Out of Time

Otro capítulo, pronto llegará el final de esta historia, lamento haber dejado el otro así, pero actualicé un poco más rápido respecto a como lo venía haciendo…

Etterna Fanel: Aquí está el capítulo, no te preocupes!

Maat Sejmet: Gracias a ti por leer, y he aquí la siguiente parte

En fin, gracias a todos los que leen y saludos

Out of Time

Capítulo 28: Encrucijadas

Oscuridad. Esa fue la primera cosa de la que estuvo consciente Battousai. O estaba muerto, o no había abierto sus ojos aún. Estaba todavía demasiado atontado para estar completamente seguro. Forzó a sus perezosos ojos a abrirse, solo para cerrarlos inmediatamente después.

Bien... así que no estaba muerto, no puedes cegarte cuando estás muerto, cierto?

El resplandor a su alrededor había sido casi aplastante. Lentamente, abrió sus ojos de nuevo, esta vez protegiéndolos mientras elevaba sus rodillas. Después revisó sus piernas, inseguro de si sus heridas le permitirían ponerse de pie o no. Sorprendentemente, encontró la energía para moverse.

Entonces otro extraño pensamiento le llegó. Ya no tengo dolor...

Bajó la mirada hacia su cuerpo, esperando ver su gi casi despedazado y su hakama cubierto en su propia sangre.

Pero en lugar de eso vio que parecía como si no hubiese estado peleando en absoluto.

"Esto no es posible..." susurró, mirando de nuevo a su alrededor, esta vez enfocándose en más que solo la luz.

Un frío extraño le llegó. No había nada. Nada sino luz por todas partes. Sin edificios, sin el río... ni Kyoto... solo... luz...

Sus ojos se ensancharon un poco cuando el tardío pánico le invadió. "Qué es esto?" susurró.

"Este es el puente entre la vida y la muerte", dijo una tranquila voz detrás del chico. Battousai giró, sorprendido. No había sentido un ki aproximándose... nada... Y qué había dicho esa voz...? Muerte? Entonces... estoy muerto?

Buscó la fuente de la voz, notando finalmente una figura acercándose. Un hombre alto con cabello negro. Era la primera vez que Battousai lo había visto sin espada. Estaba sonriendo.

El pelirrojo sacudió su cabeza, confundido. "Ushiro-san?"

El hombre asintió, con su familiar sonrisa agrandándose. "Ha pasado mucho tiempo, Kenshin."

El chico negó con la cabeza. "Solo un par de días..." miró a su alrededor con desesperación. "Dónde estamos, Ushiro-san? Dónde está Katsura-san? Está bien?" Estaba tan preocupado que ignoró el tono familiar con el que Ushiro usaba su nombre.

Su preocupación causó que el otro hombre riera. "Es muy de ti estar preocupado por todos los demás mientras eras tu de quien cuya vida estaba en peligro."

El chico cayó en silencio por un momento, procesando las palabras. "Entonces estoy muerto," dijo en una voz resignada. "O muriendo." Antes de que el otro hombre pudiera responder, otro pensamiento pareció golpear a Battousai, y sus abiertos ojos azul-violeta buscaron de pronto los del otro hombre. "Pero... espera... Ushiro-san... tú estás... no... no puedes estar muerto. Cuando te dejé..." De pronto parecía como un niño perdido.

Ushiro levantó su mano, tratando de calmar al preocupado chico, la intranquilidad de Battousai logró que su calida sonrisa por el chico se extendiera. "En este lugar, el tiempo es irrelevante. No necesito estar muerto en tu tiempo. Moriré eventualmente. Ese es el por qué estoy aquí. Es todo lo que necesitas saber. Estoy aquí como la última vez... para guiarte de regreso a la vida."

"La última vez...?"

"No es la primera vez que has estado aquí, Kenshin, lo recuerdes o no. Viniste antes una vez, cuando te encontraste con el camino incorrecto." Esta vez sonrió un poco desdeñosamente. "Quizás esta vez realmente me escuches cuando te guíe."

El joven cerró los ojos, tratando de aceptar todo eso. "Así que, no estoy muerto... y tu vas a guiarme de regreso a la vida?" Sacudió la cabeza, y abrió los ojos, con frustración brillando en ellos, y con un poco de amargura. "Por qué?" preguntó. "Por qué molestarse? Es mejor de esta manera."

La sonrisa se desvaneció del rostro del otro. "Mejor estar muerto? Kenshin..." La mirada de Ushiro se nubló con dolor. "Cómo puedes decir eso? Hay personas a las que le importas. Tú sabes eso." Dio un par de pasos hacia el frustrado chico. "Kenshin... crees que estaría aquí si no me importaras? No todos tienen un guía. Pero no quiero que enfrentes esto solo. No tienes que cargar todo el peso del mundo sobre tus hombros. Hay algunos de nosotros que te ayudaríamos, si nos dejaras. No necesitas estar solo... ni siquiera en este lugar..."

Battousai suspiró. "No merezco esto. Mira lo que he hecho." Sus ojos llamearon, pero aún en el calor de la pasión, permanecieron en un azul violeta oscuro, sin indicios de ámbar encendido dentro de ellos. "Mira las vidas que he tomado! Soy un monstruo, justo como dijeron. Un demonio." Su voz decayó un poco. "Todo lo que hago es destruir a aquellos que me ayudan. Lastimar a aquellos a quienes les importo..."

Hubo un largo silencio antes de que Ushiro finalmente contestara. "Sabes... que ella te ha perdonado..."

La cabeza de Battousai se levantó rápidamente. "Tu cómo-?"

Ushiro no le dejó terminar. "Ella te perdonó cuando pasó. Nunca ha estado contra ti. Eres tú el único que necesita perdonarse a sí mismo. La única cosa que has destruido hasta ahora es tu propia oportunidad de vivir. Y la única manera en que has lastimado a las personas que les importas es haciéndonos ver como te torturas a ti mismo."

"Ushiro-san... yo no puedo..."

El alto espadachín negó con su cabeza. "No espero que entiendas ahora. Pero aún cuando olvides este lugar cuando te vayas... trata de recordar mis palabras, de acuerdo? Trata de entenderlas. Por qué estamos viéndote desde aquí, y algún día espero con impaciencia ver al hombre que eres capaz de ser, cuando le dejes salir de todos los muros que has levantado."

Battousai no dijo nada.

Finalmente, Ushiro aclaró su garganta para romper el torpe silencio que habían seguido de sus palabras. "Escucha, necesitas salir de aquí." Dio la vuelta, señalando hacia un área oscura donde la luz no era tan cegadora. "Solo camina fuera de la luz. Sigue el camino de regreso a casa."

Por primera vez, Battousai notó que estaba parado sobre un camino. Miró fijamente el camino por lo que parecían millas. Podría ser de verdad tan sencillo? Se giró de nuevo hacia Ushiro, y se inclinó. "Gra-gracias, Ushiro-san..." murmuró torpemente.

Ushiro solo asintió cuando Battousai comenzó a alejarse. Entonces, un último pensamiento llegó al pelirrojo. "Y esta vez no te apartes del camino, Kenshin. No todas las épocas son tan agradables como Meiji. Tal vez no te gustará donde termines la próxima vez..."

Battousai se giró para contestarle al espadachín, pero el hombre se había ido.

Fría, el joven siguió su camino en la fría, oscura y dolorosa realidad de la vida.

Pero ahora no se sentía tan frío y vacío como una vez se sintió...

Kenshin parpadeó una vez. Dos.

La brillantez de este lugar lastimaba sus ojos. Pero donde estaba? Lo último que recordaba fue caer en el río. Estoy muerto?

"No muerto," dijo una suave voz, sacando los pensamientos de su mente. "Aún tienes demasiadas cosas por lograr. Esto es meramente un cruce."

Kenshin palideció y se giró lentamente para ver a una encantadora mujer sonriéndole. "Hola, anata," dijo ella dulcemente.

"Tomoe." Su voz sonaba parecía tan áspera a sus oídos. Sintió como si todo hubiese sido arrancado de él, dejándole viejo y marchito. Y ahí estaba frente a él más bella que nunca.

Ella dio un paso hacia él y le alcanzó, rozando sus dedos delicadamente contra su cicatriz. "Nunca le dejarás curarse?"

Cerró sus ojos y tomó su mano entre la suya, presionando su palma contra su mejilla. Se sentía calida. Era un sentimiento tan agradable, tenerla ahí. Tocándola de nuevo. Como si simplemente tocando su cicatriz, aliviara un poco de su carga interna... aún solo por el momento.

"Kenshin," dijo ella cariñosamente. "Has tenido suficiente dolor. Por favor... no me conviertas en otra cicatriz en tu alma."

"Tomoe..."

"Te han dado otra oportunidad, anata. Tómala. Por favor. Te la has ganado."

Kenshin sonrió gentilmente, liberándola. Sus amables ojos se abrieron y la miraron fija y tristemente. "Cómo? Yo soy quien hizo que lloviera sangre." Pausó. Después añadió quedamente. "Y nieve."

Ella tiernamente tomó su rostro entre sus manos. "La sangre no es siempre algo malo. La sangre también ayuda al corazón a latir. Tu curaste mi corazón." Se inclinó hacia delante y besó con cariño en los labios. Él cerró los ojos, oliendo el aroma familiar de ciruelos blancos alrededor de ella.

Finalmente ella se alejó. "Está bien amarla. Regresa a ella. Esta vez… solo ve por ella. No te apartes del camino buscándome…"

Cuando sus ojos se abrieron de nuevo, se había ido. Solo pudo escuchar un rastro de su voz en el aire.

"Sigue tu corazón a casa…"

Battousai había estado andando por el camino, incierto de cuan lejos había ido, cuan lejos tenía que ir, cuando se acercó a un punto donde varios caminos se cruzaban. Por un momento vaciló, incierto. Ushiro-san no había dicho nada sobre una encrucijada... Qué se supone que haga ahora?

Fue cuando sintió un fuerte y familiar ki acercándose.

Se puso rígido.

No podía ser...

Lentamente, se giró para ver una contraimagen de él mismo de pie en uno de los caminos cruzados. Battousai lo miró fijamente, incapaz de formular una oración. Solo estudiando al hombre en que iba a convertirse.

Su viejo yo lo miraba también fijamente, igualmente atontado. Pero había madurez en la mirada del hombre más viejo, y encontró sus palabras primero.

El Kenshin más viejo sonrió suavemente a Battousai. "Creo que este es tu camino," dijo con suavidad, apuntando en la dirección de donde había llegado. Aclaró su garganta, y volteó la mirada. "Va a ser un viaje difícil, de eso estoy seguro... pero no te rindas. Siempre hay una luz incluso al final de los caminos más oscuros..."

El joven solo asintió torpemente. "Gracias," murmuró. Cómo podía responderle a sí mismo?

Se inclinó brevemente y continuó su camino. Solo caminó unos pies cuando escuchó al hombre mayor hablando de nuevo. "No te odio, lo sabes." Su voz era suave y pensativa.

Battousai se congeló, escuchando, pero sin girarse.

"Puedo lamentar mis decisiones, pero recuerdo mis motivos."

Battousai se detuvo a mitad del camino, con su espalda hacia el hombre más viejo. Finalmente, muy despacio, contestó, "Gracias."

Cuando su contraparte no contestó, Battousai continuó su camino. Notó un cambio inmediatamente.

Repentinamente el camino no pareció tan oscuro, o tan largo. Había una salida a la vista. Quizás por que había caminado mucho...

O quizás porque finalmente... había dado el primer paso para vivir realmente.

Había comenzado a perdonarse.

Próximo capítulo: Casa