Marian corrió a la sala común para coger su autorización y un abrigo. Supuso que encontraría a sus amigas en el vestíbulo así que se apresuró todo lo que pudo. Aún no se creía que Dumbledore supiera del dilema que tenía con respecto al permiso para salir del castillo, pero aún se explicaba menos que se enterara de que Sirius y ella habían estado en la Lechucería a escondidas por la noche.
Sus amigas se alegraron mucho al verla en el vestíbulo ya que Marian siempre conseguía que todo lo que hicieran fuera y dentro de Hogwarts fuese divertido. Además, ¿qué sería de su primera visita a Hogsmeade sin un miembro del grupo?
Una vez que todos los alumnos entregaron las autorizaciones a sus respectivos jefes de casa, se dispusieron a montar en los carruajes. Los carruajes eran los mismos que los traían y llevaban al expreso de Hogwarts. Estos carruajes eran muy especiales porque nadie tiraba de ellos y parecía que tenían vida propia.
Una chica de Ravenclaw que según la gente, estaba medio loca, decía que los carruajes no andaban solos, sino que iban tirados por unas criaturas mágicas no visibles para todo el mundo, llamadas thestrals.
Marian, Lily, Alice y Laura, se dispusieron a subir a uno de los carruajes encantados, cuando se dieron cuenta de que, precisamente, aquella extraña chica ya estaba sentada en él. Tanto Alice, como Lily y Laura, se miraron con cara de circunstancia al ver a aquella extraña chica Ravenclaw. Las tres, se quedaron paradas delante de la puerta sin saber si subir o no cuando Marian, que desconocía la existencia de aquella chica, las empujó a entrar.
¿A qué estáis esperando? – preguntó haciéndoles señas para que subieran.
Bueno Mary, es que… – Alice giró los ojos disimuladamente hacia la muchacha, la cual parecía que no se enteraba de nada, pues estaba entretenida escribiendo algo.
Venga, vamos, luego me lo cuentas – apuró Marian subiendo la primera al carruaje. Sus amigas la siguieron un poco dubitativas. – ¡Hola Frank!
Marian saludaba efusivamente con la mano a otro carruaje donde iba Frank Longbottom con sus inseparables amigos Seamos Fletcher y Kevin Slogan. Un chico Ravenclaw que a Marian se le hacía bastante conocido, también formaba parte del grupo.
¡Hola chicas! ¡Nos vemos en el pueblo! – saludaron los Gryffindor.
El chico Ravenclaw se giró para ver de quién provenía aquella escandalera. Era Ethan Cullen, el golpeador del equipo de Quidditch de Ravenclaw. ¡Ah! Ese es el hermano de Tom… menudo presuntuoso. Se parece a Black pensaba Marian mientras Ethan seguía mirándola con una media sonrisa entre arrogante y divertida..
Siéntate Mary o te vas a… - antes de que Laura pudiera acabar la frase, el carruaje comenzó a moverse bruscamente haciendo que Marian cayera encima de la extraña chica.
¡Ten más cuidado, hermanita! – exclamó James desde unos carruajes más atrás.
¿Será idiota? – dijo Lily resoplando.
Mira que es torpe tu hermana, Jimmy – Sirius, el cual acababa de poner los pies encima del banco de enfrente mientras se estiraba, seguía aún molesto por la riña de antes con Marian.
Vamos a ver a Frank en el pueblo Alice… - comentó Laura en tono juguetón.
¡Vale ya, Laura! – protestó la aludida bajando la cabeza para ocultar su rubor.
Pues yo pienso que Marian es la chica más espontánea que conozco, la verdad – comentó Remus mirando también la escena. ¿Qué hace este defendiendo a Marian, digo… Potter? pensó Sirius mientras miraba a su amigo con los ojos entornados.
Pues yo opino… - a Peter no le dejaron acabar.
Bueno, dejad de opinar sobre mi hermana y vamos a planear la tarde – James se giró hacia Sirius mientras Remus y Peter sacaban unos catálogos – No se como lo has conseguido… pero me alegro de que al final hayas podido venir – le susurró.
Ha sido… cosa de magia - Sirius le guiñó un ojo mientras alzaba los hombros.
Aún faltaban unos quince minutos para llegar a Hogsmeade. Marian se incorporó de la caída lanzando miradas asesinas a sus amigas, que no paraban de reír.
Lo siento – se disculpó ante la nueva chica a la vez que miraba de reojo a sus amigas con los ojos entronados.
¡Ah! No pasa nada. ¿Tú estas bien? – cuando Marian la miró detenidamente, le pareció que aquella chica transmitía mucha paz y se sentó al lado de ella.
Sí, gracias. Soy Marian Potter – dijo extendiéndole la mano – estas son Lily Evans, Alice Rowland y Laura Meyer – las chicas saludaron cordialmente, sin mucha ceremonia.
Stella Smith – se presentó la chica con una tímida sonrisa.
Stella Smith era una chica delgaducha y de estatura media. Pertenecía a la casa Ravenclaw e iba a cuarto curso. Stella tenía el pelo rubio, largo y un poco enmarañado. Sus ojos eran de un color gris plateado y bastante saltones lo que hacía que su mirada perdida, se acentuara más. Lo que más le extrañaba a Marian del aspecto de la Ravenclaw, era que llevaba la varita detrás de la oreja. Aquel gesto que le pareció de lo más gracioso.
¿Te gustan los crucigramas, Stella? – preguntó Marian para iniciar una conversación. Stella la miró con sus grandes ojos abiertos de par en par.
Sí – contestó con un hilillo de voz – ¿Quieres probar?
Stella le extendió la revista y Marian pudo ver que Stella estaba rellenado los crucigramas sin sentido alguno. Las palabras no tenían lógica. Así empezó a darse cuenta de porqué sus amigas no querían subir con aquella chica.
¡Oh, no! Gracias – Marian rechazó la oferta un poco extrañada pero aún así, la Ravenclaw le parecía una chica muy divertida – ¿En qué curso estás? – volvió a preguntar la morena, lo que provocó que Stella cerrara definitivamente su revista animada a seguir la conversación.
En cuarto, aunque me acabo de incorporar al curso hace poco – dijo bajando un poco la cabeza. Las chicas, interrumpieron su conversación para escuchar – mi abuela se acaba de morir después de una enfermedad mágica muy larga – a Marian se le hizo un nudo en el estómago y las chicas la miraron compasivas.
Vaya Stella, lo siento – Marian le cogió su fría mano, hecho que sorprendió a la Ravenclaw.
Oh, bueno, no pasa nada. Seguro que algún día la volveré a ver – dijo alegremente – por cierto, ¿Os gustan las brujitas de chocolate?
Aquel comentario hizo que tanto Lily como Laura y Alice sintieran pena por ella. Ya les caía mejor. A Marian, se le abrió un mundo al contemplar la gran caja de brujitas que les ofrecía Stella y que estuvieron comiendo durante todo el camino.
¿Tienes planes para pasar el día en Hogsmeade? – preguntó Marian cogiendo una brujita – Stella negó con la cabeza - Bien, pues si quieres puedes venir con nosotras, así no estarás sola. Además, nos vamos a juntar con Frank Longbottom y sus amigos así que seguro que te lo pasarás bien. ¿Verdad chicas? – estas dudaron un poco, pero viendo la cara de ilusión de Stella, no pudieron negarse.
*****
Las reacciones de los alumnos al llegar al pueblo mágico fueron muy dispares. Mientras que los de tercer curso se quedaban como estatuas maravillados, los demás, puesto que ya conocían el pueblo, iban directamente a visitar sus sitios preferidos. Hogsmeade era el único pueblo íntegramente mágico que quedaba en Gran Bretaña. Este pintoresco lugar estaba lleno de tiendas y lugares donde pasar el tiempo. El castillo y los terrenos de Hogwarts, se extendían al otro lado del lago. De acuerdo con la tradición, Hogsmeade fue fundada al mismo tiempo que Hogwarts, por Hengist de Woodcroft, un mago perseguido por muggles.
¡Wow! – exclamó James una vez que bajó del carruaje seguido por sus amigos.
¡Qué pasada! – continuó Peter.
¡Y cuantas tiendas! – Remus estaba maravillado – podremos comprar todos los regalos de navidad.
¡¿A QUÉ ESTAMOS ESPERANDO?! – Sirius salió escopetado a investigar por el pueblo seguido inmediatamente por sus amigos.
Mírales, están como niños pequeños con zapatos nuevos – comentó Lily viendo la escena de los Merodeadores. Luego torció la vista hacia sus amigas, las cuales tenían cara de embobadas mirando lo bonito que estaba el pueblo nevado. Lily puso los ojos en blanco.
¡Hay velas colgando de los árboles! – se sorprendió Laura.
Jolín, me parece que Hogsmeade compite seriamente con mi "Paraíso Salvaje" – apuntó Marian sin dejar de mirar la escena.
¿Tu "Paraíso Salvaje"? – preguntó Lily.
Claro, el Valle de Godric. Es donde vivo – Lily sintió algo parecido a una punzada en el pecho al oír aquel nombre. Al principio se asusto, pero el dolor se fue tan rápido como había venido y no le dio más importancia.
Bueno, basta de charla ¡Vamos a divertirnos! – Alice comenzó a empujar a sus amigas hacia las tiendas.
¿Vienes, Stella? – Marian no esperó a la respuesta de la chica pues la tomó de la mano y la arrastró con ellas.
Chicas, ¿Nos vemos dentro de dos Horas en "Las tres escobas"? – preguntó Seamus, que se acercó a ellas.
Sí, claro – se apresuró a asentir Laura.
Marian vio que Frank se mantenía a una distancia prudencial pero se le notaba impaciente. Alice por su parte, no hacía más que mirar al suelo A estos dos les tengo que dar un empujoncito… se decía la morena para sí misma.
Vale, pues nos vemos allí entonces – dijo Seamus.
¡Hola Ethan! – Stella abrió la boca por primera vez desde que se bajaron del carruaje.
¡Hola Stella! – saludó el Ravenclaw con la mano – ¡¿Luego nos tomamos un puding de chocolate?! – Stella asintió sonriente y Marian abrió la boca de par en par, lo que provocó que el chico no pudiera evitar darse la vuelta para reír.
A Marian la resultó extraño que Ethan Cullen saludara a Stella como si la conociera de toda la vida, pero luego se acordó de que Stella les había comentado que estaba en su mismo curso, así que lo encontró normal. Luego, se fijó en que Ethan había vuelto a torcer la cara para mirarla y en aquel momento, se dio cuenta de que tenía la boca abierta. Nerviosa, avergonzada y sobretodo enfadada, dio media vuelta y volvió a tirar de Stella Pero este, ¡¿de que va?!
Las chicas pasaron toda la tarde haciendo compras de Navidad. Su primera parada fue en la Boutique "Tiros largos" a petición de Laura. "Tiros largos" era una tienda de ropa con sucursales en Londres y Paris. También fueron por la casa de las plumas, donde vieron una gran variedad de plumas para escribir. Ya se dónde me compró Frank la pluma que me regaló el año pasado… qué majo pensó Lily acordándose de las navidades pasadas. También fueron a "Honeydukes" donde Marian casi se lleva casi todas las brujitas de chocolate blanco si no es por sus amigas. Más tarde, cedieron a acercarse a la famosa librería "Joy´ s Books" a petición de Lily. Marian, se fijó en un libro titulado "Duelos mágicos" de un tal A.B y, como ya solo el título la atraía, se lo compró. Iban cargadísimas de bolsas, cuando pasaron por delante de "Zonko" y Marian y Alice obligaron a las chicas a pasar.
¡Wow, qué de cosas! – exclamó Marian perdiéndose por los pasillos. Alice y Stella hicieron lo mismo.
¡Os esperamos aquí, chicas! – gritó Lily desde la puerta. Laura también estaba con ella.
¡Pero mira quien tenemos aquí! – la voz de James retumbó en la cabeza de Lily, la cual cerró los ojos. Tomando mucho aire, se dio la vuelta – ¡Es la sabelotodo Evans!
¿Qué quieres, Potter? – preguntó secamente la pelirroja.
Nada en especial, estaba mirando unas cosillas – contestó James, que ya había olvidado la fuerte riña que tuvieron el mes pasado.
¿Y qué haces que no sigues mirando? – Lily ya se estaba dando la vuelta para irse.
¿Por qué siempre tienes que ser tan horriblemente borde? – James tenía los ojos entornados, pero ese comentario hizo que Lily se volteara de nuevo para encararse con él.
Vamos a ver, Potter – Lily cerró un poco los ojos intentando serenarse pues ya les miraban algunas personas de la tienda – ¿No te das cuenta de que no quiero hablar contigo? – James abrió los ojos de par en par pero rápidamente se recompuso.
Ya, claro. Tu prefieres hablar con ciertos Slytherins ¿Me equivoco? – James sonrió con maldad pues Lily sabía perfectamente a quien se refería con aquel comentario.
Mira Potter, a ti no te importa mi vida así que… - James y Lily por fin consiguieron que casi toda la tienda les observara.
¡Hola! – saludó Remus, el cual entraba por la puerta en aquel momento. Venía de Joy´s Books.
Hola Remus – saludaron a la vez James y Lily haciendo un mínimo parón en su discusión. Luego, se miraron con los ojos entornados por haber coincidido y comenzaron otra vez a discutir.
Hola Remus – saludó Laura poniendo los ojos en blanco. Hubo un silencio un tanto incómodo que decidió romper Laura – ¿Has comprado algún libro? – preguntó la chica señalando la bolsa de la famosa librería que traía Remus en la mano.
Sí. Es un regalo de Navidad – contestó él – parece que Evans no se quita a James de encima ¿no? – preguntó sin dejar de mirar a los Gryffindor. Luego torció el gesto - Voy a echarle una mano – dijo guiñándole un ojo a Laura, la cual sonrió. Remus se acercó a la peligrosa pareja con determinación, cosa muy rara en él - por cierto James, ¿dónde están Sirius y Peter? – Laura agradeció el gesto de Remus y aprovechó para llevarse a Lily a algún lugar de la tienda, lejos de James.
Pues no lo se… creo que andan por ahí dentro - para cuando James se dio la vuelta, las chicas ya habían desaparecido – ¿Pero dónde…? – miró para todos lados y luego se alzó de hombros Vaya tonta. Intento ser un buen niño y portarme bien y ella… un momento, pero si hemos acabado discutiendo ¿no? Buf, esta niña me cansa… ¿desde cuando llama a Remus, Remus? James pensaba todo aquello a una velocidad de vértigo.
¿Vamos a buscar a estos? – preguntó Remus con un sonrisita en los labios ante la cara de dilema de James. Éste, sacudió la cabeza y se internaron en el enorme local.
Marian estaba atónita viendo la cantidad de artículos de broma que había en la tienda. Narices postizas que parecían auténticas, bombas fétidas, chicles explosivos… En una de estas, Marian cogió una piruleta, pensando en que podía ser inofensiva. ¡Qué equivocada estaba!
¡Auch! – exclamó. A la piruleta le había salido una boca con unos dientes diminutos que en aquel momento le mordían la lengua.
Un chico que pasaba por allí, comenzó a reírse viendo como Marian intentaba sin éxito desprenderse de la piruleta mordedora. Después de deleitarse un poco con la escena, se acercó a Marian.
No te muevas – dijo con voz pausada.
Marian, instintivamente le hizo caso, sin ni siquiera saber quien era. El chico acercó lentamente su mano hacia el mango de la piruleta y, con un ligero movimiento giratorio, consiguió que la boca se desprendiera de la lengua de Marian.
Ay – suspiró la morena tocándose la lengua, que estaba un poco roja – menos mal. Muchas gra… - en aquel momento se giró para ver quien la había ayudado y su cara de asombro se hizo notar.
Sí. Soy yo - dijo el chico con una cierta arrogancia que hizo fruncir el ceño a Marian – esta es una tienda de bromas, Potter. Si quieres gominolas, vete a Honeydukes, que está dos calles más abajo. Allí encontrarás las mejores piruletas del mundo.
Gracias, Cullen – contestó después del sermón prepotente que le acababa de echar.
Marian intentaba mantener la cordialidad y los buenos modales delante de Ethan, pero con la chulería que destilaba el Ravenclaw, se le estaba haciendo bastante difícil. El chico se apoyó en un estante con tal aire de superioridad que Marian pensó seriamente en largarse de allí.
De nada, Potter. Pero la próxima vez, ten más cuidado – le advirtió con tono de profesor.
Tú eres el hermano de Tom ¿verdad? – preguntó la morena sin poder reprimirse. Él asintió – os parecéis bastante.
Eso dicen, pero yo soy más inteligente que él, claro – dijo con un tono de suficiencia que a Marian le resultó de lo más ruin – por eso soy un Ravenclaw – sentenció.
Y yo una Gryffindor y no creo que por ser de otra casa distinta a Ravenclaw sea una tonta. – la chica lo miraba desafiante, provocando que Ethan la mirara desconcertado, pero con una cierta ironía – Adiós, Cullen – se despidió dando media vuelta.
Nos vemos en las tres escobas en media hora ¿no? – gritó Ethan.
¡Ni lo sueñes, chico prepotente de Ravenclaw! – contestó ella sin darse la vuelta.
Sirius salió del otro lado de la estantería. Lo había escuchado todo. ¿Pero quien se ha creído que es este? ¡Menudo gilipollas! exclamaba para sus adentros mientras iba gesticulando hacia la puerta. Allí lo esperaban ya sus amigos.
¿Vamos a tomar algo a "Las tres escobas"? – propuso Sirius con la mejor de sus sonrisas – Me han dicho que el sitio está muy bien - Los Merodeadores aceptaron encantados la propuesta, pues estaban sedientos. Por supuesto, las intenciones de Sirius eran otras.
Los Merodeadores llegaron a la citada y famosa taberna de Hogsmeade. Las tres escobas era un lugar caliente, lleno de gente, bullicio y humo. Había muchas mesas de distintos tamaños, y un gran espejo al fondo de la sala. La taberna, estaba dividida en varias secciones, y los menores de edad, no podían entrar a la que era exclusivamente de adultos. Unas cabezas encogidas se ocupaban de que así fuera, impidiéndoles el paso.
Después de estar observando por unos segundos el lugar, que para aquellas horas ya estaba abarrotado de alumnos de Hogwarts, se dirigieron a una mesa.
Anda, ¡por fin! Ahí esta mi hermana – James señalaba hacia una de las mesas del local. Sirius ya la había localizado antes, pero no dijo nada.
¿Qué vais a querer beber chicos? – preguntó Remus.
Cerveza de mantequilla para todos – dijo Sirius muy convencido. Remus se fue hacia la barra con Peter a por las bebidas, mientras James y Sirius miraban la mesa clave del local.
Marian, Lily, Alice, Laura y Stella, se juntaron en la taberna con Frank, Seamos y Kevin Slogan. Marian suspiró aliviada al ver que Ethan Cullen no estaba en el grupo. Los chicos fueron a por bebidas y se sentaron a charlar animadamente. Incluso hacían bromas con la rara de Stella Smith, la cual se lo estaba pasando en grande. Frank y Alice estaban mucho menos tensos que las otras veces que habían coincidido y Lily estaba más relajada también. Por un momento, se le había olvidado los exámenes.
Bueno chicos, ¿qué vais a hacer por Navidad? – preguntó Peter cuando él y Remus se sentaron en la mesa con las bebidas.
Yo me iré a casa, como siempre – contestó Remus dando un sorbo a su cerveza de mantequilla – vendrán mis tíos también.
¿Y tú James? – volvió a preguntar el más pequeño de los Merodeadores.
Pues… - nuevamente la duda de todos los años. Sirius le miró.
No te preocupes, Jimmy. Como pases otra Navidad en Hogwarts, te quedas sin hermana para siempre, seguro – La sonrisa de Sirius era un tanto forzada lo que provocó que James le mirara entornando los ojos.
Bueno, ya veremos – con aquella frase, James dio por zanjado el tema.
Parece que las chicas se lo están pasando bien ¿no? – Remus miraba a la mesa donde estaban.
¡Buah! – exclamó Peter – como si nos importara eso. Anda, saca los apuntes del mapa y elijamos el conjuro que vamos a utilizar.
*****
¡Aquí Cullen! – llamó Seamus desde la mesa. El aludido agitó la mano en señal de que les había visto. Se acercó poco a poco disfrutando de cómo sus admiradoras babeaban a su paso. Ahora llevaba unas bolsas en la mano.
¿Qué tal chicos? – preguntó con una sonrisa arrebatadora – veo que estáis muy bien acompañados – aquello provocó que las chicas se coloraran un poco. Todas menos Marian y Stella – ¿desde cuando te juntas con estos gamberros Stell? ¡¿Stell?! chilló Marian para sí, presa de la curiosidad.
¡Ey Ethan, no te pases! – protestaron sus amigos.
Marian y las chicas me invitaron a pasar la tarde con ellas, Ethan – contestó Stella con mucha familiaridad. Ethan miró a Marian y le guiñó un ojo. Pero fue un guiño diferente, como de agradecimiento.
¿Vamos a por ese puding? – dijo el Ravenclaw a su compañera de casa, tendiéndole una mano.
Pero de chocolate ¿eh, Ethan? Que te veo venir… - bromeó Stella sorprendiendo a todos.
La duda ofende Stell, la duda ofende – Ethan se hacía el ofendido con una mano en el pecho, luego, miró otra vez a la mesa – ¿queréis que os traigamos algo, Gryffindors?
Las chicas negaron con la cabeza, atónitas ante la estampa que presentaban aquellos dos y Marian frunció el ceño por el comentario. ¡Menudo clasista!. Los chicos no parecían nada sorprendidos así que supusieron que aquella amistad entre Ethan y Stella era de hace tiempo.
Marian seguía un poco enfadada por la actitud arrogante que había tenido Ethan antes, pero a medida que fue pasando el rato, pudo comprobar que lo más seguro era que el chico le tomara el pelo en "Zonko" con la piruleta mordedora. Ahora se comportaba de una forma agradable, aunque el aire chulesco no lo podía evitar.
¿Sabéis qué pienso? – dijo James observando el boceto de mapa que había dibujado Sirius – que seguro que hay algún pasadizo que conecta el castillo con Hogsmeade – sus amigos le miraron perplejos.
Venga ya, James – a Remus le parecía absurdo – es imposible, porque hay que atravesar todo el lago – pero James seguía en sus trece.
Todo es cuestión de… - Sirius no pudo acabar la frase.
¡Hola! – saludó Marian, que se había acercado sentándose al lado de James – ya me voy para el castillo, Jimmy – el chico asintió con la cabeza.
¿Vas con tus amigas? – preguntó mirando hacia el grupo que esperaba fuera del local sin evitar entornar los ojos al ver a Lily.
Sí y con Frank y sus amigos – James se fiaba de Frank pero de los demás no estaba tan seguro – venga Jimmy, pareces papá – protestó ella ante la actitud reticente de su hermano.
Bueno, cuídate – James le dio un beso en el pelo a su hermana – luego te veo, enana.
Vale, Adiós – se despidió la morena.
¿Desde cuando tu hermana te comenta lo que va a hacer? – preguntó Sirius extrañado.
Desde siempre, Sir. Además, si algún día no lo hace tendremos un gran problema - dijo James muy seguro de sí mismo.
Ahora me explico la que se armó en tu casa por culpa de la ampliación de estudios de Marian – comentó Remus, el cual se había enterado de todo a través de Sirius. James frunció el ceño al recordarlo mientras hacía un gesto de obviedad ante sus amigos.
¡El encantamiento móvilis! – exclamó de repente Peter dando un pequeño bote en la silla. No se había enterado de nada de la conversación dándole vueltas al posible hechizo que podrían utilizar para el mapa.
¡¿Cómo?! – exclamaron los demás.
