Ya era viernes y todos los alumnos de tercero estaban nerviosos por su inminente salida al pueblo mágico. Todos hablaban y hacían planes acerca de la tan esperada salida ya que Hogsmeade ofrecía muchas y diferentes opciones para pasar un día divertido.
¡Ya falta menos! – dijo Peter dando un pequeño golpe en la mesa Gryffindor del Gran Comedor.
Vale Pet, hemos captado tu impaciencia por ir pero… ¡Me acabas de tirar el agua encima! – exclamó Remus sacando su varita para secarse con un sencillo hechizo.
Lo siento Rem - se disculpó el más pequeño de los Merodeadores haciendo que todos rieran.
Hola Sirius… - Un soniquete más parecido al maullido de un gato que a una voz humana, resonó en los oídos de Sirius Black desde la mesa Hufflepuff. Este se dio la vuelta.
¡Ah! Hola chicas – Sirius mostraba la más encantadora de sus sonrisas y ellas no hacían más que babear.
Estuviste genial en el partido - luego miraron a James, el cual se hinchó como un pavo real – ¡Y tú también James!
Estuviste Genial en el partido Sirius… y tú también James – se burló Marian desde su sitio, que estaba muy cerca de ellos, mientras miraba con los ojos entornados a las Hufflepuff.
¿Estas celosa Mari? – la sonrisilla maligna en la boca de Alice lo decía todo. Marian la miró inquisitivamente.
¡Qué dices! – exclamó con un gesto de desprecio - Lo que me fastidia es que sigan a mi hermano a todas partes. Seguro que a alguna le falta tiempo para invitarle a ir a Hogsmeade el domingo – Marian acababa de clavar el tenedor en la mesa.
Pues parece que a él le gusta – comentó Lily sin dejar de comer la maravillosa tarta de milhojas que tenía en su plato. Los postres eran su debilidad.
¡Qué guay tío! Les mola cómo jugamos – comentó Sirius todo orgulloso cuando acabó de hablar con las chicas.
Ya ves, aunque deberíamos pulir algunas jugadas… pero parece que a la gente le gusta - corroboró James, siempre tan perfeccionista cuando se trataba de Quidditch.
Lo estáis diciendo de coña ¿verdad? – Kevin había apartado su plato medio ofendido. Sirius y James le miraron sin comprender.
Esas chicas saben de Quidditch lo que yo de muñecas – Seamos dejó muy claro lo que querían decir Kevin con su comentario pero no lo suficiente para Sirius y James, los cuales se encogieron de hombros.
A ver chicos. Solo os felicitan porque sois populares y no porque juguéis bien.
Frank lo dijo todo más claro, dejando a James y Sirius pensativos mientras se miraban mutuamente. James tenía el ceño fruncido a más no poder y Sirius levantó una ceja para acompañar a su amigo en la indignación. Pero lo que el moreno de ojos grises no pudo evitar, fue que sus labios se curvaran hacia arriba casi imperceptiblemente.
Pues si es así, – comenzó James - que se metan sus felicitaciones por…
¡JAMES! – Gritaron todos menos Sirius, el cual se estaba partiendo de risa.
Por otro lado, las chicas apuraban todo lo que podían los postres pues de todos era sabido que la confitería de Hogwarts era una de las mejores del mundo.
Por cierto Mary, ¿Has hablado con McGonagall sobre si puedes venir a Hogsmeade? – preguntó Alice de sopetón.
A Marian se le había olvidado por completo. Estaba tan convencida de que no la iban a dejar ir, que ni siquiera se molestó en preguntarlo. Realmente le parecía demasiado pedirles también aquello, puesto que ya habían decido en lo de su ampliación de estudios.
No – contestó secamente aunque en realidad le fastidiaba no ir – no me voy a hacer ilusiones por algo que es casi imposible que me dejen hacer.
Casi – apostilló Laura dándole un pequeño pellizco en la nariz a la chica – no pierdes nada por preguntarlo - Marian se lo pensó por un momento, pero luego volvió a negar con la cabeza.
Dejemos el tema – zanjó tragando el buñuelo de crema que se había metido en la boca – vamos a dormir.
*****
Aquella noche, dos personas de Gryffindor revoloteaban en la cama sin poder dormir. Sirius no había tenido el valor de decirle a sus amigos que no podría ir a Hogsmeade, y Marian no podía dormir por la tremenda tormenta que azotaba Hogwarts aquella noche. Aún así, la tormenta no era lo único que le impedía dormir a la morena pues también le fastidiaba mucho no ir a Hogsmeade con sus amigas. Sus padres le habían firmado la autorización por si acaso, pero según ella, no serviría para nada. En vistas de que no se dormiría en un buen rato, decidió bajar a la sala común para pensar.
Jimmy – se oyó un susurro en la habitación. Sirius se levantó de la cama para despertar a su amigo – Jimmy, ¿estás despierto? – repitió esta vez zarandeándole un poco. Este emitió un gruñido.
Lo estaba Sirius… ¿Qué diablos quieres? – dijo de malas pulgas.
Tengo que contarte una cosa.
Pocas habían sido las veces en que James había oído aquel tono en la voz de Sirius. El que significaba "esto es serio" así que se levantó enseguida.
Vamos a la sala común.
Marian vio que alguien bajaba por las escaleras que conducían a los dormitorios masculinos. Decidió que lo mejor sería subir a su habitación para que nadie le hiciera preguntas.
¿Qué te pasa Sir? No será una de tus tonterías… – Marian se paró en las escaleras al oír la voz de su hermano.
¿Qué hacen levantados a estas horas? se preguntó. Al final, su curiosidad sucumbió a la moral así que bajó y se escondió para saber la causa de su nocturnidad. James y Sirius se sentaron en su sofá de siempre.
Verás, comenzó Sirius – James emitió un bostezo sin querer, provocando una mirada de reproche de su amigo.
Perdona, sigue – dijo mientras se acomodaba mejor en el sofá.
Tengo un problema con la salida a Hogsmeade – Susurró Sirius como si estuviera confesando que acababa de cortarle la barba a Dumbledore. Marian casi no podía oírle así que decidió arriesgar acercándose un poco más a ellos.
Será genial – James miraba al techo con pose soñadora.
Genial para vosotros Jimmy. Yo no puedo ir – James bajo la mirada inmediatamente clavándola en Sirius. Marian abrió la boca de asombro. ¿No se la habían mandado ya sus padres? pensó ingenuamente.
Bueno, no te preocupes. Aún estás a tiempo para que te la envíen… - la frase de James se vio cortada.
¿Mis padres? – preguntó Sirius irónicamente – son ellos los que no me la quieren dar. Es culpa de mi "santa" madre, ya que mi padre estuvo a punto de firmarla – James no se podía creer lo que estaba escuchando. Sabía que Sirius se llevaba mal con su familia pero aquello era pasarse – así que no puedo ir, Jimmy – Sirius bajó la cabeza.
¡Oh! Tío… ¡qué mal! – se lamentó James. Ambos se quedaron en silencio durante un minuto – tenemos que arreglar esto como sea – dijo James con determinación - No podemos prescindir de un Merodeador en nuestra primera salida de este castillo – su voz era casi de enfado – tienes que venir como sea. Quizá, si Dumbledore te firmara la autorización…
No puede y McGonagall tampoco – Sirius habló con la cabeza aún gacha – Además, no quiero que nadie sepa que mis padres me odian… mejor dicho, que mi madre me odia – Marian se estremeció y James se acercó más a su amigo.
No te preocupes, hermano – Sirius levantó la cabeza – Encontraremos el modo para que vengas. Además, no puedo ir a Hogsmeade por primera vez sin mi mejor amigo – le consoló con la mejor de sus sonrisas – ¿Vamos a dormir? – Sirius asintió.
Al subir las escaleras, Sirius oyó un ruido que provenía de la sala común. Marian acababa de tropezar torpemente con una mesa. Se giró, pero no vio a nadie. James tenía tanto sueño, que ni se dio cuenta de que Sirius se había quedado en la sala intentando descubrir quien estaba allí. No me puedo creer que alguien nos haya oído… si es así juro estrangular a quien haya estado fisgoneando pensaba angustiado mientras registraba toda la sala. Marian, intuyendo que su hermano estaría ya en la cama, salió de su escondite pues iba a ser descubierta de todas formas por Sirius.
Hola Black – susurró. El chico se sobresaltó.
¡Potter! ¿Qué haces aquí? – preguntó arqueando una ceja Estupendo, ahora voy a tener que estrangular a la hermana de mi mejor amigo si quiero mantener mi dignidad intacta
No podía dormir y bajé a la sala. Luego escuché que alguien bajaba y me fui, pero… - Soy una cotilla… ¡Qué vergüenza! pensó Marian.
Eres una cotilla, ¿lo sabías? – le espetó Sirius con gesto duro al acabar de desechar la estrangulación como venganza.
Si, bueno, lo siento… - Marian tenía la cara roja de vergüenza – pero como escuché a mi hermano…
Ya - asentía Sirius molesto – Te viste obligada a velar por su seguridad y de paso has escuchado toda la conversación ¿verdad? – ella asintió levemente. Sirius pensó durante unos segundos que a Marian se le hicieron eternos – Bien, Potter – comenzó - Un favor por otro. Yo no le dije nada a tu hermano de lo de tu ampliación de estudios así que ahora te toca a ti – ella le miró ofendida.
¿De verdad piensas que podría ir contando algo así por ahí? –preguntó Marian mirándole a los ojos fijamente.
¿Y porqué no? – soltó Sirius sin piedad - Al fin y al cabo no nos llevamos bien y además, Sirius Black no necesita la compasión de nadie – sentenció. No se porqué he dicho esa gilipollez… pensaba éste mientras caminaba hacia el sofá. Marian tuvo que respirar hondo para no soltarle un tortazo.
Está bien Black. Me voy a dormir, buenas noches – la chica se dirigía a la habitación, cuando una voz la detuvo.
Tu tampoco puedes ir a Hogsmeade ¿verdad? – Sirius habló sin dejar de mirar las brasas de la chimenea. Ella se dio la vuelta.
No se lo he preguntado a Dumbledore, pero supongo que no – y siguió subiendo Me da pena… ¡Soy una blanda! pensó mientras iba a su habitación. Al cabo de un rato volvió a bajar. Sirius seguía allí.
Toma Black – Marian se plantó delante de él extendiéndole una carta. Sirius miró el sobre y lo cogió.
¿Qué es esto? – preguntó antes de abrirlo.
Tú ábrelo antes de que me arrepienta – dijo ella sentándose a su lado. Sirius abrió la nota y comenzó a leer.
Charlus y Dorea Potter autorizan a su hija Marian Jane Potter a visitar Hogsmeade durante su estancia en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería tantas veces como la dirección así lo estipule.
Fdo:
Dorea Potter
Sirius abrió los ojos de par en par. Nunca se imaginó que Marian fuera a tener un gesto como aquel con él. Por un momento no hablaron. El chico se quedó mirando el papel, como si intentara encontrar alguna trampa en él.
No seas desconfiado, Black. Es auténtico – dijo Marian un poco molesta por el recelo del chico – ya que yo no voy, he pensado que lo podrías utilizar tú – Sirius seguía dudando – no te preocupes por el nombre, eso se puede cambiar. Lo importante son las firmas ya que tienen un hechizo invariable y de autenticidad. Al parecer es lo que miran McGonagall y Filch en las autorizaciones.
Por Merlín, Marian – se le escapó a Sirius con un tono suave y sincero, casi un suspiro, poco común en él – esto no me lo esperaba de ti – dijo mirándola por fin a la cara sorprendiendo a la chica porque la llamara por su nombre. Luego su cara se volvió seria otra vez extendiéndole de nuevo la carta – Te agradezco la intención pero tus padres no son familia de sangre, así que no vale la autorización – Marian bajó la cabeza un poco desilusionada y él le tomó el mentón volviéndosela a subir. Marian se estremeció un poco pero no hizo nada por apartarle – Aún así… muchas gracias Coletas – Marian tenía un pimiento morrón por cara en aquel momento. ¡Pero qué es esto! ¡Acaba de poner la misma sonrisa que a las chicas estúpidas de la cena! ¡Ahj! pensó con repugnancia.
Ambos Gryffindor se quedaron mirando el fuego de la chimenea. Qué raro que no se haya ido ya… esta actitud es tremendamente rara en ella pero… Sirius estaba pensando estas palabras cuando volvieron a aparecer las hormigas-mariposas, o lo que fueran, en su estómago. Se asustó un poco ¡¿Pero qué narices tengo en la tripa?! exclamó para sí.
¡Ya lo tengo! – exclamó Marian casi gritando – tu tío – Sirius la miró sin comprender.
¿Mi tío? – preguntó.
Alphard ¿no? – dijo intentando hacer memoria y más emocionada de lo que quería – pasaste con él el mes de julio… y es tu padrino ¿verdad? – La cabeza de Marian iba tan rápido que Sirius no pillaba ni una. – ¿No lo entiendes?
De pronto, la cara de Sirius se transformó en una mueca de asombro. Incluso dio un bote en el sofá.
¡Es verdad! – exclamó – ¡Con una autorización de mi padrino podría ir sin problemas! – no se daba cuenta de que estaba gritando.
¡Schh! Baja la voz – le reprendió ella.
Pero te has olvidado de una cosa – el rostro de Sirius volvió a ensombrecerse – está en Francia y suponiendo que le mandara la carta ahora, la lechuza no llegaría a tiempo con la autorización. Tardaría cuatro días por lo menos.
¡Oh! Es verdad – Ambos dejaron caer a la vez sus cuerpos en el sofá. Marian comenzó a pensar y… - ¿Cuanto tardaría en llegar allí la lechuza? – preguntó mordiéndose el labio.
Pues dos días, supongo – contestó Sirius poco convincente. Marian se levantó de un bote.
Bien Black, si quieres ir el domingo a Hogsmeade, mueve el trasero hacia el dormitorio y baja la capa de invisibilidad de mi hermano.
El rostro de Sirius era un poema ¿sabe lo de la capa?... ¿y si es una trampa?... ¡por Merlín Sirius, deja de pensar mal! Marian, viendo su indecisión, se apresuró a hacerle las cosas más fáciles.
Se perfectamente que Jimmy se trae la capa a Hogwarts, Black.
Pero es suya… no puedo cogerla… - dijo dudoso.
Iremos a la lechucería, mandaremos la carta a tu tío y él se la mandará a Dumbledore por la red flú – dijo como si hubiera tenido la mejor idea del mundo – así llegará a tiempo para el domingo - Sirius no se lo podía creer, definitivamente aquello no entraba en su cabeza. Aquella chica era un mar de sorpresas.
Pero James… - El Gryffindor seguía preocupado por la reacción de su amigo.
Venga no seas gallina, sabes que James te lo perdona todo. No va a pasar nada – comentó ella muy segura de sus palabras – y además, no tiene porqué enterarse… No tiene porqué enterarse nadie. Esto quedará entre tú y yo.
Y como si esas últimas palabras fueran un muelle, Sirius se levantó del sofá sin pensarlo más. Se dirigió corriendo a la habitación para ponerse unas deportivas y coger el abrigo y bajó la capa de James, pues sabía donde la tenía guardada. Allí estaba Marian esperándole. También se había abrigado para ir por el castillo a la Lechucería.
¿Vamos? – preguntó Sirius sonriente.
Vamos – contestó ella decidida.
Sirius tapó a ambos con la capa y prometieron no decir nunca a nadie lo que había pasado aquella noche.
