CAPÍTULO 10
NOCHES EN VELA
Las chicas estuvieron sin hablarse con los Merodeadores durante una semana. Ellas por solidarizarse con Lily, y ellos con James. Marian no hacía mucho caso de esas disputas al igual que Remus, pero la cosa parecía prolongarse demasiado.
James estaba histérico pues al día siguiente, se celebraba el primer partido de Quidditch de la temporada contra Hufflepaff. Su primer partido. No hacía más que ir a entrenar a todas horas con Sirius, aunque este intentara escaquearse algunas veces pues la presión no iba con él. Tom Cullen les mataba a entrenamientos y tácticas de juego nuevas, lo que hacía que después de los entrenamientos, todos los jugadores presentaran unas pintas como si hubieran luchado contra mil Mortífagos en una batalla. El único que no se quejaba de todo el equipo era James.
- ¡Me muero! – exclamaba Sirius mientras se tiraba en un sofá de la sala común haciendo que Remus se tuviera que apartar por haberlo salpicado todo con barro.
- ¡Pero que mal hueles Sirius! – dijo este poniendo cara de asco. El moreno ni se inmutó, solo se quejaba.
- ¡Me duelen todos los huesos! – Sirius se lamentaba una y otra vez con los ojos cerrados y espatarrado en el sofá.
- Venga Sirius ¡No seas nenaza! – James acababa de entrar por el cuadro de la señora gorda tan sucio y maloliente como su amigo.
- ¡Por Melín Jimmy! ¿Has ido a entrenar o a revolcarte con los cerdos? – dijo Marian levantándose de la mesa donde estaba haciendo los deberes.
- ¡No veas la tormenta que está cayendo enana! – intentó disculparse James – pero el entrenamiento es vital. Además, entrenar en condiciones adversas nos beneficia.
- ¡Qué dices Jimmy! ¡Los rayos de la tormenta te han derretido el cerebro! – Sirius intentaba hablar desde su posición mientras Remus buscaba un sillón libre para seguir haciendo los deberes.
- Ya he acabado las tareas Remus – le dijo Marian viendo al chico mirar hacia todos lados – puedes sentarte en mi silla si quieres – ella le señaló el sitio y él dudó, pues allí estaban Lily, Alice y Laura mirándoles de reojo.
- No te preocupes por las chicas, no están enfadadas contigo precisamente – le susurró Marian al oído al ver las dudas de él. Este asintió tímidamente y fue directo al lugar.
Remus estaba un poco violento por la situación. Las chicas le miraban de reojo mientras se acercaba hacia ellas. Lily y Alice no estaban muy convencidas de la presencia de Remus allí pero Laura, al ver el apuro del Gryffindor, se apresuró a hacérselo más fácil.
- Espera que quite estos libros Lupin – Laura comenzó a despejar el trozo de mesa donde estaba Marian – Marian no conoce la frase "recoger los libros cuando se acaban los deberes" - Remus esbozó una sonrisa.
- Muchas gracias – dijo aún tímido – ¿De verdad que no molesto? – Alice y Lily le analizaron con la mirada hasta que la final, esta última no pudo más que ablandarse al ver los preciosos ojos dorados de Remus Lupin mirándola.
- No Lupin, no te preocupes, la cosa no va contigo – Lily le mostró la silla para que se sentara a la vez que miraba de reojo a James con odio.
- ¡Eso Remus! ¡Alíate con el enemigo! – gritó James viendo dónde se acababa de sentar su amigo. Este no le hizo ni caso y comenzó ha hacer sus deberes.
- ¡No todo el mundo es como tú Potter! – gritó Laura bastante enfadada.
- ¡No estoy hablando contigo Meyer! – volvió a decir él.
- ¡Vale ya Jimmy! – le reprendió Marian – el problema lo tienes tú con Lily así que no metas a los demás en esto – James la miró con resentimiento – ¡Y no me mires así porque sabes que tengo razón!
- ¡Buah! – exclamó Sirius desde el sillón – no digas tonterías Potter. Cuando se meten con un Merodeador, se meten con todos – Sirius guiñó un ojo a James en señal de complicidad.
- ¿Merodeador? – preguntó Marian mirando a su hermano.
- Es nuestro nombre Potter – interrumpió Sirius antes de que James pudiera contestar mientras se incorporaba – todas las generaciones sabrán quienes fueron los legendarios Merodeadores de Hogwarts – y dicho esto volvió a tirarse en el sofá con una sonrisa de satisfacción en los labios.
- Ajá… - acertó a decir Marian mientras notaba que un olor a sudor y barro insoportable le llegaba de frente – Hueles fatal Black y no creo que te guste que las futuras generaciones te recuerden como el "Merocerdo" de Hogwarts ¿no? – aquel comentario provocó bastantes risas entre los alumnos que se encontraban cerca de ellos.
Sirius se levantó de un salto del sofá hacia las habitaciones. Aquello le había dolido, pues él era el único de los cuatro amigos que empezaba a cuidar un poco su aspecto. Al contrario que otros años, este curso se arreglaba más y se preocupaba de tener una fachada lo más decente posible la mayoría de las veces, cosa que a sus amigos y en especial a James, sacaba de quicio.
- ¡Esto sí que es gracioso! – exclamó Remus desde su sitio, haciendo que las chicas levantaran la cabeza de sus papiros – le digo a Sirius que huele fatal y que se vaya a duchar, y pasa de mí. Se lo dice Marian y le falta tiempo para salir como una bala hacia el baño - las chicas se miraron con una media sonrisa entre ellas, pero no dijeron nada.
Sirius estaba a punto de subir por las escaleras seguido de James, cuando se volteó para decir algo mientras un rayo iluminaba la sala común acompañado de un trueno tremendo.
- Y tú deberías lavarte las manos Potter – dijo con los ojos entornados – porque si no, toda la tinta de pergamino que tienes en los dedos se va a convertir en un tatuaje… ¡EM-PO-LLO-NA!
Marian se miró las manos inmediatamente mientras la gente le reía la gracia a Sirius. Efectivamente estaban llenas de tinta ¡Eso ha sido un golpe bajo! exclamó Marian para sí con rabia. Cuando fue a rebatirle, solo se encontró con James encogiéndose de hombros. De la presencia del "Merocerdo", no había ni rastro.
*****
Entre rayos, truenos y vientos huracanados propios del mes de noviembre, los alumnos se fueron a dormir, pues al día siguiente comenzaba la liga escolar de Quidditch y aquel año prometía ser muy emocionante.
Marian remoloneaba en su cama sin poder dormir con tanto trueno. No se explicaba cómo sus amigas no se despertaban con la que había montada fuera. Es más, roncaban a pierna suelta. Definitivamente, se puso su bata y zapatillas para bajar a la sala común y leer un poco ya que parecía que aquella noche iba a ser larga.
La sala estaba en penumbra. Solo la luz de la chimenea, aún encendida, iluminaba con colores dorados la estancia. Todo Estaba tranquilo, mudo… la torre dormía. Marian iba dispuesta a sentarse al lado de la chimenea, cuando vio a un chico moreno y con gafas sentado en el sofá mirando fijamente el fuego.
- ¿Jimmy? – preguntó ella débilmente mientras se acercaba.
- ¡Ay! – James pegó un brinco en el sofá – Enana, ¡Que susto me has dado! – exclamó con la mano en el pecho.
- ¡Schss! Que vas a despertar a todo el mundo – le reprendió ella sentándose en el sofá y bajando la voz.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó James mientras le hacía un hueco en el sofá.
- ¿y tú? – preguntó ella como contestación.
Ambos se quedaron mirando fijamente el llameante fuego de la gran chimenea sin decir nada por unos minutos. Marian empezó a sentir un poco de frío pues el invierno estaba a las puertas y ya se empezaba a notar en Hogwarts. Su hermano, percatándose de ello, cogió una manta de otro sillón y se abrigaron con ella. Después de un rato, Marian decidió romper el hielo.
- No puedo dormir con los malditos truenos – dijo haciendo aspavientos hacia la ventana dónde el cielo rugía sin parar – no se como las chicas pueden conciliar el sueño con la que está cayendo.
James esbozó una pequeña sonrisa que Marian no vio, ya que tenía la mirada clavada en la tormenta. Luego se giró y vio que su hermano asentía levemente con la cabeza así que decidió cambiar de táctica para sonsacarle el motivo por el que estaba allí.
- ¿Nervioso por el partido Jimmy? – el la miró enarcando una ceja.
- ¿Tú que crees enana?- ¡BINGO! pensó ella.
- Pues no tienes porqué estarlo – James giró su cuerpo bruscamente hacia Marian haciendo que la manta se cayera al suelo.
- Cómo que no… ¿Y si la cago? ¿Y si no estoy a la altura? ¿y si me da una bludger y me caigo de la escoba? ¿Y si me equivoco de pelota y cojo una de ping-pong en vez de la snitch?
Los ojos de James destellaban preocupación. Marian recogió la manta del suelo volviendo a tapar a los dos con ella. Luego, cogió con suavidad la mano de su hermano mientras mostraba una sonrisa divertida.
- Primero, no la vas a cagar porque si no olería muy mal. Segundo, eres el chico más alto de tercer curso junto con Black así que por lo de la altura no te preocupes. Tercero, tienes alma de payaso, así que sabrás hacer malabares para no caerte de la escoba si te alcanza una bludger y cuarto… ¿qué es una pelota de ping-pong? – James la miró con la boca abierta para después empezar a reír a carcajada limpia por el comentario de su hermana. Ella sí que sabía como animarle, aunque fuera con esa clase de chorradas.
- ¡Eres la mejor enana! – y acercándola a él le dio un gran abrazo – y una payasita también – ella comenzó a reír.
- En serio Jimmy – Marian se separó del Gryffindor agarrándole por los hombros mientras le miraba fijamente – tienes un talento impresionante con la escoba, entrenas mucho y tienes verdadera pasión por el Quidditch – él paró de reír para mirarla también – y pase lo que pase mañana, estaré muy orgullosa de ti siempre.
James notó cómo se le empañaban un poco los ojos y comenzó a disimular diciendo que se le había metido algo en ojo. Marian, mirándole con ternura, le dio un abrazo como respuesta.
- Te quiero enana – ahora a la que se le escapaba una lágrima era a ella. Hacía mucho tiempo que su hermano no le decía literalmente que la quería y aquello, no se lo esperaba.
- Yo también Jimmy – después de ese momento de sentimentalismo fraternal, se recompusieron. Marian miró disimuladamente hacia las escaleras que conducían a las habitaciones de los chicos – Bueno, lo único de lo que te deberías de preocupar seriamente es de que te alcance una bludger – James la miró sin comprender – porque con lo torpe que es Black, seguro que te da con ella en vez de desviarla – acabó la frase con una sonrisa maliciosa. Tres…dos…uno…
- ¡Ey Potter! ¡No te pases!
Una silueta negra salía desde las escaleras de caracol provocando que Marian comenzara a reír como la bruja del Oeste del Mago de Oz. Al llegar donde estaban los hermanos Potter, Sirius se dio cuenta de la trampa de la chica.
- ¡Lo sabías! – exclamó con voz ofendida mientras la señalaba con el dedo.
- Pues claro que lo sabía Black – contestó ella burlonamente.
- ¡Schss! bajad la voz – James miraba para todos lados pues con aquel jaleo, no era de extrañar que la profesora McGonagall apareciera en la sala con su pijama escocés y su bata de guatiné. Al pensar en ello, un escalofrío recorrió el cuerpo de James ¡Uf, qué asco!
Sirius se sentó al lado de Marian con el ceño fruncido viendo como los hermanos Potter, hacían tremendos esfuerzos por no soltar la más grande de las carcajadas. Al final reclinó su espalda en el posa brazos del sofá mientras encogía las piernas, rendido ante la trampa. Los pies de Sirius chocaron con los de Marian y ella notó que los tenía fríos, así que cogió otra manta y, disimulando que era para taparse ella, abrigó a la vez los pies de Sirius. Él se dio cuenta, pero no dijo nada ya que con la sonrisa que se le había dibujado en su cara, era más que suficiente.
- ¿Tú también estás nervioso Sir? – preguntó James cuando pudo parar un poco de reír.
Sirius puso los ojos en blanco y, cambiando de postura, estiró las piernas en la mesa mientras apoyaba la espalda en el respaldo del sofá y cruzaba los brazos en la nuca. Había decidido moverse para no helar de frío los pies de Marian.
- Pues si te soy sincero, no – contestó con fingida despreocupación.
- No mientas Black – Marian aún se estaba riendo – si no, ¿Por qué estabas despierto? – este la miró entornando los ojos ¿Por qué lo tiene que analizar todo? pensó antes de contestar.
- Me despertó Jimmy cuando bajó a la sala - la explicación no fue muy convincente.
- ¡Venga ya! – exclamó James – tú no te despertarías ni aunque estuvieran trasplantando una mandrágora en la habitación. Sirius dudó.
- Vale… bueno, ese no es el tema que tratamos – dijo desviando el motivo – estamos aquí sin dormir por tu culpa, así que ya te estás calmando para poder descansar un poco porque si no mañana vas a confundir la snitch con una Quaffle.
- O con una de esas pelotas de ping-pong – apuntó Marian guiñándole un ojo a James.
- ¡Ala! ¡No os paséis! – protestó James molesto. Marian y Sirius sonrieron.
- Bueno chicos, es hora de ir a dormir – dijo Marian quitándose la manta para ponerse en pie – ¡Ah! Por cierto Jimmy, deberías hacer las paces con Lily antes de que un día de estos te eche una maldición – James entornó los ojos.
- Error Potter… - le susurró Sirius.
- ¡Ni en broma haría las paces con esa arpía! – dijo James algo exaltado mientras se levantaba de un salto – me da igual que sea tu amiga. No quiero tener nada que ver con esa niñata presumida que solo quiere ser la mejor en todo.
- Pues como nosotros Jimmy – dijo Sirius sentado aún en el sofá y mirando al fuego. Marian torció la cabeza ante aquel comentario.
- ¿Qué acabas de decir Black? – preguntó ella sin dar crédito – Sirius Black admitiendo su arrogancia… ¡Increíble! – él la miró pasivamente.
- Bueno, basta ya y a dormir – sentenció el moreno levantándose también de un brinco como James.
- Sí, dejemos el tema – zanjó James.
- Vale chicos, descansad y desayunad bien mañana. Estoy segura de que lo haréis muy bien y ganareis el partido – les animó Marian a modo de despedida. Aún veía a su hermano inquieto, mientras Sirius se rascaba un ojo y bostezaba por el sueño – buena suerte Jimmy – Marian le dio un tierno beso en la mejilla a su hermano y se dirigió a las habitaciones con un ligero remordimiento. No sabía porqué.
- Gracias… ¡Por cierto enana! – ella se giró – pon un hechizo silenciador a la cama – en aquel momento, la Marian comprendió cómo sus amigas podían dormir con la tormenta. ¡Pero qué estúpida soy… y qué malas son ellas!
James subió a la habitación sin esperar a Sirius, pues este había ido a por un libro que se le había olvidado aquella tarde en las mesas redondas. Al volver, vio que Marian seguía allí, gesticulando graciosamente y enfadada.
- Ya te ha dicho Jimmy lo del hechizo silenciador ¿verdad? – preguntó con una sonrisa pícara.
- ¡Ah! – exclamó Marian – O sea que tú también lo sabías – dijo resentida. Sirius comenzó a reír mientras subía las escaleras lentamente.
- Una por otra Potter... – Marian entornó los ojos. Iba decidida a devolvérsela pero fueron otras palabras las que salieron de su boca.
- ¿Cómo es que estas tan tranquilo Black? – Sirius se paró en seco y volvió a bajar los dos peldaños que llevaba andados. Parecía como si hubiera esperado que Marian le volviera a decir algo. Él sonrió.
- Porque si uno de los dos pierde los nervios, el otro siempre tiene que estar sereno – Marian abrió los ojos de par en par ante aquella respuesta – Mi idea de un buen equipo está regida por las trés "C" – Marian alzó una ceja y Sirius siguió - Complementación, compenetración y confianza – Sirius la miró de frente – en eso consiste la amistad para mí.
Marian se quedó petrificada en el sitio. ¿Estoy hablando con Sirius Black? pensó para sí misma mientras echaba una ojeada para ver si había cámaras ocultas en la sala.
- Se que parecerá absurdo pero… - ella se mordió el labio inferior dudando. Luego, le miró de frente – cuida de Jimmy por favor – él sonrió.
- Con mi vida "Coletas", con mi vida.
De repente, Marian se fue acercando a él. Aquella escena le recordó a Sirius la fiesta de Halloween del curso pasado, cuando se sintió imnotizado por ella al final del juego. Pero aquella vez era distinto y no sabía porqué. Se volvió a quedar petrificado viendo como ella avanzaba hacia él con decisión. Cada vez estaba más cerca. Sirius empezó a tensarse bastante, pero no podía moverse, no quería moverse. De repente, vio cómo Marian se alzaba de puntillas, le cogía por los hombros para mantener el equilibrio y le daba un beso en la mejilla al igual que lo había hecho antes con su hermano. Luego, clavó sus hermosos ojos azules en los grises de Sirius.
- Buena suerte Sirius – y dicho esto se marchó. El remordimiento de antes había desaparecido.
En aquel momento, la cara de Sirius competía seriamente con el color de pelo de Lily pues aquello fue algo que nunca habría esperado. No de Marian Potter. Sentía que no se podía mover y que la mejilla le ardía. El olor de Marian, se había quedado en su nariz y en su memoria. Olía a vainilla y nunca se había fijado en ello hasta aquel momento. Luego, comenzó a recordar que hacía mucho tiempo que nadie le daba un beso como ese, desinteresado. Se quedó paralizado viendo como la chica subía las escaleras y un millón de incómodas mariposas empezaron a revolotear en su estómago.
