¡Hola chicas!
Aquí teneis el tercer capítulo de esta loca historia. Espero que os guste. Muchas gracias a only Black lover, Tabata Weasley, saiyury11, Marikilla Weasley y Eniid Cullen por seguir fieles al Fic. Si tenéis alguna pregunta sobre la historia, la que sea, no dudeis en preguntar.
¡Un Abrazo!
Jane
CAPÍTULO 3
EL FIN DE LA VARITA
Una mañana, Marian bajó a desayunar bastante nerviosa. Los chicos aún no se habían levantado porque estuvieron hasta altas horas de la noche jugando al ajedrez mágico. Básicamente su actividad se reducía a las partidas de ajedrez, a hacer el tonto por el pueblo, a jugar con Hocicos y por su puesto al Quidditch. Pero había una actividad de la cual Marian no tenía ningún tipo de información y era la que llevaban a cabo cuando se encerraban durante horas a cal y canto en la habitación de James. Hacía dos semanas que había venido Sirius para perturbar la paz familiar de Marian, según pensaba ella y por ello, su hermano no la había hecho mucho caso en todo ese tiempo. El resultado de aquello era que se sentía bastante sola.
Pensaba en todo ello mientras desayunaba sus gachas de avena, cuando sintió unas pisadas fuertes y aceleradas en el piso superior que anunciaban que los chicos se habían levantado ya. Si fuera un día cualquiera, Marian volvería a deprimirse por sentirse tan ignorada pero aquel día era especial así que decidió ir al salón para no tener que aguantar las tonterías de James y Sirius. Estos llegaron como un terremoto a la cocina dispuestos a comerse todo lo que hubiera en ella ¿Pero es que sus estomago no tienen fondo? se preguntaba Marian.
- ¡Buenos días Mimi! – saludó James mientras se sentaba de un brinco en una silla de la mesa de la cocina, la cual se agrandaba o reducía según el número de comensales que había en el momento.
- Buenos días Señoritos James y Sirius ¿Qué van a querer para desayunar? – preguntó la servicial elfina.
- Todo lo que haya Mimi, estamos hambrientos – pidió James poniéndose la servilleta a modo de babero como si fuera un niño pequeño.
- Aún no entiendo esa rara costumbre por engancharte la servilleta en el cuello James – la señora Potter entraba en aquel momento en la cocina por la puerta trasera de la casa.
- Debería verle en Hogwarts señora Potter – Sirius acababa de despertarse, ya que llevaba comiendo un rato – los elfos no ganan para detergente con la túnica de Jimmy – James le miró inquisitivamente mientras le daba una colleja – ¡Ey! - protestó Sirius, que casi se atraganta con el zumo de calabaza – ¡Es la verdad! – la señora Potter y Mimi comenzaron a reír mientras veían como los chicos se enzarzaban en una discusión.
- Pasan mucho tiempo juntos – le susurró Dorea a Mimi.
- Tenemos que escribir a Remus hoy sin falta – comentó Sirius señalando con su dedo índice a la mesa.
- Es verdad, tenemos que contarle los nuevos progresos – apuntó James – Además, ayer se nos olvidó preguntarle cuando iría al callejón Diagón.
Sirius y James se escribían casi todos los días con Remus. James le había invitado también a pasar el mes de agosto en el valle de Godric pero, como su madre estaba pachucha y a él le sienta un poco mal el campo debido a todas sus alergias que cada dos por tres le llevaban a la enfermería de Hogwarts, Remus declinó la invitación posponiéndola para otro verano cualquiera. Con Peter se escribían menos porque el chico cambiaba de ciudad constantemente en verano.
- ¡¿Ya has acabado Marian?! – exclamó Dorea Potter desde la cocina.
- Creo que sí Mami – contestó la aludida.
- Creo que sí mami – repitió James imitando el tono agudo e infantil de su hermana – es demasiado infantil – dijo Sirius en voz baja aprovechando que la señora Potter estaba entretenida con Mimi.
- ¿Por qué se levanta tan pronto siempre? – susurró Sirius a James, el cual le respondió llevándose un dedo a la sien en plan "Está loca". Luego miró a su hermana.
- ¿Qué te pasa Mari? – Ella no le contestó y este se encogió de hombros ante un impasible Sirius.
- Va a venir a pasar unos días una amiga de Marian – contestó Dorea Potter al ver que su hija no les hacía caso. Ambos chicos se miraron interrumpieron su desayuno, cosa muy rara en ellos, frunciendo el ceño.
- ¿Quien? – preguntó finalmente James entornando los ojos y deseando que no fuera Lily Evans.
- ¡VIENE ALICE, COTILLA! – gritó Marian mientras daba grandes y enfadadas zancadas desde el salón hacia la cocina.
- ¡¿Rowland?! – exclamó Sirius muy sorprendido.
- Sí. También tengo derecho a invitar a una amiga a casa ¿no? – y dando media vuelta, salió al porche a esperarla.
Marian invitó a Alice a pasar unos días, ya que a Lily no la dejaban ir sus padres porque tenía que pasar más tiempo con su hermana Petunia. Por otro lado, Laura estaba en Italia así que tampoco pudo ir. El Señor Potter fue a recoger a Alice a la estación de tren del pueblo. Marian tenía unas ganas locas de verla. Se carteaba muy a menudo con sus amigas, las cuales le contaban todo lo que estaban haciendo con pelos y señales. Con Laura se carteaba un poco menos, porque al estar en Italia, tenía que esperar a que Jayak se recuperara del viaje a Francia cuando James le mandaba una carta a Sirius durante su estancia allí. Eso provocó alguna que otra rencilla entre los hermanos Potter, pero nada que no pudiera arreglar un buen helado de vainilla natural de los que hacía su madre.
- ¿Nerviosa por ver a tu amiguita Potter? – dijo Sirius irónicamente saliendo también al porche mientras se desperezaba y se tocaba la tripa ligeramente hinchada por el atracón del desayuno.
- ¡Piérdete Black! Te he dicho mil veces que no me hables – dijo ella bastante molesta mientras oteaba el horizonte tratando de divisar el coche de su padre.
- Sí, pero siempre me lo dices, eso quiere decir que no me ignoras – En aquel momento, Sirius se acordó de algo que le dijo James el curso pasado sobre la actitud de Marian hacia él.
Flash back
Fueron a la torre Gryffindor para coger unos libros y se encaminaron nuevamente hacia los terrenos del lago. Una chica de pelo negro corría en su dirección.
- ¡qué hay Jimmy!, ¡piérdete Black!- la chica no se paró a hablar y ellos se volvieron para verla correr hacia el otro lado.
- Tu hermana está como una cabra Jimmy - dijo Sirius un poco molesto por el saludo que le acababa de dar - además, no entiendo porqué me saluda así. ¡Es una maleducada!
- ¿Es estupenda verdad? - dijo James sin dejar de mirar a su hermana con una amplia sonrisa de orgullo fraternal.
- No has oído nada de lo que te he dicho - protestó Sirius mientras se ponían de nuevo a andar.
- ¿aún no conoces a la enana Sir? - Sirius no contestó y siguieron caminando - que yo sepa, esa forma de saludarte es especialmente vuestra - Sirius recordó el día que les echaron de la biblioteca - en pocas palabras, mi hermana no es indiferente contigo, lo que pasa es que como os lleváis regular… no muestra cariño en sus palabras hacia ti, pero ten por seguro que si fueses cualquier otro estudiante te hubiese saludado cortésmente y si por otra parte, le cayeras mal y pensara que no mereces la pena, ni te hubiese saludado - Sirius no dijo nada más en todo el camino.
Fin del Flash Back
Marian comenzó, contra su voluntad, a procesar la reflexión que acababa de hacer Sirius con respecto a su actitud hacia él, y lo que más le fastidiaba, era que el chico tenía razón. Ante aquello, se le ocurrió decir algo más ingenioso.
- Ahora estas en mi casa, eres el invitado de mi hermano y tengo que ser cortés contigo. En cuanto empecemos el colegio no te dirigiré la palabra.
Y con aquella respuesta, se cruzó de brazos a la vez que le daba la espalda a Sirius. Este se rió, porque no creía que eso fuera posible. Seguramente, Marian no soportaría estar sin hablarle o gritarle más de dos días seguidos… ¿o si?
- En cuanto empecemos el colegio no tendrás tiempo de ignorar a nadie ya que eres la "listilla" de Hogwarts y la primera alumna a la que le conceden hacer dos cursos en uno en muchos años- contestó Sirius con sorna y animado por seguir haciendo de rabiar a la morena.
- Es verdad Marian, este verano has estado bastante prepotente por ello – James acababa de salir al porche también chocando la mano de Sirius - Te crees mejor que nosotros ¡Doña "premio a la excelencia académica"! – le espetó en la cara picado al ver que la chica no le hacía ni caso.
- Que sí Jimmy, lo que tú digas – Marian le dio unos golpecitos en la espalda, lo que hizo enfurecer a James. Sirius le retuvo en un acto reflejo cuando estaba dispuesto a darle una colleja a su hermana ¿Qué narices estoy haciendo? pensó.
Marian no hacía más que mirar hacia el horizonte intentando divisar algo. Tenía unas ganas locas de ver a su amiga y tener, por fin, alguien a quien contarle sus cosas ya que estaba hasta la coronilla de estar rodeada de dos idiotas, presumidos y egocéntricos como su hermano y Sirius.
- ¡¡Ya está aquí!! - Gritó Marian al tiempo que salía despedida hacia su encuentro. Sirius y James se quedaron viendo la escena.
El señor Potter aparcó a duras penas su coche muggle en el garaje, pues no estaba acostumbrado a manipularlo. En la estación de tren del pueblo no había red flú así que cuando alguien venía de visita con maletas, no le quedaba más remedio que utilizarlo. Marian esperaba en la puerta del coche dando saltitos mientras Alice la saludaba desde dentro. Ambos chicos miraban desde el porche la escena.
- ¿Nos quedamos a saludar? – preguntó Sirius. James le miró de reojo.
- ¡¡Vaaa!! – dijeron los dos levantando los brazos.
Como opción para hacerse "los longuis", decidieron ir hacia un prado que había al lado de la casa, propiedad de los señores Potter, para jugar al Quidditch ya que tenían que entrenar para su primera temporada en el equipo de Gryffindor. Sirius como golpeador y James como buscador.
- ¡¡Hola Marian!! ¡¡Qué alegría verte!! – exclamó Alice en cuanto bajó del coche dando un abrazo a su amiga.
- ¡Lo mismo digo Al! – ambas se dirigieron hacia la puerta principal y entraron en la casa - Pasa, pasa. ¿Qué tal está Neville? – preguntó Marian intentando coger unas bolsas para ayudarla.
- Pues muy bien. Ha ido a pasar unos días a casa de Mathew Wine. Tranquila, puedo bien con las. Ayuda mejor a tu padre, porque el pobre viene más cargado – el Señor Potter acababa de entrar.
- No te preocupes Mari – dijo él dejando el resto del equipaje en el suelo – enséñale la casa a Alice.
- Pues podía haber venido perfectamente – dijo Marian con resentimiento.
- Ya, pero eso de estar todo el día entre chicas…
- Por cierto, ¿Dónde están los chicos? – preguntó el señor Potter al ver lo tranquilo que estaba todo.
- Haciendo el tonto con las escobas, como siempre – bufó Marian.
- Marian, esa boca – la señora Potter bajaba las escaleras seguida de su elfina domestica.
- Muchas gracias por invitarme a su casa Señores Potter – agradeció Alice muy educadamente a los padres de Marian.
- Llámanos Dorea y Charlus – Alice rápidamente supo de dónde venía la manía de Marian porque la llamara todo el mundo por su nombre de pila. Bueno, todo el mundo menos Sirius Black.
- Ven Mimi por favor – Marian llamó a la elfina doméstica de la casa, la cual se dirigía a la cocina para no interrumpir – mira, te presento a Alice, una de mis amigas de Hogwarts.
- Es un placer tenerla entre nosotros señorita – contestó la elfina.
- El gusto es mío Mimi – contestó Alice sorprendida porque la familia tuviera un trato tan cercano con su elfina ya que normalmente los elfos domésticos eran considerados seres inferiores.
Alice echó un primer vistazo a la casa. Vista desde fuera, no parecía tan grande como por dentro y dedujo que se trataría de algún hechizo, ya que a los señores Potter les gustaba pasar desapercibidos. El recibidor de la puerta principal era muy espacioso; a la derecha, se encontraba la cocina en cuyo centro se extendía una gran mesa de madera de roble maciza; a la izquierda del recibidor, detrás de una gran puerta de cristal ahumado de dos hojas, se encontraba el salón donde había una gran chimenea rodeada de sofás; en otra puerta, más cerca de las escaleras, había un aseo. Enfrente de ella, se situaban las escaleras que conducían al piso de arriba y antes de llegar a las mismas, a la derecha, se encontraba el despacho de Charlus Potter que hacía también la función de biblioteca de la casa. Realmente la casa era muy bonita.
Un ruido de puerta interrumpió la visita turística de la casa y los ojos de Alice al voltearse, se pararon en Sirius, que acababa de entrar estruendosamente. Se había olvidado del bate para jugar al Quidditch.
- Black, ¿que haces aquí? – preguntó Alise con sorpresa pues Marian no le había dicho que Sirius estaría allí, por miedo a que su amiga no aceptara la invitación
- Hola Rowland – Sirius se llevó los dedos a la frente como saludo - James me ha invitado a pasar unos días con él. ¿Que tal estás? – preguntó ante la sorpresa de ambas chicas.
- ¿Unos días? ¡Lleva dos semanas ya! – exclamó Marian sin poder reprimirse.
- ¡Marian! ¡Esos modales! – le volvió a reñir su madre. Marian se cruzó de brazos y puso mala cara.
Alice miró divertida a Marian ante ese comentario y ella se encogió de hombros en señal de resignación mientras seguía con la misma pose. Lo que más le sorprendió fue que Sirius se mostrara amable con ella.
- ¡Oh! Bien, gracias Black – contestó dudosa.
Tanto Charlus como Dorea Potter tenían conocimiento de la rivalidad entre las amigas de su hija y los amigos de su hijo, por lo tanto, aquella situación les parecía bastante graciosa. Pero como buenos padres, eran conscientes de que tenían que inculcar a sus hijos buenos modales así que mantenían el tipo delante de ellos. En aquel momento hizo aparición James, que venía a ver porqué Sirius se retrasaba tanto.
- Ah Rowland, ¿ya estas aquí? – preguntó haciéndose el loco. Su madre le miró severamente.
- Podrías aprender un poco de Sirius y comportarte como es debido ante los invitados, James. – le regañó su madre ante la actuación de este. James resopló al ver la mirada inquisidora de la Señora Potter y Marian sonrió en señal de "te lo tienes merecido" - ¡Eres igual que tu hermana! – esta vez era James el que se reía.
Sirius se hinchó como un pavo real ante la observación de la madre de James a su favor. Si alguien sabía como ganarse a los padres de sus amigos, ese era Sirius Black.
- Vamos Al, te enseñaré mi habitación. Aunque la casa es bastante grande he pensado que si quieres podemos dormir las dos en mi habitación - Marian animó con un gesto a Alice para subir las escaleras – mi padre ha hecho aparecer otra cama.
- ¡Genial! - Contestó Alice.
Los Señores Potter se fueron al pueblo a arreglar unos asuntos sobre la reforma que tenían pensado hacer en el tejado de la casa. Las termitas habían hecho aparición empezando a comérselo todo. Marian y Alice subían las escaleras observadas por los dos chicos.
- Te encantará su habitación. ¡¡tiene unos ositos de peluche muy bonitos!! – exclamó Sirius pícaramente aprovechando que los Señores Potter no estaban.
James le dio una patada disimulada y Sirius comprendió que había metido la pata con aquel comentario.
- ¿Habéis entrado en mi habitación? - preguntó Marian entrecerrando los ojos.
- ¡¡Que dices hermanita!! ¡No entraríamos ahí por nada del mundo! Una habitación de chica, ¡Buaj! ¡no imagino nada peor!- Dijo James intentando arreglar la torpeza de Sirius.
- Porqué será que no me lo creo… - Susurró la morena a su amiga.
Las chicas se fueron a la habitación y James reprendió a Sirius por el despiste. Al final se miraron recordando la broma con una sonrisa malévola en los labios. Tres, dos, uno…
- ¡¡James Potter y Sirius Black!! ¡¡Os voy a matar!!
Los amigos empezaron a reír de una forma escandalosa no pudiendo parar en todo el día. Le habían cortado la cabeza a tres muñecas roñosas que habían encontrado en el basurero del pueblo y se las habían colocado a tres de los ositos de peluche preferidos de Marian. Esta estaba furiosa y Alice, solidarizándose con ella, también.
A los dos días las chicas escondieron la snitch que le habían regalado los señores Potter a James por su cumpleaños y no pudieron jugar al Quidditch en una semana hasta que la encontraron atrapada en un recoveco encima del tejado con las alas medio rotas.
- ¡¡Marian!! Me las vas a pagar - gritó James con furia, pues sin la snitch, no podía entrenarse como buscador para afrontar la temporada de Quidditch del colegio.
Ellas salieron al prado en cuanto oyeron los gritos de James riéndose maliciosamente y Sirius no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa por la broma. Esa ha sido buena pensó el moreno. Marian se dio cuenta del gesto, era como si le pudiera leer los pensamientos, pero no le dio importancia. Él se sonrojó un momento, pero instantáneamente comprendió que no debía hacer eso pues tenía que cuidar su reputación como bromista especial de Marian Potter.
- ¡Te vas a enterar enana! – James estaba furioso y sacó su varita.
- ¡Ten cuidado con lo que vas a hacer Jimmy! – advirtió Marian desafiante a la vez que sacaba su varita también poniéndose en guardia.
- ¡Pero qué vais a hacer! – exclamó Alice un poco asustada por la situación.
Miró a Sirius en busca de apoyo para evitar la pelea, pero este solo se limitó a hacerle un gesto con las manos en señal de que no se preocupara. Era bastante frecuente ver a los dos hermanos Potter pelear con las varitas como si fueran espadas, pues los magos y brujas menores de edad, no podían hacer magia fuera del colegio.
- ¡Vamos Jimmy, estas perdiendo facultades! – Marian provocaba a su hermano mientras esquivaba cual ardilla sus embistes.
- ¡¿Que estoy perdiendo el qué?! – contestó James mientras la desarmaba aprovechando un descuido de ella.
La varita de Marian voló con fuerza hacia un árbol chocándose con este y cayendo al suelo. Ella ahogó un grito, mientras James sonreía triunfalmente. Alice y Marian se acercaron a recoger la varita… o lo que quedaba de ella.
- ¡Has roto mi varita James! – dijo Marian mientras intentaba unir inútilmente las tres partes en las que había sido seccionada la varita.
- ¡Te lo tienes bien merecido! – le espetó él sin compasión. Ella lo miró con odio y se dirigió entre sollozos a su casa seguida por Alice.
- Esta vez la has hecho buena Jimmy – dijo Sirius con la intención de que su amigo bajara de las nubes y se preparara para una buena reprimenda.
Tres, dos, uno…
- ¡¡James Charlus Potter!! ¡¡Ven aquí ahora mismo!! – ahora era la Señora Potter la que gritaba.
Sirius y Alice se fueron al cabo de una semana. Una vez que ambos hermanos se despidieron en la estación de sus respectivos amigos, se Marcharon a casa sin intercambiar ni una sola palabra. Marian no se hablaba con James por el tema de la varita y este, estaba a su vez enfadado por no haber podido entrenar lo suficiente para la temporada de Quidditch del colegio. Cuando llegaron a la casa, James entró por la puerta trasera, cogió su escoba y se fue a entrenar con malos humos y Marian, entró por la puerta principal directa a su habitación.
Marian estaba dispuesta a empezar a preparar todo para el nuevo curso pero, cuando iba a sentarse en su escritorio para consultar unos libros, se percató de que en la cama había algo envuelto en papel continuo. El paquete era rectangular, de tamaño mediano y de poco grosor. Marian, sin preguntar a nadie, lo abrió inmediatamente y, cual fue su sorpresa al ver un dibujo enmarcado y hecho a carboncillo. Por un momento se quedó sin habla. En el dibujo, aparecía ella con James y Sirius en el prado jugando con Hocicos. Marian estaba agachada acariciando al perro mientras este se tiraba encima lamiendo a Sirius y James buscaba un palo para jugar. Los tres estaban riendo y pasándoselo en grande con Hocicos; era una escena que se había repetido en numerosas ocasiones a lo largo de aquel mes. El dibujo estaba tan bien hecho, que parecía una foto.
- ¡Qué pasada! – exclamó ella con el Marco aún en la mano – ¿pero quien ha hecho esto? – estaba hablando sola, cuando su madre la llamó para bajar a comer.
La respuesta era sencilla pero… ¿por qué?
