Hola chicas.
Aquí tenéis el segundo capítulo de esta saga. Muchas gracias a Only Black Lover y a Tatiana Weasley por dejar vuestro Review. Me hace mucha silusión, de verdad.
Un Abrazo
Jane
CAPÍTULO 2
HOCICOS
Un día como tantos otros por la mañana, Marian se dispuso a ir al pueblo para comprar el pan en el horno de Madame Flour. Después de desayunar, se calzó, cogió la cesta de la compra y se puso rumbo al pueblo. Estaba leyendo ensimismada un libro, cuando se percató de que alguien estaba andando a su lado. Al girarse, puso los ojos en blanco al ver a Sirius Black.
- ¡Black! ¿qué haces aquí sin Jimmy? – preguntó mirando hacia todos lados extrañada de que el chico no estuviera con su hermano – creía que no podíais vivir el uno sin el otro - Él esbozó una pequeña sonrisa ante la ocurrencia de la chica.
- Espero un correo urgente y Jimmy aún no se había levantado – explicó andando chulescamente con las manos entrelazadas detrás de la cabeza, muy al estilo Black – así que decidí venir a primera hora para estar de vuelta cuando se despierte.
Qué tierno… ¡VOY A VOMITAR! Marian iba a decir estas mismas palabras en alto cuando…
- Y cual fue mi sorpresa al encontrar a la señorita "Coletas" dirigiéndose al pueblo - ¡Señorita Coletas! Pero bueno, ¡¿quién se ha creído que es este para llamarme así?! Aquella mañana Marian llevaba dos Coletas. Ella le miró con cara de desaprobación y le sacó la lengua – ¡no seas cría Potter! – le espetó él al ver su gesto infantil.
- ¡Piérdete Black!
Marian comenzó a andar más rápido pero el chico le dio alcance enseguida y en un abrir y cerrar de ojos se plantaron en la plaza del pueblo. Marian, bastante harta de su indeseado acompañante, se paró en seco.
- ¿No tenías prisa? – le espetó incitándole con el brazo a que se fuera.
- Pues sí – contestó Sirius sin hacer caso de las verdaderas intenciones de Marian. – pero me tienes que decir dónde está la oficina de correo de lechuzas – Marian resopló – es la primera vez que vengo al pueblo y no tengo ni idea – dijo mirando de un lado para otro rascándose la cabeza. y espero que sea la última pensó Marian.
- Pues búscate la vida Black.
Sirius no se dio cuenta del nuevo comentario de Marian pues en ese momento, estaba escrutando toda la plaza en busca de su objetivo. Ella, al ver que no le hacía el menor caso, se fue hacia el horno de Madame Flour sin despedirse y retomando su lectura.
- ¡Ah! Ya lo veo, está… - Sirius miró donde en teoría, se tendría que encontrar Marian, pero solo se topó con un gran perro negro que le estaba lamiendo la mano. – ¡Buaj! ¡Qué asco!
Sirius miró por toda la plaza, pero no encontró a la chica así que, encogiéndose de hombros, se dirigió hacia la oficina de correo de lechuzas. El perro le seguía y Sirius, olvidándose del asco que le había dado hacía un momento, empezó a jugar con él en medio de la plaza. Entró finalmente a la oficina y salió al cabo de cinco minutos con un paquete pequeño y cuadrado envuelto en papel continuo y atado con una cuerda. Volvió a mirar para ver si veía a Marian, pero no la encontró así que, encogiéndose de hombros, se dirigió nuevamente a la casa. El perro, que le había estado esperando en la puerta del local, comenzó a caminar moviendo el rabo enérgicamente a su lado.
- ¡Que pasa chico! ¿Quieres jugar más? – le preguntó como si fuese una persona.
El perro le miraba con ojos divertidos pues estaba claro que aun no se había cansado. Sirius cogió un palo grande, puesto que el perro también lo era, y lo lanzó lejos para que este fuera a cogerlo. Al ver que el animal tenía más ganas de jugar, dejó el paquete en el suelo y empezó a correr con él. En una de estas, el perro no fue a buscar el palo que le acababa de tirar Sirius, sino que empezó a correr directamente hacia una chica morena que venía caminando por el sendero.
- ¡HOCICOS! – exclamó la chica agachándose para recibir al perro. El animal, como era más grande que ella, la arrolló tirándola al suelo y empezó a lamerle la cara – ¡¡Quita quita, no seas guarro!! – exclamó riéndose por las cosquillas que le hacía el canino.
Sirius, muy sorprendido, cogió el paquete del suelo y se acercó para ver quien era aquella chica, pues estaba muy lejos y no la reconocía. A la vez que se iba acercando, la vio más claramente ¡Oh! Otra vez ella
- ya veo que has conocido a Hocicos, Black – dijo Marian levantándose del suelo a la vez que se sacudía las hierbas de la camiseta. Hocicos revoloteaba entre los dos comunicando así que tenía más ganas de jugar. Marian, como si le entendiera a la perfección, cogió un palo del suelo y lo lanzó para que fuera a buscarlo.
- ¿Conoces a este perro? – preguntó Sirius con bastante curiosidad.
- ¡Claro! – contestó la chica acariciando al perro el cual, ya había vuelto a traer su peculiar juguete. La fuerza de Marian no daba para tirar el palo más lejos – su nombre es Hocicos. Se lo puse yo. – Sirius sonrió ante la pose orgullosa de Marian y el nombre del perro, el cual le parecía bastante ridículo y demasiado obvio – en un principio pensé en llamarle Padfoot – siguió Marian - ya que también quedaba chuli, pero al final me decanté por Hocicos – Marian volvió a agacharse a coger el palo – supongo que si algún día aparece otro perro, lo llamaré así – Sirius quedó pensativo Padfoot… ese nombre me gusta - aunque seguro que no será tan guapo como mi Hocicos – remató Marian mirando orgullosa a su perro, el cual le exigía con un ladrido que lanzara de una vez su juguete.
- ¿Puedo? – preguntó Sirius señalando la mano de Marian.
Marian dudó por un instante, pero fue mirarle a los ojos grises llenos de ilusión que tenía, y no pudo más que entregarle el palo automáticamente. Sirius lo cogió agradecido y después de hacer rabiar un poco a Hocicos con gestos de "lo tiro o no lo tiro" lo lanzó lo suficientemente lejos como para que el perro estuviera entretenido un buen rato buscándolo. Marian frunció el ceño a la vez que cruzaba los brazos, pues Sirius siempre aprovechaba cualquier situación para gritar a los cuatro vientos que iba a ser el mejor golpeador de Quidditch de la historia de Hogwarts.
- ¿No tiene dueño? - Preguntó sin dejar de maravillarse por su lanzamiento.
- No – Marian seguía con los brazos cruzados pero decidió seguir contando toda la historia para demostrarle que ella también sabía hacer las cosas bien - Un día apareció en el pueblo cuando era un cachorro y le acogimos entre todos. Yo me encargué de cuidarlo en casa y luego, cuando creció, se fue a vivir al bosque - ¡Chúpate esa! pensó Marian. Entre tanto, Hocicos acababa de llegar jadeando con el palo en la boca - Normalmente me acompaña todas las mañanas a comprar el pan y cuando voy de paseo – continuó sin dejar de acariciar la cabeza de Hocicos desde lo alto – y siempre vuelve conmigo a casa para asegurarse de que llego bien - Marian se agachó esta vez para hacerle cosquillas – ¡pero esta mañana me has fallado Hocicos! ¡No sabía donde estabas! – luego miró a Sirius maliciosamente desde su posición – y es más, ¡Cómo se te ocurre cederle tu puesto a Black! - ¿Me está comparando con un chucho? Será…
Sirius iba a protestar cuando vio cómo la morena se incorporó y comenzaba a forcejear con Hocicos por todo el campo intentando quitarle el palo de la boca, cosa a lo que el canino se negaba. Al ver aquella estampa que presentaba Marian con Hocicos, Sirius no pudo evitar sentirse un poco celoso, pues él siempre había querido tener un perro, pero sus padres no le dejaron. Decían que los perros manchaban y lo llenaban todo de babas y que tener un "bicho de esos", era signo de bajeza y ellos, por supuesto, pertenecían al bando contrario. Se creían casi reyes. Sirius, intentó no pensar en esos recuerdos agitando la cabeza mientras se acercaba donde estaban Marian y Hocicos.
- Bueno, me parece que esta mañana te lo he robado yo Potter – Un momento, eso no era lo que pensaba decirle… ella ni le miró y él se apresuró a darle explicaciones para que no se enfadara como siempre – te estaba esperando en la plaza pero como desapareciste, me acompañó a la oficina de correo de Lechuzas y Luego me quedé un rato jugando con él hasta que nos encontraste – Sirius miraba a Hocicos con melancolía – siempre quise tener un perro pero… - rápidamente se calló. Marian supuso que su familia tenía algo que ver en ello así que decidió echarle un cable cambiando de tema.
- A veces me parece que lo entiende todo y además, es muy cariñoso, incluso con gente como tú Black. – él frunció el ceño ante aquel ultimo comentario y Marian se dio cuenta de que había sido bastante cruel – ¿y ese paquete? – preguntó para desviar nuevamente el tema.
- Nada, unas cosillas – contestó Sirius secamente, pues seguía molesto por el comentario de antes.
- Venga Black… - Marian puso su mejor carita de niña buena - ¿No me lo vas a decir? – Sirius dudó por un momento No se lo digas, lo del mapa es alto secreto, ¡no se lo digas! le ordenaba una vocecilla interior Pero cómo no se lo vas a decir con la carita que te está poniendo… ¡NO! No puedes ceder… pero es que… ¡QUE NO, ERES UN BLACK! su dilema se desarrollaba al más puro mito peliculero del Angelito y el diablillo.
- No te lo puedo… ¡IMPONTE! NO te lo voy a decir Potter ¡BUF! Te ha costado chaval - Marian frunció el ceño pensando que él seguía enfadado por el comentario de antes y se puso a buscar algo por el suelo. ¿Pero ahora qué hace esta? ¡ME ESTOY CANSANDO DE PENSAR! protestó Sirius para sus adentros.
- Toma – la morena le tendió un palo de tamaño mediano que había cogido del suelo, con la esperanza de que eso hiciese que la perdonara y ya de paso, intentar que le contara lo que había en el extraño paquete – los palos grandes no le gustan mucho a Hocicos así que Tírale mejor este – y con esa sencilla maniobra, empezaron a jugar los tres por toda la pradera.
El tiempo pasó sin que se dieran cuenta. La verdad es que estaban tan entretenidos y a gusto jugando, que ni se percataron de que el sol ya estaba muy alto. De repente, Sirius se sobresaltó al acordarse de que James ya estaría despierto.
- Bueno Mari… Potter – rectificó - me voy, porque seguro que Jimmy se ha despertado ya – dijo con prisas buscando su paquete por todas partes.
- ¿Buscas esto? – Marian cogía el pequeño paquete por las cuerdas que lo sujetaban.
- Trae Potter – Sirius extendió la mano intentando contar hasta mil para calmarse.
- Si me dices lo que es, te lo doy.
- ¡NO! – ahora no había dilema moral que valiera.
- Vale
Marian lanzó el paquete calculando la distancia justa para que el chico tuviera que estirarse si no quería verlo hecho añicos. Sirius se tiró en plancha para recogerlo observando después como la chica se estaba desternillando de risa.
- ¡TE LA HAS GANADO POTTER!
Marian comenzó a correr por todo el terreno perseguida por un Sirius furioso pero divertido a la vez. Estaba apunto de pillarla, cuando Hocicos se interpuso entre ambos Gryffindor protegiendo a Marian. No empezó a ladrar ni a enseñar los dientes, pero su postura daba a entender perfectamente que solo le permitiría a Sirius llegar hasta ahí. Sirius se sorprendió mucho, pero sin saber porqué, captó enseguida el mensaje e incluso parecía que estaba orgulloso con la actitud de Hocicos. Marian se acercó preocupada, pues sabía que Hocicos era capaz de atacar a quien quisiera hacerla daño, pero cual fue su sorpresa cuando vio que Sirius se acercaba al perro y le susurraba unas palabras al oído, haciendo que Hocicos moviera el rabo y empezara a lamerle por toda la cara. Qué extraño… pensó Marian mientras se acercaba.
- ¿Estás bien Black? – preguntó Marian con un hilillo de voz. Sirius se levantó lentamente.
- Perfectamente – contestó con una sonrisa radiante– y ahora sí que me voy – Sirius volvió a coger su paquete del suelo.
- ¿Pero no me vas a decir lo que llevas ahí al final? – Marian seguía en sus trece. Sirius se detuvo y suspiró cansinamente.
- Carbón, coletas, llevo carbón – fue su única respuesta.
¿Para qué narices quiere este carbón? se preguntó Marian Bueno, no le he mentido en cierta forma… pensó Sirius, pues en realidad lo que llevaba eran los carboncillos que se había olvidado en casa de su tio Alphard para pintar en el mapa del Merodeador. Este se los mandó a la oficina de correo de lechuzas del valle, pero… ¿Porqué no se lo mandó directamente a casa de los Potter? Marian observó a Sirius mientras se iba recordando lo ilusionado que estaba con Hocicos y la extraña afinidad que tenía con él.
- ¡Black! – gritó Marian cuando el chico ya se alejaba – si quieres podemos compartir a Hocicos – él sonrió muy agradecido – pero solo a Hocicos ¿eh? – Sirius asintió con la cabeza. Marian dejó muy claro con aquello que seguían sin estar dispuesta a compartir a su hermano con él.
A partir de aquel día, Sirius iba con James todas las veces que podía para jugar con Hocicos. Ese perro le hacía sentir muy bien. En cierta manera, estaba agradecido porque Marian le hubiese "dado permiso" para estar y jugar con "su perro". Ella iba a jugar con ellos de vez en cuando y, al ver a Sirius tan ilusionado con Hocicos, no pudo menos que alegrarse por no haber puesto ningún impedimento para que él pudiera disfrutar de Hocicos como si fuese suyo también. Sirius nunca se lo agradeció directamente, pero Marian tomó aquella actitud de cariñosa hacia el canino como un agradecimiento. A James le parecía un perro muy gracioso, pero normal y corriente. Nunca comprendió la extraña debilidad que tenía su hermana y ahora también Sirius por aquel enorme perro negro. ¡Pero si no es más que un chucho! pensaba.
