatriz o no, éste no es él. Lo ha admitido él mismo, y debo tener a alguien más confiable que Sano apoyándome antes de que le diga algo al resto de ellos!" Rompió. "Aunque no se por qué te escogí..."

Misao apretó sus dientes, y lo golpeó en la cabeza. "Idiota," rompió ella. "Lo que quiero saber es, cómo verlo tomar un baño va a confirmar tu loca teoría?"

Yahiko se tambaleó en sus pies, frotando su cabeza. Parecía casi listo para estrangular a la ninja. "No vamos a mirar a Kenshin. Solo vamos a mirar su espada. Si es la sakabatou, entonces tú tienes razón y de algún modo es él. Pero si es una katana, entonces tienes que creerme. Sabes que Kenshin nunca cargaría algo más..."

Misao suspiró y echó una ojeada desde el cobertizo otra vez. "Bueno, ahora es tu oportunidad. Omasu está mirando en la otra dirección. Vamos." Sin esperar por Yahiko, recorrió el resto de la distancia hacía el cuarto de baño. Yahiko la alcanzó justo cuando ella estaba deslizando la puerta y entrando al pequeño vestidor. Apenas tenían la puerta cerrada antes de que Omasu girara en su dirección.

"Estuvo cerca," refunfuñó el muchacho. Caminó hacia la ropa de Kenshin. Su gi y hakama estaban muy bien dobladas con la espada envainada colocada cuidadosamente en la cima del montón.

Misao se agachó al lado de Yahiko, ambos mirando fijamente al simple montón. "Realmente piensas que deberíamos meternos con las cosas de Himura?" Le mandó una mirada escéptica. "Digo, si este es Himura, entonces estaremos invadiendo su privacidad. Y si no es, se enfurecerá con nosotros."

Yahiko recogió la espada. "Si es Kenshin, lo entenderá. Y si no lo es, entonces realmente no me importa lo que ese tipo piense." Comenzó a sacar la espada de su funda.

Antes de que la hoja fuera aún visible, escucharon un sonido detrás de ellos y se giraron.

La puerta del baño había sido deslizada, y Battousai estaba de pie en la entrada, una toalla envuelta alrededor de su cintura. Miraba con curiosidad a la pareja. Primero a Misao, después a Yahiko. Entonces, cuando ambos parecieron súbitamente avergonzados, sus ojos viajaron a la espada en las manos de Yahiko. No parecía enojado, solo sorprendido. "Yahiko... Misao-dono..." Miró a ambos de nuevo. "Puedo preguntar que están haciendo?"

Misao se arrastró hacia atrás y apuntó a Yahiko. "Fue su idea."

Yahiko la miró airadamente. "Muchas gracias..."

Pero aún Battousai no parecía enojado. "Yahiko?"

Los ojos del chico fueron atraídos a los de Battousai, pero no contestó.

Battousai recorrió el resto del camino en la habitación y se arrodilló a su lado. Gentilmente tomó la espada envainada de las manos de Yahiko. "Yahiko... que querías con mi espada?"

El chico miró desafiantemente hacia él. "Tú no eres Kenshin! Se que no lo eres. Pero nadie va a creerme a no ser que pueda demostrarlo! Solo quiero saber la verdad."

El pelirrojo bajó la mirada a la katana en sus manos. "La verdad?" preguntó suavemente. "La verdad es..." movió sus dedos sobre la desgastada vaina. Sus pensamientos viajaron hacia Megumi y Sanosuke e incluso a Hiko. Especialmente Hiko y su recordatorio de que sin importar nada, la decisión era aún suya. Todas esas personas sabían lo que sucedía, y seguían aceptándolo. Para ellos, él era su amigo, sin importar nada. Sacudió su cabeza, sonriendo un poco y finalmente levantándose. Se giró y miró directo a los marrones ojos de Yahiko con sus azul violeta. "Yo soy Kenshin," dijo suavemente. "Himura Kenshin." Amplió su sonrisa y sacudió su cabeza, mirando a Misao y a Yahiko sucesivamente. Incluso estos dos eventualmente se preocuparon bastante por él como para escabullirse aquí tratando de encontrar la verdad.

De pronto se quedó parado cuando otro pensamiento tomó prioridad en su mente. "Necesito hablar con Kaoru-dono," dijo con suavidad. "Por favor discúlpenme." Y con eso, recogió su gi y hakama y salió apresurado del baño.

Misao y Yahiko miraron tras de él en sorpresa.

"Te dije que es Himura," comenzó Misao, pero Yahiko no le dejó terminar.

"Cállate," se quejó él.


Después que Battousai hizo un viaje rápido a su habitación para cambiarse en su ropa, fue a buscar a Kaoru. Luego de recorrer el interior del Aoi-ya por un tiempo, finalmente la encontró sentada afuera en el jardín vacío. Miraba fijamente al espacio mientras un luminoso polvo de nieve caía a su alrededor.

La miró por un momento, maravillándose con ella. La chica quien de alguna forma podría preocuparse tanto por alguien como él. Aún no entendía muy bien por qué. Con ese pensamiento, dio un paso a su línea de visión.

Kaoru estuvo de pie tan pronto como lo vio. "Kenshin!" exclamó felizmente. "Estás levantado! Estaba muy preocupada!"

Se acercó a ella. "Kaoru-dono. Siento haberte preocupado. Haber preocupado a todos."

Había lágrimas en sus ojos, pero por primera vez no lo asustaron, y cuidadosamente las limpió. "Kaoru-dono..." susurró. "Por qué estás llorando?"

Ella resopló un poco, sonrojándose. "Solo estoy feliz, nos asustaste a todos cuando colapsaste en la forma en que lo hiciste. No sabíamos que pensar. Y estabas herido. Solo estoy aliviada de que estés bien!" parecía como si quisiera abrazarlo, pero estaba tratando de contenerse. No había olvidado como la rechazó las últimas dos veces que lo tocó.

"Kaoru-dono," dijo con suavidad, "Necesitamos hablar." Se movió hacia la banca donde ella estuvo sentada hace unos momentos. "Por favor siéntate."

Y la preocupación estaba en sus ojos de nuevo. "Kenshin?" preguntó sentándose.

Se sentó al lado de ella, y miró fijamente a las distantes nubes en el cielo azul. "Kaoru-dono... puedo hacerte una pregunta?"

"Por supuesto, Kenshin."

La asustó. Pudo sentirlo en su ki. Sus acciones o sus palabras la asustaban, y no estaba seguro de por qué. Trató de bloquear su ki y enfocarse en lo que necesitaba decir. Esto era algo que había estado molestándolo. Algo que necesitaba entender.

"Kaoru-dono... qué ves en mí?"

Ella parpadeó hacia él en sorpresa. "Qué? Kenshin, lo que dices no tiene sentido."

Sacudió su cabeza. "Solamente no puedo entender lo que ves en mí. Por qué te preocuparías por alguien como yo?"

"Alguien como tú?"

Su voz decayó, y la mascara en blanco amenazó con deslizarse sobre su ligeramente titubeante expresión, pero la hizo retroceder. "Soy un asesino, Kaoru-dono. Qué puedes ver en un hombre del doble de tu edad quien pasó la revolución asesinando personas?" Suspiró, finalmente girándose para mirarla. Había dolor en sus ojos. Dolor y frustración y pesar... y algo más que podría haber sido esperanza. O quizás era solamente un truco de luces y sombras. "Solo no puedo entender. Eres libre de todos esos males. Ninguna sangre mancha tus manos o tu corazón. Eres pura. Por qué querrías arriesgar el corromperte con alguien como yo?"

"Esto no es gracioso, Kenshin," contestó ella, volteando la mirada. "Conoces mi respuesta..."

Hubo una pausa larga antes de que él contestara en una voz tan suave que fue apenas audible. "Lo digo en serio, Kaoru-dono. Por favor no le restes importancia a esto..."

Sus ojos eran amplios cuando se giró de regreso hacia él boquiabierta en sorpresa. "Lo dices enserio, cierto?" sacudió su cabeza. "Pero Kenshin, ese no eres tú. No eres un asesino. No más. Solo es una parte de tu pasado. No me importa tu pasado. No me importa quien fuiste. Todo lo que me importa es quién eres ahora. Y ahora, eres una buena persona." Se sonrojó y giró la mirada por un momento. "Nunca he conocido a alguien como tú. Eres tan fuerte, y a la vez tan gentil. Te preocupas por todos. Podrías tener la posición en el gobierno que quisieras, pero aún así escogiste estar aquí con nosotros. Eres especial. Para mí... para todos. Qué no hay ahí que pueda ver en ti?"

Él solo la miró fijamente. "No te importa mi pasado? Que fuera un Hitokiri? Que fuera un demonio?"

Kaoru se giró de repente hacia él, sonriéndole calidamente. Le tomó un momento comprender que tenía apacibles lágrimas localizadas en sus mejillas.

Ella tomó sus manos en las suyas, mirándolo fijamente. Pero notó que él no separó las manos. "Kenshin, no puedo creer que fueras alguna vez un demonio. Peleaste por lo que creías. Justo como lo haces ahora. Solo que ahora, aprendiste como pelear sin matar. Pero sigues siendo la misma persona, cierto? Así que como puede importarme tu pasado? Es eso lo que ha estado molestándote?"

Él no contestó, aparentemente tratando de registrar toda esta información. A ella no le importa. Para ella, él era la misma persona. Para todos ellos, él era la misma persona. Shishou tenía razón. Ellos se preocupan por él... sin importar quien era... sacudió su cabeza, tratando de aclararla. Entonces cuidadosamente, quitó sus manos de las suyas y se levantó, quedando de pie ante ella.

"Kenshin?"

Le sonrió, la primera sonrisa genuina que había tenido para ella desde que arribó. "Kaoru-dono, Yo... Yo tengo algo que me gustaría mostrarte." Removió la espada envainada de su cadera y se la mostró.

Cuando ella no se movió para tomarla, la colocó con cuidado en sus manos. "Por favor."

Alzó la mirada hacia él, sus ojos azules abiertos. "Kenshin... no entiendo... por qué...?"

"Querías saber la verdad de lo que está pasando." Señaló hacia la katana. "Está ahí en tus manos. La verdad... sobre mí."

Una extraña expresión llegó a su rostro cuando finalmente bajó la mirada a la espada sobre su regazo.

Y Kaoru sacó cuidadosamente la espada de su funda.


Dewa mata!

Capítulo 25: El gato y el ratón...