Bien a continuación: el epílogo y después las escenas alternas y editadas de este fanfic.

Gracias a todos por leer la traducción de este fanfic que es de SiriusFan13.

Y por darse un momento de escribir un review gracias a:

Gabyhyatt

Urahara-san: no continuaste con tu historia? Me pareció muy interesante, aunque me hubiese gustado que ahondaras más en el contexto.

okashira janet: Si, fue la primer vasija que hizo Hiko, y también hizo una analogía sobre aquella vasija y su deshi, aunque la reacción de ambos Kenshin al verla fueron muy graciosas.

Tumba de tomoe: Gracias por comentar! Bueno a mi tampoco me gusta que Kenshin pase toda la vida sufriendo por Tomoe, aunque si forma una parte crucial para el personaje principal y la historia de Rurouni Kenshin, en sí. En cuanto a las OVAS realmente nunca me han gustado, menos la última, creo que Kenshin no se merecía un final tan trágico, mejor lo hubiesen dejado tal y como terminó en el anime o el manga.

Ahora si, el epílogo:

Out of Time

Capítulo 30: Epílogo

1865--Kyoto

Battousai estuvo postrado en cama por casi una semana antes de que Okami finalmente le dejara levantarse y ver a Katsura-san. Y por esa semana, el joven había sentido una inconfortable preocupación desgastando su destrozada mente. Por alguna razón, necesitaba ver a su comandante. Asegurarse de que el hombre siguiera vivo.

Ignoró las sorprendidas miradas de los hombres cuando cruzó a grandes zancadas los pasillos a plena luz del día, con evidentes vendajes bajo su gi. Con moretones y rasguños claramente visibles en su rostro, manos y brazos. Con sus ojos entreabiertos y en blanco como era costumbre. Sus movimientos tan silenciosos como sombras deslizándose a través de las paredes.

Pero él no iba ser ignorado hoy. Aún con la mascara de Hitokiri firmemente en su lugar, había algo diferente en él. Su ki había cambiado, aún era una temible espada, pero algo atenuada. Y sus ojos. Había una chispa de vida dentro de sus profundidades doradas.

En lugar del acostumbrado silencio a su paso, había susurros sorprendidos.

Los ignoró, con preocupaciones mayores en su mente. Su concentración era tan intensa que ni siquiera notó cuando uno de los hombres se alejó de los demás y se acercó hacia él, poniendo una tranquila mano en su hombro.

"Kenshin?"

El chico se puso rígido y se congeló.

Los otros pocos hombres en el pasillo cayeron en silencio ante eso, y se dispersaron, más dispuestos a encontrar otro empleo que tomar parte en aquella interacción. Quién llamaba al demonio por su nombre?

Finalmente el pelirrojo se giró para ver a Ushiro estudiándolo. "Ushiro-san," contestó torpemente. Volteó la mirada por un momento. Por qué ese alivio repentino? Sabía que Ushiro estaba bien. No lo había dicho Okami? Por qué la repentina preocupación por su vida?

Qué le había sucedido…?"

"Kenshin?"

El sonido de su nombre lo trajo de nuevo. "Lo siento," murmuró, sacudiendo su cabeza. "La fiebre. Okami dijo que me confundió." Vaciló un momento, frunciendo el ceño. "Ella… también dijo que salvaste mi vida…" levantó la mirada para ver al otro hombre asentir.

El joven solamente lo observó fijamente un momento. "Por qué?"

Ushiro rió como si la pregunta fuera ridicula. "Estabas ahogándote. No quería verte morir."

"Por qué?"

La comprensión nació súbitamente dentro de los ojos del mayor, y con ello un tenue rayo de tristeza. "Kenshin…" Suspiró. "Eres mi amigo. Aún si realmente entiendas o no el por qué. O si quieras serlo. O pienses que merezcas serlo. Eso es todo."

Battousai negó con su cabeza, frustrado. "No entiendo."

Ushiro sonrió. "No tienes que hacerlo."

El muchacho parecía como si fuese a argüir algo, pero en lugar de eso sacudió su cabeza y formó una pequeña sonrisa. "Entonces gracias, Ushiro-san."

Ante aquel pequeño logro, Ushiro sonrió abiertamente. "Ryu."

Un titubeo y un solo asentimiento. "Bien. Ryu."

"Bien. Entonces... te dejaré con Katsura-san. Te dejare terminar tus asuntos. Solo quería asegurarme que estuvieses bien." Con aquellas palabras, le ofreció una sonrisa de despedida y comenzó a caminar.

Solo había andado un par de pasos cuando paró de repente. "Oh! Kenshin, casi lo olvido. Kano y yo nos juntaremos en el desayuno. Únete a nosotros si tienes hambre, bien? Me aseguraré de que Kano mantenga su boca cerrada esta vez."

El pelirrojo parpadeó en sorpresa un momento antes de formar otra pequeña sonrisa. "Yo… eso me gustaría, Ush… Ryu." Inclinó su cabeza. "Quizás me les una."

Ryu sonrió y finalmente se alejó, dejando al chico solo con sus pensamientos.

Amigo? Sacudió su cabeza, negándose a enfocarse en eso en aquel momento, mientras reanudaba su camino por el pasillo hacia el cuarto del comandante.

Titubeó enfrente de la puerta por un instante antes de golpear vacilantemente.

"Adelante."

Battousai respiró en alivio ante el sonido de la voz de Katsura, y deslizó la puerta, entrando.

"Himura!" Había también un alivio en la voz de Katsura, como si hubiese estado preocupado por el bienestar de su espada.

El pelirrojo cerró la puerta detrás de si y anduvo el resto del camino hacia su comandante, inclinándose y arrodillándose delante de él, en silencio.

El hombre mayor estudió a su hitokiri cuidadosamente antes de preguntar finalmente, "Como te sientes, Himura?"

El joven solo lo miró fijamente un momento antes de admitir arrepentido, "Adolorido. Cansado." Vaciló un momento antes de añadir, "Confundido."

Katsura arqueó una ceja. "Confundido? Cómo es eso?"

"Yo… no recuerdo mucho hasta lo de mi fiebre. No recuerdo haber enfrentado al Shinsengumi. O qué hice."

El comandante sonrió. "Te preocupas demasiado por eso, Himura," dijo suavemente. "Esas cosas pasan. Eres afortunado de que la fiebre no te hiciera algo peor. Unos pocos recuerdos perdidos son un pequeño precio que pagar cuando pudiste haber muerto."

"Si, Katsura-san," coincidió el chico. "Tienes razón." No parecía convencido.

"Himura, yo no me preocuparía demasiado por eso. Estoy seguro de que tus recuerdos volverán… eventualmente. Solo dales tiempo. Hasta entonces, relájate. Necesitas terminar de curarte. Toma otros días de descanso. Sé que quieres una asignación, pero tendrás que esperar."

Battousai asintió, reconociendo su autorización para retirarse. Se levantó, inclinándose, después giró y comenzó a caminar hacia la puerta.

La voz de Katsura le detuvo. "Solo me gustaría decir que me alegra que estés de regreso," dijo el hombre mayor. Sonrió. "Battousai estaba realmente perdido."

Hubo un largo momento de silencio.

El pelirrojo tragó con fuerza. Se giró, encontrando los ojos de su comandante. "Por favor no me llame así, Katsura-san." Dijo el joven con suavidad, con sus ojos dorados brillando con el más tenue brillo de lavanda. Se inclinó con respeto, pero su voz permanecía firme. "No soy más un Hitokiri." Su expresión seria silenció al hombre mayor. "No soy más solo un asesino. Soy un espadachín, y mi nombre no es Hitokiri Battousai. Por favor… llámeme Kenshin."


1878--Tokyo

"Sano, no estoy seguro que esto sea una buena idea," refunfuñó Kenshin detrás del luchador mientras hacían su recorrido a través de las familiares calles de Tokio. "Kaoru-dono espera que regresemos cuanto antes con el tofu. Prometí que cocinaría la cena."

Sano resopló. "Kenshin, regresamos a Tokio hace dos horas y ya está mandándote a comprar y a cocinar para ella de nuevo. Date un respiro. Puedes darte algunos minutos para gastarlos por aquí y por allá. No deberías siquiera estar llevando algo aún." Dio la vuelta y le envió una mirada asesina a Kenshin quien estaba llevando el tofu. Sano le arrebató la vasija de las manos. "Dame eso!"

"Oro?"

El luchador comenzó a caminar, refunfuñando para sí. "Cómo demonios sobreviviste a la revolución sin algo de sentido común?"

Kenshin no contestó, permitiendo que una pequeña sonrisa se extendiera a lo largo de su cara mientras luchaba para seguirle el paso a su amigo.

Caminaron en silencio por otro rato, antes de que finalmente dieran vuelta en una pequeña y aglomerada calle con un número de pequeñas casas prácticamente amontonadas una sobre otra. Sano agitó una amistosa mano a mucha gente mientras caminaba por ahí.

Finalmente, se detuvo en un lugar y entró, haciéndole señas a Kenshin para que lo siguiera.

El pelirrojo miró alrededor, interesado, como si fuese la primera vez que le invitaran a la casa de su amigo. "Qué estamos haciendo aquí, Sanosuke?" preguntó, suavemente.

"Quiero mostrarte algo," contestó Sano en una voz áspera. "Dame un segundo, bien?" Dejó el tofu, y se arrodilló ante un baúl, cavando entre su contenido.

Kenshin esperó pacientemente, estudiando el dibujo de Sagara que Katsu le había dado a Sanosuke.

Finalmente, la voz triunfante de Sagara rompió el silencio. "Ja! Aquí está. Por un segundo temí haberla perdido."

Sonriendo, Kenshin miró a Sano ahora de pie, con las manos extendidas.

Al Rurouni le tomó un momento reconocer el objeto. Cuando lo hizo, su sonrisa cayó en una expresión más seria.

Sano sostenía una vieja wakizashi hacia el antiguo Hitokiri. Perplejo al principio, Kenshin la miró fijamente un momento antes de acercarse al arma envainada. Cuidadoso de no dejar que la espada saliera de su funda, la examinó, rozando sus dedos a lo largo de empuñadura. Sintiendo el peso. Conocía esa espada. Kenshin miró fijamente la espada y finalmente preguntó con suavidad, "De donde sacaste esto, Sanosuke? Luce demasiado vieja para haber venido de…" Se detuvo, aún no estaba listo para hablar de si mismo.

La mirada de Sano era seria. "La encontré. Hace mucho tiempo, cuando era un niño estupido que casi se mata en un puente. Creo que pertenecía a un espadachín que trató de salvarme la vida." La mirada que le envió a Kenshin era medio interrogante.

"Era un espadachín?" Murmuró Kenshin, permitiendo por una vez que un rastro de la voz de Battousai se filtrara.

"Si," contestó Sano. "Pienso que debió ser un espadachín. Un Hitokiri no hubiese perdido su tiempo en salvar a algún niño al azar." Cuando Kenshin no contestó, Sano continuó. "Solo pensé… que si tuviese esta espada, entonces tarde o temprano podría regresarla, y tal vez esto me daría una razón… para encontrarlo algún día. Tú sabes. Para agradecerle."

Kenshin finalmente levantó la mirada hacia Sano, sus ojos de un profundo violeta luciendo, en ese momento, como el joven hombre con el que Sano había pasado tiempo. "Creo," dijo con suavidad, "que tu espadachín querría que la conservaras." Le devolvió la espada a Sano, con su mirada brillando de nuevo, y una pequeña sonrisa jugando en sus labios. "Estaba preocupado de que ese chico muriera, sabes, de eso estaba seguro."

Ante eso, Sano rió, devolviendo la espada a su lugar de descanso, "Si? Muy malo que el no supiera que tengo una cabeza dura. Le hubiese ahorrado muchos problemas."

"Sanosuke?"

Sano cerró el baúl y le devolvió la mirada a Kenshin. "Si?"

"Entonces encontraste tu razón?"

"Si," dijo, enderezándose. "Todas están aquí."

"Entonces parece que estamos de acuerdo." El rurouni sonrió. "Vamos a casa."

- OWARI -



Dewa mata!