CAPÍTULO 9

POCIONES Y DISCUSIONES

El resultado para Marian de aquella escapada con Neville al entrenamiento del equipo, fue una reprimenda soberana por parte de las chicas y en especial de Lily. Ésta, volvía a ejercer de hermana mayor recordándole lo importante que era que se centrara en los estudios para poder aprobar los dos cursos en Junio. Pero la morena no pudo resistir la tentación de ir a ver el primer entrenamiento de su hermano y, aunque le costara admitirlo, de Sirius también. Aún así, Marian tomó conciencia de ello, ya que la pelirroja tenía razón, pero no pudo evitar pensar que no quería estar tan estresada como al final del curso pasado. No quería desmayarse por el cansancio en la sala común y que tuviera que venir Black de nuevo a salvarle el pellejo. Aún así, siempre le estaba agradecida a Lily por aquella actitud. A veces, se pasaba un poco de perfeccionista pero a falta del apoyo de su hermano James, ya que él era un vago, siempre estaba Lily para hacer que siguiera con los pies en la tierra. Esa era Lily. Una sabelotodo extremadamente responsable y perfecta pero con un corazón que no le cabía en el pecho, aunque muy pocos pudieran verlo.

- Vamos dormilonas… ¡Arriba! – la voz de Lily sonaba lejana en las mentes de Laura, Alice y Marian, las cuales intentaban aferrarse a sus almohadas como un náufrago a una tabla.

- Mmmmm – consiguió pronunciar Alice mientras Laura, en su cama, se tapaba la cara con las sábanas.

- Un poquito más… - dijo Marian dándose la vuelta para escapar de la luz matutina que iluminaba ya la habitación por cortesía de Lily.

Las chicas habían estado gran parte de la noche ultimando los detalles del trabajo que les mandó el profesor Backer para la asignatura de pociones. Aquella mañana tenían presentarlo delante de toda la clase, con poción incluida. Lily estaba de los nervios pues, aunque el trabajo había salido bastante bien, aquello de exponerlo delante de la clase no le hacía mucha gracia y menos delante de Backer. Marian, Alice y Laura estaban seguras de que Lily se había enamorado perdidamente del nuevo, joven y guapo profesor de pociones. Sino, ¿A qué venía todo aquello? Por todo ello, Lily estaba de un humor de perros aquella mañana y ante la parsimonia de sus amigas, decidió calmarse dándose una buena ducha.

*****

En la habitación de los chicos, la situación era peor aún. Habían dejado el trabajo como siempre para el último momento y les tocó quedarse toda la noche para poder presentar "algo" en la clase de Backer. No aspiraban ni siquiera poder presentar "algo decente" si no simplemente, "algo".

- Venga chicos, vamos a aprovechar la hora que tenemos libre después de desayunar para ver si podemos arreglar un poco el estropicio de trabajo que hemos hecho – Remus estaba bastante enfadado aunque siempre intentaba que no se le notara.

James hacía amago de buscar sus gafas debajo de la cama sin obtener mucho éxito. A Peter por otra parte, se le había olvidado de repente cómo se ataban las zapatillas y Sirius estaba tirado en su cama, con la ropa del día anterior y el pelo hecho una maraña negra. Los tres lucían ojos hinchados y con una cierta forma oriental fruto de haber dormido apenas una hora. A todo ello, se le sumaba que respondían a Remus con una especie de sonidos guturales, lo cual hizo enfurecer definitivamente al chico.

- ¡COMO NO OS LEVANTÉIS AHORA MISMO, ESTE SERÁ EL ÚLTIMO TRABAJO QUE HARÉ CON VOSOTROS, PANDILLA DE VAGOS! – y dando un portazo salió de la habitación.

Sus últimas palabras hicieron, aunque unos segundos después, que sus amigos reaccionaran como si tuvieran chinches en el trasero.

- No, no, no – repetía James buscando una camiseta desesperadamente – Todo menos hacer los trabajos sin Remus.

- Tenemos que pedirle perdón - dijo Peter intentando calzarse de nuevo.

- ¡Y ya mismo! – apuntó Sirius antes de entrar al baño – ¡QUÉ PELOS! – exclamó nada más mirarse al espejo.

- ¡No hay tiempo para tus pelos Sir! O bajamos ya o podemos ir despidiéndonos de sacar buena nota en los trabajos de Backer.

- Y en todos los trabajos… - añadió Peter cogiendo su túnica.

Mientras, en el cuarto de las chicas, Lily ya se había duchado. Esperaba inocentemente encontrarse al salir del baño a sus tres perezosas amigas listas para bajar a desayunar pero…

- ¡¡ARRIBA AHORA MISMO!! ¡SI EN CINCO MINUTOS NO ESTÁIS LISTAS, NO VOLVERÉ A HACER UN TRABAJO CON VOSOTRAS EN LA VIDA!

Y con las mismas, se marchó a la sala común dando un portazo si cabe, más estruendoso que el de Remus. Las chicas reaccionaron a la primera y, tropezando con todo, intentaron vestirse lo más rápido posible. Sabían perfectamente que una de las cosas que más le molestaba a la pelirroja, era la pereza.

Lily bajaba como una furia por las escaleras de caracol hacia la sala común. Su sorpresa se hizo notar cuando encontró a Remus Lupin sentado en el sofá de "Los Merodeadores", como ellos mismos lo habían bautizado, con los brazos cruzados y mirando el fuego como si fuese parte de él. Su ceño, fruncido a más no poder, denotaba una cara propia de la situación. Sin pensarlo dos veces, Lily se sentó a su lado adivinando el motivo del comportamiento del chico.

- Son unas perezosas – dijo ella adoptando la misma postura que Remus.

- Y unos vagos – añadió él sin separar la vista del fuego.

- Siempre hay que ir tirando de ellas a la hora de levantarse – volvió a quejarse Lily.

- Siempre tengo que tirar de ellos a todas horas – Remus hizo énfasis en el "todas horas" lo que hizo que Lily esbozara una sonrisa y que él, aparcando el cabreo y viendo la situación de ambos, rompiera a carcajadas.

- Menudos amigos tenemos ¿Eh Lupin? – Remus se sorprendió enormemente del trato de Lily hacia él. Siempre le había caído bien aquella chica, pero nunca pensó que le dirigiera la palabra, ya que él era amigo de uno de sus peores enemigos. James Potter – Son lo peor…

- Pero son nuestros amigos ¿No? – dijo Remus alzando los hombros. Ante aquella última frase, Lily giró la cabeza para mirarle de frente.

- Y no nos queda más narices que quererlos como son – ambos comprendieron sus pensamientos y con una media sonrisa dibujada en los labios, bajaron a desayunar sin esperarles.

- Por cierto – dijo Remus mientras caminaban hacia el cuadro de la señora gorda – ¿Has podido traducir todo el texto para Runas Antiguas?

- Sí, ¿necesitas ayuda? – preguntó Lily mientras Remus le hacía una seña para que pasara primero ella.

- Pues en realidad… - sus voces se iban apagando a medida que el cuadro de la señora gorda se cerraba de nuevo.

A los cinco minutos, se oyeron unas pisadas apresuradas tanto por las escaleras que conducían a las habitaciones de los chicos como por la de las chicas.

- ¡Hemos tardado más por tu culpa Sirius! ¡tú y tu manía de llevar siempre el pelo perfecto! – James reprendía a Sirius mientras hacía tremendos esfuerzos por no caer escaleras abajo – ¿Quieres espabilar Peter? ¡Al final me voy a caer! – James estaba de un humor de perros.

- ¡Menos humos Jimmy! – le gritó Sirius ya que Peter no se atrevía a decir nada.

- Esto no puede ser… ¡y dentro de una semana es el partido! Este estrés no nos viene bien Sirius… ¡Pero nada bien! – James definitivamente, estaba desbocado.

Sirius no sabía que decirle a su amigo para tranquilizarle, cuando vio que tres chicas bajaban a toda velocidad por las escaleras. Marian iba en cabeza colocándose la túnica seguida de Alice, la cual se estaba peinando con la mano el pelo. Laura iba un poco detrás intentando cerrar la mochila a la vez que corría.

- ¡Paso! – La morena iba atropellando a varios Gryffindor de primero y algunos mayores que esperaban en la sala común.

- ¡Mierda! – a Laura se le acababa de caer un libro con las prisas. Había retrocedido para recogerlo cuando vio a Sirius agacharse con un rápido movimiento y dárselo sin parar su carrera.

- ¡Vienes o qué Lauri! – Laura se había quedado inmóvil en el sitio pero al oír la llamada de su amiga, meneó la cabeza, guardó el libro y echó a correr de nuevo.

Marian seguía corriendo como una loca para llegar cuanto antes al gran comedor y pedirle perdón a Lily. Mientras, intentaba a duras penas hacerse la coleta.

- ¿También tenéis prisa por acabar el trabajo? – preguntó Sirius, el cual adelantó a James y Peter para tirar un poco del genio a la niña Potter. No se le había olvidado la disputa de su primer entrenamiento de Quidditch.

- Ya lo tenemos acabado Black, pero por lo visto vosotros seguís en las mismas de siempre – dijo ella entrando al trapo.

- ¿Qué quieres decir Potter? – preguntó él un poco molesto.

- Lo sabes… per… perfectamente – ya se le estaba haciendo difícil hablar por el esfuerzo de la carrera.

- Seguro que nuestro trabajo será mejor que el vuestro. ¿Por qué he dicho semejante tontería? se preguntó Sirius a sí mismo a la vez que oía una carcajada de Marian.

- Ni en… tu... tus mejores…. Sueños, Black. – Marian no podía seguir corriendo y hablando a la vez porque si no le daría… – ¡¡AH!!

Marian se paró en seco en medio del último corredor que llevaba al gran comedor. Estaba encogida y con las manos en el lado derecho de la cadera. Black se paró también y los demás les pasaron rápidamente.

- ¿Estás bien enana? – preguntó James parándose pero sin dejar de mover las piernas.

- S…sí, sí. No te preocupes – dijo ella con un hilo de voz.

- A la enana le ha dado flato- Sirius fue acribillado por una mirada asesina de Marian. James le hizo un gesto a Sirius y este asintió con la cabeza. ¿Cómo se podían entender de aquella forma?

- Luego nos vemos Mary.

James continuó su camino seguro de que Sirius iba a cuidar de Marian pues él tenía que ir a arreglar con urgencia la situación con Remus. Si Sirius no hubiera estado allí, James se habría quedado con ella pero precisamente, Sirius era la única persona en la que James confiaba tanto como para dejar que cuidara de su hermana en su ausencia.

- ¿Nos quedamos Mary? – preguntaron Laura y Alice preocupadas por su amiga, la cual ya no podía articular palabra.

- Ya me quedo yo. Vosotras ir al gran comedor porque si no Evans os va a matar - ¿Aquel era Sirius Black? Esa fue una pregunta que se hicieron las dos Gryffindor mentalmente y al mismo tiempo.

- Y a tí te matará Lupin – le advirtió Laura.

- Bueno… ya se le pasará – Sirius no estaba muy convencido de ello – Además, ya ha ido Jimmy a solucionarlo.

- Dejando a su hermana en la estacada claro… - Alise cruzó los brazos indignada por la actuación de James.

- James nunca dejaría sola a su hermana, Rowland.

El semblante de Sirius cambió a uno más cortante y serio. Aquel comentario le había fastidiado. Ellas se sobresaltaron un poco y Sirius, percatándose de ello, volvió a su estado de ánimo normal. Alise se había quedado muda y Sirius decidió enmendarlo.

- Venga, circulen… - Sirius las empujó por la espalda para que empezaran a andar provocando las protestas de las chicas.

- Entonces… ¿te quedas con ella? – Laura se zafó de Sirius y le miró seria en plan "bromas aparte".

Este miró a Marian que iba encogida y muerta de dolor a sentarse en uno de los bancos del patio interior. Esbozó una pequeña sonrisa por las pintas de la chica y volvió la vista hacia Laura haciendo un gesto afirmativo con la cabeza. Las chicas al final consintieron y se marcharon al comedor.

- ¿Desde cuando Black se comporta como un chico normal? – preguntó Alice sin dar crédito a lo que había visto.

- Esa misma pregunta me la hice yo la primera vez que vi a estos dos juntos – dijo Laura inconscientemente, para luego cambiar de tema rápidamente.

A Alice le sorprendió aquel extraño comentario, pero ya había llegado al gran comedor y la prioridad en aquel momento era intentar convencer a Lily para que las perdonara. No obstante, aquella frase de su amiga no se le olvidaría tan fácilmente.

Mientras, en el patio interior, Marian hacía muecas de dolor. No se había percatado de la presencia de Sirius, el cual estaba mirándola apoyado en una de las columnas de piedra del corredor. Ella levantó la vista y maldijo su suerte en aquel momento Estupendo, lo que me faltaba… ahora se reirá de mí ¡Se ha quedado solo para verme sufrir! pensaba mientras aumentaba el dolor por momentos. Sirius se acercó poco a poco sin poder evitar una pequeña sonrisa al ver a Marian haciendo esos gestos tan graciosos.

- Te vendría bien hacer algo más de deporte Potter – dijo el moreno mientras se sentaba a su lado.

- Nadie te ha pedido que te… te que… quedes – a Marian le costaba hablar por el dolor, pero era superior a ella no contestar a las impertinencias de Sirius Black. Este soltó una carcajada.

- Pues yo creo que sí.

- Pues estás muy equivoc… ¡Ah! – le había venido otra punzada.

- Intenta respirar más despacio Potter. Coge bocanadas de aire más grandes y lentas – Sirius se inclinó sobre Marian para tirarle del hombro hacia atrás y así enderezarle la espalda.

- ¡Qué haces Black! ¡Así me duele más! – protestó la chica.

- Deja de quejarte cabezota y hazme caso por una vez – y efectivamente, Marian le hizo caso. No sabía muy bien porqué, pero le hizo caso – levántate la camisa por donde tienes el dolor.

- ¡Estás loco Black! ¡Eres un pervertido! – la cara de Marian se tornó roja por la vergüenza. Sirius rió divertido.

- Es para curarte so tonta – Marian enmudeció y se levantó un poco la camisa a la altura de las costillas completamente avergonzada. Sirius sacó su varita apuntándole en la zona afectada.

- Sedatum doloris – recitó y al momento Marian sintió alivio. Cerró los ojos y respiró profundamente. Luego los abrió y se encontró con los grises de Sirius, el cual se había puesto de cuclillas frente a ella – ¿Un poco mejor "Coletas"? - Marian asintió con una leve sonrisa y Sirius aprovechó para preguntarle algo que le producía mucha curiosidad – ¿Por qué viniste al entrenamiento? – Marian se sorprendió mucho por aquella pregunta.

- Pues… - dudó – bueno, era el primer entrenamiento de Jimmy… - Sirius asintió bajando un poco la cabeza. Marian lo notó y dijo algo que en realidad no quería decir por vergüenza – … y también era el tuyo, así que no me lo podía perder… - volvió a ver que ahora la cabeza agachada de Sirius buscaba quien sabe qué en el suelo y como si fuera un impulso, su corazón habló – bueno, en realidad no me lo quería perder. ¡Ah!, ¡pero qué acabo de decir! pensó Marian roja como un tomate calma, calma… qué no se note – Al oír aquellas últimas palabras de la morena, Sirius levantó la cabeza de sopetón y ella sonrió enarcando una ceja para disimular. La reputación ante todo – Además - siguió - Neville estaba un poco bajo de moral así que pensé que era buena idea.

Marian pudo percibir que a Sirius se le iluminaba la cara. Fue un gesto muy parecido a cuando abrieron todos juntos los regalos de las navidades pasadas o cuando ella le dijo que Hocicos podía ser su perro. Él no dejaba de mirarla nervioso.

- Por cierto Black, gracias por curarme - Sirius no pudo evitar apartar la vista de los ojos azules de ella levantándose un poco ruborizado.

- No hay de qué "Coletas"… ya sabes, me debes una – Marian no dejaba de mirarle - ¿Va… vamos a desayunar? – dijo pasándose la mano nerviosamente por el pelo – Seguro que ya no queda nada por tu culpa Potter – ella volvió a sonreír.

- O por la tuya Sirius – él se volteó abriendo los ojos como platos al oír su nombre. Marian se dio cuenta del error y rectificó - quiero decir, o por la tuya Black – dijo finalmente encaminándose hacia el comedor con él siguiéndola.

debo tener más cuidado… pensó ella segunda vez en Hogwarts que me llama por mi nombre… vamos progresando Sirius estaba pensando esto cuando escuchó unos pasos apresurados detrás suyo. Cuando se dio la vuelta para ver de quien se trataba, no encontró a nadie.